Yo estudiaba en un colegio de curas, y realizaba, como una actividad extra, trabajo de acólito. A pesar de todo esto, a mis 17 años ya había tenido relaciones sexuales y visto pornografía hasta cansarme. Tenia una vitalidad sexual que hacia que mis novias no aguantaran mi ritmo por mucho tiempo.
Había estado casi los dos últimos años ayudando a los curas en las distintas actividades, ya que si los ayudaba, no tendría problemas por conducta, ya que era bastante desordenado. Una semana, se iba a celebrar el mes de María, en conjunto con un claustro de monjas. Se realizarían dos misas, una en el colegio, y otra en la iglesia del claustro. El padre Juan, me dijo que lo acompañara al claustro para ayudarlo. Una vez que llegamos pasamos por un largo corredor hasta llegar a la capilla. Había que decorarla con flores y guirnaldas, tarea que realizaría con la ayuda del padre. En eso lo llama la madre Isidora, una mujer de unos 60 años, avisándole que tenia un llamado telefónico. El padre regreso del teléfono y dijo que debía salir urgentemente al colegio. Me dejaría arreglando y me pasaría a buscar en unas horas.
Le pregunte a la madre si había alguna persona que me pudiera ayudar, sobre todo para afirmar la escalera y poder colgar los adornos. Ella dijo que llamaría a una de las chicas. Se supone que ellas están comenzando a dedicar su vida al señor, pero aún no son monjas. En eso apareció como un ángel, tenia rostro blanco como porcelana, con unos labios rojos que marcaban su sonrisa, unos ojos color miel que miraban mi alma, y un cabello claro que coronaba su cabeza. Esta es Eugenia, ella te ayudará. Hola, soy francisco le dije. Hola. Comenzamos a conversar, ella tenia 20 años, vestia una falda negra hasta los tobillos y una camisa blanca. Me pregunto si estaba estudiando para ser sacerdote, le dije que no, que solo ayudaba en el colegio siendo acólito.
Habia que colgar las guirnaldas, y le dije que afirmara la escalera. Ella me dijo que no tenia mucha fuerza, y que prefería subir ella y que yo afirmara. Le pregunte por que habia elegido ser monja. Me dijo que no fue su elección, que su madre la había metido al convento a los 17 años, y que no tenia otra opción. Lo siento. (dije)
Desde abajo podía contemplar su hermoso cuerpo. Sus blancas piernas tenían muy buena forma, y su ropa interior dejaba apreciar con detalle sus partes intimas. Sin poder controlarlo tuve una erección. Me dijo.. eres el primer chico que veo en un año. Acá solo se ven sacerdotes viejos, de más de 40 años. Podía ver sus nalgas ponerse duras mientras se empinaba para colgar los arreglos. Eran cerca de las tres de la tarde, y la paz y el silencio que reinaba eran mágicos. Le pregunte donde estaban las demás personas. Me dijo que rezaban de 2:30 a las 5:00 así que no veríamos a nadie hasta esa hora.
De que parte eres, le pregunte. Me dijo que del norte, y que no visitaba a su familia desde casi 2 años, pero que se escribía constantemente. Luego de aprenderme sus nalgas de memoria, (mirándola desde abajo), comenzamos a poner las flores. Las flores venían en baldes con agua, y ella sin darse cuenta, mojo su pecho derecho, dejando a la vista su pezón y poniéndolo erecto.
Una vez terminado la capilla, debíamos arreglar un pequeño comedor, donde realizaríamos la misma tarea. Ella me dijo que regresaba enseguida, yo me quede en el comedor, descansando. No tardo mucho, y me dijo.. afirma la escalera. Yo la agarre y me quede mirándola, y mi sorpresa fue grande cuando vi que se había quitado su ropa interior. Mi corazón empezó a bombear sangre directo a mi pene, que se paro al máximo. Ella me hablaba y yo contemplaba sus partes intimas.
Ella era muy consciente de lo que hacía, y levanto su pierna derecha un peldaño más arriba, dejando expuesta su vagina. Desde abajo podía sentir el dulce aroma que desprendía su interior. Poniéndome cada vez más caliente.
Repitió esta posición los 12 pilares del comedor, notaba como ella se calentaba mientras me excitaba. Por las flores con agua, habíamos mojado el piso en algunos lugares, ella se arrodillo y empezó a secar con un trapo. En esa posición mostraba claramente sus pechos, alcanzando a notarse en un par de ocasiones sus pezones. Sus pechos se balanceaban . Yo estaba muy caliente, pero no me atrevía a decir nada. En eso llego el padre Juan, aprobó el trabajo hecho y dijo que ya era hora de irnos. Antes de marcharnos, la madre Isidora, le dijo a Eugenia que nos trajera unas tortitas, los típicos dulces que hacen en el convento. Yo cogí la bolsita y nos fuimos hacia el colegio.
En el camino, el padre me pregunto si quería ayudar el día sábado, había que ayudar en la cocina. Yo acepte de inmediato. Al llegar a casa, abrí la bolsita de los pastelitos, y note que había otra bolsita dentro, con algo parecido a un pañuelo. Al abrirlo, me di cuenta que eran la bragas de Eugenia, inmediatamente la pose sobre mi nariz, era su olor vaginal una miel para mi deleite. Estuve pensando en ella toda la semana.
Por fin llego el sábado, y temprano en el colegio el padre me llevo al convento. En menos de 30 minutos estaríamos allí. Al llegar todo se dispuso para comenzar con el trabajo. Pelado de papas, limpiado de verduras, etc. Una de las monjas dirigía todas las tareas. Estuve toda esa mañana trabajando hasta tener listo el almuerzo, luego servimos los platos y todas pasaban a recoger su merienda. Fue allí cuando vi a Eugenia, no me dijo nada, solo me miro, y creo que me devoró con sus ojos. El almuerzo fue largo y aburrido, yo estaba comiendo en la cocina. Terminaron de comer la fruta y se fueron a rezar. Eran cerca de las 15:00 y rezarían hasta las 19:00, para luego ir a la misa.
