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El Culo Relato Gay |
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Enviado por Walter H el día Jueves 1 de Enero de 1970 |
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El culo es, sin lugar a dudas, la parte del cuerpo humano que más expectativas crea, la más misteriosa, la más intrigante, pero por sobre todas las cosas la más deseada y la que más pasiones despierta; un culo, independientemente de su forma, tamaño, etc., jamás pasa desapercibido; las mujeres se desviven por tener un buen “traste” y sueñan con que este siempre se mantenga bien parado, durito y levantado a través de los años; ¡que chica no ha recibido alguna vez “una mano en el culo”! y ¡que hombre no ha “fantaseado” y se ha “ratoneado” con “hacerle la cola” a alguien! Además, quien no espera los calorcitos del verano para ver culos en la playa, en los concursos de “bikini open” o en las famosas fiestas de carnaval.
Yo, por suerte, puedo considerarme muy agraciado al respecto, porque la madre naturaleza me ha dotado con una muy buena cola, ya que desde temprana edad, cuando promediaba mis doce años y por una razón de tipo hormonal, mis caderas se ensancharon levemente y mi culo adoptó una forma increíblemente femenina, forma que pude mantener a través del tiempo gracias a la práctica habitual de deportes, pero sobre todo por haber hecho de manera constante, diferentes ejercicios localizados y específicos para mi “parte trasera”.
Mi hermoso culo me ha dado un sin número de satisfacciones, sobre todo teniendo en cuenta que desde muy pequeño comencé a sentir atracción por los chicos; obviamente mis carnosos, blanquísimos, tersos y suaves “cachetes” y sin un solo bello o “pelusa” tal vez por aquella misma “razón de tipo hormonal” (ya que nunca hice nada artificial por tener la cola completamente depilada), no son exactamente iguales a los de una mujer pero si puedo asegurar que a varias de ellas les gustaría muchísimo seguramente tener mi espectacular culo.
Este “preámbulo” viene a consideración porque mi deliciosa y apetitosa cola, fue un factor primordial y fundamental en una relación de un altísimo voltaje erótico, que recientemente tuve con un muchacho al que conocí en una de las grandes tiendas de esta ciudad; todo comenzó cuando fui a comprarme ropa y me atendió un vendedor quien me atrajo físicamente apenas se acercó para atenderme, así que empecé a concurrir cada vez más seguido a aquella tienda con el propósito de ver a ese hermoso muchacho e inclusive en más de una ocasión, entré al local para probarme ropa (sin comprar nada por supuesto) solamente para ser atendido por aquel vendedor.
“Tanto va el cántaro a la fuente que al final...”, terminé por levantarme a esa “escultura” y después de varias salidas, ya no veía la hora de llevármelo a la cama, algo que por suerte sucedió no sin antes haberme hecho esperar más de la cuenta; yo, a la hora de desvestirme, hice lo que siempre hago en estos casos es decir sacarme el pantalón y quedarme solamente con la camisa.
El muchacho, ya totalmente desnudo, estaba esperándome en la cama pero yo le propuse apagar primero la luz principal y dejar únicamente encendida la de un velador, para darle un clima especial a ese momento; mi sombra se reflejaba en la pared de la pieza y yo entonces empecé a hacer el “streep-tease” que tanto me gusta hacer en estas situaciones, para finalizar exhibiendo mi monumental cola a sabiendas de la muy grata sorpresa que siempre causa en estos casos.
Si bien estoy acostumbrado a los elogios que recibo gracias a mi buen culo, algo que no por reiterativo deja de hacerme sentir realizado, en esta ocasión esos halagos colmaron enormemente mis expectativas, ya que el vendedor quedó estupefacto y embelesado ante mis carnosos “cachetes”, haciéndome saber al respecto (una vez que reaccionó) que uno de sus mayores delirios era precisamente el tema de las “colas”, independientemente que fueran estas de mujeres o de hombres (allí me di cuenta que el muchacho era “bisex” al igual que yo, pero él únicamente “activo”); confesándome además ser un empedernido consumidor de “culos” en Internet, en revistas, en televisión y en cuanto medio estos aparecieren.
Obviamente aquella noche mi buen vendedor me hizo la cola de manera alucinante y, aunque a mí me gusta muchísimo más “hacer el amor” en lugar de solamente “coger” (dejo esto a la libre interpretación de los lectores), comprendí perfectamente a aquel muchacho porque entre otras cosas, soy muy abierto de mente.
Tan espectacular resultó esa relación sexual que el muchacho, quizás por temor a que yo desapareciera de su vida y tal vez para asegurarse el poder seguir usufructuando con las bondades de ese culo que lo había maravillado, me propuso que yo me convirtiese en su “novio”, proposición que acepté en forma inmediata y de muy buen grado, porque, aunque entre nosotros únicamente se había dado una atracción física, un “flechazo” y nada más (no había otro tipo de sentimiento), la palabra “novio” no solo no me disgustaba para nada, sino que además me “calentaba” y mucho.
Siendo ya el “novio” oficial, fui el día siguiente a la tienda y obviamente me hice atender por mi vendedor preferido, a quien le pedí un pantalón y una vez que tuve la prenda en mi mano, me metí al probador; al cabo de un instante asomé la cabeza por la cortina y le dije:
- ¿Me traés un talle menor?
