LA INOCENTE RAQUEL
Enviado por Hermano el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Esta historia le pertenece a mi hermano. Me pidio que la mandara. Espero
les guste:

Yo vivía en un apartamento. Una vida tranqui, hasta que ella llegó al
edificio. Era la cosa más bonita que jamás había visto. Cuando llegó por
primera vez, llevaba puesta una remerita amarilla y un short jeans que le
quedaba precioso. Era rubia, de pelo rizado y carita más que hermosa e
inocente. Pero ese día mí atención estaba prácticamente puesta en sus
preciosas piernas, ella era petiza, de piel lechosa, así que tenía unas
piernas que era imposible no mirarlas.
Al entrar de nuevo a mi casa, no podía dejar de pensar en ella. Realmente
estaba buena, y tenía tantas ganas de decírselo. Un día, dos semanas
después de que ella llegó, no aguanté más y cuando pasó, (ella vivía frente a mi
apartamento) vistiendo un vestido corto de encaje, y una camisita, le
silbé y le dije "..qué par de piernas"...
No pensé que se enfurecería tanto. Me dijo: "..¡ENFERMO!!!".. y se alejó.
Poco después, le envié una carta pidiéndole disculpas, y me la regresó
toda rota. Desesperado, hablé con una vecina para saber por qué razón ella se
comportaba así. Fue entonces cuando me enteré de que ella estuvo internada
en un orfanato católico que terminó disolviéndose cuando se descubrió que
el sacerdote dueño del lugar se acostaba con una de las monjas. Fue así como
ella se quedó sola, y tenía mucho rencor hacia los hombres.
Esa historia me dio mucha pena, saber que ella era tan inocente. Luego me
enteré de que solo tenía 17 años.
pasó un año entero y yo en pena por ella.
Las cosas se ponían cada vez peor, por que como teníamos ciertos bolsos de
equipaje iguales, nos confundimos de bolso. Qué garrón, encima tenía mis
revistas porno ahí, y mi diario íntimo donde había escrito muchas cosas
referentes a ella. Tenía un miedo bárbaro de lo que podía pasarme.
Bueno... al regresar del trabajo, encuentro con que ella me estuvo
esperando. Yo estaba muerto de miedo al llegar, no sabía que esperar.
- tengo que hablar con vos. Es sobre la confusión de los bolsos -.
Yo me quedé helado. No se como la hice pasar y le di asiento. Me senté
frente a ella y esperé al regaño merecido.
-Leí tus revistas y lo que decía tu diario. Por eso vine hasta acá -.
Me traté de adelantar a lo que creía que iba a decir:
- Por favor, no le cuentes esto a la policía, yo te prometo que no voy a
hacerlo mas, es que...-.
- ¡Escuchame!!- fue su reacción, a lo que me callé y esperé.
-Bueno, te decía... leí tu diario, y como no entiendo algunas cosas, y se
supone que no debía leerlo, no le presté mucha atención. Pero cuando
llegué a una parte... yo... no sabía que los hombres tenían ese lado
sentimental -.
- No entiendo. ¿Qué tratas de decirme? -.
- Pasa que en el orfanato donde crecí me enseñaban que los hombres eran
seres malos, sin sentimientos, y que solo podía confiar en las mujeres.
Pero la maestra misma nos engañó. En cambio, todas las cosas medio raras que
escribiste sobre mi... después decías que te sentías mal, al verme como
una niña, y... sos el único que piensa eso de mi. Pero hay cosas que también
yo no sabía, y si no hubieses escrito sobre eso, jamás me iba a enterar -.
-Bueno... - suspiré aliviado, y seguí - pero, no entiendo a qué querés
llegar -.
- Que ya no quiero estar en ignorancia en cuanto a los hombres. Y quiero
despertar esa parte de mí que nunca dejé salir. Para eso, quiero que me
enseñes todo lo que sepas -.
- ¿De qué cosa? le pregunté nervioso, aunque presentía de qué.
- Del sexo. Cómo se hace, cuando, cómo es la masturbación, qué otras
formas de tener sexo hay... y cómo hablar de manera vulgar, grosera, para estar a
