CAMBIE DE OIPINION Mi esfínter se había abierto
Enviado por Narrador el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

y sin darme cuenta a medida que el segundo metía y sacaba su verga de mi culo, yo comencé a mover sin querer mis nalgas de un lado a otro, no me había dado cuenta de ello, hasta que un tercero que nos observaba dijo en tono de broma, “a él” refiriéndose a mí “no le gusta, pero le entretiene

Hace unos cuantos años a tras, cuando contaba apenas con diecisiete para dieciocho años, pasé por un experiencia que cambio toda mi vida. Estaba por salir de viaje para ingresar al Seminario Jesuita, desde luego con la idea de ser seminarista y eventualmente sacerdote de esa misma orden, durante los días previos a mi partida, me di a la tarea de visitar a mis parientes y familiares en la ciudad. La última que fui a visitar fue a una tía, hermana de mi padre, o mejor dicho media hermana, ya que mi abuelo en cierto momento de su vida le fue infiel a mi santa abuela, que Dios tenga en su Santa Gloria. Mi tía Dora me recibió a cuerpo de rey, y desde mi llegada a su casa, aunque me hizo patente su descontento al enterarse que deseaba ser sacerdote Jesuita, no por ser Jesuita, sino por ser sacerdote. Ese día o mejor dicho esa tarde también vi a mi prima, Leticia. La única hija de mi tía, según tenía entendido el esposo de mi tía falleció, luego que ella dio a luz a la niña, y de ese día en adelante se dedicó a criarla. Curiosamente Leticia era más o menos de mi edad en esos momentos, y apenas nos llevábamos una semana de diferencia entre nuestros cumpleaños, siendo yo mayor que ella por unos pocos días. Pero lo que más me llamó la atención es que mi joven prima se encontraba embarazada, tenía entre seis o siete meses de embarazo. Mi tía me contó que el novio de mi prima la había embarazado, y como para mi tía el tipo era un mal viviente, lo botó de la casa. Después de cenar me despedí de mi tía y de mi prima, pero Leticia se ofreció acompañarme hasta la parada del autobús, que debía tomar para regresar a casa. Leti con su gran barriga y yo caminábamos despreocupadamente hablando de mi vocación sacerdotal, y ella me preguntaba insistentemente sobre mis votos de castidad, para decirme luego que ella francamente nunca en la vida hubiera ni tan siquiera pensado en eso, y era evidente que no por su avanzado estado de gestación. Sin previo aviso nos encontramos rodeados por una pandilla, serían como una media docena de chicos de más o menos de nuestras mismas edades, todos mucho más altos, grandes y corpulentos que yo. El jefe del grupo sacó un arma y apuntándola hacía nosotros, nos obligó a meternos en una vieja y abandonada casa. Ya entrando me habían despojado de mi reloj, mi cadena con un crucifijo que me regalo mi abuela, y hasta de mi cartera con el poco dinero que tenía dentro de ella, por lo que realmente no me preocupe mucho, pensé que tras robar se marcharían dejándonos a nosotros en paz. Pero no fue así, ya dentro de la vieja casa, el jefe del grupo comenzó hacerme preguntas he insinuaciones en cuanto al embarazo de mi prima, mientras el resto de sus amigos se reían bastante, en ese momento me dio la impresión de que pensaban que yo era su novio o marido de mi prima. Pero cuando les aclaré, tratando de darme importancia, que Leticia solo era mi prima, y que yo era prácticamente estudiante de cura, por que eso de decirles que iba a ser seminarista, me pareció que no lo entendían. Todos se comenzaron a reír de mí. El jefe del grupo de ellos se acercó a mi prima, con malas intenciones en sus ojos comenzó a mirarla, ella en cambio actuaba de manera altanera, como si no le tuviera miedo alguno lo que me preocupo bastante. Yo me puse bien nervioso, me supuse que Leticia también se encontraba nerviosa y actuaba de esa forma, preocupada por su barriga, por lo que ese salvaje le pudiera hacer a ella. Cuando vi que el jefe de ellos comenzó a tocarle los muslos a mi prima ha levantarle la bata de maternidad que ella usaba, y que Leti no hacía nada para impedirlo, no se de donde saqué valor y le he