Apenas apareció con el nuevo pantalón, le hice una seña para que mirase, discretamente, dentro del probador y cuando lo hizo, tuvo que hacer su mayor esfuerzo para que su cara no reflejara la enorme sorpresa que yo le tenía preparada, ya que mientras él fue y volvió con la prenda de vestir, yo lo esperé allí dentro con una tanguita color rojo y exhibí delante de él mi colita, meneándola de un lado a otro.
- ¡Estás loco! ¡Mirá si alguien te veía!
Exclamó mi novio una vez que ya estábamos en casa a la noche y yo le respondí sonriendo socarronamente:
- ¡Vamos! Me vas a decir que no te gustó.
E inmediatamente me bajé el pantalón (tenía puesta la misma tanguita), paré bien el culo y mirándomelo, hice como si le hablase directamente a él y dije en voz alta:
- ¡Viste! ¡Parece que a papi no le gustó verte en el probador!
Esa ocurrencia de mi parte hizo sonreír a mi novio pero también lo hizo calentar y mucho, así que inmediatamente se abalanzó sobre mi parte trasera y me la comió de manera espectacular.
Atento a que mi novio deliraba por mi cola, decidí aprovechar aquello para hacer realidad alguna de las “fantasías” que llevaba muy dentro de mí y le pedí entonces que me trajese, de la tienda, dos polleritas, una “mini” bien cortita y algo acampanada y otra de las tipo tubo, bien ceñida y ajustada al cuerpo; por supuesto el muchacho accedió inmediatamente a mi pedido, porque él también se moría de ganas por verme vestido con aquellas prendas.
Para ser lo más explícito posible y poder describir con la mayor precisión, la forma en que mi novio me “hizo la cola” en los días sucesivos, usando yo la ropa que él mismo me compraba, voy a apelar a un ejercicio de imaginación para quien lean este relato (como digo siempre, mis queridos lectores); busquen el momento y el lugar oportuno, excítense previamente de la forma que sea, cierren los ojos y traten de visualizar el siguiente cuadro.
Una persona (yo en este caso) vestida de la cintura para abajo con una tanguita y una pollera cortita que al menor movimiento dejaba al aire unos blanquísimos “cachetes”; parada frente por ejemplo a una mesada en la cocina, ligeramente reclinada hacia adelante, meneando la cola de un lado a otro, exhibiéndola, haciendo un sin número de poses “harto provocativas” y ofreciéndola descaradamente; por el otro lado el siguiente sujeto (en este caso mi novio) acercándose por detrás y metiendo en principio su mano debajo de la falda, hurgando allí hasta dar con una superficie curva e increíblemente suave y tersa al tacto, recorriendo cada milímetro de esa piel con todo lo que ello significa, tanto para el “tocador” como para quien es “tocado”; el enorme placer que brinda en caso el manosear y el ser manoseado.
Yo, particularmente, tengo en la cola una sensibilidad tal que al menor roce se me eriza la piel y el cuerpo se me estremece de la cabeza a los pies.
Después de aquel primer “toqueteo”, la acción continúa (relatada ya en primera persona) cuando mi novio, siempre por detrás, me levanta la pollera y comienza lentamente a bajarme la tanguita, no sin algún tipo de inconvenientes porque quien halla efectuado aquello, es decir bajar o dejarse bajar una bombachita de esas características, sabrá entonces que esa prenda íntima femenina, suele enrollarse y quedarse trabada en la “raja del culo”, sobre todo cuando uno contrae y aprieta los “cachetes”.
Ya con la tanguita fuera de mi cuerpo, me dejo caer encima de la mesada y me entrego por completo e inmediatamente siento una lengua (la de mi novio obviamente) recorriendo íntegramente mi cola, subiendo y bajando por mi ya húmeda “zanja” para introducirse finalmente en mi rosado y dilatado “agujero”; siento también un dedo y después otro, hasta que ya no doy más y con mis palpitaciones a mil, con una excitación extrema, con una calentura que me quema por dentro y a punto de desvanecerme de gozo y de placer, empiezo a pedirle, a rogarle y a suplicarle a mi novio, casi a gritos, que me penetre, que me lo introduzca, que me lo meta, que me coja, que me “culee”, que me posea o como quieran en este caso llamarle.
Una vez que la pija de mi hermoso novio entró por completo dentro de mi hambriento y sediento culo, comienzo a incitarlo, a alentarlo y a arengarlo para que prolongue aquel maravilloso momento hasta el límite de caer él exhausto y aún así le sigo pidiendo más, más, más y más ¡Qué insaciable soy!
Yo siento alucinación por mi femenina cola y constantemente me la estoy mirando y admirando pero gracias a este buen muchacho, el precioso vendedor que me gustó muchísimo ni bien lo divisé en la tienda, pude hacer realidad como dije anteriormente alguna de mis fantasías y vestir a mi hermoso culo con polleras, vestidos, porta ligas y todo tipo de prenda que no hacía más que resaltar y realzar la belleza de mi “parte trasera”.
Hace un tiempo que dejamos de ser “novios”, aunque yo siempre dejo la puerta entre abierta y nunca doy por finalizada una relación, porque “uno nunca sabe”.
Por último pido disculpas por lo extenso de este relato pero creo que bien vale la pena y si así es, me gustaría que por favor me lo hicieran saber, escribiéndome a mi E-mail; quizás también y porque no, aparezca por allí algún muchacho con deseos de ser “mi novio” y de tener alguna relación similar a la descripta.
Walter H., Comodoro Rivadavia, Provincia del Chubut, República Argentina. |
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Escribile un e-mail al autor: walterculindohache@yahoo.com.ar |
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