Aló, me podría comunicar con el profesor Arancibia.
¿De parte de quién? - preguntó una voz femenina, al otro lado del teléfono.
De Hugo Paris. -espere un momento -dijo la secretaria.
Aló, Hugo ¿Cuándo llegastes?- preguntó Francisco.
Ayer -le conteste- ¿Cómo has estado tú?, te eche mucho de menos.
Eso no te creo, en los Estados Unidos hay mucha entretención, no creo que te hayas acordado mucho de mí - dijo el profesor.
Después de mi graduación de Economista, mis padres me habían regalado un viaje a Estados Unidos de seis meses, con el fin de perfeccionar mi inglés. Te tengo una sorpresa, un hermoso regalo para ti -le dije.
Tenemos que juntarnos pronto. ¿Qué te parece hoy?
Podría ser, así recordamos hermosos tiempos- dijo el profesor. Te extrañe mucho, pero también tengo algo que decirte.
Hoy en la tarde, donde siempre nos juntamos, y recrearemos esos hermosos tiempos, le conteste.
Francisco contesto: Extrañe tus grandes espaldas, tu pecho peludo. Ese árbol de pelos que crece desde tu ombligo, para cubrirte entero. Besarte tus tetillas, diminutas y rosadas, las que se erectan al besarlas y lamerlas con mi lengua.
Profe, estoy desnudo, acá en mi cama. Y ya se me puso dura. Le dije.
Si sé -me dijo. Esa polla gruesa que tienes, mi pequeño pitufo. El que me hace sentir tanto placer, cuando me recorre por mis interiores. Se amolda tan bien en mí, cuando somos uno y depositas tus líquidos dentro de mí.
Vamos, cierra bien la puerta de la oficina y tócatela. Le susurre al teléfono.
¿Y qué crees que estoy haciendo? - dijo Francisco-. Me estoy masturbando, pensando en ti, tal como lo hice muchas veces durante estos seis meses. En las noches despertaba, pensando en tus bolas, que llegabas y me poseías.
Cuando me dijo eso, empece a eyacular. No aguantaba más, quería estar con Francisco, amarlo, no dejarlo más.
¿Qué te pasa?, te corriste glotón.- alcance a oír por el teléfono.
Si no aguante más -le respondí.
Esta bien, pero trata de durar más hoy cuando nos juntemos. Que te parece a las siete de la tarde, donde mismo. Arrienda tú el departamento, y me confirmas -dijo Francisco.
Esta bien, te estaré esperando. Francisco, colgó el teléfono, mientras yo me quede pensando en él.
Francisco Arancibia, era el profesor más joven de la facultad de economía. Estaba próximo a cumplir los cuarenta años, pero representaba menos, tal ves por que era muy deportista. Jugaba Basketball. Era delgado, de metro ochenta, sus músculos estaban muy marcados, sin ninguna gota de grasa. Siempre vestía bien. Sus trajes eran impecables, y cuando vestía de sport, se confundía como un alumno más.
Yo fui su alumno ayudante, en mi último año de la carrera.
Le ayudaba a corregir pruebas. Un día, me dejó sólo en su oficina, y como estaba aburrido empece a jugar en el ordenador. Por intruso, abrí un archivo, y cual fue mi sorpresa, en el habían puras fotos de hombres desnudos.
Qué cínico, pense. Ya que al lado tenía una foto de su señora y de su pequeño hijo. A mí, desde la secundaria me gustaban los chicos, y debo decir que este profesor me llamaba la atención. Entonces dadas las circunstancias, había que atacar. Con el tiempo supe que Francisco me había tendido una trampa.
Pasó como un mes, donde sólo nos cruzábamos miradas, sin que ninguno de los dos se atreviera a intentar algo. Fue un día de lluvia, que nos quedamos hasta tarde corrigiendo pruebas. En la facultad ya no quedaba nadie. Las bromas de doble sentido iban y venían. A mi se me cayeron unas pruebas al suelo, y me baje al recogerlas. Mientras buscaba las pruebas, me fije, que con su mano, se tomaba su paquete. Me quede mirándolo.
Si quieres puedes tocarlo -me dijo.
Yo sonreí, me acerque a él, por debajo del escritorio y se lo empece a tocar por sobre su mano.
Le bajé el cierre del pantalón, desabrochando el cinturón y el botón. Le baje los pantalones hasta los muslos. Y me quede dándole masajes.
Francisco sólo me miraba, no dijo nada.
Saque se pene de los boxers, el que estaba semi erecto tapado en su capullo. Le corrí el forro y me lo introduje en la boca. Para mí era la segunda vez, que chupaba polla.
Su miembro era suave, empezó a crecer y crecer dentro de mi boca. Tuve que retirarme, ya que no cabia entero dentro de la boca, y no estaba dispuesto a que me dieran arcadas.
Te gusta - dijo el profesor.
Yo no respondí, sólo me zambullí su verga de nuevo en mi boca. Ahí estuve un buen rato, hasta que se corrió en mí.
Sus espermas eran cremosos, me los trague, dejando seco de todo líquido seminal a mi profesor.
Desde ese momento iniciamos una relación oculta en el anonimato, pero excitante. Yo tenía compañeras, que comentaban lo atractivo que era el profesor. Yo sólo me reía, ya que él era mío. Si ellas supieran....