dado un fuerte empujón, cayendo el tipo al piso. De inmediato se levantó y con el arma me apuntó a la cara. Leticia intervino en ese momento y le habló como si lo conociera desde hace mucho tiempo. El tipo comenzó a decir algo al tiempo que caminaba a mi alrededor, y justo cuando se encontraba tras de mí, perdí el sentido. Luego al tiempo supe por mi prima que me había dado con la cacha del revolver, por la cabeza. Al despertarme, me encontré tirado en el piso, pero para mi sorpresa, un tipo mantenía un pie sobre mi espalda impidiendo que me levantase, luego me di cuenta de que yo estaba por completo desnudo. Al tratar de zafarme veo que además me tienen atado a un banco por pies y manos lo que impedía que me zafase. Cuando levanté la cara vi que ha Leticia la tenían parada frente a mí, sujeta por el jefe de la pandilla, que le tapaba la boca mientras él me decía. “Bueno mano, tu decides. O dejas que mis muchachos te claven todos a ti, o le meto mano a la preñaita.” Les diré que en esos momentos sentía una gran rabia por la impotencia de no poder hacer nada. El solo pensar que esa partida de atorrantes le llegase hacer daño a Leticia o a su barriga, me llevaron a decirle al jefe del grupo que la dejasen en paz, y que con migo hicieran lo que ellos quisieran pero que no la tocasen a ella. Mi temor era que la hicieran abortar, y yo no quería que eso fuese a suceder, y sí para ello tenía que dejar que me jodieran lo haría. A una señal del jefe, el que se encontraba con su zapato sobre mí espalda se bajó los pantalones y a los pocos segundo se colocó tras de mí, sus dedos llenos de su saliva los comencé a sentir sobre mi ano, levanté la vista y vi como todavía el tipo mantenía una de sus manos sobre la boca de mi prima y la sujetaba contra su cuerpo, impidiendo que ella escapase. Yo procuré mantener la calma y no pensar en el dolor que eso me fuera a producir, me moría de la vergüenza por el hecho de que mi prima tuviera que contemplar lo que estaban por hacerme. Cuando el tipo estaba a punto de comenzar, por unos segundos restregó su miembro entre mis nalgas, volvió a ponerme con sus dedos algo más de saliva en mi esfínter, justo en ese instante sentí que por mi espalda corría una especie de sabrosa corriente eléctrica. De inmediato comencé a sentir como me comenzaba a penetrar. El dolor fue insoportable, yo le gritaba que me lo sacase que me dolía mucho que me iba a matar, y él en lugar de hacerme caso se reía y continuaba penetrándome sin parar, por mi rostro rodaron varias lágrimas, de vergüenza y dolor me decía a mi mismo que cuando todo eso pasase los mataría uno a uno. Cuando él chico que se encontraba metiéndome su verga quedó por completo pegado a mi cuerpo, me tomó por las caderas y comenzó a meter y sacar su miembro de dentro de mi cuerpo. Al principio lentamente y a medida que lo hacía continuaba riéndose al igual que el resto de los de la pandilla, al poco rato ya no sentía tanto dolor, y cuando ya me estaba acostumbrando a eso, él sacó su verga y vació una gran cantidad de su semen sobre mi espaldas y nalgas. El siguiente debió haber agarrado parte de mi ropa y con ella limpió mis nalgas y espalda, lo sentí colocarse tras de mí, y hasta como me comenzó a poner de su saliva entre mi culo, nuevamente sentí esa agradable sensación que me recorría toda la espalda, a los pocos momentos igual que el primero, comenzó a meter su verga dentro de mi cuerpo. En esos momentos, a diferencia de la primera vez, el dolor físico fue mucho menor, pero cada vez que miraba a mi prima ella me observaba con sus enormes ojos como quien no cree lo que esta viendo. Mi esfínter se había abierto y sin darme cuenta a medida que el segundo metía y sacaba su verga de mi culo, yo comencé a mover sin querer mis nalgas de un lado a otro, no me había dado cuenta de ello, hasta que un tercero que nos observaba dijo en tono de broma, “a él” refiriéndose a mí “no le gusta, pero le entretiene”. Al escucharlo me sentí mucho más avergonzado, en ese instante otro del grupo dijo, “a ver si como mueve el culo también mama” tras