Un mensaje en el celular.
Enviado por Victor el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Ocho o nueve meses atrás recibí un mensaje escrito (SMS) en mi celular. Palabra más o menos decía:

“Te veo mañana, como arreglamos, a las 13:00 hs, para comer y después ¡comernos!!. Un beso anticipado Álvaro”

No tenía la menor idea de quien era Alvaro y el… ¡comernos!!....nada que ver con mis hábitos y preferencias. Supuse que se trataba de un error y borré el mensaje. Ya había olvidado el primero cuando me llegó un segundo mensaje:

“Maru, disculpame por favor, no podré llegar antes de las 13:30. Como es en tu casa no va a ser un gran fastidio para vos la demora. Eso espero. Besos Álvaro”.

Tomé nota del número del celular emisor del mensaje. La cosa comenzaba a tomar forma:

-Maru es mi esposa

-Por las mañanas concurre a su estudio de auditoría y por las tardes, con muy contadas excepciones, está o trabaja en casa 

-Los días hábiles yo nunca estoy en casa antes de la 19:30 Hs-

-Los chicos entre las 12:45 y 17:00 hs están en la escuela-

-El número de celular de Maru difiere del mío, sólo en el orden de aparición de las tres últimas cifras: el mío es 15 XXXX 0313 el de ella 15 XXXX 0331  

El tal Álvaro se confundió y trastrocó el orden de las cifras.

Pero ¡que turrada la de Maru!! Nuestra relación estaba un poco “mellada” sin embargo se me antojó un despropósito citarse con otro en casa. Me puse furioso y comencé a cavilar en el rumbo a tomar. Sentí la necesidad de saber hasta donde llevaría ella las cosas: quería presenciar su tarde erótica. No tenía dudas que, a pesar de los dos mensajes mal direccionados, el encuentro se concretaría. El o ella se comunicarían para confirmar lo que habían arreglado.

Con una excusa banal llamé a Maru para confirmar que a la tarde estaría en casa de la hermana convaleciente de una cirugía, retiré a préstamo de la empresa cinco cámaras de video inalámbricas (de última generación que se activan con el movimiento) y las dispuse en casa, bien disimuladas en muebles, para cubrir el living comedor, la cocina, el dormitorio matrimonial y por las dudas el dormitorio de los chicos.

A la noche, la muy turra de mi esposa, me provocó, me excitó y cogimos como en los mejores tiempos. Me hizo dudar de todo lo que había pergeñado. Aún perplejo, a la mañana siguiente, antes de salir, dejé predispuesto el sistema con capacidad de grabar unas 24 hs de los más leves movimientos, en el disco de la computadora que tengo en mi domicilio. Por una torpeza mía no quedó habilitado el audio.  

Después de cenar me aboqué a verificar la grabación.

Me pregunto, aun hoy, cual fue la motivación de Maru al provocarme la noche anterior. Tal vez quiso tener una referencia actualizada para compararla con su experiencia del día siguiente. Con Álvaro se dejó coger al derecho y al revés. El hombre llegó y saludó efusivamente y apasionadamente a su partenaire de esa tarde. Era de buen físico, atlético, de buen aspecto y decidido. Al saludar metió mano a tetas y, después de levantar la pollera, al culo y la concha a modo de prolegómeno. Después del almuerzo frugal y breve, se trenzaron en el living y casi de inmediato Maru perdió blusa y pollera. Álvaro la acostó boca abajo en el respaldo del sofá, se bajó pantalón y calzoncillo, le corrió al costado de la cola el calzón,  la penetró por la concha y bombeó como poseído por largos minutos hasta el orgasmo. Una de las cámaras captó el rostro de Maru con la expresión de goce genuino. Lástima que, por mi error, no quedaron registrados gemidos, grititos, suspiros, etc…

Tomaron aliento y la acción se trasladó al dormitorio. Allí el despliegue fue completo: hubo lengua en la concha, pija en la boca, misionero, cucharita, jineteadas, perrito. Ahí tuve cabal idea del alcance del..”comernos”..del primer mensaje en el celular.

Sacado por el resentimiento, edité la grabación y copié las secuencias más representativas en un DVD que le dejé a Maru en la mesada del baño, con un breve mensaje en una tarjeta: “ ¡augurios de 1000 tardes como esta! “. En el vestidor, puse en una valija algo de ropa variada y  camisas, en un bolso zapatos y zapatillas, descolgué un par de trajes. Del baño retiré los elementos de higiene personal. Acomodé todo en el auto y fui a la casa de mis padres.

A la tarde, recibí en la oficina, el llamado de mi esposa:

“¿Victor?...¿podes hablar?”

“estoy solo”

“¡sos un desgraciado H. de P.!! ¿Cómo te atreviste a invadir de ese modo mi privacidad?....¡lo tuyo es de una bajeza increíble!!”

“ ¿vos calificando de bajeza el comportamiento ajeno?..¡esta si que es insuperable!”  

“……”

Hoy estoy de nuevo en mi cuarto de soltero en la planta alta de la casa paterna. Le dejé la casa a Maru y vuelvo a ella, casi todos, los fines de semana a llevarme los chicos. Ella ensayó alguna propuesta de reconciliación con disculpas, promesas y juramentos de fidelidad. Tal vez hubiera podido procesar y aceptar, de ella, una calentura y cogida extramatrimonial improvisada. De carne somos, dice la sabiduría popular.

Pero esa tarde planeada con cuidado en mi casa…..es lapidaria. De esa no hay retorno.  

 

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