Quiero cogerte Walter!!!!!
Enviado por Walter el día Jueves 1 de Enero de 1970
 
-Tengo unas ganas bárbaras de cogerlo a Walter H... Ese culito que tiene... Parece el de una minita.
-¿Se lo viste?
-¡Sí! Todos estos días.
-¿Adonde?
-El otro día subí al techo de mi casa y él se estaba cambiando en la pieza para ir al colegio, pero con la ventana abierta, todo desnudo y sobre todo con el culo bien al aire.
-¿Y el te vio a vos?
-No sé, pero si me vio parece que le gustó porque yo estoy subiendo todos los medio días al techo y él cada vez pasa más tiempo desnudo y pone el culo bien parado como si lo estuviera exhibiendo.
(Silencio)
-¿Es cierto que cuando era chico se lo cogía todo el barrio?
-¡Siii! (risas).
-¿Y vos también te lo cogiste?
-¡Uff! Un montón de veces (nuevamente risas).
-¿Y a él le gustaba mucho no? Porque también me contaron que se bajaba el pantalón en cualquier lado, hasta en plena calle.
-¡Sí! Le bajábamos el pantalón y lo cogíamos en cualquier lugar y si no, él se desnudaba y nos pedía que lo cogiésemos.
-¿Y en su casa no le decían nada? ¿Porqué seguro que algo tendrían que saber?
-No, al él nunca le dijeron nada, al contrario, los viejos nos hacían kilombo a nosotros cada vez que nos pescaban cogiéndolo en la calle.
-O sea que si yo hubiera vivido en este barrio, en esa época, capaz que también lo habría cogido.
-Si, seguro, no te digo que él se dejaba con todos y que encima le gustaba un montón.
-¡Puta! ¡Qué lástima! Cómo me hubiese gustado cogerlo.
(Silencio)
-¿Y ahora se seguirá dejando?
-No sé. Dicen que el año pasado un pibe de acá, del barrio, se lo cogió adentro de una obra, incluso comentan que se la metió toda adentro y le acabó en el culo.
-¡Ah! O sea que ya no es más virgen (risas otra vez).
(Silencio)
-Ojalá se siga dejando porque si antes tenía ganas de cogérmelo, después de todo lo que me contaste, no veo la hora de manosearle todo ese culito y de metérsela.
 