la par con los hombres -.
Esas palabras me pusieron más que a mil... a millón.
- ¿Entonces? ¿Qué me decís? ¿vas a enseñarme?¿o ahora no tenés tiempo?
A decir verdad, yo había acordado de encontrarme con un amigo para jugar
tenis, pero mi otro "..amigo".. tenía una urgencia mayor
- ¡No, no, para nada! Tengo todo el resto del día libre -.
- Bueno. Pues... empecemos. ¿De qué hablamos primero? -.
- Y... ¡no sé! ¿Qué es lo que querés saber? no sé qué le podría enseñar a
una chiquilla de 18 años -.
- Bueno... entonces yo pregunto: ¿como le dicen ustedes "..masturbarse".. de
manera vulgar? -.
Me costó hablar... no estaba acostumbrado a mis 24 años a hablar sobre eso
con una chica de 17.
- Bueno... le decimos... hacerse la paja, o pajearse -.
Me miró con ojos de curiosa.
- me gusta como suena... ¿tu la haces? -.
Cada vez era más difícil responderle.
-Bueno... si, lo hago mucho. A veces lo hago tres veces por día -.
- Guau... y, ¿Piensas en alguna chica cuando lo haces?
- Sí... me hace sentirlo mejor -.
-¿ lo hiciste alguna vez... por mí?
Esa fue una de las preguntas más difíciles de contestar.
- ¿Y si... respondo que sí? ¿Qué me harás?
- Nada. Me sentiré halagada -.
- En ese caso... sí, te dediqué muchas pajas -.
- ¿cuantas? -.
- Uffff.... muchísimas. Es más... incluso ayer te dediqué una bien
sonora -.
- Ya lo sé -.
- ¿Ehhhh?- respondí, preocupadísimo.
- Sí, te estuve escuchando -.
- Ay, no, qué vergüenza... no me veas la cara...-.
- ¡No, no importa!!! Es más, para que te sientas mejor, te contaré un
secreto... Cuando noté que te estabas haciéndola, me recosté en mi cama y
metí la mano debajo de mis bragas. Recordé todo lo que había leido sobre
masturbarse en tus revistas. Al escucharte, me empecé a excitar, y la
empecé a hacer yo también. No sabía si iba a...
¿Cómo se dice cuando uno tiene un orgasmo?
- Correrse... dije, nerviosisimo.
- Eso... si, correrme. Pero entonces sentí una sensación en mi vagina, y
me di cuenta de que iba a suceder. Tensé las piernas por reflejo... y me
empezó
a salir jugos. En ese momento, creo que tu también te corrías, por que
dijiste mi nombre.
- Raquel, yo... no sé qué decirte. Me he estado guardando esto tanto
tiempo... que...-.
-Pues no lo guardes más. Solo dime si te gusto o no. Necesito saberlo -.
No me pude mantener más en mis cabales. Le dije toda la verdad.
- Esta bien.... te lo digo porque no aguanto más. Me recontra gustás, te
miro y no me banco las ganas de mirarte, te deseo, te tengo ganas, te
quiero hacer las cosas mas pervertidas que pueda -.
Ella me miró... y me sonrío con dulzura. Miré sus ojos, su apariencia tan
de niña... no podía pervertir a una niña así, por más hermosa que fuese.
- vos solamente mirás mis piernas, por que es todo lo que muestro. ¿Vos te
hacías pajas solo pensando en mis piernas?
Ya no supe qué responderle... estaba tan fuera de mí... no podía creer que
eso me estuviera pasando.
- No solo mis piernas son lindas. Tengo una proposición para vos -.
- ¿Cual?
- Quiero que seas el primer hombre que se haga una paja frente a mí. Yo me
voy a desnudar para vos -.
No sabía como responder. Pero ella me llevó de la mano hacia mi cama. Me
hizo recostarme se paró enfrente de mí
Empezó a bailar y a desnudarse. Había aprendido danzas árabes, por lo que
su tripita se movía de una manera tán sensual, y más cuando empezó a
quitarse la ropa... me di cuenta como nunca lo buena que estaba.
Yo no aguanté más. Me quité el pantalón, me bajé un poco los boxers que
traía, y dediqué mis manos a deleitarme con una paja mas que agradable. Ella, asombrada por ver por primera vez
pajear a un hombre, trato de ser lo más excitante posible.
Pasaron dos o tres minutos, y de pronto sentí que me venía.
