Una mujer rotunda
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Cuando tomo merca me descoloco y me animo a hacer de todo. Sobre todo, porque cuando estoy duro me caliento muchísimo. Y como cuesta que se me pare la pija, me curo la calentura haciéndome dar por el culo.

La otra vez, por ejemplo, me fui por Bulevar a buscar lo que busco siempre. 

Estuve franeleando bastante fuerte con unos travestis e incluso llegué a concretar una cita con una, pero cuando me descubrió con su amiga a la vuelta de la esquina, todo se fue al carajo.

Ya derrotado, volvía a casa cuando me encontré con una carita que me pareció conocida. ¿Cómo te llamás? "..Katty".. - respondió.

Katty era una yegua que venía mirando desde hacía tiempo, sin pensar siquiera en llevármela a la cama nunca, porque alguien como ella es muy difícil de levantar.

Se sorprendió tan gratamente cuando le dije que me gustaba todo, que me invitó a su casa. Y cuál sería mi alegría cuando me enteré que estábamos parados en la puerta, ahí mismo.

Quedamos de encontrarnos a las cinco. "..Tocá en el 801"...

El timbre sonó y enseguida respondió la voz cachonda de esa mujer completa. Bajó hecha una diosa, con su top que resaltaba dos tetas impresionantes y un palazzo que a duras penas contenía el enorme culo.

En el ascensor nos apretamos salvajemente. Yo no lo podía creer.

Ya adentro, fumamos y la locura del porro se sumó a la dureza que traía. Se desnudó, exhibiendo sus formas con el profesionalismo de un stripper y me exigió que hiciera lo mismo.

Al fin desnudos, nos besamos, manoseamos y apretamos como si fuera el fin del mundo.

Mi pija no terminaba de ponerse dura. La chupó, la metió entre sus tetas, mientras se pajeaba.

"..Ponete con las piernas para arriba".. - pidió y las levanté, ofreciéndole todo el culo. Me pasó la lengua entre las piernas, hasta que llegó al ojete. Lo comenzó a chupar, metiendo la lengua despacito, como con cariño.

Cuando se puso el condón vi el tamaño que tenía. Quería esa verga adentro, inmediatamente.

Me abrazó las piernas y sin mucho aviso me la metió. La sentí entrar, forzando mi esfínter, gozándola y sufriéndola. 

En esa posición me serruchó, haciéndome sentir su hermoso pedazo y metiéndome las tetas en la boca. Me dio vuelta. En cuatro patas mi culo se abrió más, permitiendo que entrara todita, hasta el cabo. 

Yo empujaba las nalgas contra su vientre, haciéndome coger como un desesperado. Me abrazó tomándome por debajo de las axilas y apretándome, lo que contribuyó con mi total empalamiento. Acabó en un grito, mientras yo no dejaba de sacudirme mi pija semierecta, pero caliente.

Después que me la sacó, se sentó en un sofá y, prendiendo otro porro, se me quedó mirando. Yo aún me retorcía de calentura y buscaba la manera de terminar esa tortura.

Para ello, se puso de pie y, lo juro, me hizo el mejor show erótico que se puedan imaginar. Había que verla bailando y retorciéndose, masajeándose las tetas y al mismo tiempo la verga semierecta. Dándose vuelta para mover el culo y enseñármelo, abriendo las nalgas. Yo no aguantaba más y, al fin, estaba logrando acercarme al orgasmo deseado. El show duró unos diez minutos. Luego se fue acercando para chuparme todo el cuerpo, evitando molestarme en mi paja. 

Volvió a abrirse el culo y me lo colocó en la boca, sentándose en mi cara. Ahí sí, no me aguanté y solté toda mi leche, que fue a caer en mi vientre y en mis manos, como ahora que, recordando, me he vuelto a enchastrar con mi leche. 

Qué bueno.

 

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