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Una buena empleada. |
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Enviado por Fer el día Jueves 1 de Enero de 1970 |
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Esta situación es real y le sucedió a mi hermana con quien desde chicos compartimos todos nuestros secretos y nos contamos todas nuestras aventuras. Ella se llama Laura (le decimos loly o lolita), en esa época recién acababa de terminar el secundario y por lo tanto tenía 17 años. Recuerdo bien que era menor cumplió sus 18 ya trabajando. Loly una mañana de verano se levantó a las 5.00 de la mañana y salió a comprar el diario con el objeto de buscar un trabajo pasajero, ya que su única idea era juntar unos pesos para viajar a recorrer la patagonia cuando llegue el otoño. Así, mientras desayunaba, abrió el diario y casi en primer plano, había un aviso que literalmente decía “Se busca secretaria administrativa de hasta 25 años, que sepa ingles y frances, conocimientos de word y excel, internet y por sobre todo demuestre educación, buena presencia y amplia dispononibilidad horaria. Se ofrece sueldo fijo, y viáticos”, lo marcó y siguió buscando pero atento a la crisis por la que atravesaba el país en esa época, no logró encontrar ninguno más. Pensó en no ir bajo el argumento de que al haberse publicados muy pocos avisos encontraría una fila de cuadras y la persona que la entrevistara no la registraría, pero sin embargo, concuirrió. Loly es una chica de estatura mediana, delgada, con muy buenas y firmes curvas, ojos café pero de esos que tienen brillo propio, pelo de color castaño claro, muy suave y largo por los hombros. Su carita ha sido retratada en varias sesiones de fotografía ya que cuando tenía 12 años fue una casi famosa modelo de una crema de acné juvenil. Salió de casa a las 7.15 horas, pese a que el aviso decía que había que presentarse después de las 9.30 horas y tal como pensaba se encontró con una fila que hasta ese momento tenía nada más que 37 personas adelante. Antes de salir tardó casi una hora en decidirse la ropa que se iba a poner. Sabía que debía ir elegante, en razón de ser una niña aún debía aparentar algo de experiencia o por lo menos su aspecto debía ser de una persona capaz de asumir un cargo de secretaria administrativa, aunque ignoraba el rubro de la empresa, sabía que su vestimenta iba a resultar una herramienta importante a la hora de la entrevista. Pero aún había un problema, era una mañana de febrero en donde a pesar de que recién salía el sol, había 31 grados y según el servicio meteorológico, la temperatura ascendería a 38 grados, con lo cual la ropa debía ser algo liviana. Por eso, eligió un trajecito de color verde claro, casi agua, con una remerita de algodón de color blanco. Loly, (y yo también, jajaja), siempre usa tangas muy pero muy chiquitas, de esas tipo hilo dental, que en su parte de atrás no tienen nada de tela, es decir de esas que la tirita de la cintura se une con la de la cola formando una “T” y ese día atento a que hacía mucho calor y que se pondría el trajecito decidió no ponerse corpiño. Casi ningún día usa corpiño ya que le gusta hacer subir la temperatura de los hombres que la cruzan y sobre todo los que van con mujeres acompañados. Le encanta ver como los hombres la miran y luego sus mujeres se lo reprochan aunque en muchos casos esas misma mujeres también la miran. En la fila habló con varias chicas y advirtió que muchas sabían el idioma inglés o francés pero casi ninguna los dos. Ignoraba si esa circunstancia sería de importancia a la hora de elegir pero fue algo que le alivió su espera ya que ella gracias a los pesados de nuestros padres, sabía los dos idiomas casi a la perfección. Más o menos a las 8.30 horas salió un hombre de aproximadamente 50 años de edad, muy bien vestido, tanto que llamaba la atención su pulcritud y prolijidad. Tenía puesto