Cuando uno anda con suerte, hay que aprovecharla, decía mi padre. Me llamo Javier y ya conté una historia que me paso con mi vecina.
Pero esto es diferente ya que me costo mucho tener sexo con esta chica, primero por que yo tengo (como ya dije) 40 años, ella tiene 19, sumado a que es hija de un gran amigo.
Todo comenzó cuando Miriam (la chica en cuestión) decidió mudarse con su padre (antes vivía con su madre en otra ciudad). El padre y amigo, y cliente (le estaba realizando una obra, ya les dije que soy constructor) me confirió el cuidado de la nena mientras se adaptaba a la nueva ciudad, ya que le había costado mucho convencerla para que trabajara con el en su empresa. Yo tenia tiempo, así que la llevaba a realizar tramites, la ayude a mudarse, etc. Enseguida hubo onda, ella se sintió protegida y cómoda con mi presencia. Yo la veía como una hermanita que tenía que cuidar y aconsejar. Pero las hormonas empezaron a trabajar. Ella es baja,1,60, morocha azabache, pelo largo, piel blanca, ojos negros, unos pechos chicos pero armoniosos, pero su cola es un poema. Usa tanguitas chiquitas, que se meten sin piedad en sus hermosos glúteos, trataba de no verla pero era imposible. Generalmente viste con pantalones ajuntados de tiro bajo y top que deja ver su hermoso abdomen. En varias oportunidades se me cruzo por la cabeza tener algo con la nena, pero la amistad y mi condición de casado me traían a la realidad.
Pero paso. Una mañana, después de recorrer las obras, me llama al celular, me pide si la podía llevar al centro de la ciudad para comprar artículos del laboratorio para la empresa de su padre. Combinamos en una hora y nos encontramos. Estaba hermosa, con un perfume que te mareaba. Me contó que se haría cargo del laboratorio y que de esa manera colaboraría con su padre, la felicite, pero vi. en su cara un dejo de tristeza. Le pregunte que le pasaba, me contó que debido a la distancia que la separaba de sus amigos no tenia con quien hablar. Le dije que pronto encontraría amigos en la nueva ciudad y que por supuesto podía contar conmigo. De golpe me pregunto hasta cuanto podía contar, le dije que lo que quisiera. Me pidió que detuviera el auto, lo hice en la banquina, se acerco y me beso, primero en la mejilla y luego muy cerca de mis labios. La verdad que me asuste, no lo esperaba, le dije de mi condición de amigo de su padre, de mi condición de casado, etc. En otras palabras, la rete como a una niña. Bajo la cabeza y se puso a llorar. Me partió el corazón y me sentí re culpable, la abrase con cariño y sentí sus lagrimas en mi rostro. Admito que se me cruzo besarla, pero no podía dar marcha atrás a mi rechazo, en cambio le dije que la quería como una hermana, etc. Se calmo y seguimos viaje. Desde ese día nuestra relación cambio, se puso fría y distante. La entendí, pero la extrañaba, mi pelea interna me tenia re mal, cargo de conciencia, tristeza y calentura.
Una tarde me llama el padre para que fuera a buscar a su hija al centro, casi le digo que no podía, pero necesitaba hablar con ella, blanquear nuestra situación, me sentía un adolescente que va a buscar a su primer novia. Cuando llegue se sorprendió, creía que iría a buscarla su padre. Subió al auto sin siquiera saludarme. Busque palabras para decirle algo, pero estaba nervioso, no sabia que decir, que estupido me sentí, después de todo ella era una nena. Mientras pensaba la que hablo fue ella, me dijo que se sentía mal por lo del otro día, que ella también me quería, pero que también se sentía atraída sexualmente, que ella era franca y no ocultaba nada cuando sentía. Me dio una lección de humanidad, será que uno cuando se pone maduro pierde sensibilidad. Aunque no lo crean se me cayeron las lagrimas. Le pregunte si quería tomar un café, me dijo que a un hotel o nada. No dude, fuimos a un hotel. Entramos, nos besamos, con un poco de violencia de su parte, pero la calme y la bese con mucha dulzura. La chica estaba que volaba, le dije que despacio, teníamos tres horas. La desnude despacio, besando cada rincón de su cuerpo, su piel se estremecía, acaricie sus pechos, su cola y sus labios vaginales, estaba re mojada. Me desvestí y la invite a bañarnos, nos metimos en la ducha, no besamos profundamente, nuestras lenguas jugaban excitadas. Me arrodille, levante su pierna en mi hombro y lamí con suavidad su hermosa concha, se dejaba hacer, le introduje la lengua, luego un dedo, su orgasmo fue extraordinario, no dejaba de agarrarme de la cabeza y temblar, estallo en un grito agudo y profundo. Casi se me cae. Me dijo que nunca había acabado de esa manera (mi experiencia estaba dando efecto). Le pregunte si había hecho una mamada a algún hombre, mintió dijo que si, nos fuimos a la cama me acosté boca arriba, me agarro el miembro con fuerza y casi me lastima con sus dientes. Le enseñe a chupar como si fuera un helado, la cosa mejoro, subía y bajaba según le indicaba con mi mano, le enseñe a lamer las bolas y el ano, le gusto, al rato estaba hecha una experta. La coloque boca arriba, me puse un forro y la penetre con suavidad, fue fácil, estaba muy caliente, cabalgue un rato largo, su cara denotaba una amplia sonrisa y rasgos de estarla pasando bien, la puse en cuatro, me dijo que nunca lo había hecho por atrás, le dije que eso en otra oportunidad. Me dedique a chupar su cola y su vagina, terminantemente le gusta el sexo oral, se retorcía de placer y volvió a tener otro orgasmo en mi cara y dedos. Me tocaba a mí, me puse boca arriba y se subió introduciendo mi pene en su concha, la bese y le chupe los pechos, pellizcado sus pezones, empezó a subir y bajar al ritmo que le imponían mis manos, acabe como hacia mucho que no lo hacia. La bese profundamente y nos recostamos uno al lado del otro, no podía dejar de acariciar su cuerpo. Nos prometimos repetirlo y guardar nuestro secreto.
Era como tener una mujer a la cual enseñar todo, estaba dispuesto a hacerlo, lo haré.