Cuentito
Enviado por anonimo el día Viernes 16 de Mayo de 2008
 

La primera vez que fui a un  urólogo fue por una pequeña infección urinaria. Yo tenía 24 años y estaba en mi mejor época, musculoso alto y lindo. Las mujeres y los hombres me miraban por la calle. Además guardaba el  secreto de una linda y gorda verga que se paraba contínuamente ante cualquier estímulo, larga y dura.

Como todos los machos tenía miedo del famoso dedo en el culo de estos especialistas, pero desde la primera visita me tranquilizó el hecho de que el médico fuera un tipo joven con el que podía establecer una relación más amigable.

La primera sorpresa fue que me pidió que me desnudara completamente, sobre todo pensando que lo único que me pasaba era que me ardía la poronga al mear. Pero cumplí y me estiré en bolas sobre la camilla. La segunda fue que directamente me agarró la verga y me empezó a palpar las bolas (también bastante grandes). Después de pelarme la cabeza y observarla detenidamente  me palpó las ingles, pero mientras tanto mantenía la pija en su mano y lentamente me la frotaba como si me pajeara.

Yo no dije nada pero era evidente que el arma se hinchaba y endurecía, además cuando se me para nadie la puede ignorar.

Luego de un rato de toquetearme me pidió que me vistiera. Mientras lo hacía observé que miraba disimuladamente la bestia que me colgaba semi parada entre los muslos.

Me recetó unos antibióticos y me dio una nueva cita para la siguiente semana. Cuando me retiraba me dio la mano y con una sonrisa cómplice me felicitó por lo bien equipado que estaba.

Me dejó recaliente y aunque me descargué con la boca de un amigo y la concha de mi novia la idea del macho masajeándome la verga no me dejaba dormir.

Llegó la cita y ya sin problemas al mear me presenté en el consultorio.

Se repitió la historia y desnudo sobre la camilla lo dejé “revisarme”bien a fondo.

Esta vez ya la tenía dura cuando me recosté, así que directamente me empezó a pajear sin preámbulos.

Luego de acariciarme duro y parejo las bolas y el tronco me dijo que para ver si no tenía restos de inflamación convenía revisarme la próstata. Me hizo levantar las piernas y sostenerlas con mis manos, se mojó un dedo con lubricante y suavemente me untó el orto masajeándolo mientras sostenía la verga dura con su mano izquierda. Deslizó su dedo en mi culo produciéndome una sensación tan placentera que cerré los ojos y gemí levemente. Su dedo se hundía más y más hasta que comenzó a presionar mi próstata. Automáticamente mi poronga se hinchó al máximo latiendo desbocada al ritmo de sus estímulos. Todo mi cuerpo se retorcía y contraía de placer mientras él observaba fascinado mis reacciones. Gruesas gotas de líquido pre seminal chorreaban sobre su puño apretado.

Me sacó lentamente el dedo del orto y cuando bajé las piernas se inclinó metiéndose mi verga en la boca. Se la tragaba  bien hasta las bolas hasta que le producía arcadas. Sus manos recorrían todo mi cuerpo apretando los músculos tensos de mi pecho y mi vientre. Ningún amigo ni  noviecita me había hecho sentir así. Cuando ya estaba contrayendo las nalgas para no explotar se levantó y comenzó a soltarse los pantalones pidiéndome que se la pusiera. Me indicó dónde guardaba la vaselina y se colocó con el pecho sobre la camilla y  los calzoncillos en los tobillos separándose los cachetes con las manos. Tenía un hermoso culito gordo y rosado sin pelos en el ojete y al separar las nalgas presionaba sacando la argolla hacia fuera.

Le apoyé la punta varias veces en la entrada y la froté lubricándolo. Él gemía y empujaba el esfinter abierto como un capullo. Finalmente lo agarré por las caderas y presioné fuertemente mientras la verga se deslizaba bien adentro entre sus gritos de dolor y placer.

Varias veces se la saqué y repetí la penetración y él me pedía más y más. Mi poronga salía y entraba manchada aquí y allá con sangre, lo que me hacía sentir oscuramente más placer.

Le partí el orto durante quince o veinte minutos bombeando salvajemente hasta que con las piernas temblando y gimiendo me pidió acabar. Cuando se la saqué se arrodilló frente a mí y luego de limpiarme con una toalla húmeda abrió la boca y sacó la lengua esperando la leche fresca. Me pajeé la poronga delante de su cara y al llegar el orgasmo apunté bien a su garganta. Los primeros chorros le llenaron la lengua y la garganta de semen y al cerrar la boca para tragar le cubrí la cara de esperma caliente.

Me terminé de limpiar con la misma toallita y me vestí mientras lo observaba tratando de curarse un poco el culo. Finalmente se colocó un rollito de vendas en la raja y se lo sostuvo con el calzoncillo.

Yo creí que quizás estaría enojado o avergonzado, pero me despidió con un apretón de manos y una sonrisa agradeciéndome los servicios prestados. Me dio su número particular de celular y quedamos en hablarnos.

Esto sucedió hace tres años y ya en la misma semana lo volví a montar dos veces más. Desde entonces somos amantes .

 

Menu de navegación: Escorts Barcelona - Escorts Madrid - Escorts Zaragoza - Acompañantes Barcelona - Acompañantes Madrid - Acompañantes Zaragoza
Copyright © 2008 EscortsOnFire.com - Todos los derechos reservados | Powered by Gemidos.com.ar | Diseño y programación EscortsOnFire.com | Sitemap