EN LA PLAYA
Enviado por Triana el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

EN LA PLAYA Comenzó a besarme el cuello, desde mi oreja hasta mi hombro, absorbiendo cada gota de

mi cuerpo húmedo, mientras su mano, se encargaba de girarme.

 

Allí estaba, frente a mí, con unos pantalones anchos y una camiseta celeste que le resaltaban

esos impresionantes ojos azules que me volvían loca, yo me había pasado toda la tarde pensando en

que ponerme para él, finalmente me decidí por un pantalón vaquero y una camiseta de lycra roja,

con tirantes anchos que dejaban ver claramente un escote muy provocativo y que al moverme, la

camiseta se subía y se podía ver mi ombligo y mi cintura. Soltó la mochila que portaba en su mano

y me abrazó, no dijimos nada, simplemente nos abrazamos. Pasamos toda la tarde paseando,

hablando, riendo… fue estupendo porque por fin nos teníamos cerca.

Le propuse ir a la playa y aceptó, así que cogimos el coche y nos dirigimos hacia allí. Ya era de

noche y la discoteca que había estaba llena de gente, decidimos entrar y nos acercamos a la barra

para pedir algo de beber. Como siempre, en cuanto escucho música… mi cuerpo comienza a moverse…

no puedo evitarlo. Así que tiré de su brazo y salimos a bailar. Justo entrando en la pista

cambiaron de canción y pusieron una muy sensual. Empecé a moverme, lo miraba a los ojos y le

sonreía. Él, sin pensárselo dos veces me cogió por la cintura y de un tirón me pegó a su cuerpo…

nos movíamos de una forma tan provocativa que comenzaba a excitarme… nuestras caras estaban a

escasos cms. Mi pulso iba acelerándose y le pedí que saliéramos a pasear… estaba muy nerviosa.
La arena estaba fría, pero nos acercamos a la orilla y el agua estaba muy caliente. La luna

grande y redonda brillaba con fuerza reflejándose claramente en el mar y el cielo estaba

totalmente estrellado.

Al contrario de dar un paseo tranquilo, comenzamos a jugar. Me agaché y con la mano lo salpiqué,

le dejé chorreando, pero a mí me encantó, estaba muy sensual con toda la camisa mojada y ceñida

al cuerpo. Él comenzó a correr detrás de mí hasta que me alcanzó, tropezamos y caímos en la

orilla. Antes de caer, él tiró de mí para que yo cayera encima de él y no él encima de mí.

Apoyando los brazos me incorporé un poco y sin dejar de reír le pregunté si estaba bien; él me

dio un pequeño empujón y me tumbó en la arena. Me miró fijamente y me dijo que estaba

perfectamente. Sin dar tiempo a que yo le contestara me besó. Pegó sus labios a los míos, los

mordisqueaba y poco a poco fuimos abriendo nuestras bocas hasta que nuestras lenguas se juntaron,

fue un beso muy dulce, pero nuestras manos recorrieron la silueta de nuestros cuerpos y fue

pasando a un beso más intenso. Los dos estábamos muy excitados, pero no pasamos a más. Decidimos

marcharnos a casa porque empezábamos a jugar con fuego y los dos lo sabíamos.

Al llegar a casa cada uno fuimos para nuestra habitación sin apenas decir nada. Estaba llena de

arena y mojada por la caída, así que me di una ducha antes de irme a la cama. Estando a punto de

ponerme el pijama llamaron a la puerta. Estaba liada en una pequeña toalla que me tapaba lo

justo. Aún estaba mojada, mi pelo caía por mi espalda goteando todo mi cuerpo, le dije que

pasara. Yo estaba de espaldas a la puerta, mirando hacia el armario cuando sin darme apenas

cuenta, sentí su cuerpo pegado al mío. Su pecho se pegó a mi espalda y se acercó a mi oído para

susurrarme que no me había dado las buenas noches. Me quedé inmóvil, sentía su torso desnudo y lo

excitado que estaba. Comenzó a besarme el cuello, desde mi oreja hasta mi hombro, absorbiendo

cada gota de mi cuerpo húmedo, mientras su mano, se encargaba de girarme.