un saco a cuadros de color claro y pantalones de color también claro, con camisa blanca y corbata al tono, parecía como si lo hubieran vestido directamente en la tintorería. Como quién no quiere la cosa, caminó lentamente a lo largo de la fila y loly notó que ese hombre la miró pero no pensó nada ya que siguió su camino hasta llegar al final de la misma. Una vez que se hicieron las 9.30 horas, salió una chica muy arreglada y maquillada que empezó a repartir unos formularios con un número de orden que decía a la hora en que nos iban a entrevistar. A Loly por suerte le tocó esa misma mañana a las 10 horas. Al ingresar a la hora indicada, la atendió un hombre de aproximadamente 35 años de edad que le tomó un mini examen de idiomas y fue gracioso ya que Loly terminó explicándole unos términos en frances. Luego, hablaron de la actividad, que se trataba de un estudio jurídico y que el sueldo sería de $1000 por mes, más $25 por día de viáticos que debían alcanzar para viajar y comer y por último le dijo que el horario de entrada era a las 9.00 horas, pero que el horario de salida era incierto ya que al “DR.” le gustaba trabajar siempre hasta horarios distintos y que en la mayoría de las veces se iban a las 23.00 horas. Le dijo que el “DR.” era una persona muy pero muy exigente y de un carácter muy particular. Que parecía malo, pero en realidad era bueno. Le dijo que era muy correcto y no admitía errores, faltas o correcciones. Por último le dijo preguntó si en definitiva le interesaba o no el puesto a lo que Loly le dijo que sí. Finalmente le dijo que ese mismo día por la noche el “DR.” tomaría la decisión y si era la elegida sería llamada por teléfono para empezar al día siguiente y si no, no la llamarían. Antes de irse, Loly pasó por el baño y ahí se encontró con una empleada que parecía simpática y luego de intercambiar algunas palabras le dijo que hizo bien en concurrir sin copiño ya que el “Dr.” nunca contrató a chicas que lo usen. Loly se sonrojó y le preguntó si se le notaba mucho a lo que la empleada le dijo que si, que sus pezones se advertían perfetamente y que viéndola de frente también se notaba a través de su pantalón que su bombacha era muy chiquita. De todos modos le dijo que en cada sesión de entrevistas son muchas las chicas que iban muy provocativas pero que casi ninguna lograba pasar el examen ya que no sabían hacer nada. Loly, se fue a casa muy pesimista ya que al salir vió chicas muy lindas, sexys, y con apariencia de secretarias, por lo que no consideró la posibilidad de que la llamen. A las 21 horas, sonó su celular y al atender una voz que no era la misma de la persona que la entrevistó le dijo “Srta. Laura?” y al responder afirmativamente la persona que llamó se identificó como el dueño del estudio jurídico y le informó que fue elegida para el cargo de secretaria y que debía presentarse al día siguiente. Sin más palabras se despidió y cortó la comunicación. Loly al día siguiente concurrió a trabajar puntualmente y teniendo en cuenta los dichos de la empleada, asistió con un pantalón blanco y una remera de color claro sin corpiño. Igual como llevaba un saquito sabía que si no quería se dejaba el saco puesto y nadie notaría nada. Al ingresar le señalaron que su función era la de ser secretaria privada del “DR.” y por lo tanto su escritorio se encontraba en la antesala del despacho de éste. Luego se dirigió hasta su lugar de trabajo, saludó al “DR” por el interlocutor e inmediatamente éste le señaló que debía copiar un escrito que se encontraba en su escritorio y llevárselo a la firma. Loly, que si bien sabía mucho de idiomas y de internet, poco conocía de caligrafía y menos de ortografía. Al terminar su escrito se anunció por el intercomunicador y el “DR” le indicó que pasara a su despacho. Ni bien ingresó, el “DR.” le indicó que no podía usar sacos, camperas o abrigos de ningún tipo dentro de su oficina, por lo