¡ring!,¡ring! -sí, dígame.
-licenciada, le llama por teléfono el licenciado Uribe. -le indicó con su amabilidad característica la secretaria.
-Bueno, ay, hola, como estás Pablo, ¡que milagro que me llamas! - contestó, con un leve tono de burla la Licenciada Teresa Fernández Ugarte.
-Oye, Teresa, no te burles de tu más ferviente admirador -contestó desde el otro lado de la línea Pablo. - te llamo para requeteconfirmar la comida que tenemos para hoy en mi departamento. Toda la mañana he estado Preparándola, no me vayas a dejar plantado.
-No querido, a las tres y media estoy por tu casa, espero que hayas hecho algo rico de comer... Oye, solo voy a comer y me regreso, ...te iba a cancelar pero como Ya van varias veces que me invitas y no he podido ir pensé que ... bueno, aunque sea que coma y me retire ... ok.
-No me hagas eso -le Contestó Pablo- siempre me cotorreas y ... bueno, tu sabes que me gustas mucho, me interesas y la invitación es para agasajarle y pasar un rato agradable juntos y...
-Shu, shu, shu, no te imagines cosas mi querido Pablito, voy a ir a comer a tu departamento pero ya sabes que no tengo compromiso contigo, así que...
Pablo sintió que la Conversación se estaba yendo en dirección errónea, Poco faltaba para que él empezara a reclamarle que si no había compromiso para que salía con él, que Porque dejaba que la abrazara, que la tomara de la mano v que le hubiera permitido besarla, si como decía Teresa sólo eran amigos. En su mente se revolvieron sus pensamientos Y volvió a preguntarse por qué, si solo eran amigos, le coqueteaba y más aún lo provocaba, como en la ocasión que lo invitó a pasar el fin de semana en la casa de su familia en Tequesquitengo y se Portó amabilísima con él e incluso, por la noche, después de que todos se habían retirado a sus habitaciones se presentó en el cuarto que el ocupaba, envuelta en un camisón ligero que transparentaba sus senos, marcaba sus pezones erectos y dejaba ver su brevísima pantaleta y le dijo que no tenía sueño y que quería platicar con él, y le preguntó como se la estaba pasando mientras se sentaba frente a él en la cama. Recordaba que le estuvo platicando un montón de cosas banales mientras se movía constantemente y con ingenuidad aparente en la cama.. lo que provocó que Pablo tratara de abrazarla y le pidiera que se acostara con él a lo que le contestó: -¡ay oye, que te pasa!, no puedes estar platicando con una mujer como amigos, ... no, mi querido Pablito, mejor ya me voy- , y le plantó un beso entre la mejilla y los labios mientras con su mano te acariciaba los cabellos. -Bueno Tere, como tu digas -rectificó Pablo- yo lo que quiero es que estemos contentos, te espero a esa hora ... ehh. Adiós, te mando un beso.
-Adiós Pablito, nos vemos, chao -concluyó Teresa.
A las 15.35, Teresa tocó el timbre del departamento de Pablo.
-Hola Pablo, como estas -le dijo- al tiempo que se le acercaba y, con coquetería, le plantaba un beso en la mejilla mientras su brazo derecho rodeaba la cintura de su amigo.
-Hola Teresa, bien, me encanta que hayas venido -respondió Pablo, mientras le pasaba el brazo por los hombros, la semiabrazaba y la conducía al interior del lugar.
-¿Qué hiciste de comer?, tengo un apetito feroz dijo Teresa.
-Una sorpresa -respondió Pablo- Te va a encantar: es comida francesa.
-Humm, que rico, me encanta la comida francesa. Pero... antes, sírveme algo de tomar que el tráfico me dio mucha sed... oye, ¿donde puedo dejar mi saco? -dijo Teresa, mientras se despojaba de su chaqueta.
-Dime, que te gustaría tomar, o mejor yo lo decido, ya sé, tomemos una copa de champagne por el gusto de que estés aquí. -señaló Pablo.
-Claro, me encanta el champagne -respondió Teresa, agregando en tono insinuante- aunque se me sube muy fácil y a lo mejor después no me aguantas.
-Házmela buena -respondió, riendo, Pablo.
