En un cine con la mujer del chat
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Hola, os envio otro relato por si os parece bien publicarlo.
Muchas gracias


En un cine con la mujer del chat

Lo que voy a escribir a continuación es una aventura absolutamente real.
Ocurrió hace unos meses, y no me había decidido a escribirla si no hubiera
sido por la insistencia de muchos lectores de esta página que, después de
leer mis relatos "..100‰ Real (I)".. y "..100‰ Real (II)".. en los que contaba mi
relación con Cristina, una chica que conocí en Barcelona, me animaron a que
contara más aventuras.
Me presentaré de nuevo brevemente. Me llamo Javier y vivo en Valencia,
España. Mido 1.77, ojos verdes, pelo castaño.... Me conservo en forma porque
practico deporte varias veces a la semana, en fin, me gusta cuidarme. Mi
pene es muy grande: mide en estado de alegría más de 26 cm y es muy gordo, y
siempre ha causado una agradable sorpresa en todas las mujeres con las que
he estado.
Como decía, esta aventura me ocurrió hace varios meses. Estaba navegando por
internet desde casa, sobre las 11 de la noche, con el messenger abierto,
cuando me apareció el típico cuadrito en el que alguien te ha agregado a su
lista de contactos. Yo acepté, y a los pocos segundos se me abrió un cuadro
de conversación.

- Hola -me dijo. - Perdona la intromisión, pero he encontrado tu dirección
en una página.
- Buenas noches- respondí.

La verdad es que en ese momento no tenía especialmente ganas de hablar,
porque andaba buscando en internet información sobre una legislación
específica que necesitaba para mi trabajo, así que intenté con mi silencio
no continuar con esa conversación y a la vez no ser maleducado.
Pero insistió:

- He leído tus aventuras. ¿La has vuelto a ver?
- ¿A quién? -me hice el tonto.
- A Cristina, la de Barcelona
- Si, alguna vez más -contesté, con desinterés.

De todas las emociones que puedes expresar en un chat mediante las caritas o
smileys, probablemente la más difícil de mostrar es la desinterés, porque,
si no quieres ser descortés y escribes una carita de tristeza, puede parecer
lo que no es. Yo lo único que quería en ese momento era seguir trabajando,
así que había decidido ser un tanto frío. Sobre todo porque parecía una
experiencia ya vivida muchas veces: la de hombres que me preguntan sobre mi
amiga para que les dé el teléfono y esas cosas. Y pensaba que quien me
hablaba lo era.

- "..Y qué tal?".., -volvía a la carga
- "..Pues bien"..
- Por cierto, me llamo Silvia. -me dijo.

Había dos posibilidades. O era un hombre que se hacia pasar por mujer o era
realmente una mujer. Y como decía un profesor mío de la Universidad: "..Nunca
cierres una puerta".., por lo que siguiendo tan sabios consejos, decidí
mostrarme un poco más atento por si sonaba la flauta.

- Encantado Silvia. Yo me llamo Javier
- Encantada.

No me preguntéis por qué, pero algo me decía que aquella persona que estaba
al otro lado del ordenador era efectivamente una mujer. Creo que es algo que
se percibe, sin poder explicarlo.

En ese momento y de manera inesperada, la línea telefónica se me cayó, el
ordenador se colgó y tuve que apagarlo. Como era bastante tarde, decidí no
conectarme de nuevo y marcharme a dormir, porque estaba cansado y al día
siguiente iba a andar bastante liado en el despacho. Aunque había quedado un
tanto maleducado, imaginé que ella habría pensado que aquella desaparición
repentina se había debido a un problema técnico y no a una descortesía.

Al día siguiente no pude entrar en todo el día en internet, pues anduve de
reunión en reunión y prácticamente había olvidado mi conversación de la
noche anterior. Realmente habían sido unos pocos minutos y no había sucedido
nada que hiciera mantenerse el recuerdo vivo en mi memoria.

Cuando llegué a casa por la noche volví a conectarme a internet para
continuar con la búsqueda de documentación que había iniciado la noche
anterior. Como quiera que el msn messenger arranca automáticamente, a los
pocos segundos se me abrió de nuevo una nueva ventana de conversación.

