Al perder su coche apareció ella para consolarlo...
Yo soy de perder el auto.
De perderlo, de no encontrarlo. De estacionar y olvidar dónde lo hice, de volver cuadra por cuadra rastreando el sitio donde
él se oculta de mi vista. De imaginar acciones policiales, aluviones, aludes o catástrofes que se llevaron exclusivamente mi
auto. Encontré algunas soluciones en los sótanos de shoppings y grandes almacenes donde las columnas reciben nombres
orientativos. Igual no me es fácil ubicarlo. Estoy casi seguro que a veces juega con mi desesperación saltando de parcela a
parcela, de la calle "..Panda".. a la calle "..Lagarto".., o del 1500 de Nazca, al 1700 de la misma Avenida.
Aunque nunca fui tan feliz como cuando perdí el Fitito.
Regresaba, seguro y displicente, después de cumplir mi horario y cuando llegué al lugar que reconocía exacto, justo donde lo
dejé en la mañana, no lo vi. ¿Quién carajo se va a robar una bolita ruidosa y calentona como esa? ¿Quién querría llevarse sus
agujeros en el piso y sus butacas oscilantes? Habiendo tantos.. ¿Justo se llevaron ése que era color mierda de bebé?
Imposible. Solamente podía ser una burla de mi destino cruel. O una venganza de Ze Sergio por mearle las zapatillas, pero el
no supo quien había sido.
Repasé mis acciones matinales, revisé la zona. Auto por auto. Caminé desandando la rutina diaria. Lo busqué 2 horas, entre
las 18.30 y las 20.30 hs. Venía golpeado sin piedad por la realidad y esa fue la gota que rebalsó el balde Cuando me di por
vencido me largué a llorar.
Ese auto era más que un icono para mí, era el único bien no hereditario que ostentaba lastimeramente. Ni la denuncia atiné a
hacer.
Lloraba inconsolablemente mientras deambulaba sin sentido en pleno centro de San Justo.
Ella me miró de reojo. Con la lástima que le inspiraba mi desazón y evidentemente emocionada. Sonrojada de vergüenza propia y
ajena, anhelante de saber el porqué de ese llanto tan dolorido. Lo que nunca supe era si lo hacía por curiosa o por chismosa.
Por maternal o ultrajante, por solícita o desdeñosa. Las mujeres son así, inexplicablemente mujeres.
Mi manual de "..Macho Argentino".. explicaba muy claro que estaba haciendo un papelón. Estaba comportándome ridículamente en
plena calle atestada de humanos. Encima la mina sobrepasaba sin esfuerzos las normas ISO 9000 y 9001 de belleza argentina. Y
la veía acercarse a mi dispuesta a hablarme. Oprobio total.
* "..Debe ser muy grave para que te duela y te haga llorar tanto".. Empezamos mal. La frase me pareció inteligente, clara y
comprometida. No estaba jugando a la samaritana. Sonaba sincera y oportuna.
A mí lo único que me salían eran mocos y lágrimas.
* "..Dale. Pará un poco de llorar y vamos a tomar un café. Por favor"..
Ahora si que no entendía nada. Si habré rebotado veces ante mil bellezas similares pidiendo un café y esta deidad se
entregaba en bandeja. Y pedía por favor.
Acepté la invitación y la seguí hasta un bar. Lo de seguirla fue a propósito. Impresionante, su culo se manejaba despachando
vaivenes, atrapado en el jean. No lloré y mis ojos quedaron pegados a la síncopa de ese bamboleo.
Cuando se sentó, me dirigí hasta el baño a mejorar mi imagen. Al regresar ella seguía sentada café de por medio mirando la
silla que yo debía ocupar. Me senté.
* "..Solo una mujer puede haberte hecho tanto daño para llorar así y en la calle. Lo sé porque un hombre me hizo llorar así. No
sabés como te entiendo"..
Juro que iba a decirle la verdad. Iba a decirle que era por mi Fitito, que no era la primera vez y que tenía que ir a
denunciar el robo. Pero tenía los ojos más lindos que conocí. Verdes, intensos. Húmedos, vitales y pícaros. Y estaba
visiblemente emocionada con mi dolor.
* "..No valemos la pena. Ni las mujeres, ni los hombres valemos tanta pena. No es justo llorar así por alguien que no nos
quiere, ni nos merece"..
En su monólogo me dejaba introducir monosílabos, pero ninguna frase. Desenrolló un discurso profuso y apropiado sobre el amor
no correspondido, el dolor del alma, la vaciedad del espíritu y la insoportable levedad del ser. Apenas pedía opinión y se
iba encendiendo apasionadamente en una oratoria casi feminista.
A esta altura yo no lagrimeaba más y mi mente se había olvidado de la denuncia pendiente seducida por la impensada distancia
que había entre el último botón desabrochado de su blusa y su piel. Sus tetas estaban exaltadas, inmersas en una rutina de
sube y baja. Su textura era tersa, antojable, eran tetas hechas para acariciar, para tocar, para mimar, para besar. Del auto
ni me acordaba. Y estaba, indefectiblemente, al palo.
Avanzamos inexorables por el camino trivial de las preguntas. Edad, estudios, trabajos, que hacemos por estos lados a estas
horas, ... Establecimos nuestras identidades y ella retomó el mando de la reunión.
* "..No quiero dejarte solo. ¿Cenamos?
