Llegue a la ciudad a las 12:15 am como estaba previsto. Mi hermano y mi madre se despertaron no bien entramos en la terminal de ómnibus. Yo no podía dormir. Los nervios me entretenían. Cómo era posible haber aceptado? Mi padrino nos fue a retirar de la estación. Eran las 12.20 cuando dijo: Q tal si cargo nafta? Yo tenia q encontrarme con él a las 12.30... q podía hacer? De repente mi celular suena. Es extraño q alguien me llame tan tarde, así q salgo del auto para contestar. Hola, mi amor! Casi me derrito. Es él. Su voz sigue tan profunda como siempre. Le cuento q los planes se ven alterados. Q no me espere en la calle de su apartamento, q yo lo encuentro dentro. Me explica cómo llegar. Es a apenas 3 cuadras de lo de la familia amiga q vamos a visitar. Llegamos y entramos a la casa. Saludos, abrazos, besos. Recojo mi bolso y discretamente me despido. Consigo q mi padrino desista de llevarme. Camino con seguridad las 3 escasas cuadras q nos separan. Al llegar al nº 25 observo el pasillo q él me comento. Respiro profundamente y con paso inseguro avanzo. Cuando llego a su dpto alzo la mano y... Dudo. Junto valor y toco con decisión. Ya estoy jugada. Una voz responde a mis espaldas: Adelante, señorita. Reconozco su vos demoniaca y sensual. Me doy vuelta esperando encontrarlo en la obscuridad q me rodea. Mas no lo veo. Me río nerviosa y pregunto donde esta. Es cuando me doy cuanta q hay unas escaleras... las sigo con la vista y lo veo en lo alto. Esta envuelto en una enorme campera negra y con su visera. Esta casi oculto. Pero enseguida lo distingo. Estoy acostumbrada a la obscuridad.
Baja las escaleras mientras me lanza una apreciativa mirada. Hace 10 meses q casi no nos vemos. Noto q bajo de peso. Volvió a su peso normal. Como cuando me rondaba. Me acerco a darle un beso. Se dirige a mis labios. Pero a ultimo momento me corro y lo beso en la mejilla. El asombro ilumina sus ojos marrones. Pero se recompone rápidamente. Abro la puerta y entro al pequeño departamento. Miro alrededor y dejo mi bolso sobre una silla. Se q me esta observando. Me esta evaluando. Por primera vez en mi vida me siento segura de mi. Y dejo q mire con libertad. Recorro el lugar con mi seguro paso elástico q me caracteriza. Se q le atrae mi trasero, q a cobrado firmeza por las caminatas. Debido a estas también e perdido unos kilos. Pero siempre le atraje.
Miro la cocina y me inclino “inspeccionando” algo. Luego le doy la espalda totalmente y miro por dentro la heladera. Se q sigue parado en medio de la sala, donde ve perfectamente mi cola. Me doy vuelta y veo q se recuesta en el sillón. Sigo con mi inspección. Noto la puerta del baño y entro. Observo. Noto q la ducha es cómoda pienso en darle más tarde alguna utilidad. Me sonrío maliciosamente. Me doy vuelta.
Ahora su mirada recorre todo mi cuerpo. Desde mi pelo negro q ya llega casi hasta la cintura. Lacio como una cascada. Pasando por mi sweter rojo apretado q marca mi generoso pecho. Pasando por las calzas oxford azules q llevo. La indumentaria termina con botas taco alto negras. Se q estoy bien vestida. Más de uno se desnuco en la estación de donde salí. Al igual q cuando camino por la calle.
Me acerco a la mesa y comienzo a sacarme el sweter. Apenas termino dicha tarea, se lanza a mi espalda como felino a su presa. Me da vuelta y trata de besarme. Lo esquivo y me dirijo a la cocina. Tomo un trago de agua. Vuelo. La idea es seguir mostrándome. Seducirlo. Cuando retorno al living, sigue en donde lo deje. Me toma lento en sus brazos. Evaluando la situación. Me besa lentamente y deja q lo abrace. Estamos re encontrándonos. Cuando termina el abrazo, busca mis labios. Trato de soltarme. La guerra de dominio empezó.