lo cual se bajó los pantalones, hasta que su verga quedó del todo al aire, sin decir más nada me tomó por el cabello, y acercándose al borde del banco, con su miembro entre sus dedos, lo colocó frente a mi cara, trató de obligarme abrir mi boca, pero yo me negué, pensé bastante malo era ya que me dieran por el culo, como para que encima de eso me pusieran a mamar. Yo pensaba quedarme con mi boca cerrada, hasta que el jefe del grupo dijo, “sí tu no, ella de seguro si”, señalando a mi prima Leticia, que la tenía sujeta por la voluminosa barriga, por lo que a pesar de toda la repulsión que yo pudiera sentir, abrí mi boca y cerré mis ojos. Sentí como esa cosa dura y caliente entraba a mi boca, y como su glande comenzó a chocar con mi lengua primero y luego hasta contra mi garganta. No me quedó más remedio que continuar, mientras uno me daba por el culo al otro se la estaba mamando, en contra de mi voluntad al principio. Les diré que jamás ni nunca había mantenido una relación sexual con nadie, mis únicas y pocas experiencias se habían limitado a una que otra masturbación, y ya cuando realmente no aguantaba más. Por lo que de momento comenzar a sentir todo eso que me estaban haciendo fue mucho para mí, el tipo que me tenía agarrado por la cintura mientras me introducía y sacaba su verga de mi cuerpo, comenzó a pasar sus manos por mi torso, y a manera de juego me agarraba las tetillas, y me pellizcaba las puntas, pero de manera tal que hasta en cierto momento comencé a encontrar placer en todo lo que me hacía él y el otro a quien le mamaba su verga. A medida que ese continuaba dándome verga por el culo, comenzó a decir. “el mariconcito este tiene un culito divino y sabroso, como nunca antes he tenido otro”. Eso se lo decía al que yo se la estaba mamando, y ese le respondió riendo “Tú no sabes de lo que te estas perdiendo, este mama mejor que mi novia”. Cuando ellos finalmente no se pudieron aguantar más y se vinieron, el que me daba por el culo, al igual que el primero sacó su verga y derramó su leche sobre mis nalgas y espalda, pero al que se la mamaba al momento de venirse, por poco me ahoga y como sujetó mi cara contra su cuerpo, me vi obligado a tragarme casi toda su leche. A continuación al ellos retirarse, otros dos más ocuparon sus lugares, el que vigilaba las sogas que me tenían atado de pies y manos puso su verga dentro de mi boca sin mucho problema, y él otro que miraba, como su compañero metía su verga por el hueco de mi ano, me introdujo la suya en mi culo. Cuando él que se montó sobre mí, atravesó mi esfínter con su verga, la sensación fue completamente distinta, hasta puedo decir que me agradó y que disfruté que lo hiciera, de inmediato me dejé llevar por el placer, olvidándome por completo de mi prima. Comencé a mover mis caderas como ellos decían como si fuera una puta en celo. Levanté la vista buscando a Leticia, la encontré besándose con el jefe de la pandilla, él le acariciaba todo su cuerpo en particular la barriga por sobre la bata de maternidad que ella usaba en esos momentos. A medida que ellos se besaban sus compañeros se burlaban de mí al tiempo que yo movía mi culo y lo restregaba contra el cuerpo del que estaba sobre mí, hasta que sin proponérmelo realmente, sin tocar yo mi verga me vine. Leticia lejos de poner resistencia se dejaba tocar toda, el tipo fue levantando la bata hasta que sin mucho problema se la quitó, mi prima se encontraba sin más nada de ropa bajo la bata, el ver por primera a una mujer embarazada desnuda, llamó toda mi atención y a pesar de estar mamando una verga no le quitaba mis ojos de encima a ella. El jefe del grupo se bajó los pantalones y sacando su verga, tomó asiento sobre un banco, sin dejar de acariciar a Leticia cada vez que podía. Leticia por unos momentos acarició la verga del tipo ese, y abriendo sus piernas frente a mí, se la acomodó a la entrada de su peludo coño. A pesar de la oscuridad pude ver como el miembro del tipo se deslizaba por completo dentro del coño de mi prima, la barriga parecía no estorbarle en lo más mínimo en esos momentos, en