Nos conocimos en la Facultad donde me encontraba estudiando en un intercambio académico, su nombre es José, tiene 44 años, con una carrera profesional ya hecha, estudiaba otra licenciatura por hobbie. Rápidamente nos hicimos grandes amigos, es una persona agradable, de cuerpo atlético, no muy guapo, pero interesante, divorciado, con hijos los cuales viven con su madre, muy alegre y simpático. Desde que empezamos nuestra amistad volvió a mi el sentimiento que me atormentaba: Mi inclinación por los de mi mismo sexo, y que yo había ocultado siempre, pues ante los demás soy un joven muy varonil. No cabía duda que ese hombre me era muy atractivo, me atraía su edad madura y su porte de triunfador.
Empezamos a salir los del grupo de la facultad, la mayoría jóvenes, como yo, mujeres y hombres, por lo regular él era el líder del grupo, quien nos proponía qué hacer y a donde ir, yo siempre procuraba estar cerca de él para platicar y admirarlo de cerca. En una de tantas fiestas terminamos todos en su departamento, estábamos algo tomados y aburridos, así que propuse jugar a algo, les dije que jugáramos a las "..confesiones íntimas".., el cual consistía en confesar algo que tuviéramos "..muy secreto".. hicimos una rueda y nadie se animaba a empezar, volví a proponer que hiciéramos dos tandas de números, y a quien le tocara un número igual al otro, le tenía que confesar por escrito algo íntimo, hice los numeritos y me asegure que el número de José fuera igual al mío. Cada quien empezó a escribir su confesión a su compañero, yo puse en mi tarjetita: "..Creo que tengo inclinación por los hombres y estoy enamorado de tí"... Cada quien intercambio su tarjetita con sus compañeros, entre risitas todo mundo leía, él me escribió que su esposa lo había engañado y que se encontraba muy triste y extrañando a sus hijos. Cuando él leyó lo que le escribí, me miró me sonrío y no comentó nada. Al día siguiente me di cabal cuenta de lo que había hecho, y me asusté que lo divulgara en el grupo, así que en clase toda la semana siguiente lo evité y traté de estar lejos. El sábado él me habló por teléfono, me invitó a cenar a su casa, tembloroso acepté. Durante todo el día estuve indeciso a ir, finalmente me bañé y cambié, en el camino pensaba en qué dirían mis amigos y padres sí supieran de mis tendencias ocultas. Cuando llegué, toqué y me recibió muy bien vestido, como si fuera a salir a alguna fiesta, lo saludé, me dijo-¿Hola cómo estás?- Bien- le respondí. La mesa se encontraba servida, pasamos y cenamos, platicamos solo de la escuela, de vez en cuándo yo lo miraba y me encontraba con su amigable mirada y una sonrisa encantadora. Ya al final nos sentamos en la sala y me sirvió una copa, se sentó junto a mi y me dijo: Desde lo que me confesaste en la fiesta he pensado mucho en ello- Fue una tontería- dije casi al instante-¡oh no!-contesto él- es un sentimiento que se respeta, la verdad yo nunca he estado con otro hombre- Sí, entiendo- balbuceé- Pero-me dijo- tu eres un gran amigo y te quiero mucho, de hecho de alguna manera comparto tu sentimiento- lo volteé a ver con asombro- de verdad- le dije-no lo puedo creer- me contesto: Sí, de verdad, ¿quieres empezar una relación conmigo?- Sí- le contesté.
Me abrazó y me dio un beso en la mejilla, luego me empezó a besar la oreja y a acariciar mi cuerpo, sentí un escalofrío, mezcla de placer y miedo, me empezó a desabrochar la camisa, sus manos recorrían todo mi cuerpo, masajeó mis nalgas, mientras me besaba las tetillas, yo recorría tímidamente sus hombros musculosos, me quitó el pantalón y luego la tanga, acarició mis nalgas y pasó su dedo por mi ano, sentí un calorcito recorrerme, pasó su mano por mis testículos y por mi pene que lucía flácido. Rápidamente se despojó de camisa y pantalón, quedándose solo con un bikini, de donde sobresalía un bulto grande, me dijo: Mi niño, te voy a dar lo que quieres, de un tirón se bajó la tanga, y quedó ante mi su pene, el cual saltaba de excitación, era grande y grueso y su cabeza mayor que el cilindro, quedó cerca de mis admirados ojos y de mi boca, me dijo acarícialo mi niño, yo lo tomé entre mis manos y lo acaricié, me dijo: chúpalo, es tu caramelo, lo llevé a mi boca y sentí su turgencia y firmeza, podía sentir sus hinchadas venas en mi lengua, él empezó a bombearlo dentro de mi boca, sentí que me atragantaba con tan grande monstruo, lo levanté con la mano y besé sus testículos grandes y colgantes, seguí recorriendo con mi boca todo su tallo, me condujo hasta su cama, me tiró boca abajo sobre ella y empezó a besar mis nalgas y mi ano y la base de mis testículos, pasó su mano hasta mi pene y lo acarició y pudo darse cuenta que estaba erecto, de su cajón sacó un botecito de jalea y la untó en mi ano y con un dedo lubricó mi orificio profundamente, contraje mi esfínter al sentir al intruso dentro de mí, él solo sonrío, me volteó se puso sobre mi y empezamos a hacer un 69, él chupaba mi pene y yo el suyo, paramos y me puso en cuatro, acercó su tolete a mi ano y empujó su arma dentro de mis entrañas, sentí su cabeza entrar, luego deslizó un pedazo de su verga, sentí un dolor y ardor intenso, me zafé como pude y le dije que me dolía mucho, me dijo: no te apures, nos quedamos en la cama dormidos.
A la mañana siguiente desperté al oír el ruido del agua en la regadera, se baño y salió- Hola, buenos días me dijo- vamos a desayunar. Me bañé y salimos a desayunar, volvimos una hora más tarde, al entrar, sin más, me besó la boca con pasión, se desvistió y me ordenó: mámala- y empecé a mamar aquella rica verga, me desvistió y me lubricó el ano y me dijo: Te la voy a meter mijito, la acercó a mi ano y la fue metiendo, primero la cabeza, el dolor volvió agudo, pero él me tenia fuertemente afianzado, no había escapatoria, la metió toda, sentí sus testículos rozar mis nalgas- Ayy- dije- me duele- Eso querías, niño, querías mi verga- me dijo- aquí la tienes toda dentro de ti. Se quedó un momento quieto y empezó a bombear mi ano, su vaivén era lento, el dolor fue cediendo para convertirse en placer, su verga seguía pistoneando mi culo. Así papito-me sorprendí de mi expresión- métemela toda, soy tuyo, me vas a matar, quiero ser tu puta- le dije- Él me la sacó me tiró a la cama boca arriba, me puso un cojín en la espalda subió mis piernas a sus hombros y la introdujo de nuevo, como si estuviera cogiendo con una mujer empezó a bombear mas rápido, mientras que con su mano acariciaba mi pene, era algo indescriptible, siguió con mas fuerzas, me vine en su mano, mi leche le embarró también los brazos, de repente se puso tenso y sentí su semen inundando mi ano, era tanto que cuando me la sacó, un chorrito de semen salió disparado como si estuviera orinando. Fue algo inolvidable esa primera vez.
Hoy vivimos juntos, nadie sospecha, pues somos compañeros de escuela y somos de otro lugar, así que nos haces dos estudiantes provincianos. No me arrepiento y vivo mi sexualidad.