Me sujeta el brazo por detrás de la espalda. No puedo soltarme por más q fuerce. Sigue teniendo mucha más fuerza q yo. Eso me alienta. Sigue besándome. De un tirón me saca la remera escotada q llevo puesta, dejándome en corpiño. Mis pechos, llenos, desean saltar del mismo. Noto q debo comprarme uno más grande. Una vez q me tiene así. Me suelta y se aleja para recostarse en el sillón cama. Unico mobiliario. Enojada, lo alcanzo y trato de aplicarla una cachetada. Él ya sabe q lo iba a hacer. Solo esperaba mi reacción. Se da vuelta y ataja mi mano. Me la pasa por la espalda y me besa los labios. Con una sonrisa maliciosa observa mis ojos llenos de furia e indignación. Me suelta y se recuesta. Lo miro y me cubro el pecho. Entonces, me dice q me de vuelta. Extrañada, le doy la espalda. Es cuando recuerdo q siempre tuvo fetiche por mirar mi cola. “Tenés, incluso, mejor cola q antes” Me doy vuelta. Lo miro y me acerco para seguir la guerra. Pero antes de q pueda alcanzar mi mano su mejilla, me echa encima suyo. Me recuesta sobre el para agarrar con sus dos manos mi trasero: Sabia q ibas a tratar de pegarme. Siempre tuviste un carácter impulsivo” Me besa y me retiene entre el sillón y su fuerte tórax. Me trato de soltar. Siempre peleamos para ver quien domina a quien. Esta noche no es la excepción . Cuando ve q me tiene encerrada y q no puedo soltarme, mete su mano por debajo de mi pantalón. Llegando a mi conchita, q empieza a humedeserse por la pelea. Ya conoce lo que sigue y se encuentra a la expectativa. Yo se que su palo ya esta semi duro. Lo noto a través de su vaquero. Mete su dedo en mi hendidura y no puedo reprimir un gemido. Sabe q está dominándome. Su mano encuentra mi clítoris. Y comienza a acariciarlo. No bien lo encuentra y lo roza, noto mi primer orgasmo. Suelto un gemido alto y desgarrado q cubre con su boca para no despertar a los vecinos. Continua un rato con tu tortura hasta que considera q es suficiente. Me suelta y lentamente voy bajando del sopor de ese largo orgasmo. Logro pararme del sillón. Solo para que él se largue de nuevo sobre su presa herida. Me arroja contra el sillón de nuevo. Pero consigo aferrarme y quedo apoyada en el mismo. Él aprovecha esta posición y coloca su mano en mi espalda para que no pueda levantarme. De un solo tirón baja mi pantalón y mi bombacha. Se coloca entre mis piernas. Demasiado tarde intento levantarme. Su lengua ya encontró mi concha húmeda. Comienza a beber como hombre que ha encontrado una fuente de dulce néctar luego de estar meses en el desierto. Mi cabeza da vueltas por las sensaciones. Necesito un salvavidas. Un pensamiento coherente me salva. Debo llamar a mi madre para avisarle q llegué bien. Me suelto y corro al celular que dejé sobre la mesa. Mientras marco el número le explico con vos agitada lo que sucede. “No te lo voy a dar gratis” me dice al oído mientras mete su mano por detrás mío y comienza un lento mete y saca de sus gruesos dedos. Mi cabeza comienza a olvidar todo pensamiento cuando escucho una vos q me responde. Él saca los dedos y me deja hablar. Con lentitud transmito el mensaje y cuelgo. La vos la tengo ronca. Sensual. Excitada. Me levanto de la mesa, ya que estaba recostada, y veo que las piernas me tiemblan. Me siento en una de las sillas aparentando serenidad. Él aprovecha