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NECESITADA DE MACHO |
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Enviado por Carmen el día Jueves 1 de Enero de 1970 |
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NECESITADA DE MACHO Apuntó su polla a mi dolorido ojete, me agarró por las caderas y empujó a lo bestia, hasta conseguir introducirla hasta los huevos. Me dolía muchísimo, pensé que me rompía el culo
De regreso a mi casa, después de un día y su noche de pura orgía lésbica, con mis tres nuevas amigas alemanas, en casa de Karina, a los pocos kilómetros paré a repostar y, como al lado había un hostal con restaurante, decidí entrar y comer allí mismo, ya que mi marido no llegaría a casa hasta después de las ocho de la noche. Mi cuerpo y mi mente los tenía todavía muy sensibilizados, por los muchos orgasmos disfrutados con mis amigas. Se me hacia muy larga la espera hasta la noche, para poder disfrutar del sexo con mi marido, necesitaba un hombre, un macho de verdad, una polla auténtica, aunque…a decir verdad, había disfrutado muchísimo con aquellas tres lujuriosas mujeres. Al querer aparcar frente al restaurante, otro coche, un Mercedes 4x4, ocupado por dos hombres, estaba haciendo la misma maniobra y al verme, me cedieron galantemente la plaza, aparcando ellos unos metros más adelante. Al bajarme, les di las gracias con una sonrisa y al ver que iba sola, trataron de convencerme para tomar algo con ellos. Entramos, nos situamos junto a la barra y yo pedí un Martini rojo. Después les dije que mi idea era comer allí mismo. Ellos me dijeron que también habían parado por el mismo motivo. Me invitaron a que los acompañara al comedor. Aparentemente no había motivos para desconfiar de ellos, parecían amables y correctos. El mayor de ellos Pedro, de unos 50 años, no muy alto y más bien gordito, con su pancita cervecera, se sentó a mi lado y Jordi, de unos 34 años, con cara de guasón, alto y con cuerpo de gimnasio, se sentó enfrente. Eran de Barcelona y viajaban al sur por asuntos de negocios. Yo también les dije mi nombre y que viajaba a casa, a unos 30 kilómetros, pero que iba sin prisas porque mi marido no llegaría hasta la noche. Durante la comida, Pedro y yo bebimos bastante vino, Jordi no lo probó porque conducía él. Pedro era bastante buen conversador y se portó simpático y le tomé bastante confianza. Su pierna constantemente se rozaba con la mía, pero yo no me apartaba, me gustaba el contacto con ese hombre. Con el café encendió un habano y, entre bromas, se lo quité para echar unas caladas y se lo devolví. Vino el juego de palabras con doble sentido ¿te gusta mi puro?, le contesté con una carcajada. Tengo otro más sabroso ¿lo quieres?, otra carcajada. Posó su mano sobre mi pierna y yo no se la retiré. La idea de darme un revolcón con aquel gordito me estaba apeteciendo y él se estaba dando cuenta de mi calentura. Jordi, muy socarrón, nos miraba en silencio con una sonrisa. Nos trajeron pacharán, bebimos una copa y Pedro me preguntó. ¿terminamos la botella arriba en una habitación? Con otra carcajada le contesté con otra pregunta: ¿y por qué no?. Pedro le hizo una seña a Jordi y éste se levantó y se fue a recepción, al ratito vino con la llave de una habitación y nos la dio. Pedro se levantó y me tomó de la mano y le dijo a Jordi que subiera después con la botella, vasos y cubitos de hielo, también una botella grande de agua mineral. Subimos a la habitación y una vez dentro le arranqué la camisa, mientras nos besábamos como locos. Le solté el pantalón que cayó al suelo y me agaché, bajándole al mismo tiempo los calzoncillos. Me encontré ante