El que no vuela, coge.
Enviado por Mario el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

En el umbral de la primavera austral del 2005, me sorprendió en Roma una huelga prolongada de la ex “Mi Compañía” como les decíamos en los años anteriores a la década infame de los ‘90 a Aerolíneas Argentinas. Luego de horas de fila, y no pocas discusiones,  en la sede romana de esa empresa conseguí un itinerario de regreso que resultó una especie de rosario de tramos y compañías aéreas debido a la escasa disponibilidad de lugares en los aviones: Roma-Londres-San Pablo-Asunción-Buenos Aires. No era lo ideal pero fue lo mejor que pude arreglar y, sin sospecharlo, resultó entretenido, entre el primer y segundo tramo.

En Inglaterra me encontré con la novedad que Varig, la empresa brasilera con la cual debía cubrir el tramo Londres – San Pablo, tenía problemas técnicos (en la máquina) que imponía una demora de 11 horas, nada menos. En el mostrador arreciaban las protestas y quejas de todos colores y lenguas. Una mujer, de porte distinguido, estaba irritadísima, roja de ira y le “arrojaba” una catarata de palabras en portugués a una pobre empleada que trataba de calmarla. Sin muchas esperanzas de ser oído, me aproximé y le pedí:

-                Cálmese Silvana, no vale la pena su rabieta, aunque sea más que justificada, no cambiará las cosas –

Al oír su nombre (yo lo había leído en una etiqueta de su equipaje de mano) y mis palabras pausadas, en portugués de Brasil que manejo aceptablemente, la hizo recapacitar y tranquilizarse a medias:

-                Tiene razón…señor….? –

-                Mario,…mucho gusto – le tendí la mano a modo de presentación.

-                Pero…es que me indigna la falta de respeto por los pasajeros de esta compañía…y de las otras también-

A medida que fue distendiéndose, afloraron en su rostro rasgos nobles y delicados. Mirándola con atención me resulto una bonita total. De más de 1,70 metros, cabello lacio rubio como correspondía a su apellido de origen alemán, ojazos grandes y claros, color miel, figura armoniosa, piernas de nunca acabar y edad de alrededor de los 30.   

Yo tenía mis tarjetas de pasajero en tránsito y de embarque y el vale para la cena sin cargo que daba la empresa, esperé que obtuviera las suyas y retirara su vale y nos encaminamos juntos al local designado. Resultó ser uno de comidas rápidas del tipo Mc Donald, ingles, pero fast food al fin. Silvana no disimuló su desagrado que por lo visto era superior al mío (yo los detesto):

-                Si me permite, la invito a un restaurante de verdad aquí mismo dentro del aeropuerto – le propuse.

-                Muchas gracias; la verdad que no tolero la comida que sirven en estos locales, son realmente una plaga – aceptó y reconoció su adversión a los fase-food.

Resultó una conversadora brillante e ingeniosa. Esposa de un ingeniero brasilero que se encontraba, transitoriamente, trabajando en Italia (enviado por la empresa de telefonía celular TIM), viajaba a su patria para participar de un acontecimiento familiar.

En la cena y sobremesa consumimos una buena dosis de vino y un par de horas, al cabo de las cuales, ambos habíamos migrado a  aquella brumosa tierra de nadie que está después de la tercera copa de alcohol. Estábamos tomados de las manos, Silvana miró el reloj del local y comentó:

-                ¡¡Deusss!!,…nos faltan aun 9 horas para tomar el avión. ¿Qué vamos a hacer Mario?...¡es un montón de tiempo! –

Yo ya tenía el sexo en la cabeza. Voluntariamente o no,  ella había despertado mi libido:

-                Tenemos dos alternativas, deambulamos 9 horas por la sala de espera o vamos a un hotel y hacemos tiempo en la cama –

-                ¡Mario! ¿Me estas proponiendo que me  acueste contigo? –

-                No necesariamente linda, aunque la idea no me disgusta para nada. Sólo haremos lo que vos estas dispuesta a hacer:…..por ejemplo puede ser una habitación con camas separadas. –

-                ¿Podemos salir del aeropuerto? ¿Nos lo van a permitir? -   

Con las tarjetas de tránsito y pasaportes pudimos. Me asesoré donde encontrar un hotel cercano y tomamos un taxi que nos llevó en contados minutos. Yo hice el trámite de check in, como Silvana no respondió a mi propuesta (lance) de una habitación con camas separadas que le hice, en broma en el restaurante, decidí jugar esa carta (por aquello de quien calla otorga). Pedí que nos despertaran a una hora prudencial y subimos al cuarto:     

-                ¿no tenían otro cuarto? ¿por lo menos un cuarto en suite, con un lugar de estar?..-