La comida transcurrió de forma agradable, una deliciosa comida que decidieron acompañar con sendas botellas de champagne, con una platica coloquial, salpicada de comentarios jocosos sobre las actividades profesionales de ambos y que culminó con aromáticas tazas de café acompañadas de licor Grand Marnier que decidieron tomar en la acogedora sala. Una vez en la sala, Teresa se acomodo en el mullido sofá, encogió las piernas y se quitó las zapatillas, lo que permitió que su falda se subiera y dejara al descubierto una porción de sus apetecibles muslos enfundados en unas medias negras e inclusive permitía ver el inicio del liguero que las sostenía. -Ay, me encantó la comida, eres un estupendo cocinero Pablito deslizó Teresa, mientras se movía voluptuosamente sobre el sofá. -Gracias -contestó Pablo que regresaba de poner un disco compacto con música romántica- me alegra que te haya gustado, espero convencerte de que te convengo.
-Ay, Pablito, ya vas a empezar, porque no quieres que seamos amigos, ya te he dicho que yo no quiero comprometerme seriamente ... mejor, no digas nada y siéntate a mi lado para disfrutar la música. -le dijo en voz baja Teresa, mientras entrecerraba los ojos y se relajaba sobre el sofá.
Pablo se sentó a su lado, le pasó el brazo sobre los hombros, le acarició suavemente el pelo y recostó la cabeza de Teresa sobre su pecho. -te quiero Teresa, me gustas mucho, me vuelves loco -le susurró al oído mientras aspiraba el perfume que, mezclado con su olor natural, emanaba de Teresa. -no digas nada, vamos a disfrutar este momento -susurró a su vez Teresa.
Alentado por la actitud de abandono y disposición de Teresa, Pablo acercó su boca a la de ella. Primero rozo imperceptiblemente sus labios y empezó a besar sus mejillas. Ante la falta de resistencia de Teresa, que parecía ausente, Pablo besó su beca y lentamente introdujo su lengua. Teresa respondió a su beso en un instante estaban intercambiando labios y lengua. Así siguieron un buen rato y aunque Teresa respondía a sus besos, mantenía una actitud distante con los ojos cerrados y el cuerpo relajado.
La mano de Pablo se posó en la base del cuello y se introdujo en su blusa, entro por debajo del delgado brassiere y tomó uno de los senos de Teresa, ésta se estremeció pero se mantuvo callada, con los ojos cerrados y como ausente. Pablo siguió acariciando un seno y sintió en su mano como el pezón respondía y se endurecía.. siguió con el otro seno mientras retiraba su brazo de los hombros de Teresa y se auxiliaba con esa mano para desabotonar la parte superior de la blusa y abrirla.. ante Pablo quedo al descubierto el maravilloso pecho de Teresa, que mostraba sus redondos senos aprisionados en el brassiere de seda que parecían querer romper sus enhiestos pezones. Pablo tomó con sus manos el borde del brassier y con un movimiento delicado puso al descubierto pleno los senos de Teresa coronados por unos pezones erectos y encendidos que parecían apuntarle directamente. Se inclinó y tomó uno de los pezones con sus labios y empezó a chuparlo suavemente.
-Pablo, Pablito -suspiró Teresa- estate quieto, déjame por favor, me tengo que ir.
Teresa tomó la cabeza de Pablo, acarició suavemente su pelo y la hizo a un lado, se incorporó para quedar sentada en el sofá y se acomodó los senos dentro del brassier y empezó a abotonarse la blusa dejando libres los primeros botones, lo que dejaba semicubierto el nacimiento de sus senos. Pablo, me tengo que ir, tengo que regresar a la oficina, además ... yo solo vine a comer contigo, a comer con mmmmm -dijo Teresa juguetona y cariñosa.
-Teresa, no seas así, tu sabes que estoy loco por ti, te deseo, te quiero, te adoro. ¿Por qué no me quieres?, ¿Por qué me desprecias? reclamó Pablo, haciéndose el compungido y sin poder ocultar su excitación que se traducía en una vigorosa erección que sobresalía en su entrepierna. -no te vayas, déjame hacerte el amor _concluyó. Teresa, reaccionó al reclamo de Pablo. -¿Que quieres?, ¿hacerme el amor? -preguntó seca Teresa y continuó con un tono serio que en el fondo era de burla, -bien, vamos a hacer el amor, pero quiero que estemos desnudos completamente desde el principio., quiero verte desnudo v que me veas desnuda ... vete a la recámara, quítate la ropa y acuéstate sin taparte ... cuando estés listo me llamas y estoy contigo, yo voy a hacer lo mismo en el baño, a solas.
