Me la dieron jugando IV
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 
La cosa con Julio y Armando no termino en una cogida, nos seguimos viendo e, incluso, ampliando nuestro circulo intimo con otros encargados de la cuadra. Discretamente, los dos se encargaron que todas las personas indicadas se enteren que yo estaba disponible. A mí, lejos de molestarme, me vino de diez, piensen que tenia la calentura propia de un putito de 14 años. Un día, Julio me invito a que lo acompañe a un asado que se haría en un campo del sindicato de los porteros en Moreno (Provincia de Buenos Aires). A dicho asado iríamos con Armando y otros 3 encargados de edificios vecinos, todos enterados de mi condición de entrega cola. Ante la idea de que me enfiesten entre cinco, respondí con ansiedad. La reunión se dio un día feriado. El campo estaría solo para nosotros, desde Buenos Aires salimos con Julio y Armando, los otros tres nos estaban esperando allá. Según me dijo Julio yo era el regalo sorpresa para los amigos, con lo que me prepare para la ocasión. Ese día a la mañana me fui a preparar a la casa de Julio, lleve unas cuantas bombachita para que elija una y me lave bien la colita para dejarla preparada para las obvias exigencias. Julio opto por que salga de Buenos Aires con una bombachita de algodón celeste. Me quedaba divina, resaltaba mucho mis nalgas, y por debajo se podía notar el hoyito que se formaba en la tela por la entrada de mi cola. También, lleve otras por las dudas. Cuando salimos a la calle, Armando nos estaba esperando con el auto y partimos para Moreno. Ya en la ruta comenzaron a calentarme, Julio me hizo bajar el joggin y mostrarle la bombachita nueva a Armando, este respondía con chistes y bromas: “Cuando llegues te vamos hacer transpirar la bombachita”. También me advirtieron de la pija gigante de uno de nuestros compañeros, se llamaban Martín, Sebastián y Oscar. Según me decía Armando, Oscar contaba con una verga de 25 cm, y era un desesperado de cogerse pendejos. Esto me puso de la nuca, no veía la hora de llegar. Cuando estábamos haciendo los últimos Km, Julio me dijo que me quede en bombachita así sorprendíamos a los muchachos y costaba menos entrar en confianza. Obedecí como el putito que era, me saque el pantalón y me quede en remerita y bombacha. Cuando llegamos, los muchachos salieron como tiro a recibirnos, entre ellos se estrecharon las manos y me presentaron. Para romper el hielo, Julio comenzó a bromear diciendo que a mi me gustaba que me saluden con palmaditas en la cola y, sin preguntarme, me apoyo boca abajo sobre el capo del auto, levantando mi remera para dejar la colita al descubierto. Riéndose todos me fueron saludando, y yo para hacer más apetecible el saludo levantaba la colita ante cada manotazo. Pronto nos fuimos acomodando en el quincho y nos aprontamos a tomar unas cervezas. A los cinco minutos, y para romper el hielo, Julio me pidió que le chupe la pija mientras hablaba con los muchachos. Actuando con toda naturalidad, me incline y comencé a comérmela delante de todos. Podía observar que todos estaban disfrutando del espectáculo. Cuando el ambiente estaba movido, Julio me pidió que me ponga en cuatro sobre la mesa y les muestre la cola a sus amigos. Todos se fueron acercando y comenzaron a manosearme, mientras yo me arqueaba como una gatita en celo. Armando, que ya me conocía bien, me corrió la tirita de la tanga y me froto cremita en la cola para prepararme para la faena del día. Mientras yo se la seguía chupando a Julio y, de reojo, veía como todos iban preparando su pijas. No tarde mucho en fijarme en la de Oscar, no era broma, tenía una pija gigante. Me saque la pija de Julio de la boca e, inmediatamente, me prendí de la de Oscar. Todos respondieron con risas, y Oscar decía este pendejo sabe lo que le conviene. La verga era enorme, solo la cabeza me ocupaba media boca, yo