la cara una polla curiosa. No era muy larga, unos 14 o 15 centímetros, pero muy gorda, gordísima, cilíndrica por parejo y unos huevos enormes y muy peludos. Sostuve sus huevos con una mano, como si los pesara y con la otra puse su polla en mi boca, pronto se le puso muy dura y mas gorda y ya no podía abrir más la boca y me dediqué a pasar la lengua a lo largo y chuparle los huevos. Como noté que se iba a correr, me levanté y me desnudé también. Él se lanzó a chupar mis tetas y a sobarme por el culo y las nalgas. Le notaba cierto grado de brusquedad, pero asumí que seria hambre de mujer y como yo estaba muy necesitada de macho, no le di importancia. Lo tumbé boca arriba sobre la cama y me dediqué a besar y acariciar todo su ancho y peludo cuerpo. Su grueso y corto cuello, sus fuertes brazos, su velludo y amplio pecho, su panza, que me daba morbo, sus muslazos y le metía las manos por debajo de su gordo culo. Aquel gordito peludo me daba mucho morbo, pasaba mi cara por la alfombra de su velludo pecho, como si fuera una niña jugando con su osito peluche. Metió casi toda. Qué dolor…y ni podía chillar. Lloraba y manoteaba, pero me tenían aprisionada entre los dos bestias. Oía sus gemidos de placer y sus risotadas, uno u otro me estrujaban las tetas hasta hacerme daño, me daban fuertes nalgadas que me dolían, me tenían a su merced completamente. Nunca en mis pocos meses de infidelidades me había encontrado en una situación tan desagradable, tan mal tratada. A pesar de todo, mi ano empezó a acostumbrarse a la polla de Jordi y pronto mi cuerpo respondió con un breve orgasmo. Los dos de acuerdo, salieron de mi boca y ano, ufffff qué alivio, pensé que terminó mi suplicio, mi boca recuperó su posición normal, pero lo único que hicieron es que cambiaron las posturas, Pedro se me vino atrás y Jordi se colocó delante y metió su polla en mi boca. Al menos, la polla de Jordi no era tan gruesa como la del otro ni mucho más larga. Me tenia sujeta por los pelos para que no me saliera ni pudiera protestar y noté que Pedro, tras manosearme con sus manazas por el culo, apuntó su polla a mi dolorido ojete, me agarró por las caderas y empujó a lo bestia, hasta conseguir introducirla hasta los huevos. Me dolía muchísimo, pensé que me rompía el culo, yo lloraba de impotencia y dolor, pero él se movía dentro de mi con brutalidad, arremetía con fuerza y sin piedad. De pronto Jordi me soltó en la garganta toda su leche caliente y yo sentí necesidad de vomitar, pero ni eso podía, tuve que tragarla toda para no asfixiarme. La sacó de mi boca y yo le escupí a su barriga todo lo que quedó en mi boca, él con una carcajada insolente, me soltó un guantazo en la cara que me dolió y, mientras se apartaba, me dijo: te lo has buscado puta de mierda. Quedé muy humillada y seguía llorando, mientras el animal de Pedro, tirando de mis pelos, no paraba de bombear mi culo con aquel tarugo de polla que tenia y que tanto dolor me estaba causando y no paraba de insultarme con groserías. Al poco sentí que mi culo, distendido de tanta follada, aceptaba las penetraciones de aquella verga de burro y el placer empezaba a sustituir al dolor. Yo estaba ya más libre, al haberse retirado Jordi. Me acerqué una mano a mi clítoris y lo masajeaba, aumentando mucho mi placer. Yo misma culeaba hacia atrás buscando más penetración, movia mi culo y mis caderas y me llegó un gran orgasmo. Esto calentó aún más a la bestia que tenia detrás y con palabras obscenas, metía su pollón dentro de mi, golpeando mis nalgas con sus gordos huevos y dándome barrigazos en mi trasero. Me palmeaba el culo a uno y otro lado con sus manazas y yo