Sin decir mayor palabra, Teresa y Pablo se dirigieron a la recámara, ella se dirigió al baño y cerró la puerta con seguro. Mientras tanto, Pablo se quitaba rápidamente la ropa y se acostó.. antes de llamar a Teresa se levantó y acomodó la ropa tirada sobre una silla lo mejor que pudo y se volvió a acostar. Así, acostado cuan largo era, sin taparse Y mostrando abiertamente su excitación y deseo en una franca erección, llamó a Teresa. Esta, abrió la puerta del baño y salió completamente desnuda, echó una mirada a Pablo, mirada que se detuvo un instante preciso para registrar la erección de Pablo y le dijo: -Pablo, te voy a quitar esas ganas que me traes- y se abalanzó sobre él. Tomó la cabeza de Pablo entre sus manos y le besó suave y largamente los labios.. despacio, introduciendo su lengua y dejando que Pablo la tomara entre sus labios y la chupara mientras ella también hacia lo mismo.
Se abrazaron v besaron largamente hasta que Pablo se separó y se hizo a un lado diciéndole -he esperado tanto este momento, te amo Teresa, déjame contemplarte- y observó con deseo y atención aquel portentoso cuerpo, recorrió con la mirada los duros, redondeados y menudos senos de Teresa, el vientre plano v terso, las piernas firmes y torneadas, aquellos muslos que tanto había deseado acariciar v el fino v delicado monte de venus en el que, entre el vello púbico, se mostraba la hendidura hinchada y húmeda presa de la excitación.
Pablo se deleitó v disfrutó observando aquel cuerpo atractivo y bien formado que reflejaba ya haber sido amado.. los pezones muy erectos e hinchados que coronaban unos senos turgentes y plenos mostraban con claridad haber sido va anteriormente tocados, acariciados, chupados.. así como la vagina hinchada prominente de Teresa daba cuenta de que había sido atendida con anterioridad, que Teresa no era inexperta en estos asuntos. -Date vuelta Teresa, por favor - casi suplicó Pablo v ella lo hizo lánguidamente, luciendo todo su encanto, sabiéndose observada y deseada. Por primera vez, Pablo despertaba en ella el deseo.. siempre lo había visto como un buen amigo y no como un potencial amante y aunque sabía que Pablo la deseaba desde hacia mucho tiempo, a ella eso nunca le había perturbado ni interesado, pero ahora, ahí estaban en la cama, juntos, y su excitación se despertó porque, después de todo, Pablo era un joven agradable, guapo y bien dotado.
Pablo empezó a acariciar con sus manos la esbelta espalda de Teresa recorriéndola a todo lo largo por el centro y los costados, acarició delicadamente las redondas y bien formadas nalgas y tocó suavemente la línea que las separaba.. siguió con sus muslos y piernas. Después, cambió sus manos por su boca y con sus labios y lengua fue recorriendo suave y delicadamente cada tramo de la piel de Teresa, desde los pies hasta el cuello. Teresa sentía una sensación sumamente placentera y se abandonó a las caricias. Cuando reaccionó, por que sintió como si una corriente eléctrica la sacudía, Pablo le había separado las piernas y le estaba lamiendo el rosado botón del culo. Teresa no pudo reprimir un grito de placer y empezó a moverse voluptuosamente abriendo mas las piernas y ayudando a Pablo a penetrar con su lengua mas profundamente al abrirse las nalgas con sus dos manos.
Pablo siguió lamiendo y besando aquel estrecho conducto y empezó a recorrer con su lengua también la piel que separaba el ano de la ya para entonces hinchada y mojada vagina. En un momento, su lengua se deslizó hasta lamer los labios vaginales de Teresa y ésta, en un rápido movimiento, atrapó la cabeza de Pablo entre sus piernas y se volteó ofreciendo a la boca de Pablo toda su henchida rajadita para que la devorara. Pablo chupo con voracidad a todo lo largo aquel manjar que se le ofrecía y delicadamente llegó hasta su terminación y tomo delicadamente entre sus labios el erecto clítoris de Teresa y mamó suavemente. Aquello terminó de enloquecer a Teresa que gritaba y gemía diciéndole -Ay, Pablito, que rico, me gusta mucho, que bien lo haces, sigue, sigue...-,
Pablo siguió chupando y luego se desplazó para chupar golosamente los senos, los deliciosos senos de Teresa, tomando en su boca la mayor parte de cada uno de ellos y mamándolos con fuerza para después tomar delicadamente cada uno de los pezones y chuparlos como si fuera un lactante. Después bajo otra vez a la hermosa fuente de placer de Teresa y volvió a chupar y lamer como un hambriento con movimientos verticales y circulares de su lengua que volvían loca a Teresa y que la pusieron a punto de estallar.
