Encuentro en el jardín
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Supe que estaba buscando lo mismo que yo cuando me di vuelta y vi que también me observaba. Aminoré el paso y volví a mirarlo mientras me metía entre las callecitas del Barrio Jardín, esperando que me siguiera.

Me detuve en el lugar más oscuro para no vernos las caras y lo escuché llegar. 

La sombra se paró delante de mi, que me había puesto de rodillas, y me apresuré a sacarle la pija afuera y metérmela en la boca. Chupé goloso todo aquel pedazo que se ponía duro, pasándole la lengua por la cabeza y engulliéndolo entero de un golpe, como hago siempre, porque sé que los enloquece.

El tipo estaba tan caliente como yo y me cogía por la boca, enloquecido ya por la mema que le estaba haciendo.

Le pedí que me la metiera, pero antes quería que me chupara el culo y me lo lubricara bien para recibir toda su pija adentro. Se puso como loco cuando me di vuelta y me coloqué en cuatro patas, con los hombros contra el piso y el orto bien para arriba, ofreciéndoselo. Me abrió las nalgas con desesperación y empezó a pasarme la lengua por toda la raya, y cuando llegaba al agujero se detenía para babeármelo todo abundantemente, poniendo la puntita de su lengua en la puerta primero, y terminar metiéndomela adentro. Yo me retorcía de placer con cada lamida y con los dedos que comenzó a meterme, primero uno despacito... después dos y hasta tres, cada vez más violentamente, mientras yo ya no podía ahogar mis gemidos. "..¡Cogeme! ¡Metémela!".. -supliqué- "..¡Dámela de una vez!"..

Y no se hizo rogar. La apoyó en el anillo y empujó con fuerza, haciéndome soltar un grito ahogado de temor al dolor, que inmediatamente se transformó en un suspiro de placer. Mi culo se abría generoso para recibir todo ese macho adentro mío, que me serruchaba con fuerza contra el piso. Levanté bien la cola, pegándola a su vientre para metérmela hasta el cabo. Me tiraba del pelo, me apretaba los hombros, me pajeaba... Se notaba que no iba a aguantar mucho de la calentura que tenía. Jadeaba, me decía que era el putito más divino que se había cogido, que me estaba partiendo el culo y que me iba a llenar de leche. 

"..Si, llename de lechita caliente".. -le pedí. Y explotó. De repente, dio unas estocadas más profundas y empecé a sentir un río caliente desbordándose en mis entrañas. Me llenó completamente y se quedó en silencio un rato, sin sacármela. Después salió, se paró acomodándose la ropa y se fue, dejándome en el piso, en la misma posición que había quedado, con el culo goteándome su leche.

No acabé, pero bien valió la pena el polvo que me hice echar. Total, la noche recién comenzaba.

 

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