me estaba enervando y lo provocaba con insultos. Me decía: puta, más que puta, te voy a partir en dos y si estuviera aquí el cabrón de tu marido, también me lo iba a follar, después le cuenta que un hombre de verdad te ha follado mejor que él. Yo le contestaba que la puta era su madre y que él era un aborto de mierda, que no sabia darle gusto a una mujer. Yo no lloraba ya, en cambio de mi boca salían palabrotas que nunca en mi vida había usado. Me tiraba de los pelos con una mano, arremetía con su polla en mi interior con nuevas fuerzas y con la otra mano me golpeaba el culo. Me decía: eres una yegua en celo y yo soy tu garañón, toma polla, toma, toma. Yo empujaba mi culo a golpes contra él, buscando más y más polla, mientras chillaba y bramaba con mis continuos orgasmos, que iban subiendo en intensidad. Seguíamos insultándonos y follando como poseídos hasta que dio un bramido como un toro y me soltaba todo su semen hirviente en mis intestinos. Cayó sobre mí, que también caí sobre la cama todavía orgasmando. Se le fue aflojando y fluía semen de mi culo hasta las sabanas. Por fin se tumbó a un lado, resoplando agotado y yo quedé rendida y con una felicidad extraña. Entre sueños los oía andar por la habitación y después la puerta. No se cuanto tiempo transcurrió, oí varias veces tocar a la puerta y, con gran dificultad, me levanté, abrí un poco y volví a la cama, a la que me tiré boca abajo. Pensé que otra vez estaban allí, pero no les hice ni caso, estaba muy cansada. Pronto noté que me acariciaban las nalgas, que me abrían las piernas y metían una mano buscando mi labios vaginales. Yo me dejaba hacer en silencio, aunque pronto las caricias en mi clítoris empezaron a surtir efecto y empecé a gemir, con un suave placer. Había desaparecido la brusquedad, ahora me trataban con más dulzura. Unas manos me tomaron de mi hombro y caderas para darme la vuelta y yo, con los ojos cerrados, colaboré a quedar boca arriba. Pronto una boca me chupaba los pezones y masajeaba mis tetas con cierta ansiedad. Bajó con su lengua por mi cuerpo y, cuando se acercaba a mi pubis, yo misma abrí mis piernas y dejé que sus manos abrieran mis labios vaginales e introdujera su lengua en mi mojado interior. Seguía lamiéndome y masajeaba mi clítoris con la punta de su lengua y yo, nuevamente, me estaba estremeciendo con el placer que me estaban proporcionando. Con suavidad, casi con cautela, su polla empezó a penetrarme y yo, instintivamente, crucé mis pies por detrás de su culo y le empujé para que me penetrara hasta el fondo. A los pocos vaivenes se corrió, antes que yo tuviera un orgasmo. Abrí los ojos y….oh, sorpresa. Sobre mí había un chico muy joven, rubito y sonriente. Mi cara de extrañeza y el empujón que le di, para apartarlo, lo asustó y saltó de la cama. Le pregunté quién era y por qué estaba allí. Él, muy asustado por mi reacción, casi llorando y balbuceando, me dijo que dos señores le habían dado un paquetito y le habían dicho que subiera a esta habitación y que me lo diera, me señaló el paquetito que estaba encima de una silla. ¿Y por qué has abusado de mi? Porque esos señores me dijeron que la señora (yo), les había pedido que les enviara un jovencito para follar con él. ¿Queeeeeeeee…? Esos cabrones te han mentido, yo no les he pedido nada, es mentira. El chico, allí de pié junto a la cama, con su pirula caída, rompió a llorar. Le pregunté su edad y, entre sollozos, me dijo que le falta un mes para los 19. Eso me tranquilizó. El chico, sin moverse, tapándose su cosita con las manos, seguía llorando y me pedía perdón. Mi instinto maternal me jugó una mala pasada. Me senté en la cama, le