que ella cabalgaba sobre las piernas del que después me enteré era su novio. Leticia y su marido realmente no duraron mucho tiempo, al que yo se la estaba mamando también con bastante rapidez se vino dentro de mi boca, pero pude saborear y tragarme con calma todo su semen. Pero el que me daba por el culo, parecía no tener fin, Leticia y su marido se retiraron, al igual que los otros tipos. Cuando finalmente se vino en lugar de acabar fuera de mi culo, lo dejó todo adentró lo que disfruté tremendamente. Antes de retirarse cortó con una navaja, las sogas que me mantenían sujeto de pies y manos. Tras levantarme algo adolorido en el culo, me dediqué a vestirme, bastante confundido por todo lo sucedido, como era posible que a pesar de lo sucedido, yo haya disfrutado de que lo hicieran. Tras ponerme mi ropa bastante sucia y manchada de semen, decidí irme a mi casa a pie, ya que ni siquiera para tomar el autobús me dejaron. Como a las dos horas finalmente llegué a mi casa. Cuando les dije a mis padres que me habían asaltado se preocuparon mucho, pero no les conté todo lo sucedido desde luego. Desde esa noche no hice otra cosa que masturbarme acordándome de todo lo que me había sucedido. Apenas pude fui donde mi padre confesor, y en secreto de confesión le comencé a contarle lo sucedido. No había terminado de decirle que me tenían atado y desnudo, cuando me indicó que mejor continuábamos con la confesión en otro sitio. A mí eso no me pareció raro, por lo que lo acompañé hasta su habitación, donde seguí con mi relato de lo sucedido, él me escucho pacientemente, y cuando le dije que me sentía mal por entender que todo eso me había agrado, me dijo que no debía preocuparme por eso que todo tenía una simple explicación, y continuó preguntándome cuantas veces había mantenido sexo antes de eso, le dije la verdad que realmente fue la primera vez que tuve sexo con persona alguna, y a medida que yo hablaba él se fue acercando a mi, colocó una de sus manos sobre mi rodilla, y me sentí algo nervioso. El se debió dar cuenta de ello, ya que me dijo que no me pusiera nervioso, a medida que poco a poco la iba subiendo por mi muslo. En ese momento me preguntó que sentía cuando su mano me tocaba la pierna, yo le mentí diciendo que no me molestaba, ya que temía ofenderlo, pero involuntariamente mi pene tuvo una tremenda erección. Yo traté de ocultarla con mis manos pero él las retiró diciéndome, no te preocupes por eso es lo más natural del mundo, que eso te pase, lo hice con toda la intención de que sucediera. Yo sentí que mi cara se ponía roja de vergüenza, pero el Padre Pérez me dijo. “Lo que sucede que aun tu no has aprendido a dominarte. Sí quieres has la prueba con migo, para que veas” y colocando una de mis manos sobre su pantalón continuó diciendo. “Vez como a mi no me pasa nada a menos que yo quiera.” Yo me quedé viéndolo como si no le creyese, y él me dijo agárralo, para que veas que no me pasa nada. En medio de mi incredulidad y con bastante reserva de mi parte así lo hice, pero tras colocar mi mano sobre la tela de su pantalón donde me imaginé se encontraría su miembro y cerrarla ligeramente, de inmediato la retiré. Realmente no sentí nada que me hiciera pensar que el Padre tuviera una erección, en ese instante. Pero para mi sorpresa me dijo, me parece que aun no me crees, y sin más ni más se ha sacado su miembro del pantalón frente a mis ojos. Realmente no estaba erecto, pero nuevamente agarró mi mano y la colocó directamente sobre su desnuda verga. Yo me quedé nuevamente sin decir palabra, pero su miembro se mantenía como que si nada, hasta que viéndome a los ojos dijo. En cambio sí yo quiero mira la que sucede. En ese instante bajo mi mano sentí como su miembro se iba poniendo duro y caliente, hasta quedar del todo erecto en contacto con mi mano, que hasta esos momentos había permanecido del todo abierta. El Padre Pérez en ese momento me volvió a decir, vez que reacciona a mi voluntad, y en ese instante quiso retirar mi mano de sobre su verga, pero yo no se que me pasó que de manera inmediata se la terminé