Placeres en el garage I
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Yo era un chiquillo como cualquier otro, juguetón, travieso, curioso, a quien todo le llamaba la atención y curiosamente vivía en la más completa de las soledades ya que mi familia me dejaba la mayor parte del tiempo al cuidado de Juanita (en casa) y de Mario (el chofer).

El chofer me motivaba a observarle detenidamente, moreno de 25 años de cabello ondulado, especialmente cuando lavaba el automovil, me encantaba observar como se transparentaba su fuerte torso moreno en la camiseta de algodón, sus musculosos brazos morenos apenas cubiertos por una capa de vello, despertándo algo más que simple curiosidad, el simplemente volteaba, me miraba, sonreía con coquetería y continuaba con su trabajo, y yo mientras tanto me retiraba buscando distraerme y apartar a Mario de mis pensamientos, demasiado para un chico de siete años no?

Un día, para variar, mis padres se encontraban fuera de casa y yo como siempre me dirigí al patio con el fin de acrecentar mi colección de lagartijas, arañas, hormigas y algún otro bicho que me llamaba la atención a esa edad, en esas estaba cuando algo llamó mi atención, el auto de papá se estaba moviendo en un suava vaiven, intrigado me acerqué y grande fue mi sorpresa al mirar a Mario con el pantalón y canzoncillos a las rodillas y tomando su pene entre sus manos prodigandose una masturbada tal, que no se dió cuenta que era observado por mi, que curioso veia como su cara tenía un gesto de placer enorme al tiempo que sus manos subían y bajaban de esa enorme y brillosa verga (eso me pareció en el primer momento), como siempre sucede en estos casos una lata mal colocada un paso mal dado y ¡CRASH! Mario se sintió sorprendido y buscó el origen del ruido, ni siquiera tuve tiempo de ocultarme, estaba completamente nervioso pero el simplemente sonrió y me dijo: "..Miren lo que tenemos aqui!ª , sin preocuparse siquiera de ocultar su sexo, yo quise correr pero el me dijo: "..No tengas miedo, es algo que si tu lo haces también te agradará, ven, acércate un poco, te enseñaré a jugar.".. Debo confesar que lo deseaba sin saberlo, porque me acerqué y me coloqué junto a el que aprovechó para tomarme de la cintura y me dijo: "..Te gustaría aprender un nuevo juego?, algo que podríamos jugar cuando nos quedemos solos en casa?".., simplemente le dije que si y me tomó de la mano y la colocó en su pecho, haciendo que lo acariciara suavemente, comenzó a bajar lentamente hacia su ombligo y continuó bajando hasta llegar a su enorme herramienta, el me dijo que la tomara y que iniciara un movimiento de arriba a abajo, e inicié tratando de hacerlo como Mario lo pedía, el gemía de placer al tiempo que me decia que apretara su verga tan fuerte como pudiera, de pronto, sentí como su mano recorría mi espalda haciendome suaves y prolongadas caricias hasta el momento en que se detuvo en mi trasero y masajeó mis nalguitas. 

Mario deseaba algo más que una simple masturbada así que me preguntó si me gustaba el "..juego".. a lo que le contesté que si, el me dijo que quería mostrarme algo nuevo asi que me deshabrochó el pantaloncillo corto bajándolo tiernamente, sin intenciones de hacerme daño, sentir sus duras y varoniles manos en contacto directo con mi piel me hizo contraer instintivamente el esfinter. Mi amante me dijo que le gustaría que le diera un beso en la punta de su pene a lo que tímido acepté, pues desconocía el sabor que tendría esa "..cosa".., cuando probé el agradable sabor de la candente herramienta no pude parar y como un caramelo comencé a devorar centímetro a centímetro el pene de mi tan deseado Mario. Grandes gemidos y la búsqueda de mi tesorito con fuertes masajes en el borde de mi ano me avisaban que mi "..amigo".. estaba bastante exitado, de pronto Mario comenzó a gemir más fuerte aun y llevando una de sus manos a mi cabeza dirigió mi garganta hasta el fondo del cuello, y al llegar a la campanilla soltó enormes chorros de semen, al tiempo que sin soltarme, pidió que me tragara el nectar que había depositado en mi boca , no tuve problema para ello porque debo de reconocer que su sabor era agradable (Mario era un gran deportista, practicante del Fut-bol por lo que tenía además un glorioso par de piernas de ensueño que de tan solo recordarlas me excitan).

Al incorporarme, me tomó de la barbilla y me preguntó si me había gustado, a lo que contesté que si, y me dijo que me enseñaría otros juegos que me gustarían aun más... De eso estaba seguro, pero, sorpresa, llegaron mis padres, cargados de regalos que creían significarían mi felicidad, que equivocados estaban, en ese momento, hubiera sido feliz si hubiera podido seguir con Mario, mi maestro del amor.

 

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