agarré una mano, lo acerqué a mi y lo abracé para tranquilizarlo. Era un abrazo maternal y, con mis palabras, trataba de que no se sintiera culpable. Su corazón, que antes latía con fuerza, se fue normalizando. Me dijo que, con lo que le habían dicho aquellos dos, más el verla en la cama desnuda, no pudo resistir hacer lo que hizo. A todo esto, con el calor de mi cuerpo desnudo y mis palabras exculpándolo, observé que su polla se le había puesto como el asta de una bandera. Se la agarré con una mano y la tenia durísima. Era grandecita, no gran cosa, pero palpitaba en mi mano. Lo miré y me sonrió. Acerqué mi boca a la suya y él, pasando su brazo por detrás de mi cuello, acercó también su boca y lo estuve besando con ternura. Después bajé mi cara y lamí su polla, pronto me la metí entera en mi boca, haciéndole una suave mamada mientras le masajeaba los huevos y le pasaba una mano por su trasero. ¡!! Señora me corro, me corrooooo…!!!, yo no la saqué de mi boca, quise degustar su joven semen. Uuummm, el chico se agarró a mi cabeza y seguía bombeando en mi garganta. Después tiré de él y lo tumbé en la cama a mi lado, dándole besos en la boca para que probara sus propios jugos de la vida, él se pegó a mi y me echó una pierna sobre las mías, mientras no paraba de sobarme las tetas. ¿Te gustó? Siiiiiiiiiiiiii. Le estuve haciendo muchas preguntas y supe que era camarero del hostal y ya había terminado su turno, que no tenía novia y que solo una vez en la vida había follado, fue con una chica extranjera que conoció un verano en una discoteca, cuando él tenia 18 años. Después, con mucho mimo, me preguntó si podía follar otra vez conmigo, le toqué su verga y la tenia otra vez durísima. Lo puse boca arriba y yo subí sobre él y, una vez su polla dentro de mi coño, empecé a cabalgarlo viendo su cara de felicidad. Miraba su cara juvenil y yo tenia sentimientos extraños, me acordaba de mi propio hijo, esto me parecía casi un incesto, no se…estaba bastante confundida, pero sin remordimientos, estaba haciendo muy feliz a este chico casi imberbe. Esta vez si pude tener mi orgasmos, justo cuando él se corría en mi interior. El chico se había ido al cuarto de baño y a eso que sonó mi teléfono móvil, lo alcancé y…era mi marido que me preguntaba dónde estaba, que eran las 9:30 de la noche y que, por teléfono, Karina le dijo que yo me fui de su casa a medio día. No supe qué contestar pero al ponerme de pie, se me escapó un gemido de dolor, me dolía todo el cuerpo y me escocia horrores el interior de mi culo. Me preguntó si me había pasado algo, le dije que no, que solo me había parado en un hostal y me había quedado dormida. Me preguntó por el nombre del hostal y me dijo que el venia rápidamente, que no estaba tranquilo porque temía que algo me pasaba, que le ocultaba algo. Le dije que bueno, que yo estaría dentro del coche, fuera del hostal. Me fui rápidamente al baño y, con la ayuda del chico, me di un buen lavado. Me vestí (por cierto que no encontré mis braguitas) y el chico me dio el paquetíto que había traído y, sin abrirlo, lo metí en el bolso. Después el chico me dijo que si yo quería, podría salir por una puerta lateral, para no pasar por recepción. Le dije que si, por supuesto. Me acompañó, salimos y le pedí que acercara mi coche a la parte no iluminada. No quería que me vieran desde el bar. Despedí al chico con un beso y se marchó con su moto. Mientras esperaba a mi marido, dentro del coche, me vinieron los remordimientos de todo lo ocurrido. Era mi primera vez que me había ido a la cama con unos desconocidos sin él saber nada, sin su aprobación. Era mi primera infidelidad