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Yamandú |
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Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970 |
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Me encanta emputecerme, amanerarme.. aunque sólo lo hago cuando estoy en confianza. Siempre que me entrego, experimento una sensación de calentura que me abarca todo. Sobre todo en los momentos previos de franela, que enloquecen a los tipos de ganas de tenerme y hacerme de todo.
Me pasó con un tal Yamandú, que lamentablemente no pude volver a ubicar. El tipo era bastante tímido y dio mil vueltas antes de encararme. Incipientemente calvo, delgado y de bigote, el tipo era relativamente joven, pero extrañamente me gustó.
Quería ir a un lugar tranquilo, pero nada le venía bien. Así llegó la mañana sin que se animara a detenerse mucho rato en ningún lugar. ¡Pero qué caliente me puso!
Le hice hervir la cabeza con las cosas que le dije mientras vagábamos por medio Montevideo. Incluso me aflojé el pantalón para que me pusiera la mano dentro, me amasara las nalgas y me metiera los dedos en el culo. En ese extraño abrazo me llevó varios trechos, mientras yo le sobaba la pija por encima del pantalón. Sólo paramos dos veces. Una en una entrada de apartamentos donde chuponeamos como enajenados y me manoseó todito durante no más de dos minutos, porque la paranoia que tenía le impidió quedarse más tiempo. Caminando me contó que le encantaba chuparlo todo y que aunque habitualmente no se hacía coger, tenía ganas que se la metiera bien adentro, despacito...
Lo hice detenerse por segunda vez, ésta en un zaguán. Me bajé los pantalones y abrí bien las nalgas. Me chupo el orto de tal manera, pinchándome suavecito con los bigotes, que perdí completamente el control. Y me emputecí. Pero nuevamente se persiguió y se quiso ir, dejándome con la verga en la mano, mostrándosela en mi mejor momento exhibicionista. De ahí en más me desinhibí completamente y ya de mañana en la calle lo seguí manoseando, besando e insistiéndole amaneradamente que parase en cualquier jardín para cogerme bien cogido.
Al final se hizo completamente de día y la gente comenzó a andar por la calle, haciendo imposible cualquier intento de sexo más allá del verbal. Nos dijimos de todo mientras ya soñábamos las pajas que nos íbamos a hacer cuando llegaramos a nuestras casas.
Nos separamos en Tres Cruces, combinando un encuentro futuro que nunca se dio.
Lo último que me dijo fue que en la nariz todavía tenía mi olor a culo.
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