Sergio, mi amor platónico
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Quisiera compartir con ustedes algo que me pasó en mis épocas de adolescencia, algo que nunca me enorgulleció, muy por el contrario, más cerca estuvo de la misma tristeza y la desesperanza, que de la ilusión. Sergio y yo estuvimos pocos años compartiendo lo que yo hoy me doy cuenta fue una relación muy fuerte, tal vez más de lo que yo mismo hubiese querido. Y tal vez el hecho de haberlo deseado tanto, lo conserva hoy y creo que lo conservará por siempre en mi memoria. 

El hecho es que siempre me gustaron los hombres, desde que tengo uso de razón, aunque la vida que hoy tenga y el resultado de mis decisiones vitales, haya sido otro. Aún así, tengo bien presente que no se puede dar la espalda a lo que nace desde dentro, a lo que nosotros mismos llevamos, a lo que somos … Tal vez Sergio hoy, esté en mi misma situación, tal vez no … Y aunque su perfume ya no causa en mí lo que alguna vez, fue y será siempre el primer y único hombre del cual tuve el coraje de enamorarme sin control. 

Tenía yo 15 años cuando me dí cuenta de que era terriblemente hermoso verle llegar al colegio, con su cara de bebé dormido todavía. Y que me sentía totalmente convertido en otra persona cuando él me regalaba sus ojos mirándome al hablar, los ojos más hermosos que nunca más pude encontrar en otra gente y que todavía hoy, busco sin consuelo. Aunque estéticamente era en extremo agradable, no era perfecto. No tenía una altura modelo, ni ojos color del tiempo, ni pelo del color del sol. Pero sus marcados rasgos eran exactamente lo que me desarmaba, lo que yo quería, lo que me hacía mirarlo y mirarlo sin alcanzarme las horas para seguir llenándome con su original belleza. Su mirada tenía el poder de llevarme hasta donde él mismo quisiera. Nunca se lo pregunté a nadie, pero yo veía a su alrededor una aureóla de seducción que arrasaba con lo poco que yo contaba en ese entonces. Me desbordaba, pero paradójicamente también me fulminaba, me dejaba sin vida. Podía notar que él estaba viniendo, aún con los ojos cerrados. En cuanto sospechaba su presencia, mi alma empezaba a ser infeliz por lo que nunca iba a poder tener y deseaba más que el aire mismo para mis pulmones. Y Sergio era tan maravillosamente dulce que nada de lo que hiciera hubiese podido provocar algún tipo de reproche. Me apreciaba, y ese era el problema. Yo no me habría enamorado hasta los huesos si Sergio hubiera sido una mala persona, o me hubiese tratado mal, si me hubiese dado una sola razón para pensar que lo que yo veía en él, era nada más que lo que yo quería ver. Desde que entró rezagado en el curso a mitad de año hasta que empezamos a compartir salidas y conversaciones, no pasaron más que unos meses. Poco a poco nos fuimos haciendo verdaderos amigos. Y para cuando intenté darme cuenta, ya me encontraba sumergido en algo que no podía manejar, me estaba enfermando de amor por él. No había horizonte en mí, más allá de lo que Sergio era.

Junto a él, y a una edad en que los errores se pagan caros, aprendí cruelmente lo que es amar con desesperación, en silencio. Recuerdo mil momentos en su compañía y todos, aún me erizan la piel. Aquella noche en la que me quedé a dormir en su casa y tuve que compartir su cama. Poco es el millón de palabras que pueda escribir o pensar para intentar acercarlos a mi sentir en ese momento. Esa noche aprendí lo que se siente cuando uno tiene el cuerpo del ser amado tan cerca, tan desnudo … No llegué a tocarlo, pero el calor de sus piernas tan cerca, no me dejó prácticamente dormir. Y, hasta que el cansancio me venció, pasé las horas más intensas imaginando lo que sería poder rozar mis piernas contra las de él, y sentir su bello, tan abundante, tan masculino, tan inalcanzable … 

Aunque no fueron muchas las oportunidades, verlo en slips, me recordaba que la belleza humana era posible. Me paralizaba ver su cuerpo tan desnudo, tan expuesto a mis sentidos. Era algo que no podía creer verlo caminar por la habitación, en busca de alguna camisa planchada, trasladando toda su hermosura frente a mí. Sin siquiera la sospecha de que yo lo amaba, cómo amaba cualquier persona adulta, tal vez mejor, de manera mucho más valiente …

Aquel fin de semana en que fuimos con otros amigos a una pileta y en los vestuarios se desnudó frente a mí, sentí la más fuerte de mis sensaciones hasta hoy. Dos segundos lo miré, y en mi mente están grabados a la perfección los detalles de su desnudez, todavía hoy. Y sé que van a acompañarme siempre. Tengo su sexo grabado en mis ojos, tengo el secreto de su intimidad … Y cada vez que la vida hoy me lo pone delante, muy esporádicamente, lo veo desnudo, lo veo parado frente a mí, descalzo sobre el piso frío y hablándome, como aquel día … Eso es algo que nadie va a poder quitarme nunca, ni siquiera él mismo …

La vida es muy generosa a veces, y aunque nunca Sergio se haya atrevido a amarme, yo le agradezco a la vida, por haberlo amado así. Me morí de amor la noche que lloró sobre mi hombro, creyéndome fuerte, por la muerte del papá de un amigo nuestro. Amé hasta su transpiración, hasta el particular olor de su ropa. Amé todo lo que en otra persona hubiese odiado, su manera de enojarse, su inmadurez, sus limitaciones, sus días malos …

Hoy pienso que tal vez, y de alguna otra manera, lo siga amando. Posiblemente lo siga amando sólo por que la duda me va a acompañar hasta mis últimos días. Otras veces pienso que lo nuestro no hubiese funcionado, y tal vez, hoy sería en mí, una historia poco importante, otra más, tal vez ni siquiera lo recordaría … Hasta, algún día me reproché no haber tenido otra actitud con él, no haberle dicho de mis sentimientos, seguramente mi vida sería hoy, muy distinta. No sé si mejor o peor, pero sí distinta. De todos modos hoy, tanto Sergio como yo, somos dos hombres, y nos fuimos marcando en la vida, caminos similares. Y aunque geográficamente no estamos muy cerca, de vez en cuando, nos vemos por alguna ocasión especial, y cuando creo que está todo claro, lo veo. Y vuelvo a querer imaginar si es feliz. Si bien, ya no sufro, ni siento que mi vida no tenga sentido por no estar a su lado, no estoy seguro de haber matado el amor que llevé durante algún tiempo conmigo, el día que decidí que debía dejar de ilusionarme con Sergio para poder crecer. Eso fue unos años después de conocerlo. Pero, ¿quién nos aseguró alguna vez que en la vida tiene que quedar todo claro?, no hay fórmulas matemáticas ni leyes perfectas, sólo hay vivencias, como ésta y como tantas otras vividas por otra gente. Tal vez, ni siquiera hoy, que soy un hombre y que tengo mi vida bastante más ordenada, esté todo dicho, ¿no?

 

Menu de navegación: Escorts Barcelona - Escorts Madrid - Escorts Zaragoza - Acompañantes Barcelona - Acompañantes Madrid - Acompañantes Zaragoza

Escorts Acompañantes Zaragoza Escorts Barcelona Escorts Madrid

Escorts Barcelona Escorts Madrid Escorts Zaragoza Contactos Eroticos

Copyright © 2008 EscortsOnFire.com - Todos los derechos reservados | Powered by Gemidos.com.ar | Diseño y programación EscortsOnFire.com | Sitemap