Quedé en encontrarme con Isabel a la 01:30 para festejar, salí de mi casa con un bolso con ropa, porque no sabía mi hora, ni día de regreso, considerando lo que había pasado, yo suponía que me iba a quedar unos días en su casa.
Ella me estaba esperando en su auto en la parada de colectivo, llegué y nos fuimos rápido a encontrarnos con unos amigos que estaban festejando, mejor dicho, emborrachándose en un boliche. Nosotros tomamos un poco de champagne, bailamos un poco y emprendimos la retirada para la casa de Isabel. Mientras manejaba, ella me besaba en el cuello y con su mano me apretaba el bulto de mi pantalón. Por suerte el viaje no duró mucho y el franeleo tampoco, porque apenas llegamos a su casa, mientras ella abría la puerta yo la apoyaba y acariciaba las tetas por arriba de su remera la puerta. Fue sólo abrir la puerta, que tiré el bolso a un costado, la llevé hasta el sillón del living, ella se bajó sus bragas, yo el pantalón y empezamos a coger. Fue en ese momento donde probamos todas las posiciones que se nos ocurrían y cual era la que más nos gustaba a los dos en el sillón. La noche terminó con el sol entrando por la rendija de una persiana, nuestra ropa desparramada por el living y ella y yo desnudos durmiendo en la alfombra.
Así eran todos los días que vivía con Isabel.
Lo más divertido, fue el día que cuando me desperté, ella vino a su habitación y me pidió que hiciera como que acababa de llegar, porque estaban sus hermanas con sus maridos y los sobrinos preparando un asado. Yo no podía más, y por más recién llegado que estuviera, tenía la almohada pegada a la cara, pero pasó el tiempo y me fui despertando. Me di cuenta que uno de los cuñados me tiraba mala onda, y no sabía porque era. Cuando se fueron y después de pasar una tarde en familia, le pregunté a Isabel que le pasaba a ese huevón y no tardó en contarme que el tipo le había tirado los galgos en algún momento. Así que, el huevón estaba celoso.
Esa misma noche el huevón nos invitó a su casa jugar a las cartas, generala, poker, etc. y me recagó a preguntas. Yo pensé que era un interrogatorio de la Federal. Pero en el medio de todas sus dudas, que yo trataba de aclarar, se largo a llover torrencialmente, tanto que Isabel dijo que cuando parara un poco nos íbamos.
Cuando salimos de la casa nos dimos cuenta lo que había llovido, estaba todo inundado, los autos circulaban por cualquier lado, el tránsito era un quilombo. Esquivando charcos y ya casi llegando a la casa, nos encontramos que el único paso era una rotonda, que no se veía por la cantidad de agua que había, pero teníamos que pasar porque estábamos a dos cuadras. Cuando intentamos pasar, al auto empezó a entrarle agua por todos lados y fue así como nos quedamos con el agua entrando al auto en el medio de la rotonda y sin poder arrancar. La espera fue más que agradable, ni Isabel, ni yo, pensábamos bajarnos del auto a empujarlo, así que, cerramos las ventanas, reclinamos los asientos y empezamos a besarnos y franelearnos hasta que encontramos una posición cómoda y fue cuando ella fue a buscar algo a la luneta trasera donde yo empecé a chuparle la vagina y a succionarle y lamerle el culo. Fue en ese momento cuando me dijo que la volvía loca que le succionara el orto y me pidió que se lo chupe y succione mucho para dilatarlo y después, expresado textualmente, le rompiera el culo. Pero, como ella quería gozar al máximo, hicimos un 69 en el cual acabamos los dos. Ella como siempre, se tragó toda mi leche y yo lubricaba su culo con sus líquidos mientras la masturbaba para que acabara. Nunca dejó de chuparme la pija, era una experta, mi poronga siempre estaba dura con sus lengüetazos, cuando estuvo listo, con su orificio bastante dilatado, me acomodé, puse el glande en el agujerito y empecé a hacer presión, mientras con los dedos de la mano entraba y salía de su vagina y lubricaba la parte de mi pija que estaba afuera del culo. Su grito de placer al penetrarla fue increíble, yo empecé el vaivén muy lento hasta llegar a un buen ritmo, ella pedía que no parara y que siguiera, yo por mi lado estaba emocionado de ver como mi pija era tan bien recibida por ese culo. En un momento ella gimió de placer llegando al orgasmo, me miró, se desprendió, me besó y enseguida empezó a chupar mi pija hasta hacerme acabar en sus pechos, cara y boca.
