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Mi iniciación |
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Enviado por Juan el día Jueves 1 de Enero de 1970 |
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Esto que relataré me sucedió ya hace muchos años y me ajustaré estrictamente a la verdad de los hechos sucedidos. Estaba yo viviendo en la casa de mis abuelos maternos, en un pueblo perdido de la Provincia de Catamarca. En esos campos se cultivaba y cosechaba muchos productos agrícola-ganaderos. Yo tenía para ese entonces no más de 9 ò 10 años de edad. En esa casa vivíamos mis abuelos, algunos tíos y varios primos,además de familias de algunos peones. Así que yo me crié dentro de mi familia materna y junto a animales y prácticas propias de campo. Ni que hablar de temas sexuales y mucho menos de homosexualidad. Veíamos sexo pero limitado exclusivamente a la vida animal. Cierto día un tío me dijo que lo acompañara a recoger batatas y estando por llegar al batatal en cuestión se agregó un peón que pocas veces lo había visto. Llegamos al campo, mi tío procedió a arar los surcos y nos dijo: ".. recojan las batatas que yo vengo dentro de una hora más o menos"... Así fue, estaba yo compenetrado en mi táreas, cuando escucho que me dicen (palabras más o menos) ".. vení, acompañame al monte".. y yo ingenuamente lo seguí. A los pocos metros entramos a un monte que rodeaba al campo en cuestión. Una vez allí me dijo que me bajara los pantalones y que me acostara en suelo boca abajo. Sin titubear, así lo hice y este hombre (de unos 30 años) empezó a acariciarme las nalgas, me abrió las piernas, introdujo un dedo en mi culo e intentó penetrarme.Inútil. Sentí de golpe algo tibio, fue su leche derramada en mis nalgas. Nada más hizo o me dijo. Luego continuamos las táreas. Lo extraño de todo esto que yo no opuse ninguna resistencia ni me pareció algo malo, nada! ningún pensamiento que me atormentara o algo así. Pasó mucho tiempo hasta que yo volví a ver a este peón, fue cerca de una "..aguada".. (lugar de beber de los animales), nuevamente me indicó que lo acompañara hasta un matorral, se abrió la bragueta y sacó su largo y ancho choto, agarró mi mano para que se lo acariciara, cosa que de inmediato lo hice y recuerdo que me gustó lo tibio y suave que era. Permanecimos así un rato largo hasta que escuchamos unas voces. Nunca más lo ví, ni tuve nuevas experiencias hasta mi venida definitiva a la Ciudad de Buenos Aires. Pero eso serán nuevas historias que más adelante les relataré. Un abrazo
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