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Una nota que termino en un Motel. |
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Enviado por Anónimo el día Jueves 1 de Enero de 1970 |
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Hola, me llamo María y quiero contarles mi historia.
Soy una mujer de 41 años, divorciada y con dos hijos. Después de varios años, me separé de mi esposo en el año 2000. Desde ese entonces que no tengo pareja, aunque no me faltaron proposiciones decentes e “indecentes”. Para que se den una idea: mido 1,60, soy de pelo castaño, ojos marrones. Soy un poco “rellenita”, pero eso no molesta a quienes me invitan a salir.
El caso es que nunca había tenido nada, porque mi divorcio fue muy traumático y no quería saber nada con los hombres, hasta que algo cambió.
Para empezar, tengo que contarles que trabajo en la municipalidad de Tucumán como empleada contratada. Hubo un conflicto y decidieron no renovar nuestros contratos. Protestamos en las calles y nos hicieron notas en la prensa. Allí empieza esta historia...
Entre los medios que nos hicieron notas, había un muchacho que me llamó la atención. No era un galán como Brad Pitt, pero tenía mucho atractivo. Era flaco, pelo negro y parecía de carácter tranquilo. Además, era muy agradable en su trato. Se llama Rubén. Conversó con todos los que protestábamos, incluida yo.
Después que hizo la nota, lo llamé para agradecerle. El me contestó que no era nada. Así pasó todo, pensé que se había olvidado de nosotros hasta que un día me llamó para preguntarme cómo iba nuestro conflicto. Le conté algunas pocas cosas (a decir verdad, en ese momento estaba buscando otro trabajo). Al final de la charla, me preguntó si quería tomar un café. Le dije que si.
Ahí descubrí que Rubén tenía 25 años, era soltero y hacía varios años que trabajaba como periodista. Me contó sus problemas (ganaba poco, trabajaba mucho) y yo los míos (además de los laborales, el criar dos hijos casi adolescentes).
Tuvimos varios encuentros de café, en los que coincidíamos en muchas cosas. De a poco, me iba sintiendo cada vez más atraída a él. No sé si él sentía lo mismo, por eso intenté varias estrategias que tenemos las mujeres para “cazar” a un hombre. Ya saben: mensajes de texto, llamadas... Pero no pasaba nada. ¿Será que no se sentía atraída por mí?
Un día me mandó el mensaje de que estaba a punto de salir de vacaciones. Pensé que era una buena oportunidad para intentar ver qué pasaba, así que lo llamé a su celular su último día de trabajo, para invitarlo a tomar un café. Para que se den una idea de cómo estaba, lo llamé desde mi móvil. El aceptó para salir esa noche de viernes a las 21.30.
Sin embargo, me mandó un mensaje para decirme que se iba a desocupar temprano, y que si quería verme antes. ¡Por supuesto!
Nos citamos en un bar. Fui con una falda negra corta, tipo lycra, una blusa también de la misma tela y color y un impermeable, ya que llovía esa noche. Comenzamos a hablar de nuestras actividades, los planes para las vacaciones (yo también estaba en licencia) y otras cosas más.
De pronto, me preguntó: “En estos meses, ¿nunca saliste con nadie?”
Yo me quedé sorprendida, pero le contesté que no.
“¿Por qué? ¿Nadie te invitó?”
“Si me invitaron, pero nadie me llama la atención”
“¿Y yo te llamo la atención”- me preguntó.
“Si”, le dije.
Me tomó la mano y me preguntó suavemente: “¿Vamos?”. Le dije que si.
Caminamos una cuadra. Durante ese trayecto, me tomó otra vez de la mano, se detuvo y me besó. Yo le respondí de la misma manera. Me propuso ir a “otro lado” y acepté: era un hotel alojamiento que queda en el centro de Tucumán, al que se puede entrar a pie.
Cuando entramos a la habitación, nos besamos apasionadamente. Me llevó contra la pared, me besó, me acarició, me dio vuelta y me apoyaba la cola con su pene. Yo gemía de placer, porque hace mucho tiempo que no recibía esas caricias.
Me sacó la blusa y me hizo dar vuelta para bajarme la falda. Me susurró al oído que tenía “un lindo culito”. Sonreí y disfruté del momento, hasta que me dejó sólo con la ropa interior puesta.
Me pidió que le saque la ropa. Eso hice. Desprendí los botones de su camisa azul y besé su pecho. Después le bajé los pantalones y le acaricié el bulto. Eso me excitó muchísimo.
Fuimos a la cama. El, encima mío, comenzó a besarme. Me sacó el corpiño y me bajó la tanga. Comenzó a chuparme la concha. Me encantaba, porque hacía mucho tiempo que no me hacían eso.
Cuando terminó, me dio un beso en la boca y me susurró: “Ahora te toca a vos”. Se tendió boca arriba, con el pene totalmente erecto. Yo lo miré, no era descomunal pero sí tenía buen tamaño y era ancho. Me lancé sobre él con mi boca. Lo chupé bastante tiempo mientras escuchaba sus quejidos de placer.
Después de ese momento, me acosté y comenzó a penetrarme. Tantos años de abstinencia se notaron, porque apenas entró con su pija me estremecí toda. Fue increíble!!!
Me puse encima de él y lo cabalgué con furia. Me hizo temer que lo haya golpeado, pero me dijo que estaba todo bien. No sé cuántas veces acabé; él también llegó.
Exhaustos, nos pusimos de costado, en posición “cucharita”. Yo estaba cebada y quería más. Me acomodé de tal manera que, aunque le daba la espalda, su pija igualmente logró penetrar mi concha. Volvimos a hacer el amor y volví a estallar.
“Sos genial. ¿Dónde aprendiste a cojer así?
“Con mi ex marido”.
“¿Con él hacías todas estas cosas?”
“Si”
“No te creo. ¿Nunca tuviste nada”?
“Creeme, nunca. Desde el 2000 que no tenía sexo.
Cuando me besó de una manera tan cariñosa y apasionada, supe que me creía. Quiso continuar. Me pidió un 69 y accedí. Tuve que dejar de chuparle el pene varias veces, porque su lengua me hacía delirar de placer.
Me dijo que quería mi cola. Me negué, porque ya lo había intentado y era muy doloroso. Pero sus besos y sus caricias fueron tan intensos que accedí, no sin antes prometerle que si me dolía, ibamos a dejarlo.
Dijo que me ponga en cuatro patas. Lo hice y comenzó a recorrer mi ano con su pene. Cuando empezó a penetrarme, el dolor era insoportable. Le dije que parara, no me hizo caso, hasta que le pedí por favor. Dejó de moverse, aunque tenía la punta de su pija dentro de mi culo. Me preguntó si estaba bien. Le dije que si, pero que me dolía mucho. “No te preocupés, vamos a dejarlo para otra vez”, me prometió.
Después nos bañamos, nos besamos y dejamos el hotel. Me acompañó hasta que conseguí un taxi y se despidió con un piquito.
Desde ese momento nos encontramos siempre que nuestros trabajos. No sé cómo terminará esto, pero no lo pienso mucho. Sólo me dedico a disfrutar del sexo, como no me ocurría desde que me divorcié. |
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