Llevo algún tiempo conectándome a esta web, he disfrutado leyendo todo tipo de relatos eróticos y hoy al igual que tantos otros he decidido dar el paso y escribir uno para que la gente disfrute con él tanto como yo lo he hecho con los suyos.
Puestos a escribir qué mejor que contar una historia real y propia que me sucedió hará unos tres años durante el verano de 1997.. no cambiaré los nombres reales de sus personajes, pues opino que no citar dónde se sitúa la historia ya la hace suficientemente anónima.
Estaba siendo un verano muy caluroso, había reunido en casa a unos cuantos amigos para celebrar mi cumpleaños, tomando un aperitivo y unas copas antes de salir de marcha por los bares que normalmente frecuentábamos, se acercaba ya el fin de la fiesta y las copas de champán ponían el toque final a la misma.
Empecé a recoger las botellas vacías para dejar la casa limpia pues aunque mis padres se encontraban de vacaciones, mi hermano todavía venía de vez en cuando y no quería que la encontrase en malas condiciones.. mientras, la mayoría de mis amigos iban saliendo del piso en dirección al pub donde solíamos quedar con el resto de gente con la que normalmente salíamos.
Cuando acabé de recoger me di cuenta que solo quedaban tres personas en la casa, Luis uno de mis amigos que había aprovechado para ir al servicio antes de salir a la calle, Silvia una de las pocas chicas que habían venido a la fiesta que se encontraba sentada en uno de los sofás del salón y yo que todavía tenía que arreglarme y esperaba a que Luis acabase para entrar a ducharme.
Fue entonces cuando ocurrió, Silvia se levantó del sofá y empezó a andar torpemente en dirección a la puerta, yo desde el pasillo miraba intrigado sus curiosos movimientos, parecía borracha, de pronto ella cayó redonda encima de la alfombra.. mi primera reacción fue levantarla del suelo y llevarla en brazos nuevamente hasta el sofá donde la recosté mientras la intentaba despertar llamándola por su nombre, ella apenas acertaba a balbucear una respuesta.. a todas estas oí cerrarse la puerta de mi casa, mas tarde supe que Luis que había observado parte de la escena desde mi posición inicial en el pasillo pensó que me estaba liando con ella y puso tierra de por medio para dejarme, como buen amigo, el campo libre, decidí dejarla tumbada en el sofá mientras me daba la ducha para ver si en ese tiempo se recuperaba y podíamos unirnos mas tarde al resto de amigos.
Llegados a este punto he de decir que conozco a Silvia desde hace más de ocho años, y que hacía unos meses atrás había empezado a gustarme.. ella no es una chica excesivamente atractiva, mide alrededor del metro sesenta, ojos marrones y pelo corto casi como un chico, físicamente es una bomba, le gusta lucir ropa muy ajustada, lo que le hace marcar unos pechos grandes y un culo bien formado de esos que la gente suele mirar por su forma prieta y redondeada y que ella sabe mover adecuadamente en los momentos que necesita llamar la atención.. aquella noche llevaba un vaquero muy ajustado que realzaba notablemente su espléndido trasero y un top blanco de una o dos tallas menos que la que utiliza habitualmente por debajo del cual se podía adivinar las líneas trazadas por su ropa interior también en el mismo color.
Volví de darme la ducha, ya preparado para salir y descubrí que ella todavía permanecía dormida, nuevamente intente reanimarla moviéndola bruscamente mientras la llamaba por su nombre, llegué incluso a pegarle una bofetada para ver sí eso la hacia reaccionar, pero no hubo manera, seguía totalmente groggy.. para entonces ya habían comenzado a pasarme por la cabeza todo tipo de ideas de cómo aprovechar la situación para mi propio beneficio.
Susurré nuevamente su nombre al oído pero esta vez lo acompañe con un suave beso en su mejilla, repetí varias veces la operación acercándome en dirección a sus labios hasta que al final cuando por fin iba a alcanzar mi objetivo ella movió la cabeza ligeramente como si fuese a despertar, imaginé que lo primero que haría seria cruzarme la cara de un guantazo, pero al contrario de lo que esperaba se irguió y me besó, volviendo después nuevamente a recostarse, sin llegar a saber si ella sabía que estaba ocurriendo o no, me acosté a su lado en el sofá y seguí besándola ahora ya con más decisión durante unos minutos.
Conforme iba incrementando el nivel de mis envites, su agitación iba creciendo, ella por su parte empezaba a participar, me rodeó con uno de sus brazos me subió la camiseta y empezó a acariciarme la espalda, para facilitarle el trabajo acabe quitándomela.
