Me puso en cuatro y gocé.
>
> No lo había hecho nunca aunque sí lo había deseado, hace ya unos cuantos
> años que esto sucedió y decidí contarlo hoy.
>
> Trabajaba en una empresa como cadete y atendía a 6 ejecutivos y sus
> respectivas secretarias. Tenía 17 años. Mi tarea era hacer trámites, hacer
> fotocopias y retirar los sobres de correspondencia de los escritorios de
las
> secretarias de los ejecutivos. Esta última tarea era muy importante, a los
> efectos del relato, porque normalmente los retiraba a última hora cuando
las
> secretarias se habían retirado y quedaban, a veces, algunos de los
> ejecutivos. La oficina de uno de ellos tenía un sofá en el que normalmente
> este señor se sentaba a leer a última hora. Siempre, a última hora, dejaba
> abierta la puerta que comunicaba la oficina de su secretaria y la de él y
> con cierre automático la puerta que daba al pasillo. Yo entraba, sacaba la
> correspondencia y me iba. Siempre que entraba sentía como sus ojos me
> seguían en silencio. Hasta que un día me pidió que entrara, lo hice. Me
> mostró unos papeles que tenía en la mano, sentado en el sofá, y tuve que
> inclinarme un poco sobre él para verlos. Me indicó cuales eran las copias
> que necesitaba, las hice y volví. Cuando las entregué tomó las hojas pero
> también tomó mi mano. Me quedé helado. Me miró a los ojos y me dijo que yo
> le gustaba y que quería besarme. Le dije, que no era mi estilo, que lo
> lamentaba y me fui. No quería perder mi trabajo, sino lo hubiera golpeado.
> Esa noche, en casa quedé pensando en lo que había pasado. Sentí una
> sensación extraña, era como si estuviera arrepentido de no haber aceptado,
> tenía deseo de experimentar. Las noches siguientes continué sin poder
> olvidarme de lo que había sucedido.
>
> Otra de las tardes que tuve que retirar la correspondencia, volvió a
> llamarme. Me preguntó si había pensado en lo que me había dicho. Me quedé
en
> silencio. Entendiendo que sí había pensado en eso y que estaba dudando, se
> acercó me tomó las manos y me acercó a su cuerpo. Se quedó muy cerca de
mi,
> y sin decirme nada me besó. Me abrazó y me acarició el cuerpo. Tocaba mis
> nalgas mientras no dejaba de besarme. Se entusiasmaba cada vez, mas, me
> tocaba las tetillas, me apretaba el miembro por arriba del pantalón. Yo
> podía sentir su miembro erecto restregándose contra el mio. Sus dedos, por
> atrás, investigaban mi cola. Me aflojó los pantalones. Yo estaba
confundido
> pero terriblemente atraído. Sacó mi miembro que estaba erecto, se agachó y
> se lo puso en su boca. Lo chupaba con dedicación mientras empujaba uno de
> sus dedos dentro de mi cola, bajó mis calzoncillos, me dio vuelta y me
> inclinó un poco para poder chuparme el ano. me llevó al sofá. Se sentó y
> sacó su miembro, llevo mi cara a él y lo introduje en mi boca e
> inexpertamente se lo chupé haciendolo gemir. Todo su miembro en mi boca,
> rodeado por mis labios. Se levantó me puso en cuatro y gocé cuando me
> penetró. Me ardía terriblemente el ano, pero su experiencia hizo que me
> relajara y lo dejé cogerme, totalmente entregado a sus deseos, con mi ano
> dilatado y mi pasión desenfrenada, me hizo acabar sin tocarme, y después
de
> varios empujones acabó dentro de mí. Me dejé caer y sin sacarla cayó sobre
> mi. Me besaba el cuello. Me dijo que él lo había disfrutado mucho y si yo
> tambien lo hubiera disfrutado que al día siguiente, cuando fuera a buscar
la
> correspondencia, entrara a su oficina sin que me llame. Si no entraba, él
> entendería y nunca más me insinuaría nada.
>
> - Permiso, vengo por la correspondencia....