1990. Con mis 27 años de edad recién cumplidos me trasladaron a un nuevo sector de la empresa donde hacia 1 año había comenzado a trabajar. Mi nuevo destino era una oficina de atención al público. Cuando me presente ante el gerente general, este me explico mis nuevas tareas y me presento a mi jefe directo.
M. de 34 años era morena de pelo corto, buenas caderas y unos labios alucinantemente carnosos. Era madre soltera, de una pequeña niña de 5 años de edad y llevaba bastante tiempo en la empresa.
M. era muy eficaz y se tomaba su trabajo con responsabilidad. Me enseño sin mezquindades todos los secretos de la oficina y rápidamente nos hicimos compinches. Yo nuca la defraude, nunca puse excusas para quedarme después de hora, aun sin recibir compensaciones económicas a cambio.
M. empezó a confiar en mí cada día más y me convirtió en su amigo y confidente sentimental. Ella estaba saliendo con un hombre de su edad que trabajaba de camionero, por lo que lo veía cada 15 o 20 días, debido a sus continuos viajes.
Tanto era el dialogo que manteníamos, que llego en poco tiempo a detallarme con lujo cada detalle de ella y su novio cuando mantenían sus apasionados encuentros amorosos. A ella le encantaba el sexo oral y anal.
En fin, tanto trabajo después del horario de oficina tuvo su recompensa. Me incorporaron a un selecto grupo, que hacia horas extraordinarias muy bien remuneradas y al cual M ya pertenencia. Había pagado lo que denominan derecho de piso y ahora era el momento de recoger lo sembrado.
Unos de esos días de trabajo extra, M. se saco sus sandalias, ya que hacia calor y se le habían hinchado los pies y me pidió permiso para colocar uno de sus pies en el asiento en que yo me encontraba sentado. Estábamos trabajando en un escritorio uno frente al otro. Le dije que si, ya que como les digo nos teníamos un afecto y una confianza mutua, como si nos hubiéramos conocido de toda la vida.
M. en cierto momento, como al descuido me rozo la entrepierna y antes que reaccionara me pidió disculpas por haberme tocado, le dije que no se preocupara y para mi asombro repitió el movimiento, pero esta vez, apoyo con más fuerza los dedos de su pie sobre mi pene mientras se sonreía picadamente. Mi instrumento reacciono con una fuerte erección, se paro como un resorte e instintivamente me aleje de su pie.
Ella insistió y sentadote en el borde del asiento me alcanzo nuevamente, ya no con sus dedos, sino con la parte superior de la planta de pie, comenzando a sobarme sin ningún tipo de pudor. Estuvo haciéndolo como 1 minuto y yo agradecí que no hubiera nadie en ese momento en la oficina.
Rápidamente ella saco su pie y me dijo que estaba loca, que “mejor lo dejábamos así porque íbamos a terminar mal”. Así descalza se dirigió al baño de damas dejándome totalmente excitado.
Dude un momento en quedarme o seguirla, pero solo fue un momento y me dirigí tras ella.
M. me miro y me dijo “estamos locos no”. Yo no le conteste, la abraze y por primera vez nos besamos en la boca. Introduje mi lengua en su boca y ella me la comenzó a mamar, me tomo la lengua con sus labios y me la chupaba como si fuera un pene. Yo le acariciaba frenéticamente los pechos y comencé a subir su vestido para alcanzar rápidamente su cola y luego su concha totalmente humedecida. No encerramos en el baño y ella me hizo sentar en el inodoro, mientras se quitaba la bombacha, se sentó sobre mí y comenzó a cabalgarme lentamente, mientras me besaba y acariciaba mi nuca.
