Comidas Rapidas.
Enviado por jules el día Jueves 1 de Enero de 1970
 
Al mediodía almorcé en un lugar de comidas rapidas. Estaba esperando el pedido y de pronto
siento detrás de mí una pareja hablando, me doy vuelta solo por curiosidad y
veo que es una muy linda mujer de unos 20 años, de contextura mediana y muy
bien formada y él un morocho de unos pocos años más, alto, calculo que 1,85,
y de físico trabajado por el gimnasio pero no al extremo. Me sorprendió un
poco porque ella era de rasgos finos, delicados, muy femenina, en cambio él
parecía un tipo hosco, rudo. Ella parecía enamoradísima y me pregunté que le
había visto. Disimuladamente lo miré de pies a cabeza y me dije para mi
mismo que seguramente el tipo debía ser un potro en la cama.
Me senté en una mesa con el diario y ellos en la mesa frente a mí. Los miré
sin que se dieran cuenta durante todo el almuerzo. Al terminar de comer yo
me quedé leyendo, y ellos charlando y haciéndose arrumacos. Al rato nomás,
los mimos ya eran una franela terrible, se tocaban, ella tenía la mano sobre
su entrepierna y él la tocaba por todos lados, se besaban frenéticamente, yo
miraba disimulado con rápidos vistazos.
En un momento ya él la besaba como queriendo comérsela, yo veía como le
metía su lengua en la boca desesperadamente, toda la escena ya me estaba
calentando y cada vez miraba más. Eso fue un problema, porque en uno de esos
besos de lengua llenos de saliva él me miró por encima del hombro de ella y
justo me descubrió espiando. Pareciera que eso lo motivó más y siguió con su
tarea a la vez que cada tanto me echaba una mirada furtiva. Esto hizo que me
cuidara un poco antes de seguir mirando.
Pasaron cono quince minutos y veo que ella se levanta, toma las llaves del
auto de la mesa, le da un beso de despedida y se marcha. Ni bien salió, el
tipo me miró y en un solo movimiento se levantó y se vino a mi mesa. Se
sentó y me dijo: "ya se fue, parecías muy interesado".
Eso me turbó, pero le seguí la conversación y para mi sorpresa me encontré
respondiéndole: "sí, me impresionaron tus besos".
Sonrió y me dijo que tenía que irse, que iba a tomarse el colectivo porque
llegaba tarde no se adonde. Le dije que si estaba apurado y se había quedado
a pié podía alcanzarlo a algún lado. Volvió a sonreir, ya con una sonrisa
cómplice, y me dijo: "si es así, alcanzame a donde vos quieras".
Mi calentura se multiplicó, ya tenía las más locas fantasías, creía estar
viendo esa lengua carnosa y jugosa ahora dentro de mi boca. Nos fuimos
inmediatamente. Una vez en el auto le pregunté si realmente estaba muy
apurado y me contestó: "estaba apurado antes de que propusieras llevarme,
ahora tengo todo el tiempo que quieras". Y al mismo tiempo apoyó su mano
inmensa en mi pierna derecha apretando levemente el muslo. Al mismo me
tiempo me dijo:"sabés, mientras esperaba la comida con mi novia detrás de ti
no dejé de mirar tu cola y me pareció increíble. Todo lo que pasó fue el
deseo que me provocó tu cola". Evidentemente, el tipo no se andaba con
vueltas y, por lo tanto, no iba a ser yo quien histeriqueara.
Salí del lugar y sin decir nada me metí en el hotel que había a dos cuadras
de allí. En ese pequeño lapso de tiempo él ya me había calentado
increíblemente con las cosas que me dijo: "que sabroso debe ser tu culito,
tengo unas ganas de morderte los pezones, la pija se me pone dura de solo
pensarlo." Todas esas palabras me tenían a full. Creo que llegamos volando a
la habitación y una vez adentro no le di tiempo a nada.
Lo empujé contra un espejo de pared, le metí un beso y dejé mi boca
dispuesta para que su lengua la invadiera, me llenó de saliva al primer
contacto, me besaba, me apretaba las nalgas y me apoyaba su verga que ya
estaba redura contra mi panza. Le saqué rápido la remera, el cinturón y bajé
sus pantalones y su boxer como un rayo.
