Te cuento algo que me pasó.
Enviado por Jules el día Jueves 1 de Enero de 1970
 
Esto me pasó el 31 de Diciembre. No trabaja nadie y yo con un caño de la
cocina perdiendo. No encotraba plomeros por ningún lado. Llamé a un amigo
que alguna vez me dijo conocer uno recomendable, me dio el dato y logré
contactarlo y arreglar para que viniera.
Eran las dos de la tarde más o menos y sonó el timbre; puntual el hombre.
Abrí la puerta y menuda sorpresa me llevé. Unos treinta años, casi 1,90 de
altura, pelo negro, largo, ensortijado, sostenido por un accesorio que daba
forma a una colita.
Llevaba ojotas negras, una remera negra ajustadísima, casi como si fuera su
piel, que permitía adivinar las formas de su pecho y espalda, con unos
músculos marcadísimos y pantalones náuticos blancos de una tela muy pero muy
delgada, tan así que se traslucían sus nalgas y por la parte delantera se
adivinaba el vello púbico además de un bulto realmente interesante. Su piel
era morena, los brazos gruesos y sus ojos marrones.
Todo muy erótico, pero yo necesitaba arreglar el caño.
Pasó a la cocina y me dijo que debía correr la mesada, desconectar la
grifería y bla bla bla, lo de siempre para justificar el costo. Le dije que
no me importaba, que hiciera lo que necesitara pero que me dejara
solucionado el problema.
Lo dejé  trabajando y me fui a hacer mis cosas en la casa. Al rato volví, el
calor de ese día era atroz, el tipo ya había desarmado todo y estaba sudando
a raudales. El sudor pintaba su remera y llegaba hasta el fondo de  su
espalda y a su vientre, se deslizaba por los pantalones blancos que, ya
húmedos, deajaban notar perfectamente la redondez de sus nalgas, la negrura
de su vello y el tamaño de su instrumento. Los brazos transpirados hacían
que su piel brillara.
Cuando lo vi, el caño, la pérdida y todo lo que se les ocurra pasó a la
historia. No sabía que decir, solo atiné a preguntarle si tenía mucho calor
y ofrecerle algo de beber. me dijo que bastaba con agua fría. Saqué una
botella de agua mineral de la heladera y cuando fui a darle un vaso me dijo
que si para mi estaba bien a él le bastaba con la botella. Asentí, la
destapó y comenzó a beber tan groseramente que tragaba el agua y gran parte
se escapaba por la comisura de sus labios, cayendo por su cuerpo y haciendo
que mi excitación ya fuera total. El agua llegaba como cascada hasta su
entrepierna y yo no podía sacar la vista de allí. Eso fue fatal porque justo
levantó su mirada cuando yo me deleitaba con la belleza de su pija que ya se
mostraba nítida a través de la tela del pantalón.
No pude más que sonrojarme y el sonrió diciendo que en unos minutos más
terminaría su trabajo, se dio vuelta, continuó haciendo la labor y sus
nalgas pegadas al náutico me llevaron a un punto de excitación insospechado.
Antes de irme le dije que si sentía demsiado calor podía quitarse al remera.
Al regresar ya había terminado el arreglo, le acerqué una toalla y le dije
podía lavarse, se había sacado su remera como le sugerí y ya mi calentura
era tremenda. Esperé a que se diera vuelta para lavarse y me acerqué por
detrás, apoyé mis manos en sus hombros y el se enderezó, comencé a acariciar
su espalda y a decirle cosas sugerentes como si me iba a hacer la boleta o
si su trabajo era muy caro e iba a romperme el culo. Eso pareció calentarlo
bastante.