Cuando estábamos frente a frente me apretó contra él y me besó, mis manos comenzaron acariciarlo

mientras una de las suyas jugaba con mi pelo y la otra se posaba en mi culo. Notaba como los dos

nos íbamos excitando y el beso fue cada vez más intenso, más pasional, nuestra respiración se

aceleraba y nuestras lenguas chocaban una y otra vez. Sin dejar de besarme me quitó la toalla que

me cubría y me quedé desnuda por primera vez, solo para él. Me tumbó en la cama y se puso sobre

mí. Comenzó a acariciarme el pecho, uno lo cogía con su mano, lo movía, lo apretaba y

acariciaba mi pezón, mientras que el otro lo besaba, lo rodeaba con su lengua y lo mordisqueaba.

Yo cada vez estaba más excitada. Su lengua recorrió cada cm. de mi cuerpo. Bajó hasta mi ombligo

y mi cintura, mientras sus manos no dejaban de tocarme. Se dirigían hacia las caderas, las

rodeaba hasta llegar a mis muslos.

A la vez que pasaba su lengua por mi cuerpo introdujo sus manos en mi parte más íntima, estaba

muy húmedo, nunca había estado tan excitada en mi vida, sus dedos se introdujeron en mi interior

mientras su lengua lo chupaba entero. Me estaba volviendo loca. Mi respiración iba cada vez más

rápida, sus dedos no dejaban de entrar y salir, no podía dejar de gemir, mi cuerpo se estremecía.

Fue increíble. Así fue mi primer orgasmo de esa noche. Me incorporé y entre risas lo tiré hacia

mí y conseguí subirme sobre él. "Ahora te toca a ti, voy a demostrarte lo que soy capaz de hacer"

.Él me agarró por la cintura y me dijo "adelante".

Estaba sentada encima de él, con las rodillas sobre la cama y, con un lazo del pelo que había

sobre la mesita, de noche le até las manos. Comencé a besarlo, mi lengua recorrió su cuello y

mordisqueaba su oreja, al oír mi respiración se estremecía. Le besé el pecho, terso, suave,

fuerte; mi lengua succionaba sus pezones mientras mis manos recorrían su cuerpo. Aún tenía el

pantalón puesto, agarrado a la cadera por un cordón; lo miré, le sonreí y agaché la cabeza. Sin

dejar de mirarlo tiré del cordón con mis dientes y bajé su pantalón. Allí estaba, desnudo para

mí, excitado, nervioso e inmóvil. Mi boca se dirigió a su ombligo y mi lengua recorrió su

cintura, sus caderas, el interior de sus muslos… cuando sin esperárselo volví a subir para

besarlo en la boca. Subí aún más para besarle las manos atadas e introducirme sus dedos en mi

boca. Mi pecho quedó a la altura del suyo y su lengua recorrió mi pezón, lo mordisqueaba como si

quisiera comerse mi pecho entero.

Volví a bajar para acabar lo que había empezado. Me dirigí hacia ella, la rodee con mi lengua, la

chupé y me la introduje entera, sin dejar de mover mi lengua, la sacaba y la metía en mi boca.

Cada vez se iba poniendo más dura. Me excitaba pensar que él se lo estaba pasando bien, notaba

como estaba a punto de irse y paré. Aún no era el momento… Volví a sentarme sobre él y le solté

las manos que pronto corrieron hacia mi cuerpo. Él se incorporó y se puso derecho. Quería

sentirlo. Abrí más mis piernas y me la introduje mientras él no dejaba de presionarme el culo y

acariciarme el pecho.

La introduje poco a poco. Al principio sólo rozando, hasta que no pude aguantar más y la metí

entera, hasta el fondo. Estaba dentro de mí. Comencé a moverme suavemente, en forma circular,

pero la excitación era tal que aceleramos el ritmo, subía y bajaba, entraba y salía de mí...

Nuestra respiración aumentaba y los gemidos de los dos eran excitantes. Mi cuerpo se estremeció a

la vez que el suyo. Hubo tal intensidad que acabamos agotados. Nos tumbamos en la cama y nos

quedamos toda la noche abrazados hasta que el sueño nos venció.

Este relato lo escribió Triana para mí y ahora lo publico con su permiso para compartir con todos

los lectores lo que siento cada vez que lo leo. Espero que os guste.

Autor: Triana

 

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