La pija saltó como un resorte, me arrodillé como un esclavo a sus pies y
enloquecidamente la metí en mi boca, la chupé, la mordí suavemente, la
acaricié mientras la tenía en la boca, pasé mi lengua por toda su extensión,
metí sus huevos uno a uno en mi boca y luego ambos a la vez, lo di vuelta y
le chupé la cola, deliciosa, el gemía, apoyé mi dedo mayor y lo introduje
mientras lo hice girar y con mi dedo en su cola volvía a mamar su verga
preciosa. Lo quería hacer mío, lo quería vaciar, lo sentía caliente, mi cola
latía de deseo, su pija latía en mi boca, la sentía casi a punto cuando me
dijo: "voy a llenarte". Revolví mi dedo en su cola y le dije: "si, llename,
pero mientras lo hacés mirá como me trago todo". Me agarró de la nuca y me
ensartó la pija hasta garganta y en ese mismo momento empezó a largara leche
por ese  caño robusto sin parar, yo tragaba y tragaba, pero era un enchastre
de leche caliente, espesa, deliciosa, bombeó en mi boca unas cuantas veces
más, era un animal, hosco y rudo como lo imaginé.
Cuando se relajó decidí darle más placer, mi dedo aún estaba en su cola. Le
dije: "no dejes de mirarme". Bajó la vista, saqué la verga de mi boca llena
de leche, chorreaba, y mirándolo comencé a lamérsela toda para limpiarle
toda la lecha y tragármela, mientras le decía: "que rica, me encanta tu
leche, nunca probé algo más delicioso".
El gemía y me decía: "que putita que sos, más puta que cualquier hembra". Mi
dedo jugueteó en su cola y esa pija aún erecta comenzó a tomar otra vez todo
su esplendor. Mi cola sabía que era el momento. Me dijo: "¿ah, perra, querés
que te coja, que te la meta enterita, no?". Le dije: "si, amor, estoy
hambrienta de tu carne".
Me hizo parar y otra vez su lengua invadió mi boca. Era tan grande que solo
con la mitad llenaba la mía. Y no se como hacía, pero producía saliva a
chorros que me daba de beber casi atorándome. Cuando me tuvo de pié, se
volvió loco, me arrancó literalmente la ropa y empezó a acariciar con fuerza
mi cola, me habría las nalgas, llenó de saliva un dedo y lo metía despacito
en mi agujero, lo sacaba y lo metía, una y otra vez. Ya mi pequeña pijita
estaba a full y mi cola cada vez más abierta y más parada.
De un empujón me paró frente a la pared, con su manaza me tomó del cuello y
me hizo agachar, mi cola quedó a su disposición. Me apoyó la punta de su
verga en la entrada de mi canal y me dijo: "te la voy a enterrar hasta el
fondo despacito". No le di tiempo a que lo hiciera. Empujando fuerte  hacia
atrás hice que su pija entrara hasta los huevos de un solo golpe. "Ah, lo
querés rudo", me dijo. "Sí, dale haceme tu hembra, quiero sentirme tu puta,
tu yegua caliente y esclava, cogeme sin piedad, haceme sentir sucia,
putísima".
Me agarró de las caderas y empezó una cogida única, era un pistón, mete y
saca, mete y saca. Yo gemía, gritaba, pedía "más, más, quiero más, esa pija
me enloquece, cogeme, cogeme", le decía. "Sí, puta, te voy a dejar
destrozada, que lindo culo tenés". Lo sentía respirar agitado detrás de mí
como un buey y yo temblaba, mi cuerpo temblaba. Su pija era una espada, me
penetraba abriendo mi interior y llenándolo por completo. De a ratos se
detenía un instante y podía sentirlo latir en mis entrañas.
Sus manos mezclaban su sudor con el mío, me cogió así, sin piedad durante
diez minutos calculó y, sin siquiera tocarla, mi pija se derramó dejando
caer mi leche a chorros, el se apresuró, la recogió en su mano antes de que
cayera al suelo y me la metió en mi boca haciéndome deleitar con mis propios
jugos. Su pija seguía tan dura como al principio y el me preguntó: "te
gustó". Le dije: "¿me encantó, amor, pero es todo lo que tenés para mí?".