Pablo dejo de chupar la valva de Teresa, se acomodé entre sus piernas y dirigió la punta de su verga a la roja hendidura, la acomodó delicadamente y de una sola embestida la introdujo totalmente. Teresa sintió como la verga de Pablo se abría paso dentro de su vagina y se estremeció al sentirse llena de aquella carne palpitante y caliente.
Pablo empezó a moverse dentro de ella con un ritmo frenético al que ella respondió de inmediato y pronto se acompasaron en una fricción que los hacia gemir y gritar y besarse apasionadamente en la boca. Poco después, el ritmo se hizo más intenso hasta que no pudieron aguantar más y los dos se vinieron al mismo tiempo entre convulsiones y oleadas de placer.
Después de descansar un rato, Pablo empezó a decirle a Teresa que la amaba y que la quería para él solamente. Que lo aceptara como novio, compañero, amante, todo. Teresa solo sonrió y le dijo que no era el momento para hablar de eso, que estaban pasando un momento placentero y eso era lo importante. Disfruta el ahora y aquí querido Pablito, después quien sabe que pase. Mientras se lo decía, empezó a acariciar la verga de Pablo que empezó a reaccionar y a pararse. -Pablo -susurró Teresa- te voy a hacer un regalo para que no te olvides de mí-. Pablo contestó -si antes no te podía olvidar, después de lo que ha pasado y lo que vaya a pasar, menos.
Dicho lo anterior, Teresa inclinó su cabeza y tomo delicadamente entre sus labios la punta de la verga de Pablo y la cubrió con ellos, poco a poco la fue introduciendo en su boca hasta que la tuvo toda adentro. Ahí empezó a subir y bajar su boca cubriéndola y descubriéndola totalmente con una soberbia mamada como nunca había recibido Pablo. Aquello lo volvió a calentar en un instante y lo llevó al limite de su resistencia. -Espera Teresa, me vuelves loco y estoy a punto de venirme-. Teresa soltó un instante la verga que tenia en su boca y le dijo -eso quiero Pablo, quiero que te vengas en mi boca, quiero que termines en mi boca y saciarme con tus jugos-
Aquella declaración terminó con la escasa resistencia de Pablo y se desbordó dentro de la boca de Teresa, quién tragó hasta la última gota del jugo caliente y viscoso que expulsaba la verga de Pablo. Al terminar, Teresa solo dijo - Esto fue para que no me olvides nunca.
Al otro día, Teresa se levantó muy temprano, como era su costumbre, se enfundó en sus pants de algodón y se dirigió a la recámara de su compañera de departamento Para despertarla. Al abrir la Puerta distinguió a su amiga abrazada con otra mujer.. ambas estaban desnudas y dormían. Con cuidado cerró la puerta salió del departamento, se dirigió al parque cercano y empezó a trotar en el óvalo de corredores. A esa hora ya había algunas personas haciendo ejercicio.. dio varias vueltas sintiendo la transpiración que el esfuerzo físico le Provocaba. En la última vuelta se le emparejó Leonardo.
-Hola Teresa, ¿cómo vas?, ¿Que tal el ejercicio? - dijo a manera de saludo.
-Muy bien y tu ¿ya tienes rato corriendo? - contestó Teresa. - Si, ya es mi última vuelta. - contestó,
Terminaron de correr y se sentaron sobre el pasto- -Que milagro Teresa, ¿qué andas haciendo por aquí? -Preguntó Leonardo.
Yo vengo a correr casi todos los días, vivo aquí cerca en un edificio sobre la avenida Federal. Casi siempre vengo mas temprano y corro una media hora.. hoy se me hizo un poquito mas tarde. ¿no me digas que tu vives por aquí? -contestó Teresa.
- Sí, yo vivo en esos edificios de enfrente. Mira que somos vecinos y no saberlo, que barbaridad pero que gusto me da encontrarte.. mas vale tarde que nunca. - dijo riendo Leonardo. -Desde que saliste de la escuela no nos hemos vuelto a ver. Te perdiste y... ¡oye!, que vas a hacer ahorita te invito a mi casa a tomar un jugo y seguimos platicando, ok.
Bueno, vamos. -contestó Teresa.
