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Aquel grandote y sucio caminero. |
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Enviado por WALTER H. el día Jueves 24 de Julio de 2008 |
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Cuando aún no había Internet ni telefonía celular, entre otros de los avances tecnológicos, prácticamente la única manera de conseguir buenas cogidas, era deambular por aquellos lugares en los cuales la probabilidad de obtener sexo era factible, como por ejemplo, la Estación Terminal de Ómnibus o las Estaciones de Servicio.
Precisamente en una de estas últimas instalaciones, tuve un encuentro sexual alucinante, que si bien a priori se presentó como tenso, brusco y hasta con cierta violencia, el resultado final fue tan beneficioso para mí, que mucho me gustaría volver a repetir una experiencia similar.
Un típico “camionero”, alto, robusto, fornido, grandote, maloliente y desalineado, que andaba de paso por Comodoro Rivadavia, entró al baño de la estación de servicio y yo raudamente hice lo propio, ubicándome a su lado en los mingitorios y por supuesto, mientras ambos orinábamos, comencé a mirarle insistente y provocativamente su entre pierna.
“¿Qué mirás tanto? ¿Te gusta?” – Me preguntó el camionero como voz ronca y yo, sonriendo socarronamente, asentí con un movimiento de cabeza, entonces el grandote volvió a interrogarme:
“¿Sos puto?”
“¡Sí!” – Exclamé enfáticamente y el camionero entonces volvió a decirme:
“¡A ver! ¡Mostrame el culo!”
Yo miré primeramente hacia la puerta para cerciorarme que nadie estuviese por entrar al baño y rápidamente me bajé el pantalón, dejando mi hermosa y femenina cola al aire, ya que no solía usar ropa interior debajo.
“¡Hijo de puta! ¡Qué culo que tenés! ¡Parece el culo de una minita! ¡Vos sos una puta no un puto!” – Me dijo mientras yo volvía a subirme el pantalón y agregó:
“Yo no me banco a los putitos que se denigran, andando por ahí, provocando y moviendo el culo para conseguir tipos que se los cojan, pero vos parecés una minita, así que te la voy a dar, total, dentro de un rato ya me voy de este lugar”
Y finalizó su monólogo (porque yo no había pronunciado palabra alguna) diciéndome:
“¡Andá! ¡Esperame al lado del camión que yo ya voy para allá”
Yo fui, haciéndome el distraído y el desentendido, caminando lentamente hacia el camión, mientras pensé para mis adentros “Si supiera que yo también soy uno de esos putitos que salen a la calle, a mover el culo para conseguir tipo que me cojan”.
Al cabo de unos minutos, el camionero se acercó hacia el camión y después de observar para todos lados (seguramente para que nadie viese que yo me iría a subir), abrió la puerta y ambos ingresamos rápidamente a la cabina; una vez allí, me hizo meter raudamente al compartimiento donde se encuentra la litera (la cama ubicada detrás de las butacas) y después de poner el parasol para tapar el parabrisas y cerrar las cortinas de las ventanillas, entró él también al habitáculo.
“¡Bueno! ¡Dale! ¡Sacate toda la ropa!” – Exclamó y yo supuesto, me desnudé de inmediato, tratando en todo momento de mostrarle mi preciosa cola, mi gran carta de presentación, pero “hete aquí” que el camionero reparó en mis insipientes tetitas (las tenía más o menos del tamaño y la forma de las chicas cuando comienzan con su etapa de desarrollo hormonal) y gratamente sorprendido, exclamó:
“¡Viste que sos una pendeja! ¡Mirá! ¡Hasta tetas tenés!”
Y mientras me las toqueteaba, pellizcaba y apretaba mis pezones, volvió a exclamar a carcajadas:
“¡Lo único que te falta es que te salga leche!”
Por supuesto, como no podía ser de otra manera, el camionero tenías las manos llenas de grasa (creo que era lo menos que tenía), así que mis tetas quedaron impregnadas, pero ello, sumado al “olorcito” que emanaban, lejos de molestarme me excitó bastante, a tal punto que rápidamente me zambullí sobre la entre pierna que aquel buen señor y empecé a bajarle el cierre de la bragueta y desabrocharle el pantalón, para dar con esa gran verga, la que imaginaba (yo me equivoqué para nada) también bastante sucia, maloliente y “cochina”.
Ya tenía ese mástil y sus respectivos huevos entre mis manos, tocando y acariciado todo cuanto podía y cuando mis deseos me pedían insistentemente que me metiese todo ello en mi hambrienta boca, el camionero, tal vez intuyendo mis próximos pasos, me detuvo intempestivamente y me dijo:
“¡Esperá puto de mierda y la concha de tu hermana! ¡Andá a saber cuantas pijas te metiste hoy en boca!”
“¡No! ¡Ninguna! ¡Te juro que ninguna! ¡Esta es la primera!” – Grité con temor a me dejase con las ganas de chuparle esa preciosa poronga, entonces, me dijo en tono más amigable y amable:
“¡Bueno! ¡Está bien! ¡Pero primero enjuagate la boca! ¡Ahí tenés la botella con agua!”
Yo hice un par de gárgaras y de paso me tomé un buen trago porque tenía bastante sed, para inmediatamente después, preguntarle en un tono muy sensual y provocativo:
“¿Ahora te la puedo comer?”
“¡Sí puto! ¡Dale! ¡Chupámela!”