Respondí callado, con el clásico movimiento de negación con la cabeza-

-        No traigo bata ni ropa de cama, así que tenés que salir hasta que me bañe y me acueste – fue lo único que objetó y me impuso. Me pareció rebuscado pero lo acaté. Bajé al lobby y, como no tenía moneda inglesa, le dí 10 dólares al botones para que me consiguiera una caja de preservativos y se quedara con el vuelto. Poco menos de media hora después, salí yo del baño, duchado y vestido con pantalón y camisa, por temor a una reacción inicial adversa, pero con una erección que costaba camuflar. Me fui directamente a su cama y me senté a su lado:

-                ¿Qué estás pensando hacer, Mario?..Tu cama es la otra. – preguntó fingiendo estar intrigada.

-                Esto -  me incliné y le besé la boca fugazmente. Acerqué mi boca a su oído y le susurré:

-                Y además lo que estas pensando – le besé el cuello y con una mano le rodeé su teta izquierda y a acariciársela por arriba de la sábana.

-      ..y crees que yo... que yo voy a dejarme... así como así...?" –

-      ..si..así no, primero te voy desnudar y a comer toda a besos, desde  la boca al dedo gordo de tus pies  - mientras decía esto último, aflojé el único botón que tenía prendido en el pantalón, me incorporé para que cayera al piso, me deshice de la camisa y me deslicé debajo de las sábanas bajo débil protesta de Silvana.  

Como era de esperar, sólo vestía corpiño y bombacha. Comencé con besos  tímidos y  tanteando el “terreno” que luego iba a recorrer concienzudamente. Ella me besó como sólo lo hacen las mujeres que saben como llevar al límite la excitación al hombre que tienen a su lado. Del “terreno” por supuesto, la concha era la que más atención tenía. Simétricamente, Silvana internó su mano en mi slip y murmuró, casi para si misma:

            -       pauzudo gostoso….quero sim -

Cuando me tuvo con frecuencia cardiaca a 1000 por segundo, susurró en mi oído:

-                Maritoo……sem camisinha  (preservativo), nãooooo ¡ehh! –

-                no contabas con mi astucia,…..tengo todo previsto….si en este momento la Isla se hundiese en el Atlántico, debajo de la cama tengo tubos de oxigeno y máscaras para hacerte el amor bajo el agua – Sonrió deliciosamente por mi replica en broma.

Saqué del pantalón los condones, me puse uno, la despojé del corpiño y, como un cachorro sediento, me prendí a alternativamente a una y otra teta. Con la ayuda de Silvana que levantó la cola para facilitarme la tarea, le quité el calzón y continué el descenso por el vientre y por su pierna derecha hasta chuparle el dedo gordo del pié, cambié de pié y de dedo y comencé a desandar el camino, subiendo con besos por la pierna izquierda. Pasé por la conchita subiendo hasta encontrar con mi lengua el clítoris, se retorció gimiendo. Sin otra demora me acomodé entre sus piernas e inicié mi faena amatoria con variaciones en el ritmo, ahora frenético, suave y cadencioso luego, in crescendo, acto seguido, hasta rozar la furia al penetrarla. Su cuerpo delgado y flexible como un junco, presa de la pasión se movía  acompasado con el mío procurando una penetración más profunda de la verga;  su respiración agitada de, tanto en tanto, se convertía en gemido o en palabras suspiradas:

            -  ¡siiiiiim!!....¡foda sim…minha buceta!!......¡gostoso!!…¡assimmm!!...-

El orgasmo, que nos atrapó completamente compenetrados, fue apoteótico y prácticamente simultaneo. Seguimos abrazados alternando besos y halagos algunos minutos después del clímax. Ella me retenía encima de su cuerpo no sólo con el abrazo: con los ojos y con los labios. Pensé que Silvana no lograba, en su casa, el sexo pleno que toda mujer merece. Tampoco pensaba que yo se lo había dado, pero su actitud, me sugería que nos habíamos acercado bastante.

Regresados al sosiego nos higienizamos y charlamos largamente de nuestras vidas, hasta que las palabras ralearon, volvieron a mezclarse los alientos y las humedades de los labios, las manos recorrieron los cuerpos y nos devoramos por segunda vez esa noche de alto vuelo erótico nacida, paradójicamente, al no poder volar.

Nos dormimos y por la mañana reanudamos el viaje de regreso a casa. En el avión intercambiamos promesas y números telefónicos.

En San Pablo nos despedimos con un beso apasionado.

En lo que va de ese último beso al día de hoy, sólo nos hablamos por teléfono unas pocas veces, sin lograr coincidir, en el mismo lugar y al mismo tiempo, ni en América del Sur ni en Europa. Quizás el futuro nos de una manito. Eso espero y deseo.     

 

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