Nos quedamos un rato tranquilos, nos arreglamos lo que pudimos, probamos si el auto arrancaba y cuando este arrancó nos fuimos para su casa sabiendo que la noche iba a seguir y que al día siguiente deberíamos llevar el auto a un lavadero para que le saquen el agua del interior.
A los dos meses de salir con Isabel, ya conocíamos todos los rincones de la casa, y seguíamos encontrando nuevos lugares para coger ya que sus padres habían vuelto de vacaciones y vivían con ella. También había vuelto su hermana y mi amigo Roberto, por lo tanto, la casa estaba poblada de gente y no teníamos la libertad de aquel mes de Enero maravilloso. Yo estaba estudiando para un examen muy jodido que me podía hacer perder un año de carrera y al mismo tiempo estaba jugando con un amigo de mi padre un torneo de golf y habíamos llegado a la semifinal. Esa semana, el jueves aprobé el examen y llegué a lo de Isabel cansado. Comimos con sus viejos y su hermana y después nos fuimos al living a escuchar algo de música. Mientras tomábamos un café, ella estaba muy inquieta, iba hasta el pasillo y volvía, yo no entendía nada. Lo hacía para ver cuando se iban a dormir y quedarnos solos. En algún momento me quede dormido en el sillón. Isabel habiendo advertido que todos estaban en sus respectivas habitaciones y que nos habíamos quedado solos en el living con la posibilidad de no ser interrumpidos, me abrió el pantalón y empezó a chuparme la poronga. Cuando yo me desperté, estaba excitadísimo. Se acercó a mi oreja y me dijo, este va a ser tu regalo por aprobar. Entonces me quede tirado en el sillón, mientras ella me mamaba todo mi miembro y con sus manos se masturbaba. Yo miraba de reojo lo que ella hacía en su vagina, para saber como le gustaba que la tocara. En unos minutos, empezó a meterse los dedos y a chupar mi pija con mayor velocidad, a lo único que atiné fue a sacarle su mano de la vagina, lamerle los dedos y meterle mis dedos haciendo lo mismo que ella para que acabara, mientras el roce de sus dientes en mi tronco me hacía acabarle en su boca. Una vez que acabamos los dos, ella siguió chupando para mantener mi erección, yo pensaba que con lo cansado que estaba la noche se había acabado en ese momento, pero me equivoqué. Ella mantuvo mi erección y cuando sintió la rigidez de mi pija, se fue a un extremo del sillón, puso su pelvis sobre el apoyabrazos y se reclinó sobre los almohadones, dejándome a elección alguno de sus dos agujeros para penetrarla. Yo me agaché, empecé a lamer su vagina y besar y succionar su culo, hasta que estuviera dilatado y luego apoyé mi glande en su agujero y este se tragó mi pija como si fuera algo que estaba faltándole para ocupar ese lugar. Con mis dedos adentro de su vagina, sentía la dureza de mi pija dentro de su culo que entraba y salía con buen ritmo hasta acabar adentro sin cambiar de posición. Después de esto, los dos muy contentos, nos arreglamos, nos sentamos como dos enamorados, tomamos un café, fumamos unos cigarrillos y nos despedimos porque yo tenía que volver a mi casa en colectivo y como era de esperar me quedé dormido y me despertó el chofer cuando llegó a la terminal.