ese momento y de un tirón abre el sillón cama. Camina hacia mi y me toma la mano. Se que perdí. Aun que no lo admita. Me tiene dominada con sus profundos ojos marrones. Tiró el colchón en el suelo. Se que si lo deja sobre la estructura, con nuestras vueltas, podríamos caernos. Decido no mostrarme tan sumisa. Sé que lo odia. Así q suelto su mano y me vuelvo a sentar. Me agacho, bajo su atenta mirada, y me saco las botas. Las dejo a un costado. Él se encuentra en medio del colchón. Parado. Me acerco y comienzo a mirarlo. Me pongo frente a él. Me rodea con sus fuertes brazos y me besa. Pero me suelto con delicadeza. Sabe que voy a comenzar con mi juego. Se deja hacer. Como un gato que juega con su presa. Le saco la remera que tiene puesta. Lo rodeo y admiro su fuerte espalda. Le paso los dedos por los músculos de su pecho. Sigue sin poseer un solo pelo. Sus marcados pectorales atraen a mis ojos y mis manos. Lo acaricio. Lo beso. Juego con mi lengua pasándola por su sensible tetilla. Luego paso a su espalda. Lo abrazo para que sienta la presión de mis pechos en su espalda. Siento como su respiración se entrecorta para retornar más agitada. Paso al frente y comienzo acariciar sus labios con mi lengua. Me separo un poco. Lo miro a los ojos y sonrío. Mis manos acarician su pecho. Luego, bajan lentamente. Mi boca toma por asalto nuevamente la suya. Mis manos comienzan a desabrochar con habilidad su vaquero que prontamente queda a en el suelo junto con sus zapatos. Mi boca decide seguir a mis dedos y comienzo a descender. Recorro su mandíbula con mi lengua para pasar a su suave garganta. De allí recorro su pecho para pasar con suavidad por su plano estomago. Cuando llego al borde de su slip, subo nuevamente a su estomago. Levanto la mirada. Me mira expectante. Su slip está desbordante de su masculinidad. Lentamente, libero su duro cuerpo de su prisión. Se encuentra totalmente a mi disposición. Lo tomo con mis manos lentamente y con suavidad. Como si fuera una reliquia. Para mi lo es. Es lo máximo en el placer que conozco desde mi inicio en la sexualidad hace cinco años atrás. Lo miro, y de un solo movimiento lo tomo en mi boca. Es lo más delicioso que probé en la vida. No existe manjar más suculento que el que se mueve dentro de mi boca. Esta tibia porción de carne me lleva a recordar los mejores años de mi sexualidad. Cuando yo era su novia. Sonrío al pensar que hoy soy su amante. Todo el goze, sin responsabilidades. Su gemido ahogado me trae al presente. Me saca mi bocado de la boca para recostarme en el colchón. Rápidamente me saca lo que queda de mi ropa. Me recuesta como a una muñeca de porcelana. Me besa con lentitud. Luego, se recuesta y me hace sentar sobre él. Lenta, pero decididamente, meto su larga magnitud dentro de mi. El sólo sentirlo dentro de mi crea un verdadero festín de sensaciones. El movimiento empieza lento, pero a medida que las sensaciones aumentan, el ritmo se incrementa. El se sienta ya hace que mis piernas rodeen su cintura. Me agarra con decisión mis nalgas. Comienza su ritmo. Comienza su reinado. Y yo, calladamente, le entrego el poder de su cetro. Rápidamente, llegamos al orgasmo. Me quedo sentada sobre él tratando de dominar mi pulso. Nos recostamos uno al lado del otro. Sin decir una palabra. La noche apenas comienza...