Era ella.

- Hola otra vez-, dijo. -Ayer me dejaste colgada.
- Ah, hola-, respondí. - Perdóname, pero es que se bloqueó el ordenador y
luego ya no volví a entrar. No querría haber resultado grosero
- No pasa nada. Imaginé que algo así había pasado. Pero hoy a ver si tenemos
suerte y podemos charlar un rato.
- Espero que sí, si telefónica no tiene intención de lo contrario.- bromeé.

Así seguimos durante un rato la charla, hablando de banalidades y temas
obligatorios para dos personas que no se conocen. Me dijo que vivía en
Valencia, como yo (además, según pude deducir, éramos casi vecinos...), que
era casada, 34 años, se describía como morena, bastante alta, delgada pero
no demasiado, y decía que trabajaba en una agencia de viajes. A simple
vista, y sin haber estado mucho tiempo conversando, daba buenas vibraciones.
Parecía culta por su manera de escribir y expresarse y muy educada.

De repente me soltó de golpe:

- ¿Todo lo que cuentas en tus relatos es cierto?
- Absolutamente todo,- contesté
- Pero... ¿todo, todo?
- ¿A que te refieres?, -le pregunté desorientado.
- Me refiero a si la tienes tan grande como dices

Ante preguntas tan directas uno normalmente no sabe como reaccionar. Aunque
parezca lo contrario, soy bastante tímido incluso por chat, e incluso en
esas situaciones en las que uno se puede desinhibir, yo me corto un poco.

- Pues.... la verdad es que sí,- contesté
- Eso es lo que yo ando buscando ¿sabes cual es mi mayor fantasía?

Súbitamente la conversación se estaba tornando más picante. Así que decidí
seguir el juego.

- ¿Cuál es esa fantasía?
- Tener sexo en un lugar público, con un desconocido- dijo

Vaya!!! En eso coincidíamos. Lo cierto es que si hay algo que me atrae es la
posibilidad de tener sexo en un lugar que tenga cierto riesgo de que nos
alguien pille.

- Pues si te digo la verdad... también es la mía,-
- Te voy a proponer algo, - dijo.

Básicamente la proposición era la siguiente: quedaríamos en un cine de
nuestra ciudad, sin habernos visto previamente. Solo nos habríamos descrito
como íbamos a ir vestidos, aunque, y esto era lo emocionante, podría ser
posible que no respetáramos lo dicho y fuésemos vestidos de forma diferente.
Yo buscaría una mujer sentada sola en el cine (que podría ser ella.... o no,
si fuera vestida de otra manera a la acordada) e intentaría seducirla. Y
ella se dejaría seducir por un hombre que podría ser yo... o no, si yo al
final me vestía diferente.

La idea era muy morbosa, y se notaba que era algo soñado durante mucho
tiempo porque estaba bastante elaborada. Solo de pensarlo me estaba poniendo
caliente, así que acepté de inmediato. Sólo había que hacer una comprobación
previa para evitar posibles tomaduras de pelo.

- Estoy de acuerdo, - dije. -Pero necesito antes que hablemos por teléfono y
despejemos dudas sobre nuestra identidad.
- Encantada.

Le di mi Nº de móvil y a los 15 segundos recibí una llamada. Su voz
(efectivamente era una mujer) era muy dulce y acordamos vernos a la tarde
siguiente en un cine céntrico de Valencia, de los pocos que quedan que aun
echan películas de reestreno. Es un local muy grande, con muchas zonas de
especial oscuridad y que resulta idóneo para este tipo de situaciones, de
las que por cierto se ven en este cine con mucha frecuencia. Ella iba a ir
vestida con un vestido marrón y botas altas de ante color beige, mientras
que yo quedé en ir con tejanos y jersey azul marino. La idea era no quedar a
ninguna hora en concreto sino dentro de un rango horario, con lo que la
sensación del anonimato seria mas intensa.

