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Sí, lo admito, tengo corazón de pollo.... |
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Enviado por anonimo el día Jueves 24 de Julio de 2008 |
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Sí, lo admito, tengo corazón de pollo. Soy la clásica chava que se enamora luego luego y sufre mucho cuando pasa algo. Soy a la que siempre le rompen el corazón y se enamora de un imposible o de un canalla. Si lloro con los comerciales de comida para cachorros, imagínense cuando me cortan o algo así! Pero saben quién está siempre ahí para apoyarme, consolarme, regañarme y decirme que soy muy bruta? Mi mejor amiga, Dulce! Muchas veces he dicho que Dulce sí es una cabrona. Luego, en mis momentos de sufrimiento y que me sale lo Marga López, Dulce, con su delicadeza de siempre, me dice “No inventes! No seas pendeja y deja de sufrir a lo menso. Ese güey no vale la pena y ni se va a enterar de que estás sufriendo”. Y me da unas aterrizadas bastante buenas. A ella también le han roto el corazón, pero su forma de tomarlo es diferente. Claro que hemos llorado juntas y nos hemos puesto guarapetas “por ellos, aunque mal paguen”. Muchas veces he pensado que esa apariencia es sólo una coraza porque en el fondo es muy sensible y muy noble. Bueno, pues ese día su familia había salido de vacaciones. Un drama eterno es que Dulce no jalaba mucho con su familia. Ya habían estado 2 días fuera de la ciudad y todavía faltaban 3 más para que regresaran. Yo a cada rato me quedo a dormir con Dulce, así que en mi casa ya ni les extraña. Ese día le hablé llorando porque el imbécil que me invitó al cine me estaba besando y manoseando (muy rico) y se enojó porque le pregunté “Oye, y tú y yo qué somos?”. El idiota nomás me quería para coger y ya! Me sentí tan usada… Lo peor del caso es que me gustaba mucho el chavo y me había excitado bastante. El motivo era más clásico para que acabara en casa de Dulce tomando tequila con ella. La noche llovía a cántaros y le dije que si me podía a quedar a dormir con ella. Por supuesto que aceptó, me prestó una camisetota a modo de camisón y nos acostamos en la cama. Todavía lloraba y Dulce me abrazó diciéndome que ningún hombre valía mis lágrimas y me besó la mejilla. Me sentía tan bien entre sus brazos. Era como si así, acurrucada en ella, nada malo me pudiera pasar. Alcé la cara para verla y le dije “Ay, Dulce! Si hubiera un hombre como tú me enamoraría inmediatamente de él”. A lo que me contestó “Y si yo fuera hombre me enamoraría de una mujer tan tierna y bonita como tú. Por eso me da coraje que te topes con puro inútil que no aprecian lo que vales”. Y nos besamos. No me pregunten quién besó a quién, o quién empezó el movimiento. Sólo sé que nos besamos y fue un beso tan tierno y lleno de amor que era exactamente lo que necesitaba. Sentía que Dulce me quería muchísimo y siendo mi mejor amiga yo la quiero incluso más. Sin embargo yo seguía un tanto excitada por el idiota aquel y el beso me volvió a despertar la excitación. Me apreté a ella y nuestras lenguas se acariciaron mientras sentía su pecho apretado con el mío. Dulce no tiene mucho pecho, creo que es 34B, pero yo sí tengo el pecho grande y lleno un 38D. Acaricié su cara y mi mano bajó por su cuello, su pecho, su costado, su cadera… Deslicé la mano por debajo de su camisón, acariciando sus piernas y cuando las subí descubrí que llevaba tanga, así que recorrí sus pompas y las sentí redondas y firmes. Dulce, por su parte, me seguía besando y me acariciaba el pecho. De pronto me alzó la camiseta mientras decía “Siempre he tenido curiosidad de esto” y tomando mi pecho con una mano acercó sus labios a mi pezón. Hasta ese momento sólo habían sido caricias y un beso, pero Dulce posó sus labios alrededor de mi pezón dando un beso al que mi cuerpo reaccionó