".. La vecina de al lado "..
Hacía poco que me había mudado a una casa chiquitita donde estaba viviendo sola, desde ahí que mis días suelen ser normales, sin mayores sobresaltos.
Esa tarde, alrededor de las ocho, llovía, entonces mi novio me alcanzó con el auto hasta mi casa. Estacionó en la puerta y yo para no mojarme corrí desde el auto a la entrada de mi casa. Saqué las llaves de la cartera e intenté abrir la puerta, pero ante mi desesperación la cerradura estaba rota, la llave no giraba. Mi novio, al ver que yo no podía, se bajó del auto e intentó ayudarme. Mientras forcejeábamos con la puerta la lluvia nos empapaba.
Al lado de mi casa vivía una mina, bastante llamativa, rubia de pelo largo hasta la mitad de la espalda, no muy alta y bastante ¨pulposa¨. En todo el barrio se comentaba que se dedicaba a la vida nocturna, se decía que era puta. La pinta la tenía, solía estar vestida con ropa ajustada, botas altas, remeritas bien cortas que llevaba sin corpiño debajo. Entonces sus tetas eran de conocimiento público. Era todo un espectáculo.
|La imagen es esta: llueve cada véz más, llueve torrencialmente y los dos, Ezequiel y yo, estamos pasados por agua. Tras que no se ve nada, hace frió y no hay expectativas de abrir la puerta. En eso, la vecina, de al lado, llega. Para un auto espectacular con vidrios polarizados y, del lado del acompañante baja ella, con un pollerita súper corta, remerita blanca (sin corpiño, obvio) y botas altas. En su trayectoria desde el auto a la puerta de su casa, se moja, por la lluvia claro está, y se le translucía todo. Cuando miro a mi novio estaba como idiotizado mirándola. Le di un codazo para volverlo a la realidad y seguí intentando suerte con mi llave mientras mi vecina pasaba por mi izquierda hacia el interior de su casa. Abrió la puerta. Entró. Dejó en el aire un repugnante olor a perfume barato. Mientras, seguíamos con la llave. Habrán pasado diez minutos cuando le dije a mi novio que no podía mas de frió, los dedos de los pies y las manos se me entumecían. Así, el sugirió que le pidiéramos a la vecina si podía hacernos el favor de llamar a un cerrajero.
Medio a la expectativa, tocamos el timbre. Ella abrió la puerta, sonrió y dijo: ¨siguen ahí?´´. Acto seguido, nos invito a pasar. Le dijimos cual era el motivo de nuestra presencia en su casa, ella dijo que nos despreocupáramos y que ella llamaría a un cerrajero ´´amigo´´ suyo. Hizo un llamado, pero hablaba casi en tono de susurro, por lo que no pude oír nada. Después nos clavó la mirada de lente de contacto azul y nos dijo ´´ Están empapados¨¨. Y volvió con dos batas de toalla como la que llevaba puesta ella. Le dio una a mi novio y le dijo ´´ te ayudo?´´ , a lo que creo que la respuesta de mi mirada entre indignada y enojada, fue suficiente porque apoyó la otra bata en una silla y salió a la vez que decía en tono de secreto ´´Los dejo solos para que se cambien, sino se van a resfriar¨.
Ni bien se fue del living, a lo que parecía era un cuarto, porque se dejaba entrever por el costadito de la puerta que había quedado entreabierta, nos empezamos a sacar la ropa empapada porque realmente estaba frío. Nos pusimos las batas y entre casi sin querer y costumbre, nos dimos un beso. Que yo recuerde, el beso no duró mucho, aunque fue lo suficientemente largo para que Mariana, la vecina, entrara con su paso de gato siamés sigiloso.
No podría relatar como fue que se dieron las cosas porque sencillamente, no lo recuerdo, pero cuando quise ver ella estaba abriéndome la bata y besándome las tetas mientras que con su mano izquierda le tocaba la pija a mi novio. Y debo decir que realmente era algo que se sentía bien, No dijimos nada, ninguno. Pero fue una experiencia única.
Mariana hacía maravillas con su lengua. En mi concha, en mi boca, en todas partes. Mi novio dice que también tenía una concha espectacular y que realmente daban ganas de chuparsela hasta que se inflara toda.
Así habremos pasado dos horas, entre que nos tocábamos, mi novio la cogía por delante y por detrás...Cuando tocaron el timbre.
´´Es el cerrajero¨ dijo Mariana. Y nosotros nos miramos como desilusionados, porque aquello que tanto nos estaba gustando se iba a terminar pronto. Nos incorporamos de la alfombra en la que estábamos tirados, comenzamos a tomar la ropa para vestirnos, casi sin ganas. Pero, el cerrajero entró a la casa, y no estaba tan mal. Era bastante alto, morocho, mas que morocho, moreno. Tenía manos grandes y un anillo de plata ancho. También tenía como una barba que solo le cubría el mentón y una mirada entre acusadora, curiosa y penetrante. Dijo ´´hola´´ y Mariana, desnuda, se le acercó y lo empezó a desvestir mientras lo llenaba de besos que bajaban desde su boca hasta el ombligo.
Incrédulos, mirábamos como el cerrajero se despojaba de su ropa, y con paso pesado se acercaba a donde nosotros estábamos.
Se acercó, me empezó a hacer caricias tan intensas que caí en la alfombra nuevamente, después, apartando con una mano a Mariana que no dejaba de darle besos, me empezó a besar la cara y a bajar, y a bajar... Parecía que sabía leer la mente, donde yo deseaba que me tocara o que me besara, ahí iba el. Me hacía estremecer. Sin saber como, estaba cabalgando sobre el cerrajero con una locura e intensidad hasta entonces, por mi desconocidas. El con su mano grande me manoseaba todos los rincones. Yo estaba a punto de explotar. Abrí mis ojos y vi como Mariana cabalgaba sobre Ezequiel a mi derecha. Eso me puso mas caliente de lo que estaba antes. Y comenzamos a turnarnos...un rato con el cerrajero, un rato con Ezequiel, un rato con Mariana.
Pasamos la noche hasta que el cerrajero terminó en mi boca, Ezequiel en las tetas de Mariana, Mariana en la boca del cerrajero y yo en la de Ezequiel.
Nos fuimos a la mañana, cuando la ropa ya estaba seca. El cerrajero y Mariana quedaron en la alfombra tirados y dormidos. Nosotros volvimos a nuestras vidas, a buscar a alguien para que abriera la puerta y nos devolviera nuestra rutina diaria.