Deslicé mis manos por su espalda hasta llegar a sus nalgas, las pasé hacia
delante y, por sobre la tela del pantalón agarré su pija semidura. A medida
que iba arrodillándome fui bajando sus pantalones y sentí como su verga
saltó de ellos ya casi erguida totalmente, lo di vuelta para que estuviera
frente a mi y su pija quedó a la altura de mis labios, la tomé con una mano
desde la base y sobresalía el doble de tamaño de lo que tenía agarrado. Era
increíblemente hermosa, dura, gorda, negrísima y la cabeza estaba morada y
jugosa.
Levanté la vista, lo miré a la cara y le dije: quiero que me hagas tu
hembra, tu hembra puta, la más puta de todas las que hayas tenido; quiero
que seas mi macho, el macho más duro que me haya cogido jamás. Y sin esperar
respuesta tomé su verga con mi boca y comencé a besarla, a lamerla, a dejar
mi saliva en toda su extensión, la chupe, la mordí, la llené de brillante
saliva. se em hacía agua la boca con esa pija a mi merced, chupé sus huevos,
los puse uno por uno y los dos juntos en mi boca mientras pajeaba su pija
resablosa con mi mano, lamí su cola, sentí su verga erguirse más y más, la
sentí latir, palpitar, en mi mano y en mi boca. Me detuve unos segundo con
ella en mi interior y la sentía temblar y palpitar como un tambor, sabía que
quería acabar, apreté la base e hice que se demorara, seguí succionando,
chupando, lamiendo la cabeza divina de esa pija hermosa.
Hasta que lo quise dentro mío, quise hacerlo mío y le dije mirándolo que me
llenara, que me diera toda su leche, la introduje una vez más en mi boca
hasta el fondo, él me tomó de la nuca, de los pelos y comenzó a bombear
dentro mío, me llenaba la boca, me atoraba y crecía más y más. Sosteniéndome
así comenzó a acabar, terrible, eran chorros y más chorros que inundaban mi
garganta, la sacó un poco y me dejó abrir la boca mientras continuaba
hechando leche en mi interior, eso me permitió dejar salir bastante fuera de
mi y me baño el pecho ocn su leche mezclada con mi saliva. Fueron como
quince segundos de salir y salir leche por esa manguera. Hasta que se
detuvo, pero su verga seguía durísima.
Me hizo para, me partió la boca de un beso y me dijo: querías coger, bueno
ahora si te voy a coger, te voy a romper el culo como nadie lo hizo antes.
Me apoyó contra la mesada, se arrodilló y me comenzó a abrir la cola con su
lengua carnosa y mojada. desde arriba yo veía su pija parada y no podía
creerlo. Cuando dilató mi cola lo suficiente se paró y me apoyó la punta de
su cabeza en la entreada de mi culito que latía presuroso por tenerlo
adentro. Así apoyado, sin hacer nada, me pidió que moviera mis caderas, lo
hice en forma ondulante y sentí como despacio mi ano se abría más y más,
creí que nunca iba a poder poner eso dentro mío pero luego de unos segundos
sentí como mi propio ondular de caderas hizo que la cabeza de su verga se me
metiera adentro. Una vez así, me tomó de las caderas y me dijo que me
detuviera que ahora iba a continuar él, que me iba a hacer sentir cada
milímetro de su pija y empezó a meterla despacio, como en cámara lenta,
mientras me decía que era su hembra, su puta hermosa, una perra puta en celo
y que él era mi macho, solo mío, que su pija era mía y que me la daría toda,
completa.
Era tan enloquecedor que cerré mis ojos y me dediqué solamente a sentir como
su tronco, ese pedazo tremendo de carne me invadía despaciosamente y me
ensanchaba llenándome hasta el límite.
Cuando llegó al fondo no pude más, me di vuelta y le pedí casi rogando que
me coja: cogeme!!!, cogeme por favor!!!, montame como un padrillo a su
yegua!!!. Y no se hizo rogar me cogió entrando y saliendo de mí casi quince
minutos, los cuerpos temblaban, sudaban por el trajín, sus manos se
agarraban de mis nalgas y las abrían, entraba y salía en mi como un pistón
incansable. Supuse que si la primera vez, con la chupada que le di, había
demorado bastante, esta segunda sería aún más larga y me dispuse a
disfrutarlo.