Yo prácticamente no me movía, solo atinaba a apretar sus pezones erguidos y tocar su ano suavemente. Era M la que manejaba el ritmo. En realidad, la que me cogio fue ella, cuando tuvo su orgasmo se estremeció y temblando me pidió que no acabara dentro de ella porque no se cuidaba y estaba ovulando. Mi pija estaba a mil y a punto de reventar. M. se siguió moviendo, ahora muy lentamente de manera muy sensual y me pidió que le avisara cuando me venia. Así lo hice y en ese momento se incorporo y se arrodillo ante el inodoro y me comenzó a mamar desesperadamente. Me chupo la cabeza, tomo mis testículos acariciándolos con la punta de sus dedos y con mi pija llenadole la boca comenzó a masturbarme. Los ojos me daban vuelta y no pude contenerme y explote en su boca increíble y en esos labios carnosos que me succionaban con pasión.
Se trago toda la leche y se quedo unos minutos con la pija en la boca esperando que se me bajara. Por supuesto que esto no ocurrió y tuve que salir de aquel baño con una terrible erección que apenas me dejaba caminar.
Así me transforme de confidente y amigo, en amante entre los días de trabajo. Hicimos muchas cosas. Pero la que sin duda no podré olvidar es el primer encuentro y lo que ocurrió un par de semanas después.
Era uno de esos días donde el trabajo nos sobrepasaba y en la que este grupo selecto se quedaba un par de horas más. Ese día éramos 10 los empleados que se quedaron. Al mediodía llego la hora de almorzar y algunos salieron a comprar comida y otros como M y yo y otros compañeros nos encerrábamos tras los armarios para no quedar a la vista del publico y de los jefes de área.
Les detallo la situación, en un rincón de la oficina junto a dos paredes totalmente vidriadas de pared a pared y donde inclusive el techo también era de vidrio, lo que nos permitía ver parte de los pisos superiores, estaban un par de viejos armarios que median mas de 2 mts de altura y otro tanto de largo ubicados uno frente al otro. De esta manera, al abrir una de sus puertas laterales, los armarios nos permitían cierta intimidad para almorzar. Me encontraba sentado en una banqueta y había terminado al igual que M de almorzar unos sanwichs y me dedique a leer el diario.
Mientras lo hacia M. comenzó a tocarme la pija y a franelearmela, mientras observaba por el reflejo que nos brindaba el techo de vidrio si alguno de nuestros compañeros de trabajo que estaban sentados en los escritorios a menos de 10 mts. Se acercaba.
Me pare y cambiamos de posición M. se sentó en la banqueta y yo introduje mi mano bajo su pollera, corrí su bombacha y comencé a masturbarla lentamente. M. tuvo un orgasmo en mi mano mientras mis compañeros ni se percataban de la situación.
Ella me dijo “no aguanto mas te la quiero chupar ya”, corrió la banqueta de lugar y se sentó de frente a la puerta de entrada de nuestra improvisada oficina, mientras que yo me coloque de espaldas a la puerta del armario para frenar el paso de cualquiera que se acercara.
Tome el diario y lo abrí sosteniéndolo con mis dos manos. M. sentada en la banqueta se inclino y me desprendió los botones del jeans bajo el cierre y soltó mi miembro. El pobre esta a mil y todo empapado de liquido preseminal.
“M” me paso la lengua como comiendo un rico helado, recorría mi tronco y subía por el hasta llegar al orificio del glande, luego lo introducía en su boca y me succionaba apretándome con los labios, repitió esta operación varias veces y cada vez que llegaba al orificio este emanaba un abundante liquido transparente.
Estábamos a full y ella me decía en voz baja: “controla que no venga nadie”, “te estoy gozando”, “me acabo papito”, “me acabo papito”, me viene repetía una y otra vez.
“M” tuvo varios orgasmos uno de tras de otro y dijo: “dámela toda” “me la quiero tragar”. En un veloz movimiento, me bajo apenas los jeans y me libero los huevos y de una se los metió en la boca, su boca caliente y su lengua jugaban con mis testículos mientras con una mano no dejaba de masturbarme.
M dejo mis huevos completamente empapados de saliva y se introdujo la verga en mi boca apretándome con sus labios carnosos, no lo resistí más y me descargue dentro de ella inundándole la garganta. M no se separo ni un momento de mi verga y siguió sorbiendo mis jugos hasta sacarme la última gota. Este relato es real y ha sido una de mis experiencias más gratificantes.
Espero comentarios y sugerencias
un beso gabriel