Al día siguiente, me fui a practicar un poco de golf, para no quedar mal con el amigo de mi viejo. Así fue como el sábado ganamos la semifinal y el domingo la final, siendo ese año los campeones del club. Después de festejar el triunfo, mi fui a lo de Isabel. Cuando llegué, ella me abrió la puerta y yo me quedé mirándola porque nunca antes me había calentado tanto con la ropa que tenía puesta. Era un enterito color plateado que con el bronceado de su piel y su figura le quedaba espectacular. Era increíble, apenas la vi, estaba recaliente. En la casa estaban todos y algunos más. Lo raro fue que me pidió que la acompañara a la cocina para hacer un café. Esto fue raro porque el padre de ella no quería que nadie excepto él y el personal de servicio estuviera en la cocina. Para mí que el padre se volteaba a las mucamas. Cuando entramos a la cocina, Isabel se agachó a buscar la cafetera y no aguanté más. Ahí mismo, le corrí las bragas, le lamí un poco la vagina, me desabroché el pantalón y se la puse hasta el fondo sin pedir permiso ni perdón. Ella me dijo que estaba loco, y le dije que me importaba un carajo si entraba alguien, así que, se relajo y empezamos a movernos un poco más rápido que de costumbre como para acabar rápido ya que la situación era complicada y podía entrar cualquiera a la cocina. Cuando acabamos, hicimos el café, salimos de la cocina y nos sentamos con todos los que estaban tomando el té y compartimos una tarde muy agradable.
Esta relación duró seis o siete meses, una vez nos invitaron al casamiento de una amiga de ella. La fiesta estaba muy buena y daba para todo. Cuando estábamos bailando le dije a Isabel que le iba a hacer el amor en el medio del salón, nos miramos y nos fuimos para el baño. Esperamos que salieran las minas que estaban adentro y sin dar mas vueltas nos encerramos en un compartimiento y empezamos con las caricias, el franeleo hasta terminar en una buena cogida, sin darnos cuenta que había alguien que estaba escuchando lo que pasaba. Cuando salimos, una conocida de ella que estaba dada vuelta por lo que había tomado, nos preguntó porque no la habíamos invitado a nuestra fiestita. Nos miramos con Isabel y yo le contesté que no la habíamos invitado porque no sabíamos si esto, tocándome el bulto, le servía. La mujer miró a Isabel, le pidió permiso, puso su mano el bulto y dijo que lo quería probar. Abracé a Isabel y le dije, no sé si vas a poder porque yo estoy con ella. La mina agarró su cartera y dijo que pagaría porque la hagamos gozar, sacó un fajo de billetes y se los dio a Isabel. Ella la miró y le dijo que se guardara el dinero y que se quedara con la calentura. La mujer le pidió por favor, que no la dejáramos así, que su marido ya no la hacía gozar coma antes. Yo mientras tanto pensaba que esto era una locura, encerrados en un baño, una mujer de 35 años aproximadamente, que no estaba nada mal, pidiéndonos que la hagamos gozar, Isabel y yo. En ese momento la mujer, empezó a desnudarse, Isabel me miró como para irnos, y la mujer dijo que si salíamos del baño empezaba a gritar. Entonces yo le dije, bueno quedate tranquila, le pregunté a Isabel cuanto dinero le había dado y me contestó que eran cerca de 400 dólares, yo me acerqué al oído de la veterana y le dije que si quería gozar iba a tener que poner un poco más de plata. Ella me contestó, van a tener lo que quieran, tengo la chequera en la guantera de la camioneta de mi marido, apenas salgamos de acá, vamos y les hago un cheque por lo que quieran. Entonces empecé a besarle la oreja y con mi mano a rozar fuertemente la entrepierna, que ya estaba más que mojada, la miré a Isabel, le hice señas como para que se acercara, le agarré una mano y se la puse en los pechos de la mina. Isabel empezó a acariciarle las tetas y a morderle los pezones que se estaban poniendo duros, yo por mi lado, ya sentado en el piso del baño, pasaba mi lengua desde el principio de sus labios vaginales hasta el culo, en ese momento la mujer empezó a pedir que le metieran algo. Isabel parada frente a ella, bajo su mano hasta la vagina y empezó a meter y sacar dos dedos para empezar a masturbarla. Nos miramos con Isabel y nos dimos cuenta que esta situación nos había puesto calientes a los dos, así que con una guiñada de ojos decidimos seguir adelante. La mujer empezó a jadear mientras Isabel la masturbaba y besaba los pezones