El albergue transitorio
Enviado por Walter H. el día Miércoles 31 de Diciembre de 1969
 
Toda práctica sexual consensuada y que otorgue placer a los sujetos involucrados es válida, ya sea que se produzca en una cama, dentro de un vehículo, en un zaguán, detrás de un arbusto, en un sauna, en una pileta, en un hotel, en la playa y en todo lugar que se pueda llegar a imaginar; lo importante es ir condimentando las relaciones, sumándole ingredientes como para incrementar el gozo y quedar, después, plenamente satisfechos, realizados y sin que quede esa sensación de “¡Ufa! Me hubiese gustado hacer esto o que me hiciesen aquello”.
 
Todo esto viene a colación porque, hace unos días atrás, un tipo que había reprimido durante años su condición de bisexual, comenzó a cogerme y claro, la primera vez fue una rápida succión de miembro y una no menos rápida penetración; resultado: en no más de diez minutos el individuo acabó y una vez terminada la excitación, cada uno a su casa y seguramente con un dejo de fastidio por no haber podido satisfacer a pleno cada una de las necesidades sexuales respectivas.
 
Pero es en estas situaciones en que, el de mayor experiencia (yo en este caso) debe poner en práctica todos sus conocimientos y su sapiencia al respecto y hacer las veces de docente, si es posible, siempre en la constante búsqueda de aditamentos que otorguen, como mencioné anteriormente, un mayor placer sexual y para que ambos involucrados (o más si los hubiese), queden plenamente satisfechos y realizados.
 
Después de unas cuantas cogidas en el auto, el tipo accedió al fin a ir a un hotel y eso de por sí ya se tornó excitante, más aún una vez dentro de la habitación (que generalmente están ambientadas de manera muy particular); obviamente lo que nunca hay a hacer en estos casos en desnudarse rápidamente y meterse a la cama, así que saqué del bolsillo de mi campera un pote de miel con pico vertedor y luego de desabrochar la bragueta del pantalón de mi amigo, tomé su verga entre mis manos y previo hacerle una rápida paja, comencé a comer, de a poco y con mucha suavidad, ese delicioso y sabroso manjar.
 
Cuando la pija se le puso “al palo”, empecé a derramar gotitas de miel en la “cabecita” y a pasarle la lengua, después hice un caminito de miel por todo su “tronco” y le di una lamida de adelante hacia atrás y así sucesivamente una y otra vez hasta que ya, preso de calentura, comencé a embadurnar con completo esa maravillosa poronga, huevos incluidos y comencé a comerla con desesperación; la sensación del tipo al sentir caer las gotitas de miel sobre su verga era por demás excitante (lo notaba al ver la expresión de su cara) y ni hablar de la mía, al meterme en la boca ese dulce y empalagoso pedazo y tragármelo por completo.
 
Al cabo de ese primer “aprouche”, comenzamos a desvestirnos lentamente, hasta quedarnos, el tipo con un calzoncillo “boxer” y yo con un pantaloncito corto de jersey, bien ajustado y que, sin mostrar nada en forma directa, insinuaba el tamaño, el contorno y la forma de mi hermosa cola de mujer; allí empecé a contornearme, a menear el culito y a moverlo de un lado hacia otro y a bajarme el “shorcito” para ir mostrándole parte de mis carnosos y voluptuosos “cachetes”, junto con mi profunda “zanja”, pero siempre dejando algo como para después.
 
El hecho de estar yo provocando e incitando al hombre, a sabiendas del deseo y la profunda excitación que iba produciendo en él, me hacía esmerarme cada vez más, porque cuanto más se incrementara su calentura, más placer iría a recibir posteriormente; el tipo se acercó a mí y comenzó a toquetearme el culo, me lo acarició, me lo agarró con las dos manos, me ayudó a menearlo y lentamente fue bajándome el pantaloncito hasta descubrir que debajo de esa prenda, había una hermosa y preciosa bombachita de seda, que no hacía más de resaltar y realzar la belleza de mi alucinante cola.
 
Ante cada manoseo, toqueteo, ante cada mano que recibía yo en el culo, arqueaba mi espalda y me retorcía de placer, al tal punto que hubiese en ese momento comenzado a implorarle y a suplicarle a gritos que me cogiese de una buena vez, pero “hete aquí” cuando se pone a prueba el aprendizaje del alumno y este caso, el tipo aprobó con nota sobresaliente, ya que agarró el pote de miel y después de sacarme la prenda interior para no mancharla, empezó a derramar el dulce néctar sobre mi provocativo culo.
 