Enojadísimo me  sacó la pija, que ya fuera de mi culo apuntaba al techo con
una lanza. Me tomo con sus manos y me arrojó sobre la cama, me movía como a
un copo de nieve. Me agarró de las piernas y me acercó al borde de la cama,
puso mis piernas sobre sus hombros, apoyó otra vez la verga en mi cola y
ahora fue él quien me la metió hasta el fondo de una vez. En es posición
volvió a cogerme y a decirme todas obscenidades imaginables. Me hizo sentir
una verdadera hembra, lo hizo también que otra vez mi pija tomó su erección,
el la agarró en su mano, casi la escondía en ella y me pajeó con una dulzura
increíble en ese animal. Al mismo ritmo que su mano subía y bajaba por mi
tronco, su verga entraba y salía en mi cola.
Me dijo: "este polvo que te voy a echar, será el que más recordarás en tu
vida". Y así continuó, pajeándome y cogiéndome al mismo ritmo, y cada vez
que yo estaba punto de acabar presionaba mi pija en la base y me impedía
hacerlo. Me tuvo un rato largo así en la cama hasta que se salió de encima
mío, me tomó de las muñecas y levantó en el aire hasta hacerme parar. Me
llevó al sillón, se sentó y me hizo sentar de frente a él con mis pies sobre
el asiento a los costados de su cuerpo, lentamente me hizo descender y ví en
el espejo como su pija agarrotada y erguida se perdía en mi cola hasta que
quedé sentado sobre sus huevos. "Cabalgá, putita", me dijo. "¡Sí! Grité, por
fin tengo mi potro pijudo para poder montarlo". Y así empezó otra vez el
trajín. Nos cogimos mutuamente, el seguía hablándome sucio, insultándome y
haciéndome la paja, mordía mis pezones, apretaba mi cola. Saltar sobre esa
pija fue un sueño. Duró unos quince minutos más, en los cuales me impidió
acabar varias veces, la leche se acumulaba en mis huevos, hasta que por fin
me dijo: "ahora sí, nena, ahora sí tendrás todo". Cuando me hablaba como a
una mujer me hacía calentar aún más.
Y en ese momento un fuego invadió mi interior, sentía su leche caliente
inundar mi culo sediento y comencé desenfrenadamente a cabalgarlo más y más,
su leche no paraba de salir, él aflojó la presión sobre mi pija y comencé a
acabar como nunca lo había hecho. Mi leche salía a chorros y desbordaba a lo
largo de mi pija cayendo sobre su pecho y su vientre. Su leche seguía
brotando de su manguera y ya desbordaba mi cola, mis gritos eran terribles y
mi pedido no paraba: "más, más, no pares de cogerme, no dejes de llenarme,
que puta me siento, que macho que sos, así dámela toda, toda". Lo tenía
agarrado de los hombros y seguía: "más, más, no quiero que termine nunca". Y
el tipo seguía como si nada. Fueron como cuarenta segundos se derramar leche
dentro mío. Hasta que quedé destruido.
Me recostó sobre el sillón y empezó a pasar su mano por mi cola, recogía el
semen que desbordaba por mi agujero agrandado, lo juntó con los restos del
mío que quedaban en mi pija y en su panza y, groseramente, empezó a meterme
los dedos con toda esa leche en la boca, era una situación tan violenta que
empecé a retorcerme de placer otra vez mientras estiraba mi mano para
agarrar su verga. Cuando la toqué, sentí que seguía dura a la vez que me di
cuenta que la mía volvió a pararse.
¿Qué pasó después? Imagínenlo. Ese turno de hotel duró siete horas. Otro día
les relato como fue mi sorpresa por haber tenido tantos orgasmos en tan poco
tiempo gracias a las mil y una formas  y lugares de cogerme que usó ese
animal con forma de hombre.
O, si lo prefieren, me escriben y se los cuento personalmente. Hasta pronto.
 
Escribile un e-mail al autor:
julesamor@hotmail.com

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