Me decía: ¿te gusta, perra? ¿puta divina, te gusta que tu macho te coja? Y
yo respondía: sí!!! amor, dame mas dámela toda!!! soy tu puta, reputa!!! y
toda para vos!!! Ya gritaba de placer, mientras el acariciaba mi
entrepierna.
Olvidé decir que mido 1,80. Así y todo se detuvo, bajó sus manos a mis
nalgas y me levantó como una pluma haciendo que encogiera mis piernas hasta
que mis rodillas tocaran mi pecho y me llevó sin ningún esfuerzo hasta el
sillón de la sala. Se sentó siempre con su pija en mi culo y yo de espaldas
a él y me subió los pies a sus piernas. Cuando me tuvo así me dijo: ahora
cabalgame, puta!!! se mi yegua!!!. Me enloquecía más y más y comencé a
saltar sobre su pija, la que dejaba salir hasta la punta y entrar hasta el
fondo cuando mi cola chocaba con su vientre, así cogimos un rato largo,
mientras él decidió darme aún más placer y empezó a pajear mi pija pequeña
que estaba durísima desde que comenzó a cogerme.
Me hizo poner frente a él, pasó sus manos bajo mi cola, me alzó y, siempre
clavada su pija en mi culo, me recostó sobre la mesa con mis piernas largas
apoyadas en sus hombros. El permanecía parado y su pija empezó a empujar
adentro y afuera de mi culo, más y más, ya era una cosa indescriptible. Me
cogía mientras yo me retorcía, aullaba de placer y pedía más. Me tenía
agarrado de mi pijita que pajeaba cada vez más rápido hasta que no aguanté
más y comencé a soltar toda mi leche que inundó su mano. Nunca acabé así, el
pasó su mano llena de mi leche por mis labios, introdujo los dedos en mi
boca. Y no dejaba de bombear mi culo!!!
Hasta que sentí un gemido revelador que me indicó que era su momento, apreté
su verga enguantada en mi culo, le transmití los latidos de mi interior y a
continuación empecé a sentir como se desbordaba, su leche me inundó, era
tanta cantidad que a los pocos segundos empezó a desbordar hacias afuera. Yo
gritaba, él gemía. le dije que no quería que se perdiera nada, que lo quería
todo, toda su leche dentro mío.
Entonces bajó su mano aún sucia con mi semen y mi saliva y comenzó a recoger
su leche que desbordaba de mi culo, la juntaba en su mano y me la pasaba por
los labios, la metía en mi boca, me inundaba por todos lados. No soporté más
tanto placar y volví a acabar sobre mi propio vientre.
Después de unos segundos en que los dos quedamos vacíos, siempre yo acostado
en la mesa y el parado, su pija, ya algo menos dura, aún permanecía en mi
interior. Se dejó caer sobrte mi cuerpo y estuvimos así, con los últimos
jadeos, un rato largo hasta que me sentí respuesto y mis caderas comenzaron
a moverse otra vez haciendo que despacio su pija despertara nuevamente.
Se fue a las nueve de la noche, había que prepararse para el año nuevo, pero
hasta esa hora me cogió de todas las formas y en todos lados, en la cocina
otra vez, en la cama, en el living, sobre el lavarropas y hasta en el
balcón. Y cada vez lo hacía mejor.
Desde esa vez, todas los día se me rompió algo en casa durante una semana y
cada vez me lo arregló mejor. Y por supuesto, fui su hembra cada vez, hasta
que después de esa semana me vine a vivir a buenos aires y ya no podré verlo
más.
¿Habrá en esta ciudad algún nuevo plomero que se encargue de mi casa y de
mi? Si lo conocen, pasenme en el dato. Nunca se sabe cuando hay una
urgencia...
 

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