100% Real.
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Nunca había pensado que llegara a tener inclinación a escribir alguna de mis aventuras sexuales, pero la última que me ha ocurrido siento que tengo la necesidad de contarla, porque seguramente ha sido la más excitante que he vivido. Desde luego es 100 ‰ real
Me llamo Javier, vivo en Valencia, tengo 30 años y físicamente estoy bastante bien. Me gusta cuidarme y tengo algo de lo que me siento particularmente orgulloso, como es el tamaño de mi miembro. La verdad es que tengo un pene muy muy grande que todas las mujeres con las que he estado han coincidido en que es enorme y muy duro.
Hace unos días tuve que viajar a Barcelona por motivos de trabajo y pasé dos días en un hotel de la ciudad. El primer día se me hizo largo porque anduve metido en reuniones y visitando clientes de un lado para otro. Cuando terminé, a eso de las 7 de la tarde, decidí volver al hotel, quitarme el traje y la corbata, pegarme una buena ducha y salir a dar una vuelta. Necesitaba airearme y lo que menos me apetecía era encerrarme en la habitación con el mando a distancia de la tele y poco más para hacer.
Cogí un taxi que me llevó de la oficina al hotel. Antes de llegar le dije al taxista que me dejara en la Plaza de Cataluña porque quería acercarme a unos grandes almacenes muy conocidos en la Plaza para comprar un libro y tener algo que leer antes de dormirme. Entré y me dirigí a la sección de librería y me dediqué a ojear las tapas de los libros que allí había a ver si alguno despertaba mi atención. En eso, una voz me dijo:




Me di la vuelta con intención de deshacer el error y vi una chica que no aparentaba más de 18 años, con el pelo rubio con mechas, media melena, bajita y con un aspecto angelical.



- me dijo. Y se dio media vuelta.

En ese momento me quedé mirando su culo. Era perfecto. Llevaba un pantalón de color beige a través del cual se notaba que llevaba un tanga que realzaba aún más los dos cachetes del culo. La seguí con la mirada y vi como se acercaba a un dependiente (¡¡¡se les identifica fácil porque llevan una chapita en la solapa!!! ..-) ) y preguntaba el precio. Debió ser más de lo que ella pensaba, porque con el libro en la mano se encaminó a donde yo estaba dispuesta a dejarlo nuevamente en la repisa… y efectivamente, lo dejó. Nuevamente estaba a mi lado volviendo a ojear libros en busca, imagino, de uno más barato.
Yo volví a enfrascarme en comprar algo para leer esa noche. Ella estaba a mi lado, absorta en las portadas de los libros, cuando de repente cogió una novela de Noah Gordon que yo había acabado de leer hacía un par de días. Como quiera que a mí me había gustado mucho la novela, no pude reprimirme:

- le dije

Ella me miró un tanto sorprendida, porque no esperaba oir a nadie.

, preguntó

- añadí.




Sin añadir más se dirigió a la caja y yo nuevamente la seguí con la mirada. Estaba absorto porque no sólo tenía un culo precioso sino que su voz era alucinante. Aguda, delgada, como la de una niña de 15 años….. Mientras estaba pagando en la caja desvió su vista hacia donde yo estaba y me pilló mirándola. Ella apartó la mirada cuando se cruzó con la mía y yo hice lo mismo y volví a la elección de mi lectura. Me sentía incluso un tanto avergonzado de que me hubiera pillado observándola y cambié de sección. Me fui a los libros de viajes pero no porque me interesaran sino porque andaba aún pensando en su voz, su culete y su aspecto de niña morbosa y estaba bastante desconcentrado. Cogí una guía de Barcelona y comencé a pasar las hojas sin interés y pensando en ella pero sin levantar la vista del libro casi por vergüenza a cruzarme otra vez con su mirada…. hasta que oí:


Era ella….


-me dijo-


Pero necesitaba decirle algo más. Ya que ella se había acercado a hablar no podía dejar la conversación porque quería seguir oyendo su voz.

>- le dije



Decidí seguir a la brava, a ver si sonaba la flauta





Me lo decía con una vocecita tan inocente que parecía que nunca había roto un plato. Entonces fue cuando empecé a fijarme en ella. Tenía los ojos castaños claros, la boca pequeña, unos dientes blanquísimos y perfectamente alineados. No mediría más de 1,55, menudita, tetas pequeñas y una apariencia de niña que le hacía que yo le echara una edad de no más de 16 ó 17 años. No obstante, su forma de hablar y su seguridad indicaba lo contrario.



