Gabriela.
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

En la Argentina, la finalización del ciclo medio de la educación obligatoria se corona con el "..viaje de egresados".., el mismo consiste en una excursión del grupo de estudios que ha compartido el aula durante cinco años. El lugar tradicional para el paseo es la ciudad de Bariloche, un bellísimo poblado emplazado al pie de la cordillera de los andes, en el cual se puede disfrutar de la nieve y de la excelente infraestructura hotelera de su floreciente actividad turística.
Demás está decir que los viajes de egresados se transforman en un infierno sexual, pues no es difícil predecir a lo que podrán dedicarse treinta chicos de ambos sexos de entre 17 y 19 años, solos y a kilómetros de sus padres.
Trás esta necesaria introduccion les paso a contar lo que fue un poco mi despertar sexual.
La escuela fue para mi un trámite necesario para cumplir con la sociedad, pero ya que tendría que estar allí por un tiempo largo decidí tomarla de la mejor manera posible. Yo era un chico común, físicamente no me destacaba ni para bien, ni para mal, mi arma estaba en la facilidad de seducción oral. Si me dejaban hablar era ganador, así que estaba dispuesto a dejar atrás mi virginidad en esta irrepetible oportunidad. Allí estaba yo con mis ganas y mis ilusiones y allí estaba ella, Gabriela. Gabriela fue siempre mi amor imposible, durante los años de escuela nos hicimos grandes amigos y confidentes y hasta diría que había algo especial entre los dos que nunca habíamos llegado a concretar. Ella era muy atractiva, de estatura baja, carita angelical y unas enormes tetas que había inmaginado mías cientos de veces.
Pero los días pasaron y Gabriela parecía estar más ocupada en relacionarse con chicos más grandes que en prestarme atención a mi.
Y llego el día de la fiesta de los pijamas, tradición ineludible de los egresados de todo el país así que los preparativos llevaron a mis companeros de habitacion a prepararse desde temprano, todos ridículamente ataviados con sus ropas de dormir. Yo no tenía otra cosa en la mente que cumplir con el objetivo que me había fijado, pero la ilusión de que Gabriela fuera mi pareja se alejaba a cada momento.
Estabamos junto a mis amigos esperando la hora de salir, cuando Gabriela entró en nuestra habitación. El aliento se nos cortó a todos, estaba bella y sexi como nunca, enfundada en un camisón con encajes y transparencias que dejaban adivinar su magnífica figura y fingiendo sentirse mal. Yo comencé entonces a cambiarme para estar a tono con todos en la fiesta, por supuesto que preocupándome de que Gabriela viera mi bien moldeado torso al desnudo.
La hora llegó y todos partieron, todos menos Gabriela, entonces le dije:
- ¡Vamos!
- No, no me siento bien, me voy a quedar, quédate conmigo.
Como inmaginarán no me pude negar, estaba solo con la chica de mis sueños y en mi habitación.
Ella se recostó en una de las camas y yo me mantuve en otra y la charla se torno cada vez más subida de tono. Mientras hablabamos sus enormes tetas escapaban del escote de su camisón y ella no se preocupaba demasiado por evitarlo. Yo seguía a cierta distancia cuando me invitó a que me acostara a su lado. Me pidió al oído que la abrazara y me besó con pasión. Metió su mano debajo de mi camisa y acarició mi pecho bajando luego hasta mi ya enorme bulto. Yo le bajé los breteles de su camison y sus tetas se descubrieron en su totalidad, eran hermosas y enormes, sus pezones eran grandes y oscuros.
Primero delinié el contorno de sus mamas con mis manos, cosa que la excitó de sobremanera y luego me dediqué a chupárselas con fuerza. Mi lengua pegaba latigazos a sus pezones y sentía en mi boca como se paraban y se ponían cada vez mas duros. Sus tetas eran tan grandes que apenas podía meterme los montículos que las coronaban el la boca. Mientras tanto ella se dedicaba a sacarme hasta la ultima prenda y a jugar con mi aparato deseoso de su cuerpo. Sus manos expertas amasaban mi pene y mi erección crecía a cada momento. Yo, sentado en la cama terminé de desvestirla y saqué sus braguitas diminutas dejando al descubierto su frondoso agujerito de amor. Habilmente se deslizó hacia abajo quedando su cara a la altura de mi pija enorme y comenzó a besarla, primero suavemente y luego su lengua comenzo a recorrerla en su totalidad.
El placer que me invadía era enorme, el sueño de mi vida se estaba concretando y mi objetivo se estaba cumpliendo. Entretanto Gabriela se dedicaba a lubricarme el pene con su caliente saliva y engullía entero mi aparato. Creía acabar a cada arremetida y sentía su garganta en mi glande y su lengua como una vivorita lamiendo mi tronco. Mis manos se dirigieron a su concha ya mojada lo que evidenciaba que estaba tan excitada como yo, encontré su clítoris y le di masaje con fuerza. Sus jugos bañaban mis manos y su excitación iba en aumento ya que cada vez me chupaba la pija con mas pasión.
Se levantó y me pidió que me quedara sentado, entonces tomo mi pija y se sentó en ella, estaba tan lubricada que la hizo entrar hasta el fondo de un solo movimiento. Yo creí que me moría, tantas veces había inmaginado esa conchita caliente y húmeda abrazando mi pene, pero el placer era aún mayor de lo que había pensado. Se movía como una gata en celo y subía y bajaba frenéticamente por mi mástil ardiente. Sus tetas acompañaban rítmicamente sus movimientos y yo jugaba con ellas manoseándolas y pelliscando sus pezones enormes y erectos. Mi pija parecía explotar con cada asestada de mi experimentada amante y mi excitación aumentó cuando se dio vuelta y me mostro su hermoso culo redondo invitándome a llenar su agujerito.
Se puso en cuatro patas sobre la cama e intenté torpemente acomodar mi pene duro en su culo. Viendo que tenía problemas, ella tomó con su mano mi pija y la dirigió hasta su cuevita. Empujé con fuerza y le arranqué un grito de placer. Tomando sus caderas presionaba hasta que mis testiculos golpearan en sus nalgas. Yo sacaba la pija hasta tener solo el glande adentro y volvía a empujar con fuerza hasta el fondo y ella respondía con sus gemidos pidiéndome más y más.
A esta altura ya estaba a punto de explotar dentro suyo y saqué mi aparato, y lo puse entre sus tetas mientras la masturbaba con mis dos manos. Ella se apretaba los pechos dejando en medio mi pija a la que daba lenguetasos a cada arremetida, el climax llegó y sentí como ella temblaba y se retorcía explotando en un interminable orgasmo que mojo todas las sábanas. Yo no pude resistir más y estallé entre sus tetas y el semen salió disparado hacia su cara. Los chorros de leche no terminaban de salir nunca y ella disfrutaba viendo el espectáculo mientras trataba de capturar todo el semen que podía con su lengua.
Cuando terminé limpió cuidadosamente hasta la última gota de mi fluído, me dio un beso y se fue. Nunca más hablamos de esa noche y luego dejamos de vernos definitivamente, y a pesar de que han pasado ya muchos años, yo sigo recordando esa experiencia como la mejor de mi vida y sigo recordando a Gabriela como lo que siempre fue para mi, mi amor imposible. Aunque fue mia una noche.

 

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