Son las siete de la tarde, lo espero afuera del edificio departamento. Ahí viene, veo como llega en su auto.
Nos saludamos, el me mira, diciéndome: ¿Qué te hiciste en el pelo?
Esa es tu sorpresa -le dije.
Me había teñido el pelo rubio. Muchas veces, Francisco me había comentado que le gustaban los hombres rubios. Y no sólo es la cabeza, también es el pubis, pero eso ya lo comprobaras- le dije.
Eres un loco- contestó.
Subimos en el ascensor. Nos empezamos a besar. Me tuve que empinar, ya que yo era como diez centímetros más bajo que él. El ascensor para en el piso tres, nos separamos y sube una señora. Nos queda mirando. Nosotros sonreímos. Nos bajamos en el piso seis.. la vieja nos grita: ¡degenerados!.
Francisco se sentó en un sillón, le serví una copa de champaña.
Toma, bebe, que te tengo preparado un show -le dije.
Puse un cd de blues, cantado por unas voces negras magistrales.
Empece a bailar, al ritmo de la música. Sacándome la ropa lentamente. Quede solo con una zunga de cuero diminuta y unos brazaletes en los brazos, los había comprado en Seatle.
Como era tan diminuta la zunga, los cachetes del trasero se me veían grandes, redondos. El bulto del pene era enorme.
Francisco se levanto, bailando conmigo. Has aprendido muchas cosas -me dijo. Mientras se agachaba, quedando a la altura de la zunga.
Veamos que tan rubio estas- dijo. Me la sacó. Empezó a lamer mi trasero. Con su mano en mi ano, empezó a abrirme de piernas, a lamer mi hoyo rosado.
Siento un olor a gringo, debí haberte mandado con cinturón de castidad a los Estados Unidos. Yo sólo sonreí...
Se aparto y entre sus cosas busco un lubricante. Se lo esparció por la mano y me lo untó. Con la otra mano, me tocaba el pecho y la cintura. Estas un poco gordito -dijo.
Se levantó, desvistiéndose. Me di vuelta para mirarlo. Su polla, era mucho más grande que la mía, delgadísima, parecía una espada.
Vamos date vuelta. Me apoye con las manos en la muralla.
El se puso un condón. Me levantó con sus manos, abriéndome, para luego encajarme de a poco en su herramienta. Era super incómodo, ya que el me sostenía, yo estaba casi en el aire.
Si que te gustan que los gringos te rompan el hoyo, dijo.
Me apretó a la pared, dándome muy fuerte. Finalmente, me liberó. Boto las cosas que habían en una mesita de centro.
Me puso en cuclillas, empezándome a dar nuevamente, pero esta vez a lo perrito. Su pelvis sonaba al chocar a mi trasero a un ritmo frenético.
Cuando bajo el ritmo, me liberé de él, y le dije: así que te crees perro, si es así, ¡sígueme y si puedes cójeme!.
Corrimos en cuatro patas hacia el dormitorio. Antes de llegar al cuarto, me alcanzó, mordiéndome los tobillos, gritando: Guauuuuuuu. No alcance a subirme en la cama, con el pecho sobre las almohadas, me dio de nuevo, pero esta vez mucho más fuerte. Me dolió muchísimo, pero también sentía mucho placer. Transpire bastante, hasta que acabó, disminuyo el ritmo, sacó su espada dentro de mí, se limpió del condón, para luego besarme el sudor de la espalda.
Me dio vuelta, empezándome a lamerme las bolas. Mi pene empezó a despertar. Lo mamó, limpiándolo de fluidos pre seminales. Nos acomodamos mejor en la cama, y él siguió tomando su golosina.
Francisco volvió a despertar. Puso un cojín debajo mío, me tiró las piernas hacia atrás. Se puso otro condón. Con su espada me recorrió la raja, llego a mi ano y lo introdujo lentamente, ahora con suavidad, como pidiéndome perdón por el frenéis de hace un momento. Yo estaba tan dilatado y acostu mbrado a su polla. Eramos uno sólo, mientras nos besábamos
Se levantó, se puso de rodillas. Yo me senté sobre él, mientras sus manos me tocaban las tetillas. Se corrió de nuevo, pero esta ves se saco el condón y su leche se esparció en las afueras de mi ano. Yo me masturbaba, feroz mente. Me tendió en la cama, y recogió mi miel, con la lengua, tragándosela. Dejando un poco en su boca, para luego besarme, y convidarme un poco. Era tan feliz.
Estuvimos un buen rato, callados, yo sobre su pecho.
Hugo sabes -dijo Francisco- Hay ciclos que se terminan, y este es uno de ellos. Graciela, mi esposa, esta esperando nuestro segundo hijo, y pienso que es el momento de dejarnos de ver. Tú eres joven, y yo tengo que representar un rol. Y además que siempre supimos que era un juego.....
Mientras Francisco me decía eso, mis ojos se llenaron de lágrimas, yo me había enamorado de él, pero también sabía que lo nuestro se podría acabar en cualquier momento. Una lágrima cayó en su pecho y dentro de mi le dije : profe no me dejes...