de agarrar toda con mi mano, la sentía dura y bastante caliente, mis ojos se quedaron viendo como si no hubiera otra cosa que hacer. Se que el Padre me dijo algo más pero francamente no le puse atención, y algo que dentro de mi no pude controlar me llevó a poner mi boca sobre el grueso glande del cura. Por unos minutos me he dedicado a mamársela, sin reparo alguno de su parte, pero en cierto instante levanté la vista mientras seguía mamando, y él me preguntó si deseaba sentarme en sus piernas. Sin sacar su verga de mi boca moviendo mi cabeza de manera afirmativa le respondí que si. Me sacó su gruesa y venosa verga de mis labios y me ayudó a levantarme, yo algo desesperado me hice un lío tratando de bajar el pantalón a toda prisa, hasta que él mismo retiro mis manos, y personalmente, me soltó la correa, y tras abrir el botón de mi pantalón, bajó la cremallera, luego con la misma calma me bajo el pantalón y el interior, hasta mis rodillas. Mi verga considerablemente más pequeña que la del, se encontraba también erecta, él la vio sin hacer comentario alguno colocó sus manos en mi cintura y me dio la vuelta, hasta que quedé dándole la espalda. Por un corto instante sentí sus dedos dentro de mis nalgas y me dio la impresión de que me untaba alguna crema algo grasosa, tras lo cual me volvió a tomar por la cintura y lentamente comenzó a atraer mi cuerpo contra el de él. Fui sintiendo como su miembro se comenzaba a deslizar entre mis nalgas, hasta que se topo con mi esfínter. Poco a poco continué teniendo esa sensación de que su verga me comenzaba a penetrar, sería por la crema pero el dolor no fue mucho, yo seguía sentándome lentamente sobre su inmensa verga que divinamente me penetraba por el culo, sus manos continuaron apretando mi cuerpo contra el del, hasta que finalmente su verga se encontró toda dentro de mi cuerpo. Yo en ese momento me sentía que iba a estallar de felicidad, y comencé a moverme sobre sus piernas restregaba lentamente mis nalgas contra su pantalón, sentía como su miembro entraba y salía casi totalmente de mi culo, mientras que con sus manos me acariciaba el torso por dentro de mi camisa. Con su boca me comenzó a besar y a mordisquear mi cuello, y cada vez que sentía sus dientes en mi nuca mi cuerpo se contorsionaba de manera y forma involuntaria. El Padre Pérez, me dijo que me comportaba como una rica putita, al escucharlo referirse a mí en términos femeninos, sentí una gran alegría. Era la primera vez que alguien me trataba de esa manera, y me sentía sumamente especial, creo que involuntariamente, me dejé llevar por la situación y cuando me volvió a decir que yo era su putita, con voz afeminada le respondí que si, mientras continuaba metiendo y sacando su verga de mi apretado culito. Por un buen y largo rato cabalgué sobre los muslos de mi confesor, hasta que él me pidió que me parase un momento para cambiar de posición. Al levantarme me insinuó que me debería quitar toda mi ropa, lo que sin pensarlo dos veces hice de inmediato. Cuando me quedé del todo desnudo ante él, me abrazó por la espalda y estando de pie, comenzó a nuevamente introducir su venosa verga dentro de mi cuerpo. La sensación de ser abrazado sujetado y penetrado de esa manera era algo que para mi no tenía comparación. Ahora que lo pienso me movía como toda una puta sin realmente saber que lo estaba haciendo. Disfrutaba todas y cada una de sus fuertes envestidas contra mi cuerpo desnudo, hasta que en cierto momento me volvió a dar un fuerte y apretado abrazo, se detuvo he imagino que se vino dentro de mi culo. Por un corto rato los dos nos quedamos quietos, hasta que sentí que sacaba toda su verga de mi culo. Al terminar me indicó que me vistiera, lo que hice sin que me diera tiempo a ir al baño. Cuando terminé de vestirme, me indicó que deseaba volver a verme durante la semana. Sin más detalles les diré que durante esos días, cambié de idea en cuanto hacerme sacerdote. Después del Padre Pérez, han sido muchos los que han compartido conmigo.

Autor: Narrador

 

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