![]() |
Vaya Sorpresa |
|
Enviado por Walter H. el día Jueves 1 de Enero de 1970 |
||
“La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida...”
Quienes siguen habitualmente mis relatos habrán ya seguramente “adivinado” que mis preferencias y mis predilecciones a la hora del sexo, están relacionadas directamente con mi “ultra-hiper-pasividad”, así que rápidamente y en una ligera lectura, se darán pronta cuenta de porqué acudo a ese párrafo de la clásica canción latina.
Hace no más de un par de noches atrás, tuve unas horas libres en mi “diario vivir” y aproveché para salir a dar una vuelta “por ahí”, sin rumbo fijo y para “ver que pasaba”, no por falta de opciones o de oportunidades, porque seguramente a través de Internet, de mi agenda telefónica o de algún otro medio, hubiese podido rápidamente conseguir “algo” como para satisfacer mis íntimas necesidades sexuales, pero en esa ocasión me agarró de pronto algo así como el querer ver “in-situ” que “onda” había en mi “Comodoro Rivadavia”.
Después de dar dos o tres vueltas por la zona céntrica y no observar nada interesante, opté por “rumbear” hacia la costanera, pero al pasar por una plaza que se encuentra en las inmediaciones de los hoteles más importantes de la ciudad, me crucé con un chico de rasgos y modales muy afeminados, quien obviamente no dejó pasar la oportunidad y me hizo un discreto guiño de ojo, al que yo respondí con una también discreta sonrisa.
Di dos vueltas a la plaza y el chico me seguía a prudencial distancia, así que decidí entonces quedarme detrás de unos árboles, en un lugar bastante reservado, oscuro y oculto de probables miradas indiscretas; el chico captó rápidamente la intención de mis movimientos y se acercó hacia mí, siempre con sigilo y tratando de no llamar demasiado la atención, algo que me pareció más que atinado de su parte y que más tarde le agradecí.
Quienes andamos “de levante” sabemos como movernos y que hacer en determinadas situaciones y generalmente solemos hablar poco y pasar directamente a los hechos y esta ocasión en particular no fue la excepción; así que después de constatar que el lugar en el que nos encontrábamos era bastante seguro y resguardado, amén obviamente de tratarse de una plaza pública y bastante céntrica por cierto, empezamos a “tocarnos” como para entrar en calor, pero como rápidamente nos “calentamos”, el chico me dijo:
- Me gusta la onda que tenés ¿Querés venir a mi departamento? Vivo acá cerca.
Por alguna razón le respondí afirmativamente (quizás muy dentro de mí intuía lo que en definitiva sucedió) y nuevamente el chico dio muestras de un muy buen tino, ya que para no comprometer a ninguno de los dos, pero sobre todo a mí por la vestimenta que él llevaba puesta y por su aspecto tan “femenino”, teniendo en cuenta sobre todo que su departamento efectivamente se encontraba en la zona céntrica de la ciudad, me dio su dirección y quedamos en que él se adelantaría y yo iría, por otro camino, unos minutos después.
Ya dentro de su departamento y con mayor luz, pude corroborar que el chico estaba, además de vestido casi de mujer, lleno de accesorios tales como aros, cadenitas y pulseras pero todos ellos muy femeninos; llevaba también un ligero maquillaje y sus movimientos eran exageradamente amanerados.
Nos fuimos derecho a su habitación para no perder tiempo y a medida que nos desvestíamos, observé que el cuerpo del chico nada tenía que ver con su aspecto físico o al menos con lo que él mostraba exteriormente, si bien presentaba una piel no se si “depilada” pero por lo menos “afeitada”, al menos en piernas, torsos y obviamente en sus glúteos.
Estando ambos ya totalmente desnudos, comprobé que mi “parte trasera” era a todas luces muchísimo más femenina que la él y “de adelante”, el chico estaba más dotado que yo, algo que no pasó desapercibido para el “anfitrión”.
Ya sobre la cama, comenzamos a abrazarnos y a besarnos y mientras lo hacíamos, yo llevé lentamente una de mis manos a su entrepierna y noté un bulto, además de duro, caliente y bien parado, pero sobre todo “grande”, más de lo que había visto cuando nos estábamos sacando las ropas.
La expresión de mi cara debió haber sido muy evidente, ya que el chico se alejó unos centímetros y agarrando su enorme verga con ambas manos, me preguntó:
- ¿Querés chuparla?
Obviamente le dije que sí, pero antes de metérmela en la boca, me detuve a observarla detenidamente porque era en realidad una preciosura; sumamente derecha, recta, larga y bastante gruesa, pero sobre todo muy dura y para colmo con un par de huevos bien redondos; no cabía duda que estaba ante una verga simétricamente perfecta.
Si bien me gustan mucho los juegos preliminares, tales como tocar, acariciar, besar suavemente, lamer y refregarme la poronga por toda la cara, lo que en realidad me apasiona, me desespera, me vuelve loco, me saca de mi mismo y me hace dar vuelta la cabeza es simplemente chupar, mamar, succionar y comer y eso fue precisamente lo que hice con semejante manjar.