La mañana siguiente transcurrió muy lentamente para mí. Encima que no iba
especialmente cargado de trabajo, estaba pensando en la cita de la tarde y
miraba el reloj cada 5 minutos para ver cuánto faltaba para ese momento.
Pero a ultima hora de la mañana, la cosa se complicó de tal manera que tuve
que entrar en reuniones de urgencia que me tuvieron liado hasta la tarde.
Cuando pude terminar, la hora me indicaba que tenia que salir corriendo
hacia el cine donde me esperaba Silvia, pues era ya casi el final del
intervalo de horas acordado.

Dada la premura de tiempo, no tuve oportunidad de pasar por mi casa a
cambiarme de ropa así que me fui directamente con mi traje y mi corbata, y
entré disparado en el cine. Temí que se hubiera marchado ya, y cuando pude
acostumbrar mis ojos a la oscuridad, vi como varias filas mas delante había
una mujer sentada sola, al lado de la cual había un hombre también solo y
con un asiento de separación por medio de ambos. Me acerqué hacia allí para
ver si la mujer iba vestida con la ropa que me había dicho (aunque podría no
ser....), y, efectivamente, la descripción coincidía a la perfección:
vestido marrón y botas altas beige.

Como había un hombre al lado, decidí sentarme cerca de mirar porque tenia la
sensación de que ese hombre intentaba meter mano a Silvia.... ¡¡¡Alguien se
me había adelantado!!!, y ella no tenia por que saber que no era yo.
Efectivamente, al poco tiempo el hombre intensificó su ataque y se sentó en
el asiento libre entre los dos, y, por los movimientos que se veían, parecía
que estaban empezando a meterse mano mutuamente. Yo tenia ganas de gritar,
me sentía impotente de ver como se me escapaba, pero tampoco iba a montar un
lío presentándome como el que verdaderamente había quedado con ella. Es
mas.... la posición de voyeur tenia su morbo, por qué no decirlo.

En un momento, ella echó mano a su paquete, y le bajó la cremallera del
pantalón. Era, la verdad, mi única esperanza: si el tío ese no tenía una
polla muy grande, ella podría llegar a pensar que no era yo, aunque también
cabía la posibilidad de que pensara que era yo y que me había marcado un
farol cuando hablaba de mi polla.

Y.... los astros me ayudaron. Por lo que pareció ocurrir, ella debió notar
un miembro de tamaño inferior al esperado y pegó un respingo, levantándose
del asiento y cambiándose de fila, yéndose varias filas más adelante, a lo
que el hombre reaccionó levantándose a su vez y saliendo raudo del cine.

Era mi oportunidad. Me levanté y me acerqué a donde ella estaba, sentándome
en el asiento de al lado al suyo pero en la fila de detrás. Ella giró la
cabeza y me miró, y me pareció ver un poco de cara de hastío, como si
pensase que era otro pesado que se le acercaba a meterle mano. Daba la
impresión de que hubiera llegado a la conclusión de que yo no aparecería ya.

Yo, viendo lo que había visto entre mi secreta amante y el hombre de su
lado, estaba a mil por hora. Tenia una erección descomunal, así que me saque
la polla y empecé a acariciármela lentamente. Silvia se dio cuenta de mis
maniobras y giraba la cabeza de vez en cuando para mirar mi polla y cada vez
lo hacía con mas frecuencia.

En eso, me levanté y me senté en su fila dejando uno libre entre los dos.
Seguía con la polla fuera, que estaba cada vez mas grande, a lo que ella,
que ya había dejado de prestar cualquier tipo de atención a la pantalla,
ocupó el lugar vacío a mi lado. Me miró a la cara y le pude ver, por fin,
las facciones: era guapa, realmente guapa, aunque tal vez aparentaba algo
mas de los 34 años que reconocía. Daba igual. Tenia los ojos de color claro,
una melena bastante larga y... bajando un poco, se advertían unas tetas
debajo de ese vestido marrón realmente bonitas, sin ser excesivamente
grandes. Su boca era grande, los labios delgados y la piel se notaba fina y
cuidada.