Besos, lamidas, lengüetazos y más; sus dos grandes huevos colgaban de una manera tal, que me los metí a ambos dentro de la boca y los empecé a chupar.
Era una delicia, un manjar; me encantaba comerme ese par de huevos peludos, me fascinaba y cuando terminé con ambos, empecé a degustar esa fenomenal poronga; primero la lamí de arriba hacia abajo, una y otra vez, hasta que me prendí al glande cual ventosa y comencé a succionar fuertemente.
“¡Ah! ¡Oh! ¡Qué hijo de puta! ¡Qué bien que la chupás! ¡Dale putito! ¡Seguí! ¡Seguí chupándome así!” – Exclamaba el camionero mientras exhalaba gemidos y jadeos placenteros.
A todo esto yo estaba enceguecido y enloquecido, chupando pavorosamente esa delicia de verga, sin darme cuenta, en ese instante, que tal vez estaba siendo la envidia de cuando puto anduviese por allí, por estar en la cabina de un camión, con un enorme y sucio camionero y punto de ser poseído por él.
“¡Ah! ¡Qué putito lindo que sos!” – Exclamó el grandulón mientras yo volví a pensar para mis adentros “¿Sí? ¡Qué bueno! ¡Pasé de ser un puto de mierda a un linto putito! ¿Qué tal eh?”
“¡A que seguro que también te gusta que te meen en la cara! – Dijo el camionero y agregó sin que yo pronunciase palabra o hiciese gesto alguno:
“Si no fuera porque voy a ensuciar toda la cabina, te mearía toda la cara”
“¿Ensuciar la cabina? Aquello no parecía un quirófano” – Volví a pensar para mis adentros y a decir verdad creo que no me habría disgustado para nada recibir mi primera “lluvia dorada”
Ya estábamos ambos excitados y calientes al máximo, así que yo, que hasta el momento había adoptado una posición más que sumisa y pasiva, tomé la iniciativa y dándome vuelta para mostrarle y ofrecerle mi hermosísimo culo de mujer, empecé a pedirle, a implorarle, a suplicarle y a rogarle casi a gritos que me cogiese de una buena vez, que me metiese toda esa poronga sucia y cochina así nomás, como estaba, pero el camionero exclamó sin hacerle caso a mis ruegos:
“¡Esperá boludo! ¡Me voy a poner el forro, si no me vas a dejar la pija llena de mierda!”
Yo ya estaba en posición, listo para ser cogido; mi hambrienta cola quería comer, pero el grandulón, “turro” como él solo, empezó a jugar con su verga ya enfundada, refregándome por toda la superficie de mis carnosos “cachetes”, pero sin ponérmela hasta el fondo, tal y como quería que lo hiciese.
“¡Querés pija! ¿No putito? ¡Querés que te la meta en ese culo de mina que tenés y que te coja! ¿No? – Comenzó a decir socarronamente el camionero y agregó:
“Primero me vas a tener que lamer la suela de los botines, si no, no te cojo nada”
Yo no lo podía creer, no podía ser tan “cabrón” aquel sucio y grandote camionero, pero ya estaba demasiado caliente y si el tipo no me cogía en ese momento, no se que iría a hacer después para saciar mi sed de sexo, así que simplemente comencé a pasarle la lengua a la suela y a chupar la punta de sus mugrientos botines.
“¡No podés ser tan puto! ¿Tanto te gusta que te cojan?” – Dijo el grandulón largando una carcajada, pero enseguida agregó:
“¡Bueno! ¡Dale! ¡Vení! ¡Ponete así te cojo!”
En un movimiento más que felino me puse en la posición correcta y esta vez sí, recibí aquella tan ansiada cogida, ya que el camionero me penetró y me tomó, me poseyó, me hizo suyo; comenzó a cogerme con ímpetu y con buen ritmo y yo lo sentía, vaya si lo sentía; su preciosa poronga se movía dentro de mí como un pistón, haciéndome retorcer de gozo, de placer y de satisfacción.
¡Cómo me gustaba! ¡Cómo disfrutaba de aquella gran cogida! Para colmo el camionero tardó bastante en acabar, prolongando aún más ese sublime y alucinante momento de placer inconmensurable y cuando efectivamente explotó, se desahogó gritando:
“¡Ahhhhhh! ¡Siiiiii! ¡Sí, mierda! ¡Tomá putito lindo! ¡Ahí tenés todo lo que a vos te gusta! ¿Cierto putita?
“¡Sí! ¡Dame todo! ¿Viste al final que linda minita que te comiste? ¿Te gustó mi colita de puta?” – Exclamé mientras aún tenía la pija dentro de mí, pero el camionero ya no sólo no me respondió, sino que no volvió a pronunciar palabra alguna, porque obviamente, cuando acaba esa tremenda excitación....; pero no importó ya, porque yo me vestí rápidamente y me bajé de la cabina del camión, sin siquiera mirar hacia atrás, después de todo, aquel “sucio grandulón” seguiría su camino y yo volvería a casa en un estado de realización absoluto y total.
Obviamente me hubiese gustado, a lo mejor, que el camionero hubiese sido mucho más dulce, más cariñoso; que me hubiera abrazado tal vez, acariciado y besado tiernamente en la boca, antes de poseerme, pero bueno, las cosas de dieron así y “a otra cosa mariposa” ¿No lo creen? |
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Escribile un e-mail al autor: walterculindohache@yahoo.com.ar |
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