inmediatamente. Cubrió con sus labios mi pezón y lo sorbió un poco. Luego lo empezó a recorrer con la lengua sintiendo cómo se ponía cada vez más duro. Me quité la camiseta para poder sentirla sin estorbos. Mientras me besaba el pecho acariciaba el otro. Tomé con mis manos sus dos pechos y los empecé a acariciar y a jalar ligeramente. Sentí cómo sus pezones también se ponían duros, levanté su camisón y se lo saqué de un tirón. Nos besamos apasionadamente mientras nuestros pezones duros se encontraban. Ella deslizó sus uñas por mi espalda haciéndome arquear, lo cual aprovechó para volver a besar mi pecho, mientras seguía acariciando y rasguñando mi espalda. Mi pantaleta estaba empapada. Traté de sentir si la de ella estaba igual, pero por la posición no alcanzaba así que me zafé un momento de sus labios. Bajé mi mano y recorrí su entrepierna. Efectivamente, su pantaleta estaba muy mojada. Sentí el bulto de su monte de Venus y lo recorrí, sintiendo lo tibio de su vagina. Recorrí su rajita de arriba abajo una y otra vez. Fue ahora Dulce quien se arqueó y, como hizo ella, aproveché para besar su pecho. No sé qué era más rico, si sentir su vagina y sus labios con mis dedos a través de su tanga o sentir su pezón en mi lengua y cómo reaccionaba tanto con mis caricias como con mis besos. Con mi dedo medio hacía presión en la entrada de su vagina mientras el resto de mi mano presionaba todo con movimientos circulares. Ella se movió giró hasta que quedamos en posición de 69 y empezó, a su vez, a acariciar mi vagina. Yo traía unas pantaletas de algodón comunes y corrientes. Se sentía muy rico, pero se sintió mejor cuando Dulce me quitó la pantaleta y empezó a acariciarme directamente. También le quité la pequeña tanga y quedó ante mi su vello púbico, negro y ensortijado, perlado por la humedad de su excitación. Sus labios rosas se abrían esperando que metiera un dedo. Metí el dedo medio mientras trataba de seguir presionando y masajeando su clítoris. Con cuidado para no lastimarla con las uñas metí dos dedos y Dulce lanzó un gemido. Empecé a meter y sacar mis dedos de su vagina, mirando cómo entraban y salían fácilmente cuando sentí su lengua en mi vagina. Sentí cómo su húmeda y tibia lengua recorría mis labios y jugaba con mi clítoris. Era riquísimo. Moví mi mano más rápidamente, pues sentía cómo mi orgasmo se acercaba. Dulce empezó a mover su cadera de tal forma que mis dedos entraban aún más. Sin ninguna dificultad metí un tercer dedo mientras sentía cómo su lengua entraba y salía de mi. Su boca rodeaba mi vagina y la sorbía mientras su lengua entraba y salía rápidamente de mi. Empecé a gemir, yo sabía perfectamente cuando me iba a venir y movía mi cadera. Entonces Dulce se movió más y más deprisa. Sabía que ella también se iba a venir y eso terminó de excitarme. Tuve mi orgasmo de una forma tan violenta que me detuve para tomar aire. Dulce tomó mi mano y la siguió moviendo para que entrara y saliera de ella. En ese momento no quise otra cosa que sentir que se venía, así que moví rápidamente mi mano hasta que dulce empezó a gemir con fuerza y sus gemidos se volvieron gritos de placer y tuvo su orgasmo. Exhaustas nos acostamos abrazadas y nos quedamos dormidas. Al otro día, cuando desperté estaba sola en la cama, con la camisetota puesta. Me levanté. Dulce estaba de un humor excelente y cocinaba el desayuno. Me vio y me dijo “Buenos días!” y siguió cocinando tan tranquila. Era tan normal que me quedé pensando si no había soñado todo esto. Con la mayor naturalidad del mundo se acercó a mi, me dio un rápido beso en la boca y me preguntó “quieres los huevos revueltos o estrellados”. Y supe que había sido cierto todo lo que pasó y que Dulce seguía siendo mi mejor amiga y nada había cambiado entre nosotras. “Estrellados, por favor”. |
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