Romina estaba eligiendo un camino. Me estaba seduciendo. Estaba haciendo todo lo posible para que yo no sufriera más por
amor. En realidad, (si ella supiera leer mentes), le hubiera alcanzado con decirme "..acabá ahora".. y yo me iba en leche a sus
pies, pero creyó que la imagen de mi sufrimiento era mejor que ella y se obligó a hacerme olvidar. Cenamos. Anduvimos hasta
su departamento, cerca, para el último café. Un café instantáneo batido, (una especialidad de soltero), como para agradecerle
su caridad y compasión por mi dolor.
Batí el café usando pocas gotas de agua con gas, en una sola taza, mientras ella iniciaba el relato de su propia desdicha. La
dejé hablar 15 minutos, batiendo a ritmo constante en la taza, y ella tradujo en palabras la historia de su decepción. Puse
agua a hervir y acordamos que en ese tiempo dejábamos el pasado. Cuando la pava silbó estábamos demasiado cerca para evitar
el beso.
No la besé, no me besó. Nos besamos a conciencia, humanizados en la idea de curar el dolor del otro. Deseosos, excitados por
una circunstancia que intuíamos ajena a nuestra propia voluntad. Implacables y decididos. Profesionales espontáneos en eso de
hacer feliz al otro. De que el otro sea más importante que uno, prostitutas mutuas de un cliente común.
A media luz y caminando la sala me encontré apretando sus tetas duras y orgullosas. Liberé su cuerpo ganando espacio sobre la
débil resistencia de su ropa, mientras su desnudez irradiaba positrones hasta mis manos, y su voz, obscena, calentaba mi
oído. Ella avanzaba meticulosamente sobre mis cosquillas más sentidas, sobre mis sensaciones más ardientes y obtuvo mi
desnudez desafiando mi infinita necesidad de cogerla y jugando con la paciencia de ambos.
Mirándonos a los ojos. Leyendo nuestros deseos.
Calmé mi boca sobre sus pezones, mientras ella acariciaba mi pija. Pude morder su pezón y gozarlo, apretarlo y dejar mi
saliva en él. Pasé al otro, repetí el coqueteo.
Su mano se apropió de mi pedazo. Llevó el prepucio más atrás y con los dedos en "..V".. detallaba las venas y contorneaba la
cabeza. Retiraba la gota seminal y la enredaba, tejiéndola con mis pelos.
Me arrodillé a mamarla. Impuse el ritmo sobre su clítoris, pero un meneo constante de su cadera lo acercaba y lo alejaba de
mi esfuerzo, la apreté contra mí presionando su cola, firme, rotunda. Me apoderé de su vagina y le hundí la lengua buscando
el sabor. Manaba. Rojizo y ardiente su botón agradecía.
De pie sentí la necesidad de cogerla. Así. Parados.
A mi conjuro mental su pierna derecha se enroscó en mi cintura y su mano me guió sin temores hasta la entrada. Volvimos a
mirarnos. Me dejó entrar, y me dejé envolver. Se dejó gozar y me dejé coger. Pudimos acomodarnos al mismo vaivén y mientras
sentía clavarme en ella, la sentía hincarse en mi. Nuestro camino de ambas direcciones nos arrancaba gemidos y deliciosos
quejidos de placer. Mi pija se detallaba en su concha y su vagina se explanaba sobre mi tronco. Acabamos juntos para volver a
empezar. Acabamos juntos para ir a la cama y seguir. Acabamos juntos para dar más placer.
* "..Quedate, por favor."..
Se inclinó sobre mi cuerpo. Podía ver su pelo y su nuca subiendo y bajando. Podía sentir su lengua en mi verga, recorriendo
entero el músculo hirviente y limpiando nuestros jugos. Me endurecí en su boca.
Le conté todo. Palabra por palabra.
Mientras ella me chupaba la pija, entrecortado por los suspiros y el goce que me producía, le dije la verdad. Hablé de mi
Fitito. De mi facilidad para perder autos. De mi vergüenza a confesar todo y de pedir perdón.
* "..Vos sos un pelotudo."..
Lo dijo y yo asentí. Pero siguió chupando.
* "..¿Porqué me decís la verdad?"..
Tuvo que repetir la pregunta porque no la entendí, (es difícil hablar con una pija en la boca, me aclaró)
* "..¿Porqué me decís la verdad?"..
* "..Porque podré ser un pelotudo pero no miento, y me gustaría pasar los próximos años así, con vos chupándome la pija.
Cogiendo toda la noche"..
Mi voz era un ronroneo, mezcla de león rugiendo y gato aullando a los golpes, apenas pude articular la oración entre los
espacios que dejaban mis gemidos. Ella seguía mamando cada vez con más intensidad. Me venía. Se me iba la leche y ella no
contestaba. Grité, puteé, y me dejé correr en su boca. Cuando terminé de corcovear entre espasmos y sacudones inmejorables
ella se dio vuelta a mirarme.
* "..Tenés razón. Prefiero saber la verdad, y tenerte conmigo los próximos años cogiendo toda la noche"..
A la mañana salí muy temprano, nadie en la calle. Di vuelta en la esquina, como para ir a Ramos Mejía, a cambiarme la ropa y
salir para el trabajo. Sin auto. Recordé la denuncia. Ya la haríamos.
Me pareció que era la cuadra, pero no lo quise creer.
Me pareció que era el lugar, pero no lo quise creer.
El Fitito estaba ahí. Estacionado. Mojado del rocío y sucio, como siempre. Con su color mierda de bebé.
Subí y volé a casa para cambiarme y llegar al trabajo.
Durante el viaje le pregunté dónde había estado. No me contestó pero igual le agradecí.
Autor: Superend2
Superend2@yahoo.com.ar