Acercó su mano a mi polla y, cogiéndola, agachó sin decir una sola palabra
su cabeza y se la metió entera lentamente en la boca. Su mamada era
espectacular, su cabeza subía y bajaba sin dejar de mantener el contacto del
interior de su boca con cada centímetro de mi rabo en todo momento. Mientras
lo hacia me masajeaba los huevos con una mano y yo solo podía pensar en como
evitar gemir demasiado fuerte para que no se notara dentro del cine. Estaba
a punto de correrme, porque era una mamada como pocas me habían hecho en mi
vida, a lo que se le añadía el morbo de la situación: una desconocida que se
la estaba chupando a alguien que no sabia si era con quien había quedado.

-Me voy a correr,- le susurré.

Ella, lejos de importarle, aceleró el ritmo y, justo cuando empecé a soltar
el primer chorro de leche, sacó mi polla de su boca y se la encaró hacia la
cara para que le salpicara entera, llenándosela de la leche que salía a
borbotones por el calentón que llevaba.

Ahora me tocaba a mi. Una butaca de un cine no es precisamente el sitio mas
cómodo para pegar un polvo, pero me moría de ganas de comerme a esa mujer y
no me importaba lo incomodo que pudiera resultar hacerlo. De manera que me
arrodillé delante de ella y le subí lentamente la falda, a la vez que
descubría unas medias color crema sin liguero, de esas que se sujetan al
muslo, y posteriormente unas braguitas de seda de color blanco. Se las quité
del todo y me apareció su coñito, parcialmente depilado sobre todo por los
laterales, y que brillaba por la excitación y la humedad que llevaba encima.
Me lancé sobre él y empecé a devorarlo mientras comenzaba a introducirle un
dedo que entraba con una facilidad pasmosa. Podéis imaginar la situación:
ella, con toda la cara llena aun de semen e intentando reprimir el gemido
que le provocaba mi comida de coño. Era alucinante. De pronto me cogió la
cabeza con las dos manos, apretándome fuertemente contra su coño y, aunque
no despegó los labios, noté como se corría porque la cantidad de liquido que
poblaba su coñito aumentó repentinamente en mi boca.

Me levanté y me senté a su lado. Estaba exhausta, y yo también. Abrió su
bolso y sacó un pañuelo de papel que utilizó para limpiarse el semen que
llenaba su cara.

- ¿Eres Javier?, - me dijo
- Hola Silvia, -contesté.

Los dos sonreímos. Me acercó la boca a mis labios y nos besamos durante un
largo rato, de manera que mi polla consiguió ponerse otra vez a tono
enseguida. Ella, que lo vio, me dijo:

- Y ahora quiero que me folles bien.

Sacó un condón y se agachó ligeramente para ponérmelo. Se subió la falda y
se sentó a horcajadas encima de mi, metiéndose mi otra vez enorme polla
lentamente en el coñito chorreante. La situación era comprometida porque en
semejante postura nos podían ver muy fácilmente, pero... qué importaba, si
nos lo estábamos pasando en grande. Subía y bajaba lentamente y se notaba
que su orgasmo estaba cerca, por lo que aceleró las embestidas contra mi
rabo que cada vez crecía mas. Fueron pocos minutos, al cabo de los cuales
ella tuvo una corrida espectacular de la que tuvo que reprimir el grito.
Inmediatamente empecé yo a soltar nuevamente mi chorro de leche en su
interior mientras le sujetaba el culo con las dos manos.

Nos recompusimos la ropa y salimos del cine. Le ofrecí acercarla en mi coche
a donde fuera, pero ella me rehusó diciendo:

- Prefiero caminar, así me refresco antes de llegar a casa.
- ¿Volveremos a vernos?,- le pregunté
- Seguro. Tengo que probar esa polla en mi culo.

Nos despedimos con un largo beso. Al día siguiente me llamó por teléfono y
volvimos a quedar.

Ya os lo contaré....

Me gustaría recibir comentarios y proposiciones a mi e-mail:
sdtd@hotmail.com

Besos

Javier

 

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