Decidí que era hora de pasar a mayores y le fui subiendo poco a poco el top, hasta pasárselo por la cabeza y dejar al descubierto su ropa interior, metí por encima de su sujetador la punta de los dedos hasta alcanzar sus pezones y me entretuve jugueteando con ellos, al poco rato me di cuenta de que algo no encajaba, la aureola de sus pezones era demasiado gruesa, no es que sea un experto en pechos, pero aunque he visto aureolas grandes nunca las vi de ese grosor.
Le solté como pude el elástico del sostén y comprobé un poco defraudado la causa de tal anomalía, ella usaba relleno, sus pechos, pequeños, apenas se despegaban del cuerpo, teniendo en cuenta el tamaño de las aureolas de los pezones, estos parecían más gruesos, tras un primer instante de decepción, me di cuenta de que tenia ante mí algo que había estado deseando durante los últimos meses, me puse a lamerlos hasta conseguir que se pusieran duros como piedras, una vez logrado mi objetivo, el espectáculo era totalmente diferente, eché la cabeza hacía atrás para poder verlos bien y nuevamente me volví a acoplar esta vez succionando como un poseso hasta quedar bien saciado.
Para entonces ella lucía una amplia sonrisa, aunque yo creía que todavía no era consciente de la situación, yo mientras seguía a lo mío, le desabroché los botones del vaquero para aflojarle la cintura un poco y conseguir meter las manos por debajo del mismo, palpé sus nalgas con ambas manos y descubrí que la muy zorra no llevaba bragas, no me lo podía creer, enseguida le di la vuelta e introduje una mano por debajo del jean, quería comprobar si estaba mojada, busque con las dedos hasta encontrar su rajita y para mi sorpresa note que sí llevaba ropa interior, para desvelar el misterio no me quedó mas remedio que bajarle los jeans hasta las rodillas, me quede atónito, ella llevaba puesta una tanga de color blanco con encajes y alguna que otra trasparencia.
No es que fuese la primera vez que viese una en mi vida, pero como ya he comentado antes el trasero de Silvia es una autentica maravilla, y llevar puesta una tanga hacía que resultase aun más impresionante, fue en ese preciso momento cuando decidí que me la iba a follar.
Pensé que ese no era el sitio más cómodo posible, así que le volví a subir los vaqueros, me la eché al hombro y me dirigí al cuarto de mis padres donde nos esperaba una cama doble, recuerdo bastante bien ese momento pues estuve a punto de quedarme sin mojar, ya que al doblar la esquina del pasillo ella se golpeó la cabeza contra la pared, creí que eso la despejaría del todo y que se acabaría nuestra pequeña aventura, pero no fue así.
Una vez allí, la dejé caer sobre la cama y me dispuse a quitarle de nuevo los vaqueros, la tarea era difícil y complicada pues a lo ajustado de los mismos se unía ahora el tenerla tumbada, al final lo conseguí, aunque juraría que con algo de ayuda por su parte
La visión de ella tumbada sobre la cama sin más ropa que la tanga era espectacular, parecía una imagen sacada de una revista especial sobre el carnaval en Brasil.
Me desvestí completamente y fui hasta mi cuarto para coger una caja de condones que siempre tenía a mano para emergencias como esta, la verdad es que no sabía si ella tomaba anticonceptivos, no me apetecía despertarla para preguntárselo y desaprovechar esta ocasión, pero por otra parte no podía arriesgarme a dejarla embarazada.
Lo que mas me apetecía en ese momento era follármela , así que me puse un condón la abrí bien de piernas le saqué el tanga tirando del elástico y después de juguetear unos segundos con mis dedos en su rajita me recosté sobre ella le metí el capullo entre los labios de su sexo y me dediqué a refrotarlo hasta conseguir que estuviera bien lubricada, para por fin penetrarla sin compasión.
Noté una agradable sensación de calor recorriéndome la polla de delante hacia atrás según le iba entrando, una vez dentro y después de ver la cara de placer que ponía me puse como loco, empecé a embestirla a lo bestia intentando cada vez metérsela más profundo, tal era la fuerza de mis movimientos que apunto estuve de hacer que se golpease la cabeza con el cabecero de la cama.
Después de un buen rato de mete-saca sin llegar a correrme me di cuenta que quizá el alcohol que había bebido durante la fiesta me estaba jugando una mala pasada, después de todo en infinidad de ocasiones había llegado a casa un sábado por la noche sin compañía y bastante bebido, y al tratar de masturbarme recordando a todas las zorritas con las que me había cruzado en los pubs noches, solo conseguía una tremenda erección, pero sin embargo ni una sola gota de semen.
En efecto, como sospechaba, por más que bombeaba en el coño de Silvia, no conseguía eyacular, cansado y en parte desesperado saqué mi polla de su coño para comprobar que la tenía enrojecida y empapada de flujos vaginales.
CONTINUARÁ ...