La madre Isidora me agradeció la ayuda y dijo que enviaría a alguien para ayudarme a limpiar el comedor. En 10 minutos el comedor quedo vacío y listo para ordenar. Los platos no estaban muy sucios pero debian lavarse pronto para evitar que se pegaran las sobras. Estaba recogiendo los platos cuando apareció ella, Eugenia. Sin ningún preámbulo comenzó a levantar la loza. Con toda la loza en la cocina, y el comedor limpio. Eugenia me dijo.. me cambiare para lavar los platos. Traía un delantal blanco tipo medico cerrado por la espalda, y un tapado de hule( como carnicero) que llevaba por delante. Yo debía secar los platos tan rápido como ella los lavaba. Tenia una prisa desmesurada, la que yo aguante durante todo el proceso. Eran la 16:30 y teníamos todo listo, ordenado, secado y guardado. Se saco el protector de hule, y me pidió que le soltara el delantal.
Empece a soltarle desde la nuca hacia abajo. En el tercer botón, me di cuenta que no tenia sostenes, y en el sexto, pude ver que no llevaba ropa interior. Mi erección fue irreversible. Se acerco a la puerta de la cocina, y la cerro, se apoyo en el mezon, recostándose sobre su vientre, abriendo las piernas y me dijo.. tenemos una hora, haz lo que quieras. Ella sabia perfectamente que nadie vendría, y que podía estar tranquila. Con sus manos, abrio sus nalgas y me dijo.. ven! Me tienes caliente.
Asi fue como recordando los mejores pasajes de una pelicula porno, saboree el ano de eugenia Ella gemia y decia muy suavemente.. hay dios!! Mmmmm....
Tenia unas nalgas blancas y firmes, y su vagina tenia unos labios rosados. Succione, lami, chupe, y saboree su ano, clitoris y labios vaginales. Subio tres peldaños de la escala (de espalda) y abrio sus piernas. Yo me prendi a su vagina, metiendo y sacando mi lengua. Ella me cogio la cabeza por los lados y apretandome sobre su vagina, la movia a su gusto. Una vez que su vagina estaba más que lubricada, desde el piso me dijo.. sube la escala. Yo ascendí hasta el tercer escalon, pero estaba de frente a la escalera, ella entre la escala y el muro, empezo a bajarme los pantalones y saco mi miembro. Su rostro quedaba en frente a mi pene. Lo empezo a chupar muy dulcemente, metiendo lentamente mi glande en su boca. Con sus dientes me lo apretaba mientas se lo sacaba de su garganta. Luego incremento la velocidad y la presión con su mandíbula, Ella me agarro de las caderas y engullia mi pene hasta el final.
Voy a acabar le advertí, y parecio no escucharme....todo mi semen se perdió dentro de su garganta. Ella continuo succionando sin bajar su ritmo, me tenia loco. Parecia que no hubiera sentido mi llegada, solo queria comerse mi organo. Mi pene se ablando un poco, pero ella le daba respiración.
Luego de un largo rato, me lo solto. Mi pene estaba rojo. Y ella tenia sudor en su rostro. Baje la escala, y me tendi en el suelo, casi mareado por el placer. Ella se quito el delantal quedando completamente desnuda. Se sento a horcajadas y empezo a besarme en la boca, un beso tierno y dulce, luego me mordia los labios, me metia su lengua, me lamia el cuello, me mordia la oreja. Alzo mi cabeza para que quedara mi boca frente a sus pechos. Empece como un loco a chuparlos y manocearlos . Todo eso me puso tan caliente que se me volvió a parar.
Ella se coloco a mi lado, de espaldas, y abriendo sus piernas me invito a penetrarla. Debo reconocer que hacia mucho tiempo que nada entraba por allí, mi pene no es tan grande, pero en ese minuto parecía enorme. Lentamente le fui dando forma a su vagina, que apretaba mi pene como queriendo estrangularlo. Sus fluidos permitieron incrementar el ritmo, y sin previo aviso la empece a embatir. Sus piernas me aprisionaban por la espalda, y mi pene se perdía en su interior. Mientras todo esto ocurria, su lengua como una serpiente, recorria mi boca, tratando de tragar mi propia lengua.
Mis rodillas no tardaron en cansarse, así que le pedi que cambiaramos de posición. En eso vi una silla y me sente, y le dije que se sentara sobre mi pene, lo cual ella realizo inmediatamente. Nos sentamos frente a frente, y su vagina empezo a abrazar mi pene. Me cabalgo durante un rato largo, mientras mis labios mordian sus pezones. Parecia adosada a mi, como si ella fuera la prolongación de mi miembro, la cogí por las nalgas y me levante en un solo movimiento, alzandola en mis brazos. Ella subia y bajaba como un pistón. Yo miraba su rostro y note como se mordia los labios y sus párpados se apretaban con fuerza. Mi excitación no dio más, así que la baje. Ella sin perder un minuto, se colgo de mi pene, succionando con fuerza, hasta que me dejo seco. Rapidamente me dijo que me vistiera y ella fue a lavarse. Me vesti y me sente en la silla, mientras descansaba de toda la actividad. En eso entro la madre Isidora.
Muy bien dijo, ha quedado excelente. Eugenia entro por la otra puerta y le pidió permiso a la madre para marcharse. Me dijo adiós y se fue. Nunca más la volvi a ver.