tímidamente la recorría con la lengua, pero Oscar apurado me la empezó a meter hasta casi la garganta. Realmente me estaba cogiendo por la boca. Mientras estaba entretenido con semejante pedazo, sentí que me empezaban a meter un dedo, con lo que respondí abriendo la piernas y aflojando las nalgas, poco a poco los dedos se fueron sumando y mi colita se fue abriendo. Obviamente Oscar me iba coger ultimo para agarrame bien abierto, con lo que Julio se puso atrás y, cuidadosamente, me empezó a coger, sentí con un escalofrió de excitación como me iba entrando el cabezón y el tronco adentro. Mientras me enfiestaban entre Julio y Oscar los demás se pajeaban y continuaban tomando cerveza. Nadie se apuraba, Julio tardo más de 20 minutos en acabar y, cuando lo hizo, le dejo el lugar a Armando. Armando fue más salvaje, aparte le gustaba decirme cosas como “putito, que bien moves el culo”, lo que –evidentemente- calentó a Oscar y me inundo la boca de leche. Armando, paso adelante a terminarme en la boca y le dejo mi trasero a Sebastián. Cuando Armando me acabo, Sebastián me puso en una especie de potro que –evidentemente- habían preparado para la ocasión. Yo quede acomodado boca abajo y con las dos piernas suspendidas en el aire, tenía la mejor posición de entregue que haya probado. Fue implacable, me cogió de diez, con movimientos firme y sin frenar un segundo, con sus manos separaba mis nalgas –como queriéndome partir al medio-, sentía que junto con su pija entraban en mi cola dos dedos (imagínense como me estaba separando). Antes de acabar me dio como 20 estocadas sacando la pija completamente y volviéndola a meter, ya tenía el culo totalmente abierto. Cuando me acabo, llamo a sus amigos para que vean como me había dejado el culo, mientras veían yo me metía un dedo para tantear el paisaje. Era el turno de Martín, esté me hizo un agujerito en la bombacha y me la metió por ahí. Yo estaba contento porque estaba próximo a pasar Oscar. Mientras Martín me la mandaba a guardar, yo no podía dejar de pensar en que iba a sentir cuando me entre semejante pedazo. Esto me hizo poner como loco, así que lo llame para chuparle la pija mientras Martín hacia lo imposible para metermela cada vez más adentro hasta que acabo. Por fin le tocaba a Oscar, la pija le mediría como 25 cm y era anchísima. El se acostó arriba de una mesa larga que había en el quincho, dejando su pija a mi disposición. Parecía una lanza, era sobrenatural. Yo dándole la espalda, me pare en cuclillas separándome las nalgas y apoyando la rajita en el cabezón de Oscar. Con una mano fui ayudándola a entrar, tenia que ir deteniéndome porque sentía que me estaba partiendo al medio. En meterla por completo tarde como 2 minutos, hasta que por fin quede sentado completamente sobre su pija. Los muchachos juraban que nunca habían visto putito igual. Lentamente, Oscar me fue poniendo en cuatro sin sacarme la pija del culo y, sin avisar, empezó a bombear. Era la primera vez que estaba asustado, tenia miedo que me rompa totalmente el culo, pero aparte de pija grande tenia una experiencia sin igual, con lo que me lo hizo pasar de maravillas. Cuando pegaba la estoqueada era interminable, aparte la tenia tan ancha que sentía como el tronco me lijaba los cachetes del culo cuando entraba y salía. Tardo como media hora en acabar, cuando la saco mi agujerito había terminado convertido en un hueco, tal fue así que se convirtió en la nueva atracción de los muchachos. Hicieron que me quede en cuatro mientras se pajeaban sobre mi culo y de a uno me tiraban la leche en la cola. Así estuvimos toda la tarde. Antes de que termine el día, los muchachos se pusieron a jugar a las cartas y, para tener diversión extra, me hicieron pasar en ronda debajo de la mesa chupando cada una de sus pijas.
 
Escribile un e-mail al autor:
quuicas@hotmail.com

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