Estando de pie, al lado de la cama, empecé a sentir como la miel iba cayendo sobre mis dos “cachetes”, como se metía dentro de mi profunda “zanja” e inclusive como chorreaba por mis muslos; esa indescriptible sensación no fue nada comparada a la siguió a continuación, ya que el tipo, tal como yo imaginé a priori, comenzó a lamerme, a pasar su lengua sobre la más mínima gotita de miel, suavemente al principio, apenas apoyando sus papilas gustativas sobre mi tersa y blanquísima piel, hasta que, aferrado fuertemente a mis piernas, empezó a chuparme el culo tal y como se debe, dándome una serie de “besos negros” (así se denomina, si bien mi agujero es rosado), que casi me hacen perder el conocimiento, desvanecerme y caer sobre la alfombra.
 
A los dos ya se nos salía el corazón del cuerpo, podíamos hasta ver nuestras palpitaciones, así que en un rápido movimiento, el hombre se colocó el preservativo y mientras tanto yo subí a la cama y me puse en una de mis posiciones preferidas, la del “perrito” (en cuatro patas); la penetración fue sublime y alucinante, pero a pesar de intuir yo una frenética y feroz cogida, el tipo me dio unos “pijazos” y sacó su verga y hasta se dio el lujo de “cancherear”, poniendo los brazos en su cintura (en “jarra”) y metiéndomela sin agarrarme los “cachetes”.
 
A quienes nos gusta tener una poronga bien adentro del culo y sentirla moverse como “pistón”, aquella forma de coger nos produce sensaciones contradictorias; por un lado nos excita, nos calienta y nos da muchísimo placer, pero por el otro nos desespera, nos hace desear y nos hace mordernos los labios, pidiendo por favor que nos cojan bien cogidos y de una buena vez.
 
Teniendo la situación más o menos controlada, comenzamos a experimentar (él sobre todo porque lo que es yo ya las conozco de memoria) diferentes posiciones; “patitas al hombro”, “el misionero”, “las dos columnas” “la sentadita” y cuanta otra nos venía a la mente, inclusive me hizo poner nuevamente la bombachita de seda, hasta que se decidió por fin acabar y vació su chorro dentro del preservativo, obviamente dentro también de mi aún hambrienta cola y grito seco mediante.
 
Después de unos segundos, el tipo fue al baño para tirar el “forro” y de paso darse un rápido lavado, mientras tanto yo aún me retorcía de placer sobre la cama y cuando él retornó a la habitación, miré la hora y comprobé que faltaban unos diez minutos para que finalizase el turno, entonces me puse de costado y lo invité a acostarse nuevamente, detrás de mí y en la posición “cucharita”, invitación que por supuesto aceptó gustoso.
 
Durante unos segundos me quedé quieto e inmóvil, pero lentamente empecé otra vez a menear el culo, a moverlo y a apoyárselo contra su entrepierna, hasta que logré que su pija, aún fláccida, quedara aprisionada en medio de mis “cachetes, entonces apreté bien fuerte los “cantos” y una vez que esa verga quedó presa entre mis dos carnosas y voluptuosas “montañas”, comencé a hacerle una “paja culera”.
 
Enseguida la poronga del tipo volvió a ponerse “al palo” pero era tal la presión que ejercían mis “cachetes” sobre ese pedazo caliente y duro, que ni siquiera podía moverse, hasta que la liberé por completo y me acomodé como para recibirla otra vez dentro de mí; previamente le advertí a mi buen amigo que no acabase “adentro” y después de recibir su promesa al respecto, le allané el camino para otra buena cogida, que finalizó como no podía ser de otra manera, al cabo de unos segundos y esparciendo sus poquísimas gotas sobre parte de mi ya satisfecha cola de mujer.
 
El resultado de todo este delirio de placer, fue prácticamente una intensa hora casi completa de sexo a full, el cual, comparado con los diez minutos y la sensación de insatisfacción que describí en el segundo párrafo de este relato, hace que uno rápidamente saque sus propias conclusiones al respecto y, como expresé también anteriormente, toda práctica sexual es válida, pero si uno le agrega algunos condimentos e ingredientes, puede incrementar las sensaciones de gozo y de placer hasta límites insospechados.
 
Escribile un e-mail al autor:
walterculindohache@yaho.com.ar

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