Hacía rato que no tenía ante mí una pija de esas características y no estaba dispuesto a dejar pasar esa oportunidad, así que me prendí a esa espectacular “polla” y estoy convencido que le hice una de mis mejores “mamadas” ¡Qué manera de chupar! ¡Qué forma increíble de comer!; era como si me hubiese aislado del mundo y lo único que existía en ese instante era la deliciosa verga y yo (se me vuelve a hacer agua la boca hasta escribiéndolo, así que voy a hacer una pausa para meterme en la boca el “consolador”).
Había pasado ya un buen rato de estar chupando, mamando y comiendo esa sensacional pija y esta se mantenía bien firme, parada y dura, no se había bajado ni un milímetro y la capacidad para controlar la eyaculación demostrada hasta ese momento por el chico era realmente asombrosa, porque estoy seguro que, con semejante chupada que le estaba dando, si fuese otro ya me habría llenado la boca de leche y en más de una ocasión.
- ¡Bueno! ¡Listo! ¡Ya está! ¡Ahora dame el culo!
Me dijo el chico y yo inmediatamente me di vuelta, me puse en “cuatro” pero con la cabeza y el torso apoyados contra la cama y parando bien el culo, le dije:
- ¡Tomá! ¡Es toda para vos! ¡Hacele lo que quieras!
El chico se arrodilló detrás de mí y después de manosearme ligeramente los “cachetes”, me la clavó hasta el fondo; yo me estremecí pero no de dolor ni mucho menos, sino porque la sentí adentro y una sensación de placer y de gozo me envolvió por completo.
Aquel chico de afeminado, de amanerado o de mujer no tenía absolutamente nada, ya que comenzó a cogerme con un ímpetu y una fuerza increíble; con sus manos movía y acomodaba mi cola a su absoluta voluntad y hacía golpear tan fuertemente mis “cachetes” contra su pelvis, que el sonido se oía mucho más incluso que mis gemidos y mis jadeos.
Yo estaba extasiado de gozo, en el “limbo”, a punto casi ya de perder el conocimiento porque no podía resistir tanto placer y para colmo, cuando creí que el chico al fin me iría a “llenar el tanque”, sacó intempestivamente su pija de adentro de mi orto; me hizo bajar de la cama, me ubicó parado al pie y aferrado a la baranda y volvió a metérmela de un saque y otra vez hasta el fondo.
Si arriba de la cama me había cogido fuertemente, allí abajo empezó a “culearme” en forma brutal; su verga adentro mío parecía el pistón de un motor, así se movía, fuerte, fuerte, fuerte..., fuertísimo; yo a todo esto no hacía absolutamente nada sino que simplemente “me dejaba hacer” y después de un rato, largo e interminable pero a su vez delicioso y placentero hasta límites insospechados, me sacó la poronga, la vació sobre mis “cachetes”; esparció su chorro de leche caliente por toda la superficie de mi cola, la golpeó fuertemente para extraerle las últimas gotas y como aún no se le había bajado del todo, me la volvió a meter.
Hacía mucho tiempo que no me habían cogido de esa forma, ni siquiera una semana antes, cuando dos tipos me “culearon” a dúo, me hicieron sentir tanto; pero yo a todo esto seguía de lo más sorprendido e intrigado porque la forma de vestir y de andar de aquel chico, al menos en la calle, no se condecía para nada con la manera casi brutal con la que me había tomado, con la que me había poseído, con la que me había cogido.
Las respuestas a mis preguntas vinieron sin que yo dijera palabra alguna; tal vez el chico, dándose cuenta de ello por la expresión de mi cara, me comentó que él se vestía así simplemente porque le gustaba, porque era una especie de “rebelde” y “reaccionario” y porque esa forma de vestirse y de moverse además, le redituaba muy buenos dividendos; que yo era la prueba fehaciente de ello e inclusive me dijo que no pocas mujeres “cayeron” en esas “redes”.
Pero lo mejor de todo, para mí y para mi ego personal, fue cuando me confesó que yo le había gustado físicamente, pero sobre todo que él además había intuido (después obviamente lo constató) en ese corto trayecto, que si bien yo no me vestía ni me movía como mujer, tendría debajo del pantalón que llevaba puesto, una cola tan pero tan femenina, como lo era su propia manera de vestir y de caminar. |
||
Escribile un e-mail al autor: walterculindohache@yahoo.com.ar |
||
| HOME | ESCORTS | GALERIAS | RELATOS | NOTAS | PUBLICIDAD | SUBSCRIPCION |
| Menu de navegación: Escorts Barcelona - Escorts Madrid - Escorts Zaragoza - Acompañantes Barcelona - Acompañantes Madrid - Acompañantes Zaragoza | |||||||
| Home | Escorts | Secciones |
|
||||
