AZOTAR.
Enviado por Gonzalo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Allí estaba yo en la habitación de mi hotel en Río de Janeiro, mirando aquella muchacha desnuda, preciosa, rubia, con melena corta, ojos azules, y un cuerpo de cine, del estilo de Unma Turhman, un bombón, con unas tetas divinas, dos conos llenos, elásticos, erguidos, con unos pezones de aureola amplia y que parecían los pitones de un toro. La cintura estrecha, y un triangulo de venus, pura delicia, de esos almohadillados, con un poco de vello, recortadito, que dejan ver la carne que cubre el clítoris.
Y yo sin ganas, creo que tengo que explicar que me pasaba.
Tengo 46 años, no soy un niño, y llevaba un día mortal.
Mi mujer, en Buenos Aires, me había dejado exprimido. La noche de anterior con un polvo salvaje, de esos que sólo una amante que se lo juega en cada momento nos proporciona. Por la mañana, casi en la madrugada, una mamada antes de salir.
Luego el viaje en avión, ir al hotel, dejar la maleta, reunirme con mi jefe. que había llegado de España, durmiendo como un señor, ir a tres reuniones de trabajo, almuerzo con clientes, cena con otros, caipiriñas, más caipiriñas,
Y luego a Barbarella con mi jefe. Barbarella es un club en Río, con cientos de putas, que andan medio desnudas, casi todas magnificas, y que las más guapas se desnudan en una plataforma agarradas a una argolla. Después de cenar y dejar a los clientes allí habíamos acabado mi jefe y yo.
El se buscó una mulata divina, y esta trajo a una amiga preciosa, la que estaba en aquel momento en mi habitación.
Y yo estaba agotado y no tenía ganas.
La di 100 reales, y le dije que se podía marchar.
Lo que cuento a continuación está en español, aunque la chica hablaba portuñol y había cosas que yo no entendía bien.
“¿No te gusto? . ¿No me he portado bien? “
“Estoy cansado, anda toma el dinero y vete tranquila, otro día será”
“Me he portado mal, no te he hecho feliz, no te ha dado sexo”
“Anda, déjalo”
“Castígame, he sido una puta mala. Merezco que me castigues”
Y ni corta ni perezosa, sacó el cinturón de mi pantalón y me lo dio, poniéndose a cuatro patas.
“Pégame, me lo merezco”
Me quedé sorprendido, pero ella insistió.
“Pégame, he sido mala “
Yo, agarré el cinturón y le di un par de golpes en las nalgas, redonditas y llenas. Se marcaron las huellas de los azotes, poniéndose colorados sobre el sonrosado de la piel.
“Mas, mas fuerte “
La volvía azotar.
“Sigue, sigue “
De pronto me di cuenta que me había excitado, mi polla cansada estaba empezando a estar en forma, ella que me veía por el espejo de pared a pared de la habitación me suplicó.
“Pégame más fuerte. Ven.”
Me puse frente a ella con el miembro en posición de ataque, y se lo metí en la boca.
Sabía chuparla , mi mujer lo hace bien, pero aquella puta era una gozada.
“Espera” – se levantó y sacó del bolso un condón, se puso en la boca, se arrodilló frente a mí, y me lo calzó en mi pija. Fue delicioso esa forma de ponerme el preservativo. Yo estaba empalmado, se volvió a poner como una perra, pero esta vez sobre la cama.
“Por favor, sigue pegando a tu niña mala “
Esta vez, no usé el cinturón, fueron mis manos las que dieron azotes en aquel culo precioso.
Le metí el dedo en el coño . Estaba chorreando. Me separé, y como un torero que entra a matar, se la clavé.
Cuando notó mi estocada, comenzó a moverse como una condenada. Lo bueno de las brasileñas es que con tanta samba mueven la parte baja del cuerpo como batidoras. Ondulaba, se movía adelante y atrás, giraba. Yo empujaba como un loco, a veces casi la sacaba y luego la clavaba hasta que daba con los cojones contra las nalgas. Y no dejaba de darle azotes. Tenía la carne roja, de tanto golpe.
Chillaba, pidiendo mas y más.
Se la saqué del sexo, la paré, la dejé quieta. Y apunté mi polla a su agujero trasero. Lo apoyé, estaba cerrado, pero poco a poco empujando se la metí hasta dentro.
¡Qué gozada! , Lo estrecho del camino me apretaba la minga, como un guante, me quedé parado con toda ella dentro.
Y de nuevo empezó su vaivén. La verdad que el haber llegado tan cansado tenía ventajas, pues de no haberme sacado mi mujer todo el semen hacía poco, me hubiera corrido enseguida. Pero así podía disfrutarlo mas rato.
Empezó a agitarse y a gritar. Se estaba corriendo en un orgasmo al que mis azotes daban ritmo.
Yo no podía mucho más.
La saqué, me quité el preservativo, con mierda y le volví a meter la polla en la boca.
Me la chupó, pero muy poco pues se dio cuenta que yo iba a soltar el chorro de leche. Se bajó de la cama, se arrodilló ante mí y con tres o cuatro sacudidas hizo que me empezara a correr.
La mojé la cara y las tetas.
Me tumbé en la cama, estaba derrotado pero feliz.
“¿Le ha gustado como se ha portado su putita brasileira”
Se vistió, yo seguía en la cama.
“¿ No merezco un premio?”
Le di 100 reales más y la acompañe a la puerta. Salió y me quedé pensando que hay cosas que uno no espera que le diviertan tanto.

 

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