real. Me acordé de lo que me habían dicho Jordi y Pedro, que era una puta de mierda, una yegua en celo. Para colmo, me había follado a un jovencito, casi un crío. ¿Debería decir todo esto a mi marido? ¿Cómo aceptaría él mi infidelidad no consentida? Me daba miedo que esto perjudicara a nuestro matrimonio. Yo amo mucho a mi marido y no lo cambiaria por nadie pero… ¿cómo reaccionará él ? La verdad es que estaba bastante preocupada. Llegó mi marido en el coche de mi hijo y casi se bajó en marcha. Se vino a mi, me ayudó a salir y se abrazó a mi, preguntándome demasiadas cosas al mismo tiempo, mientras me daba besos por toda la cara. Mi hijo, que había venido conduciendo, se acercó, me besó y me preguntó si estaba bien. Mi marido, sin darse cuenta de la presencia de mi hijo, me hacía preguntas comprometidas. Los tranquilicé a los dos y le dije a mi hijo que se marchara él, que su padre conduciría mi coche. Después que mi hijo marchó, le dije a mi marido que nos fuéramos pronto de allí, que ya hablaríamos en nuestra casa. Los 30 kilómetros que nos separaban de nuestro hogar, los hicimos rápidamente y en silencio. Yo pensaba cómo afrontar la situación. Una vez dentro de la casa, yo me senté en un sofá y mi marido se vino a mi lado. Me abracé a él llorando y le conté todo, a grandes rasgos y le pedía perdón a cada momento. El me escuchó en silencio, con mis manos entre las suyas. Después me abrazó con mucha ternura y amor y me dijo: cariño si tú estas bien, yo estoy bien. Si tú estas feliz, yo soy feliz. Me tranquilicé y lloré de felicidad. Después me ayudó a subir a nuestro dormitorio y me desnudé mientras él me preparó el yacuzzi. Una vez que estuve dentro, relajándome y limpiando hasta los poros de mi piel, él bajó a la cocina y preparó una cena ligera para los dos. Esa noche, mientras me pedía detalles de mis aventuras con las tres alemanas y, especialmente, mi aventura de esa tarde con Pedro, Jordi y el camarero, hicimos el amor como nunca hasta entonces lo habíamos hecho. Excepto por el culo, que lo tenia muy dolorido, le entregué mi cuerpo, mis manos, mi boca y mi coño hasta la saciedad. Follamos en la cama, rodamos por la alfombra…en fin, fue una noche apoteósica de amor y lujuria entre nosotros. Nunca hasta esa noche lo había visto correrse tantas veces y yo tuve infinidad de calientes orgasmos. De madrugada, en un descanso, me acordé del paquetíto que me entregó el joven camarero, lo busqué y abrí. Primero encontré una nota firmada por Pedro y que decia: "Carmen, gracias por la tarde de estupendo sexo que nos has dado. Tu perfume lo conservo en mi bolsillo, acepta éste a cambio". El paquetito contenía un frasco de perfume. Mi marido me preguntó qué perfume le di yo y, entonces…comprendí donde estaban mis braguitas húmedas, jajaja, en el bolsillo de Pedro. De nuevo a mi marido se le endureció su polla y, antes de echarnos otro polvo glorioso, le hice una mamada mirandolo a los ojos. Se nos hizo de día follando, besando, acariciando y amándonos como adolescentes. Como a las 9 de la mañana, llamó a su negocio y le dijo a su secretaria que se quedaría en casa. Mientras él preparaba algo para desayunar, yo cambié las sabanas de la cama y después nos acostamos felices y cansados, esta vez a dormir. Termino ya, no quiero cansar más a los que me leéis. A los que me seguís, os digo que seguiré escribiendo aquí mis nuevas aventuras sexuales, para satisfacción de mi esposo y mis íntimos y, muy especialmente, para tantos como me lo habéis pedido. A todas y todos, gracias y muchos besos. Hasta muy pronto. Os quiero, Carmen. |
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