- Me... me voy a correr... -. Le avisé. Ella puso la mirada atenta, sin
dejar de bailar, y se acercó para verme como me corría. Por fin, un chorro
de leche tras otro empezó a salir a borbotones. Con cada punzada de placer
y cada chorro, decía su nombre. Ella, al escucharme decir su nombre, se
sintió más que excitada.
Jadeando, me acosté para descansar. Cuando miré hacia ella, sus ojos
estaban cerradísimos y se estaba moviendo y temblando. Me di cuenta de que se
estaba masturbando... y dejé que lo hiciera. Abrió sus ojos y me miró. Sonrió con
mucha dificultad.
- Que hermosa que sos... siempre quise verte masturbándote... por fin mi
sueño se esta cumpliendo... - le dije para animarla, cosa que sucedió. No
pasó mucho hasta que empezó a correrse. Expresó al máximo como gozaba,
gimió
muy fuerte, temblaba y se contraía. Al terminar, estaba cansada.
Descansamos un rato... y luego le dije:
-Vení... quiero tocarte todo -.
Bueno... - me respondió y se acostó al lado mío.
- pero.... no sé. Por que quiero hacer un poquito de escándalo mientras te
toco -.
- No, dale, gemí, hacé lío, lo que quieras -.
Empecé tocando con una mano su tripita, y con la otra sus tan deseadas
piernas. Pero no tardé en ir directo a sus pechos. Para su edad, tenía
unos pechos bastante grandes. Empecé a estrujarlos y a apretarlos.
Lancé gemidos de placer, le decía lo rico que se sentía. Ella no dejaba de
mirarme tiernamente.
Mi polla no tardo en crecer de nuevo. Pero me detuve. No quería que se
asustara por el dolor.
- Querés cogerme,¿ no es así?
- Si , pero... -.
Se levantó y se puso de cuatro patas en la cama y volvió a mirarme.
- Haceme superar el miedo. Me tenés ganas, y quiero que te las saques -.
La tomé de la cintura y la recosté en la cama, abriéndole las piernas.
-En esta posición te va a doler menos. Yo quiero que vos también goces,
por que quiero verte. Eso significa mucho para mí -.
Me miró sonriéndome, conmovida, y dejó que yo me acercara. Empecé a
lamerle el coño para dilatar su himen.
Ella empezó a contraerse, y sus piernas tan lindas empezaron a tensarse.
Cuando estuve seguro de que estaba dilatado, puse mi polla entre los
labios de su coño y la sumergí con cuidado, cosa difícil ya lo que había esperado
hacia mucho tiempo. Me moví con suavidad, para que no le doliera, pero
cuando abrí mis ojos, pude ver como ella luchaba por romperse el himen a
pesar del dolor. Entonces la ayudé y empecé a darle más fuerte y a dejarme
llevar.
Cuando sentí que el himen se rompió y ella empezaba a sentir más placer,
empecé a moverme lo mejor que pude.
Su carita me anunciaba que se corría, así que empecé a hacerlo más rápido.
También yo me venía, y entonces no sabía si correrme dentro de ella. Pero
las ganas me ganaron. La estrujé con fuerza y sentí sus jugos mojándome la
polla. No aguanté más y lo largue todo. Ah... de solo recordarlo, cada
punzada era un chorro más que largaba.
Finalmente, cansados, nos acostamos a descansar.
- ¿oye... no te irás después de esto, o sí?
-¿ Adonde iría? La casa que alquilo hace 2 meses que no la pago... no
tengo
a donde ir -.
-¿y si vienes conmigo? podríamos volver a vivir muchas veces esto -.
Lo mejor fue que dijo que sí. Se quedaría conmigo. Tuvimos otra hermosa
sesión, pero eso lo dejo para más tarde.
saludos para todos los lectores.

 

Menu de navegación: Escorts Barcelona - Escorts Madrid - Escorts Zaragoza - Acompañantes Barcelona - Acompañantes Madrid - Acompañantes Zaragoza

Escorts Acompañantes Zaragoza Escorts Barcelona Escorts Madrid

Escorts Barcelona Escorts Madrid Escorts Zaragoza Contactos Eroticos

Copyright © 2008 EscortsOnFire.com - Todos los derechos reservados | Powered by Gemidos.com.ar | Diseño y programación EscortsOnFire.com | Sitemap