Cuando recuperamos el ritmo cardiaco, comenzamos a hablar. El atrajo bajo su brazo protector. Siempre me sentí segura ahí. Comenzamos a hablar del pasado. De lo mucho que deseaba y extrañaba. El sentimiento era mutuo, pero tuve la precaución de no mencionarlo. Me miró a los ojos y volvió a besarme. Lo dejé hacer. De pronto, me atrajo más a sus brazos y me recostó encima suyo. Me senté comencé a moverme con lentitud. Sentía como su virilidad comenzaba a endurecerse bajo de mi. Y yo, sólo yo, era la causante de esta excitación. El mando era mío. No como la ultima vez. Ya que a pesar de yo estar sobre él, él era quien realmente mandaba. Me levante lentamente y sentí su carne recorrer mis nalgas. Luego pasar por mi canal posterior para encontrarse con mi cabidad delantera. Allí, con suavidad y suma exquisitez, le hice entrar. Una vez dentro, me acerque a su cara para que deleitara su boca con mis pezones. Tomé su cabeza entre mis manos. Lo alejé de mis pechos. Me encanta privarle del pacer de recorrer su lengua por entre mis firmes pechos. Notó que estaba perdiendo el control, por lo que tomo mis muñecas con sus manos y tomó un pezón con sus labios. Yo sabía que si lo dejaba actuar, perdería el control. Así q saque con lentitud si miembro de mi interior casi por completo. Para luego deslizarlo nuevamente con mucha lentitud dentro mío. Seguí un rato con este accionar hasta asegurarme que estuviera bien excitado. Cuando sentí su gemido, lo saqué por completo y lo dejé fuera del mi calor. Allí me mantuve un ratito, hasta que comenzó a mover sus caderas para que le diera cabida n su interior. En un descuido, tomé sus manos y las apoyé en la almohada. Volvía a tener el mando. Cuando se dio cuenta de esto, trató de volver a tomarme las muñecas, mas al estar yo encima, tenia la ventaja de utilizar mi cuerpo para ejercer presión sobre sus manos. “Lo siento, chiquito, pero acá mando yo” Al oír esto, su fuerte carácter fluyó en todo su ser. Sin siquiera dame cuenta, me dejó boca abajo en el colchón. De otro movimiento levantó mi cadera y entro a mi conchita de un movimiento limpio y brusco. Él sabia que no podía hacer mucho desde mi posición, así que tomó la única herramienta que podía usar en mi defensa. Con su mano derecha, cruzó mi pecho y tomó mi muñeca izquierda. Se apoyó con todo su ser sobre mi y su mano derecha se dirigió con suma sabiduría a mi clítoris, que gracias a mi excitación encontró con facilidad. Sin piedad, comenzó a frotarlo mientras casi literalmente me montaba como un semental a su yegua. Mientras me decía al oído con malvada voz “Así q vos mandás? Quien manda ahora? Quien domina? Decílo!” Yo trataba de no dejarme dominar. Mas el placer era demasiado. Trataba de resistirme mientras trataba de liberarme de su mano. De repente, un fuerte orgasmo me invadió. El lo supo por que mis largas uñas se clavaron en su brazo. Y un gemido se apoderó de mi garganta “Te encantaría grita, no? Sabés que no podés! Deci quien manda!” Su mano seguía torturando mi inflamado clítoris. Ya era demasiado. No podía seguir aguantando mucho más. Así, que dejando a un lado mi fuerte orgullo, le dije “Vos mandás, soy tuya, sólo tuya!” Así me soltó y puede bajar de la fuerte sensación de un orgasmo demasiado largo y forzado. Triunfante, le escuché decir “Así e gusta, chiquita. Recordá que siempre voy a ser tu dueño.”
Luego de esto me dejó descansar unos minutos. Así continuo toda la noche... entre el dolor y la pasión .... llevándonos cada uno al extremo del dolor para saciar esta necesidad del otro. Finalmente, caímos rendidos a las siete de la mañana.
Al despertar al medio día, me di cuenta que su miembro se encontraba de nuevo en pie de guerra. Lo miré a los ojos “estaba esperando a que te despiertes” Su sonrisa llegó a mi alma.
Hoy día sigo presa de su mirada y de su cuerpo. Cuándo podré dejar de sentir sus labios y su lengua dejando rastros de fuego en mi cuerpo? Realmente no lo sé, pero espero que hasta que lo consiga, mi dueño no me abandone.