y yo le succionaba el culo y le metía lengüetazos. La mujer pedía por favor, que iba a acabar, que se la metiera, pero Isabel se le acercó al oído y le dijo que no iba a ser la única vez que iba a acabar y que nunca se olvidaría de ese baño. La mujer acabó e Isabel empezó a acariciarme la pija mientras la seguía masturbando. En un momento Isabel le dijo, mira lo que hago, y se tragó todo mi miembro. La mujer desesperada dijo:"..yo quiero comérmelo".., así que no me quedó otra que acostarla en el piso y ponerle mi pija en la boca hasta el fondo, mientras le pellizcaba los pezones. Isabel en ese momento, me alcanzó un condón y además desarmó dos rollos de papel higiénico y me mostró los palitos portarrollos. Isabel siguió pajeándola hasta que yo saqué mi pedazo de su boca y me puse el condón, entonces cambiamos de posición, Isabel pasó a acariciarle y besarle las tetas mientras yo, ponía las piernas en mis hombros y le introducía mi poronga muy despacio, y de a poquito. La mujer no aguantó más y acabó nuevamente. Entonces fue el momento de usar uno de los portarrollos. Pusimos a la mujer en cuatro patas, Isabel se puso abajo para seguir mordiéndole las tetas y con un portarrollos metido en la vagina, imitar el movimiento de una poronga, mientras yo le rompía el culo metiéndole mi poronga. La mujer estaba como loca y cada vez pedía más, así que cuando estuve a punto de acabar, le saqué mi pija del culo, le metí el segundo portarrollos, me arrodillé delante de su cara, me saqué el condón y le hice tragar toda mi leche sin que dejara caer una gota, para que no se le corriera la pintura y para no manchar a Isabel que estaba debajo de ella. A todo esto, Isabel se estaba masturbando mientras le besaba las tetas y seguía haciendo entrar y salir de la vagina el portarrollos. Entonces, me acerque a su oído y le dije, que ahora le tocaba a ella. Así que, le pedimos a la mujer que se sentara en el lavatorio y mientras yo la seguía masturbando con el portarrollos Isabel empezó a chuparme la pija hasta tener una nueva erección. En ese momento Isabel se agarró con una mano de la mujer que estaba sentada en el lavatorio con la espalda en el espejo, se puso de frente a ella, le empezó a chupar las tetas y con la otra mano le seguía clavando el portarrollos en la vagina, mientras yo la penetraba a Isabel para acabar los tres y dar por terminada la ceremonia. Mientras nos arreglábamos, nos reíamos y yo pensaba como iba a hacer para salir del baño con dos mujeres. En ese momento tocan a la puerta e Isabel dice que está ocupado porque hay una persona que se siente mal. Como era una casa vieja el baño tenía una ventana grande que daba al jardín donde habían estacionado los autos, entonces le dije a Isabel que nos encontrábamos allá. A los cinco minutos aparecieron las dos abrazadas y riéndose de cómo habían zafado. Yo no entendía nada. La mujer abrió la camioneta de su marido, hizo un cheque y se lo dio a Isabel. Nos despedimos nos subimos al auto de Isabel y nos fuimos de la fiesta. Cuando estábamos en camino Isabel me dijo que tardó unos minutos porque acompañó a la mujer hasta donde estaba el marido para pedirle las llaves de la camioneta y una lapicera para hacerle un cheque a Isabel por una deuda que tenía. Isabel en un semáforo me mostró el cheque, eran un poco más de 2000 dólares, más los casi 400 en efectivo, nos habíamos hecho 2500 dólares por hacer gozar a la loca esa Así que no lo pensamos, me fui para mi casa, armé un bolso, deje una carta que me iba una semana a Uruguay. Cuando llegamos a la casa de Isabel, ya casi de madrugada, me dijo que no le había prestado mucha atención en la fiesta, así que antes de bajarse del auto, tuvimos un poco de franeleo, ella me desabrochó el pantalón y empezó a hacerme una felatio hasta que me sacó, supongo yo, las últimas gotas de leche que me quedaban después de la superfiesta de casamiento a la que nos habían invitado. Armó su bolso, saludamos a sus padres y nos fuimos una semana a disfrutar de estar solos en Uruguay.
En Uruguay la pasamos estupendo. Teníamos intenciones de hacer un par de visitas pero hacía tanto frío que prácticamente no salimos del hotel quedándonos una semana encerrados y saliendo a comprar algunas cosas. Salíamos a comer a la noche y cada vez que uno iba al baño, nos reíamos porque nos acordábamos del baño de la fiesta de casamiento.