, me dijo.
Decidí tirarme a la piscina:



Ella guardó silencio…… un silencio que duró un par de segundos que a mí me parecieron una eternidad.
- preguntó





, le dije. Dios mío… era la pregunta más típica del mundo, pero no se me ocurrió otra. Y añadí:
Ella sonrió como señal de aceptación de mi café y subimos a la cafetería que estaba en una planta superior. Delante de la taza empezamos a charlar sobre a qué nos dedicábamos cada uno. Me contó que era psicóloga, que trabajaba en un gabinete de psicología clínica, por lo que deduje que evidentemente no tenía los 16/17 años que aparentaba. Yo le hablé de mí: que me dedico a marketing y publicidad, diseño de campañas y seguimiento de su efectividad. Hablábamos y hablábamos. Me dijo que tenía 26 años (¡¡¡quién lo diría!!!) y que acababa de mudarse a un piso para independizarse de su familia, porque no aguantaba más los rollos de sus padres…….
……así, durante más de 2 horas. La conversación suya era muy agradable y coincidió que teníamos gustos parecidos: a los dos nos gustaba la música, la naturaleza y el deporte. Los cortados que nos habíamos pedido estaban más que terminados y ya empezaba a sonar por la megafonía aquello de "..estimados clientes, el centro va a cerrar sus puertas en 10 minutos y tal y tal y tal"... Reaccionamos y nos levantamos para salir. Pagué los cafés y mientras bajábamos por las escaleras mecánicas flotaba en el ambiente aquello de que "..alguien tiene que dar el paso para que no nos despidamos al salir a la calle"... Evidentemente, quien tenía que dar el paso era yo.
, pregunté

, contestó. >








En 10 minutos nos plantamos en mi hotel. Cuando llegamos decidí volver al ataque.

- dije, medio sonriendo

Ella dudó… pero al final dijo




, preguntó







, agregó

Efectivamente su coche estaba aparcado cerca del hotel. Era un coche de esos coreanos nuevos, blanco e impecable por dentro. Nos dirigimos hacia la zona del barrio gótico de la ciudad. Durante el trayecto, no muy largo, fuimos conversando sobre lo bonita que era Barcelona y demás cosas triviales…. aunque yo andaba con la mente más distraída pensado en la situación, en lo buena que estaba y en el morbo que me provocaba Cristina.
Llegamos al restaurante y nos sentamos ante una mesa. Pedimos la cena y una botella de vino Lambrusco, que sin ser el mejor del mundo, entra fácil. Nuestra charla durante la cena fue tomando cada vez mejor color. Me contó que se acababa de separar de su marido (¡¡¡coño: casada!!!), después de sólo un año de matrimonio porque, según ella, él era un auténtico caradura y que incluso en la cama era un inútil. Aquella confesión, seguro que ayudada por el hecho de que ya estábamos vaciando la segunda botella de Lambrusco, me animó a preguntarle:



, respondió.

, dije

, preguntó ella



Vaya gilipollez acababa de soltar. Se me veía el plumero claramente y, palabra de honor, no estaba cenando con ella con la única intención de follármela, sino que de verdad me encontraba a gusto con su compañía.

Ella se puso un poco colorada, bajo la mirada y continuó comiendo. Ante esa situación decidí cambiar de tema radicalmente para no incomodarla.

Cuando terminamos de cenar salimos a la calle y nuevamente empezó a flotar en el ambiente aquello de "..que alguien de los dos diga algo para no irnos a casa ya"... Esta vez, imagino que gracias al vinillo que llevábamos encima, lo dijo ella.



. Mi pregunta era más cínica que otra cosa, porque para nada quería que se fuera



Nos fuimos a un sitio en el puerto al final de las Ramblas que soy incapaz de recordar cómo se llama. Me pedí un whisky y ella pidió una copa de Amaretto. Era un garito con la música bastante alta, pero había poca gente porque era un lunes. Algunas parejas y algunos despendolados de la noche. Con la música tan alta era difícil escuchar una conversación, lo que nos obligaba a acercar la boca al oído del otro cuando hablábamos. Esto me hacía oler su colonia y me iba poniendo cada vez más a mil. Mi polla empezaba a ponerse dura y ella empezaba a insinuarse (o no, pero a mi me lo parecía).

Los dos estábamos ya en un estado de pedete alegre y salimos a la pista a bailar. Ella se puso de espaldas a mí y empezó a moverse de una forma que subía y bajaba y frotaba "..descuidadamente".. su culo contra mi polla, ya a punto de explotar. Entonces decidí atacar: le dí la vuelta y le aticé un beso en la boca que ella respondió con su lengua y mordiéndome los labios. No sólo no rechazó el beso, sino que me cogió del cuello y me empezó literalmente a "..comer".. la boca y el cuello como una auténtica leona.

, dijo, mientras me cogía de la mano y me llevaba a uno de los sofás.

Allí, sentados, empezó la guerra. Mis manos cogieron su cabeza y el ritmo de besos fue aún más rápido. Ella gemía y empezó a deslizar su mano hacia mi paquete, que incluso me hacía daño contra el pantalón del calentón que llevaba. Me sobaba la polla por encima del pantalón y comenzó a desabrocharme lentamente la cremallera para meter su mano. Yo mientras tanto le sobaba las tetas por encima de la blusa y acariciaba su culito, ese culito que me había quedado mirando en la tienda. Cuando me hubo bajado la cremallera del todo, me metió la mano dentro del pantalón y del boxer y comenzó a magrearme la polla. Se me quedó mirando y me dijo medio de guasa:



, respondí



Salimos del garito y nos dirigimos a su coche. Yo pensaba en irnos directamente al hotel y follar hasta reventarnos. Cuando íbamos a entrar en el coche que estaba en la calle me extendió las llaves y me dijo:


Se sentó en el asiento del copiloto y me soltó:
-

 

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