Andaba "..paseando".. (como respondo cuando me preguntan qué hago solito por el parque). Caliente, como siempre y con una buena dosis de ese polvito blanco que tanto me gusta, que seguramente tenía mucho que ver con que estuviera tan loquita esa noche.
Le había tocado timbre a Katty, aquella travesti espectacular de la que ya les conté, pero había salido, lamentablemente para mi culito, que ya hacía rato no recibía lo que se merece.
En el pasto estaban los dos, chupando vino. Uno era muchachito de no más de 16 años, que compartía la botella con un marica a medio travestir que se mostraba muy regalada entre sus brazos.
- Che, flaco. ¿No la querés coger? - me mandó el pendejo. - - No, yo no pago por esto - adiviné y me dirigí al otro - ¿cómo andás, bebé? - - Bien y vos. Tanto tiempo - soltó el andrógino, sacando la puntita de la lengua.
Seguí de largo, di una caminata por adentro del parque y a la vuelta los volvì a cruzar. Me senté con ellos, ahora en un banco de madera. De pronto, la que llegó sí era una travesti hecha y derecha. Con sus buenas tetas y culo dibujándose bajo la ropa de mujer cachonda.
- Ay, y vos quién sos? - preguntó con un tono exageradamente amanerado. - - Marcelo, ¿qué, ya no te acordás?
El huacho chico estaba demasiado borracho y marcaba haciéndose el hombre de la noche, cosa que para nosotros tres era una risa contínua. La complicidad que nos permitió esto, fue aumentando hasta que comenzamos a hacer planes para los cuatro, sobre todo fantaseando con la posibilidad de enseñarle algo nuevo al nene callejero. Y nos alejamos del parque, sumergiéndonos lentamente entre las calles oscuras. Los cuatro.
En un garaje paramos, para que Ana Claudia, sentada en un murito, me chupara la pija.. mientras Sara hacía lo propio con Javi, que se paró delante de mi permitiéndome que de a poco me fuera acercando a su culo, para terminar metiéndole la lengua en el ojete. El no acusó recibo, pero puede ser que estuviera tan borracho como para no darse cuenta.
Seguimos caminando sin que ninguno hubiera soltado su leche, por lo que la calentura iba "..in crescendo"... Parábamos cada media cuadra, a besarnos como enamorados, pero cambiando las parejas cada vez e incluso dándonos besos de a tres, donde sólo participaba uno de los "..hombres"...
Las perras estaban tan calientes que querían hacerlo en medio de la calle y no dejaban un segundo de meternos mano por todos lados.
En un momento Sara y Javi se rezagaron y con Ana Claudia aprovechamos para meternos en el jardín de una casa, donde saqué la verga para que se diera un festín. Ella se la metía en la boca, hasta la garganta y la tragaba de un golpe, haciéndome perder la cabeza con tanto placer que no pensaba más que en devolverle el favor, entregándome entero a ella.
Lo primero que hice fue abrirle el tajo de la falda, para meter mano en la tanga, por detrás, y mandarle un dedo por el ojete. Pero después empecé a bajar más la mano entre sus nalgas, hasta alcanzar sus huevos. Los froté despacio, expandiendo mi electricidad entre la raja del culo y la base de la pija, que comenzó a crecer rápidamente.
- Te la quiero chupar toda, mi amor - le confesé, mientras la pajeaba desde atrás con toda la palma de la mano.
Ella la tragó con fuerza por última vez y se incorporó, abriéndose la pollera por delante y sacando un verga gruesa y amenazante que no dejé enfriar, metiéndomela inmediatamente en la boca. Se la chupé agarrándole las nalgas, abriéndoselas y empujando todo su cuerpo contra su cara. Su pija me penetró completamente y ella entendió, tomándome del pelo, y empezando a cogerme por la boca como si fuera un culo.
Así pasó un buen rato, hasta que me dijo que quería acabarme en el orto.
- Si, cogeme acá mismo, dale - y me di vuelta, mojándome el ojete con saliva y abriéndome todo el culo para ella.
Costó un poco para que entrara y nos acomodáramos a un ritmo. Y justo cuando ya empezábamos a gozarnos y la lechita prometida venía derechito a mi, aparecieron los otros dos, con la voz del pendejo interrumpiendo en lo mejor. No sé por qué, pero nos separamos ahí y nos acomodamos la ropa. Quizás fuera porque ya nos habíamos olvidado de ellos y nos asustamos. No sé.
La cosa es que el huacho me dice: "..pero, vos sos puto!"... "..Sí, todos lo somos".. - contesté, agarrándole la pija por encima del pantalón. Todavía sorprendido, el nene me ayudó sacándola ya parada. También agarré la de Sara, que se pajeaba al lado nuestro. Y Ana Laura, a la que le gustó el juego, se acercó por el otro lado.
El panorama: un travesti, un adolescente menudo y un marica, con sus vergas en la mano, y un chico de rodillas frente a ellos, chupando las tres pijas, alternadamente, mientras recibía todo tipo de manoseos en su intimidad. Una locura.
Lentamente me fui animando en el culo de Javier, acariciándolo lentamente y acercándome a su ojete. Con atrevimiento cada vez mayor, fui primero metiéndole los dedos, al tiempo que la paja que le realizaba a Sara comenzó a surtir efecto, mojándome de lubricante la mano. Lo obvio no se hizo esperar. Fui dirigiendo hacia el agujero el pedazo de macho que gozaba con mi mano, hasta que los dos entendieron solos lo que pretendía.
Mientras tanto, al tener que usar las manos para construir esa unión (qué poético, no?), la pija de Ana Laura había escapado a mi control. La siguiente noticia que tuve de ella, fue cuando pugnaba por entreverarse en mis entrañas nuevamente. El momento en que volvió a bajarme los pantalones y el calzoncillo es todo un misterio.
Otra instantánea color, digna de premiación en cualquier sitio gay: Yo, con un travesti enloquecido cogiéndome por el orto, mientras le chupo la pija a un niño, que es penetrado al mismo tiempo por un personaje alto, mitad hombre, mitad mujer. Los tres en un movimiento rítmico que nos lleva al final obligado:
Mi culo se llenó de leche, tan caliente que ardía en mi intestino, inyectada con violencia por una mujer hermosa que derrochaba energía en un mete y saca vertiginoso. Mi boca no tardó en imitarla. El huacho gritó cuando Sara se la dio a él y eso le llevó a la calentura que se desbordó entre mis labios, pese a que luché - lo juro - por no desperdiciar la delicia y tragarla toda.