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La madre de mi amigo |
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Enviado por Fem. el día Jueves 1 de Enero de 1970 |
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Uno de estos días, cambiaba un cheque en un banco, cuando tras de mi, una señora me pidió le prestara el bolígrafo. Al darme vuelta, mi mente voló 21 años atras al ver el rostro de la dama. ¡Increible¡. Los años habían caido sobre ella, su cabello pintaba canas, su cuerpo había ganado muchas libras y su mano...claro, mostraba también el correr del tiempo. Miestras ella escribia, en mi cabeza inició la película de lo que ocurrió hace tantos años. Una blusa de algodón, con un breve escote, permitia observar las lineas de sus pechos, aquellos pechos que alguna vez acaricie.
Era una tarde de sábado, debiamos terminar una tarea y un compañero ofreció su casa para trabajar. En la azotea, sencillamente era precioso trabajar al aire libre, esforzándonos en la tarea y gozando a ratos narrando cosas de hombres, de nuestra amplia experiencia adquirida a lo largo de 17 años.
La madre de este amigo, una señora de piel trigueña, hermosos ojos de miel y una sonrisa a flor de labios, nos preparó unas bebidas y llevó además unos trozos de sandía para refrescar la tarde.
No se que se nos dió, pero alguien inició y los demás lo imitamos...las cáscaras, las tirabamos a la calle y nos regocijaba escuchar a la gente en la calle exclamando vituperios sin saber quien podía ser el culpable. felices estabamos y cuando me disponía a lanzar una cáscara, al momento de hacerlo, ella apareció. Su mirada se tornó fría. Tan solo me dijo: "de cualquiera podía esperarlo, menos de alguno de ustedes". Dicho esto, se retiró. Cuando llegó el momento de despedirnos, forzosamente debiamos salir por la sala...ella estaba allí sentada. Solo dijimos adios y nos retiramos, pero, su voz me detuvo al pronunciar mi nombre. Quiero hablar contigo, me dijo. Mis amigos se marcharon, con mucha prisa, mi amigo quiso explicar, pero le pidió que fuera a su cuarto. Despues de unos momentos de discusión esteril debió acceder. Me sentía apenado, con ánimos de que la tierra me tragara. Ella permanecía sentada, con sus brazos cruzados y miránmdome fijamente. Y bien, dijo, que disculpa vas a dar. Nada le dije, soy culpable. Me gusta, respondió, me gusta que seas hombrecito y aceptes tu culpa. En seguida, cruzó una pierna y mis ojos se dirigieron justo al espacio que su falda había permitido ver. Ella lo notó y en un intento de acomodarse, con su codo toco un vaso con agua que permanecia sobre la mesa de la par. Mira lo que me hiciste hacer, me reclamó y se puso de pie, al momento me agache a recoger las piezas y quedé a distancia de sus rodillas, tan cerca de sus piernas, blancas, tersas, torneadas. ¡¿Qué me ves?!...dijo tomandome el cabello, me hizo perder el equilibrio y mi mano tocó un cristal y me hice un corte. Estúpido, me dijo, ya te lastimaste. Fue a buscar un poco de alcohol y una vendita y al acercarse para curarme, mis ojos se dirigieron a su pecho. Su blusa de botones, dejaba ver un lugarcito precioso y me sentí adormecido, tanto que no sentí cuando me lavo con el alcohol. Ella entonces, se percato de mi exitación. Niño, se te levantaron los ánimos, me dijo. Perdón, señora, le dije, perdone usted. Al querer levantarme, me acerque a su cuerpo, que literamente quedamos casi abrazados. Su rostro frente al mio, su pecho unido al mio...sentía que me quemaba. No se que se me dio decirle: Por favor, apartece o no respondo. Y que si no quiero, que me vas a hacer. Mi impulso llegó a ser tan fuerte que decidido a todo, la bese. Fue solo un beso de uno o dos segundos y luego, me propuse a correr, pero no pude. Ella no se inmutó, y me dijo. No, se nota que no tienes experiencia, niño, no sabes besar, así es como se besa. Me tomó de la cabeza y me asestó el beso más hermoso que he sentido en mi vida. Dulce, suave, delicado, sus labios estaban tibios y húmedos, tersos, deliciosos. Mis piernas me fallaron, caí en el sofá. ¿Al menos sabes usar eso? me preguntó. Solo asistí con la cabeza. Pruebamelo entoces me dijo, y ante mi, metió sus manos dentro de la falda y se quitó el calzón. Me desabrochó el pantalón, sacó mi pene, jugueteo con el entre sus manos un momento mientras decía: No es muy grande, pero te enseñaré como debe usarse. Bajo mi pantalón, levantó mas su falda y el mundo pareció detenerse en aquel momento. Con su mano dirigió me miembro a su vagina y vi como este iba internándose hasta hundirse en aquel espacio tibio y humedecido. ella solo había hecho un par de movimientos cuando sentí el chorro expulsado. Ella estaba con los ojos cerrados, cuando sintió la descarga, solo sonrió, pero siguió moviendose. Creí que allí terminaría todo, pero no. De pronto sentí sus dedos alrededor de mis testiculos, sus uñas acariciaban sensualmente toda el área, y solo unos minutos después, mi pene de nuevo estaba erecto. Mis ojos no dejaban de verla moverse con la soltura de una ola de mar. Mis manos buscaron su blusa, desabotone la mayoría y liberé sus pechos del sostén. El espectáculo era formidable. Me parecian los pezones mas bellos, y era que hasta aquel momento era la primera vez que veía a una mujer desnuda. Mi cuerpo temblaba, de miedo, de angustia, de placer, de pasión...de lo que fuera, simplemente estaba temblando. Comezó a gemir, a acelerar su paso hasta que llegó el momento que exhaló y abrío los ojos, me miró fijamente y me preguntó si me había ido, solo indique que no moviendo mi cabeza. Se acomodó y comenzaó a girar ritmicamente sus caderas y asi, de nuevo provocó mi segundo orgasmo. Fue tanto el placer que estaba a punto de gritar, pero ella puso su mano en mi boca para detenerme y solo emití un gemido.
Ve al baño me dijo, ve y limpiate. Cuando regresé, ella me aguardaba de pie, con brazos cruzados. No vuelvas a tirar basura, me dijo, desde hoy ya eres un hombre, debes comportate como tal.
Los amigos me preguntaron que pasó ese día. Solo respondí, "aprendí la lección, la señora mi hizo ver la importancia de comportarme como un hombre".
Regrese muchas veces a esa casa, sus atenciones fueron las mismas, ni mejor, ni peor. Pero nunca más volvió a pasar aquello.
El día que nos graduamos de la escuela, ese día, ella me llevó por obsequio un anillo que dentro decía:"un día especial". El tiempo hizo que no nos volvieramos a ver con los amigos, cada uno tomo su camino.
Cuando ella me devolvió el bolígrado y me dió las gracias, le sonreí. Le mostré el anillo y le dije, si, fue un día especial, el mejor de mi vida. Me reconoció, sonrió sorprendida y me abrazó. ¡Que Pena!, me dijo. No, respondí, fue el mejor regalo de la vida.
Sin duda, un regalo precioso. |
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