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Tocándonos a la distancia… |
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Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970 |
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Tocándonos a la distancia…
Lo que les voy a contar pasó.. pero sigue pasando… Mi nombre es Mariano, tengo 28 años y vivo en Buenos Aires, en zona norte. Me gusta practicar deportes y hago algo de fierros de vez en cuando. Es por eso que tengo un cuerpo… no musculoso pero sí bien formado. No tengo demasiadas inhibiciones y siempre me gustó disfrutar de mi cuerpo libremente llevándolo al límite en las situaciones placenteras con mujeres de todas las edades y características. También me excita mucho disfrutar de la soledad en mi casa. Me divierte caminar totalmente desnudo por el interior, por el patio y el jardín de mi casa. El patio y las ventanas del fondo de mi casa dan hacia las ventanas de una vecina. (a unos 10 o 15 metros) Ella tiene unos 45 años y vive allí con sus tres hijas y tenemos buena visión el uno del otro. Una tarde calurosa salí desnudo al patio y mi vecina justo abrió la ventana y corrió las cortinas, no pudo evitar verme ahí. Yo intenté hacer de cuenta que no la había visto pero rápidamente comencé a excitarme. Mi verga comenzó a ponerse cada vez mas dura. Se me paró enormemente, pronto sentí como una fiebre intensa en todo el cuerpo. Ella seguía espiándome en un costado pero dejándose ver. La cabeza de mi pija estaba dura, morada y brillante. Comencé a mojarme, las gotas comenzaron a caer lentamente de la punta de mi verga. Mientras tanto me hacía el distraído y miraba para otro lado. Pero para ese momento ella ya sabía que yo lo hacía intencionadamente. Yo no lo podía creer nunca me había exhibido de esa manera. Ella me miraba y me calentaba cada vez más. No pude contener mis deseos de tocarme. Me agarré la pija y comencé a frotarla contra mi pierna, estaba empapada. Comencé pajearme. Para ese momento yo ya estaba mirando hacia su ventana y entonces me sorprendí cuando ella comenzó a sacarse la camisa.. luego el corpiño. Yo veía sus tetas pequeñas pero bien paradas. Me senté en una repocera y seguí masturbándome y mirándola. La ventana le llegaba un poco mas arriba de la cintura pero yo veía bien como se tocaba las tetas. Vi como se terminaba de desvestir. Acomodó un banco o una silla junto a la ventana y se paró arriba. Me dejó ver como se tocaba la concha mientras se frotaba. Yo me pajeaba lentamente y en forma intermitente para no acabar tan rápido, pero hervía de placer. Baje la vista, me miré la verga, la tenía mas grande que nunca. Cuando volvía a mirar hacia su casa descubrí que ella se había enterrado dos dedos en la concha, se tocaba el agujero del culo con la otra mano y gemía silenciosamente de placer. Sin poder creer lo que veía, miré hacia la otra ventana de la casa.. la habitación de la hija mas grande. Ví algunos movimientos, detuve mi paja y nuevamente miré para otro lado desentendiéndome de la situación. La madre seguía ardiendo. La hija no podía verla, no dejaba de mirarme tímidamente. La muy puta comenzó a desvestirse y fingía probarse varias combinaciones de ropa. Se ponía un corpiño y se lo sacaba, una camisa ajustada y se la sacaba. Mientras tanto la madre envuelta en fuego se retorcía en su mejor orgasmo parada en la silla y haciéndome desear el jugo de su vagina. Cuando sacó los dedos de su concha yo estallé y quedé bañado en un mar de leche que me alcanzó hasta el pecho y bajaba por mi abdomen. Miré de reojo a la hija y noté que los ojos se le salían de la cara. Desde ese día, salgo desnudo al patio buscando una nueva situación con ellas y no puedo evitar mostrarme desnudo en cualquier ventana en la cual vea una mujer que me está mirando. Lo hago siempre que puedo y adonde voy. A ellas les encanta, no ven una pija así todos los días... Tengo unas cuantas situaciones más de este tipo…
Mariano
e-mail: mercati@arg.net.ar
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