que Loly inmediatamente se disculpó y salió a quitarse el saco. Inmediatamente volvió y el “DR” que ya había leído el escrito le corrigió una faltas de ortografía y le dijo que él no toleraba ese tipo de faltas y que por cada una tendría un castigo. Castigo?, replicó Loly, Sí castigo, sentenció el “DR”. Sin dejarla seguir pensando, le dijo que se acerque hasta el escritorio, se pare frente a él con las piernas abiertas respetando el ancho de sus hombros y apoye las palmas de sus manos en el escritorio pero con los dedos apuntándose a si misma. Loly, que ya a esa altura no entendía nada hizo lo que le ordenaban e inmediatamente el “DR” se paró, fue hasta un armario que se encontraba en el despacho y sacó algo que mi hermana no llego a ver porque entre otras cosas la orden era de que no dejara de mirar hacia el frente. Luego, el “DR” se paró detrás de ella y con una especie de látigo de cuero con muchas puntas le dio unos golpecitos no muy fuertes en su vagina. Los golpecitos fueron 9 en razón de que 9 eran los errores y eran como de abajo hacia arriba. Loly no entendió nada. Luego el “DR” le dijo que se vaya a su escritorio y vuelva a pasar el escrito. Ese día trasncurrió, salvo ese “detalle”, con normalidad retirándose Loly a las 18 horas. Al día siguiente, Loly salió medio apurada pensando que llegaría tarde. Ese día y en razón de su apuro se vistió con una pollera escocesa y una remera de seda de color blanco con un corpiño muy chiquito, que tenemos para ponernos únicamente en esos casos en donde no nos queda otra ya que la ropa es muy transparente. Al llegar, el “DR.” la llamó rápidamente y al ingresar al despacho, éste se puso serio y le dijo que se pusiera en posición de castigo. Loly, le preguntó el motivo a lo que el “DR” le dijo que una vez que se ponga en la posición se lo haría saber. Una vez puesta en dicha pose, el “DR” se acercó por detrás con unas tijeras, le levantó la remera y le cortó la tira de atrás de su corpiño mientras que le decía que era la última vez que concurría a su oficina con corpiño, que si estaba incómoda podía irse a su casa. Le dijo que su escritorio estaba en la antesala y que a ella ingresaba muy poca gente, sólo clientes a los cuales tenía que agradar y que esa era una muy buena forma de agradarles. Que si quería podía ir vestida como quisiera hasta su escritorio pero una vez en el trabajo, a modo de uniforme, debía sacarse el corpiño y ponerse cualquier prenda que haga notar esa ausencia. Luego de ello, le señaló que la rotura del corpiño era lo que debía ser y que a continuación le daría su castigo. Lolý separó un poquito más las piernas pensando que el “DR.” le daría esos golpecitos, pero de golpe sintió algo frío en sus nalgas y era que el “Dr.” le estaba cortando la tirita de la tanga. Luego le dijo que se vaya a su escritorio. Al llegar al escritorio, Loly se encontraba entre nerviosa y preocupada, pero había notado algo que hacía tiempo no le pasaba: estaba “caliente”, la situación de respeto, mezclada con los castigos, y la vestimenta hicieron que en ese momento Loly se mojara a tal punto que tuvo que ir al baño a limpiarse, ya que no tenía siquiera una bombacha que le retuviera los fluidos que a esa altura empezaban a rodar por su piel. Obviamente al llegar a casa, Loly se encerró en su dormitorio y se tocó a más no poder pensando en la situación y en qué nuevos castigos tendría en el trabajo. No sé bien qué sucederá, lo que sí puedo decir es que Loly me confesó que todos los días hacía cosas para equivocarse y recibir castigos y que pese a que su intención era solo la de juntar plata para irse de vacaciones, nunca renunció a ese trabajo y es el día de hoy que sigue llendo a trabajar, puntualmente y sin haber faltado jamás.... |
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Escribile un e-mail al autor: ferrota@gmail.com |
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