La relación con Isabel fue excelente en todo momento hasta que mi amigo, hasta ese momento, Roberto hizo un par de comentarios a los padres de Isabel, sobre cosas que habíamos hablado cuando nos volvíamos juntos desde San Isidro hasta el centro.
Ese día cuando llegué a la casa de Isabel, ella me agarró, no me dejó pasar a saludar a nadie y se puso a hablar conmigo en el living, preguntándome si yo había dicho tal o cual cosa. Yo me hice cargo de lo que había dicho, exceptuando algunos agregados, condimento que le había puesto mi ex amigo Roberto.
La noche fue pasando, en la casa se fueron apagando las luces, y nos quedamos solos charlando en el living. El ambiente no era bueno, pero igual existía una atracción muy fuerte entre nosotros, así que en medio de la charla donde se estaba terminando nuestra relación, empezamos a besarnos y a franelearnos como lo hacíamos siempre, nos tiramos en la alfombra, y nos revolcamos por todo el piso hasta quedar prácticamente desnudos. En ese momento sentimos que alguien venía, era el padre de Isabel, y saltamos al sillón como que no pasaba nada. Yo estaba con la camisa desabrochada y el pantalón apenas arriba de la rodilla, Isabel estaba con la remera y la minifalda, sus bragas estaban en mis manos y su corpiño tirado en la alfombra imitando un dibujo persa. Nos saludo desde lejos y se fue. En ese momento ella empezó a hacerme una felatio mientras yo le acariciaba su sexo, cuando sentí que de su vagina se me humedecían los dedos, la miré y le pedí que se sentara arriba mío. Ella se sentó arriba mío dándome la espalda y empezó a subir y bajar sobre mi poronga haciendo además un movimiento circular hasta acabar una vez, me miró y me dijo si yo sabía lo que ella quería, entonces la llevé hasta el apoyabrazos del sillón la recliné boca abajo, empecé a besarle el sexo y succionarle el culo y cuando sentí que por la dilatación que tenía ya entraba un dedo mío, puse el glande en su orificio anal, hice un poco de presión y la penetré como para que nunca se olvidara de mí hasta llenarle de leche el culo. Ella se acomodó y empezó a succionarme la pija para que se mantenga la erección y una vez logrado esto, se puso boca arriba en el sillón, puso sus piernas en mis hombros y me ofreció su vagina rosada y toda mojada para lo que podemos llamar la clavada final. Después de eso, tomamos un café, fumamos un par de cigarrillos y decidimos terminar la relación. Creo que nunca fue intención nuestra terminarla sino que ayudaron los comentarios de mi ex amigo y su hoy cuñado Roberto.
A la semana de haber terminado la relación nos volvimos a ver en el departamento de una amiga, donde obviamente, por la atracción que teníamos volvimos a disfrutar de unos buenos polvos.
Nunca más la vi, ni volví a saber de ella, hasta que seis años más tarde, yo, recién llegado de trabajar un año en el exterior, recibí en la casa de mis padres un llamado. Era Isabel que se había mudado, estaba viviendo sola con su hijo, que había terminado una relación conflictiva y su hijo en un momento me mencionó y se le ocurrió ubicarme. Salimos a comer, a contarnos nuestras historias y quedamos en volver a vernos. La llame para que nos encontráramos y ella me invitó a comer a su casa. Yo llevé unos vinos, pedimos una empanadas, cuando su ex pareja empezó a golpear la puerta como loco. Ella le dijo que estaba con gente y el tipo se fue. Nos pusimos a mirar una película abrazados en la cama, empezamos a besarnos y existía la misma atracción que hacía un par de años, pero en un momento ella se levantó y me dijo que no sabía si estaba bien lo que estábamos haciendo. Así que me levanté yo también, le pedí un café, me quedé escuchando un poco de música con ella y cuando no supe que hablar, agarré mis cosas y me fui, pensando que convenía tener el recuerdo de todo lo que hicimos juntos, que tener que salir con alguien mientras la ex pareja te persigue. Desde ese momento nunca más la vi, ni supe de ella.