Se levantaron y se dirigieron al departamento de Leonardo. En el camino, mientras platicaban de sus tiempos en la universidad, Teresa recordó a Leonardo frente al pizarrón, dándole clase y tratándola con deferencia sobre el resto de sus compañeros. En su memoria se presentaban diversas escenas de su época estudiantil y de su profesor Leonardo.. sobre todo, se hizo presente la reunión social que organiza su grupo al termino del semestre y en la que todos se pusieron ebrios, alumnos y profesores. En esa fiesta, Teresa se apartó del grupo, en el que se encontraba su entonces compañero novio-galan Ricardo, y se dirigió a la recámara a buscar un paquete de cigarrillos que traía en su bolsa y se encontró a Leonardo que terminaba de hablar por teléfono.. ambos se sobresaltaron de la presencia mutua y, después del susto, empezaron a reír. Recordaba que Leonardo le tomo la mano y la besó.. un beso largo que se vio interrumpido por los gritos de Ricardo buscándola.
-Toma. -dijo Leonardo, mientras le alcanzaba un vaso de jugo de naranja recién elaborado por el mismo. -esta riquísimo, dulce, dulce. Teresa tomó el jugo y lo bebió mientras sentía sobre ella la mirada intencionada de Leonardo y escuchaba su invitación a tomar un baño juntos. -Para ahorrar agua. -dijo él, riéndose. -Bueno - contestó Teresa en plan de broma. -si me prometes que te vas a portar serio.
Se levantaron y dirigieron a la recámara, entraron al baño y se desvistieron sin decir una palabra. Teresa exhibía su portentoso cuerpo todavía brillante de sudor y con desenfado se recogió el cabello, abrió las llaves, reguló el agua caliente y se introdujo en la regadera. Leonardo, se desvistió sin dejar de ver aquel cuerpo magistral, los senos redondos coronados por unos pezones erectos que daban cuenta de la excitación que Teresa trataba de mal disimular en el juego erótico que habían iniciado, aquellas piernas y nalgas torneadas y el hermoso triángulo negro que sobresalía entre las piernas. Leonardo no podía ocultar la excitación que reflejaba su potente erección.. se introdujo bajo el agua y abrazó a Teresa por detrás acomodando su miembro entre las piernas de ella. Teresa abrió un poco las piernas para permitir que Leonardo acomodara su miembro entre sus nalgas y se deslizara a su entrepierna a todo lo largo hasta que la cabeza del miembro de Leonardo quedara en la entrada de su hendidura. Así se mantuvieron un momento, mientras las manos de él recorrían bajo el agua los senos y la cintura de Teresa y sus bocas se unían en un beso sensual y cálido. Después, en un fácil movimiento, Teresa se empinó un poco y Leonardo le introdujo suavemente la verga hasta la raíz y empezó un movimiento de vaivén acompasado con los movimientos de ella que ronroneaba y, se quejaba delicadamente. Poco a poco la intensidad fue subiendo hasta que el movimiento de los dos se hizo frenético Teresa empezó a gritar: -más, más, así Leonardo, ¡ay!, me encanta como me la metes, que rico papacito. Leonardo empujaba y se movía totalmente excitado y se aferraba y estrujaba los senos de Teresa mientras le decía: -muévete, muévete, así, como lo estas haciendo ... me vuelves loco chiquita, sabroso. De repente, Teresa se desensartó de Leonardo, se volteó y lo besó apasionadamente mientras tomaba su verga y se la restregaba contra su rendija, en especial tallándose con fuerza el clítoris, -Ven, acuéstate conmigo le dijo suavemente mientras cerraba las llaves de agua, se acostaba en el piso v jalaba a Leonardo a su lado. Leonardo la observo cuan larga era, tenía un cuerpazo que desbordaba sensualidad y, entre las piernas abiertas destacaba una rendija hinchada, roja y jugosa. Se acomodó entre las piernas de Teresa y se introdujo totalmente con una sola embestida y reanudó el ritmo frenético de mete y saca mientras su boca y la de Teresa se unían en un beso y sus lenguas se enfrascaban en un duelo. El ritmo se hizo más intenso, los gemidos y grititos se hicieron cada vez más altos y los cuerpos se fueron mordiendo cada vez con mayor fuerza hasta que, al mismo tiempo, sintieron como sus cuerpos descargaban sus flujos de placer con una fuerza arrolladora.
Todavía permanecieron ensartados un largo rato, disfrutando cada uno y disfrutándose mutuamente, besándose y acariciándose con agradecimiento por el placer que se habían proporcionado, placer que, finalmente, después de mucho tiempo se cumplía una especie de promesa nunca hecha pero derivada de la tentación.