El tal Walter H. era por supuesto yo, que en ese entonces contaba con catorce años; el que andaba con ganas de cogerme, era un chico que vivía atrás de mi casa y que tendría un par de años más que yo y el tercero en discordia fue mi confidente, es decir quien me contó con lujo de detalles la conversación que había mantenido con mi vecino.
Obviamente yo había notado perfectamente la presencia de aquel pibe arriba del techo de su casa, por eso me exhibí delante de él; empezaba a cambiarme cada vez más temprano y lo último que me ponía era el calzoncillo y el pantalón.
Me ponía en poses, me pasaba la mano por los “cachetes”, me agachaba o me levantaba la camisa, todo adrede para mostrar bien el culo, porque no solo me cagaban de gusto del chicos sino que me gustaba mucho provocarlos, ya que yo sabía de antemano que si me veían desnudo, lo primero que irían a mirar sería mi hermosa cola de mujer, porque ese era sencillamente el tamaño y la forma de mi parte trasera, igual que la de una chica.
Después de que mi amigo me contara que mi vecino quería cogerme, me agarré una calentura tremenda pero no sabía como hacer para encararlo, porque no había mucha confianza (no hacía mucho que él y su familia habían venido a vivir al barrio); así que esperé pacientemente que se produjera alguna oportunidad y esta llegó una tardecita.
Por la ventana de  mi casa observé a toda su familia, excepto a él, dirigiéndose hacia la parada del colectivo; supuse entonces que mi vecino se habría quedado solo y después de ponerme un pantaloncito bien ajustado y cortito, tanto que gran parte de mis carnosos y voluptuosos “cachetes” quedaron al aire libre, tiré una pelota de Fútbol hacia su casa y di la vuelta a la manzana para ir a buscarla.
-Se me cayó la pelota en tu patio de atrás ¿Me la alcanzarías o me dejarías pasar a buscarla?
Le dije al chico mientras trataba de ponerme de costado o de darme vuelta para que él me viera el culo.
-¡Sí! ¡Pasá!
El chico me abrió la puerta y yo rápidamente me apuré para ir caminando delante de él y así cruzamos toda la casa hasta llegar al patio trasero; por suerte para mí la pelota había caído justo a lado de la puerta de un galponcito de madera, así que yo me agaché para agarrarla pero me quedé un instante ahí, quietecito y mostrando mis mejores atributos.
-Te queda un poco chico el pantalón.
Me dijo el chico. “Por fín”. Pensé yo para mis adentros y le respondí sonriendo.
-¡Sí! ¡Ya sé! Siempre lo uso así porque me gusta como me queda.
Mi vecino entonces se acercó hacia mí por detrás y me puso una de sus manos en la parte de mis “cachetes” que estaba al aire; yo me quedé quieto y no dije palabra alguna pero lo miré a los ojos de una manera por demás provocativa, ya que siempre esa ha sido (y sigue siendo aún) la forma en la que yo asentía cuando algo que me hacían, me gustaba.
El chico entonces empezó a manosearme todo el culo y yo, señalando la puerta del galponcito, le dije:
-¿Querés que entremos?
El pibe no me respondió pero abrió la puerta y entramos ambos al oscuro galpón; él buscó entonces el interruptor de la luz y cuando la encendió yo ya estaba con el pantaloncito en la mano y mostrando mi preciosa, apetecible, femenina y hambrienta cola desnuda.
-¡Qué hermoso culo tenés!
Exclamó mi vecino mientras me lo toqueteaba íntegramente y por un buen rato se sacó el gusto de manosearme tal y como seguramente habría querido hacerlo, desde que me lo vio aquella tarde de arriba del techo.
Después de esa excelente “tocada”, el chico se desabrochó la bragueta y se bajó el pantalón y el calzoncillo, para luego agarrarse la pija, ya bastante bien parada, con una de sus manos.
-¿Querés tirarme la goma? ¿Sabés como se hace?
Me preguntó mientras se la acariciaba y yo, relamiéndome los labios, me acerqué, le agarré la verga, me agaché y después de toqueteársela un rato le dije:
-¿Te lo chupo?
-¡Sí! ¡Si! ¡Dale!
Volvió a exclamar y yo, después de pasarle la lengua por todo el tronco y el glande, me la metí toda en la boca y comencé a chuparla la pija; Obviamente en aquel entonces no era el experto que soy hoy comiéndola las vergas, uno de los mejores sino el mejor (modestia aparte) “mamador” de porongas, pero me las arreglaba para hacer unas buenas succiones de miembro y luego de varios “Ah” de placer por parte de mi buen vecino, este me dijo:
-¿Querés que te coja? ¿Querés que te la meta?
-Ay, sí, dale, cogeme que ya tengo muchas ganas.
Le respondí mientras me paraba, me daba vuelta y me ponía en posición para ser penetrado; inmediatamente separé mis “cachetes” con mis manos, me pasé ligeramente los dedos por mi rosado agujero para cerciorarme de que ya estaba bastante dilatado y una vez confirmado aquello, le dije:
-Listo, ya está, dale, metémela.
El pibe se acercó y me la apoyó en medio de mis “cachetes”, me los manoseó durante un instante más y me la puso toda adentro, con bastante facilidad; yo no sentí ningún tipo de dolor porque no tenía el pico muy grande y una vez que comencé a sentirla como se movía adentro de mí me quise morir ¡Cómo me gustaban que me cojan! Siempre me gustó pero ahora me la metían y me acababan adentro porque, entre otras cosas, no existía aún el SIDA ni las otras pestes.
Como buen adolescente, el chico acabó muy rápidamente (demasiado para mi gusto) y aunque yo le volví a pedir que me cogiera, que esperara un rato hasta que se le parara de nuevo y me la metiera otra vez, a él le agarró como una especie de vergüenza o algo así y me dijo que no, mientras se acomodaba rápidamente su ropa.
A partir de ese día, mi vecino volvió a cogerme varias veces, incluso hasta una noche me hizo acostarme con él en la cama de sus viejos y me cogió, pero poco tiempo después se puso de novio y seguramente la chica en cuestión debió haberse dejado coger porque nunca más volvió a “garcharme” y eso que yo seguí mostrándole la cola cada vez que tenía una oportunidad, pero ya ni eso funcionó para mí.
Pero aún así me quedó la satisfacción de que a aquel pibe le encantó mi culo, llegando inclusive a compararlo con el de su novia (que entre paréntesis no creo que se lo haya dado nunca) y sus comentarios al respecto pasaron a engrosar la nómina de elogios y halagos hacia las bondades de mi “femeninísima” parte trasera; ello yo mismo lo confirme porque el mismo chico que me había hecho el comentario de que había alguien que quería cogerme, volvió a ser confidente conmigo y me puso al tanto de todo lo dicho por mi buen y excelente cogedor vecino.
Walter H. – Comodoro Rivadavia – Provincia del Chubut – República Argentina.
walterculindohache@yahoo.com.ar (Mándenme muchos E-Mails).
 
Escribile un e-mail al autor:
walterculindohache@yahoo.com.ar

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