Un regalo de reyes
Enviado por Soy Walter H. el día Domingo 20 de Julio de 2008
 
El hecho de tener al sexo como “idea fija”, hace que muchas veces tenga “sueños sexuales” durante mis noches y así como me ocurrió en “navidad”, se reiteró nuevamente para “reyes”.
En mis sueños, andaba yo caminando por un desierto (vaya uno a saber cual de todos), vestido obviamente con una túnica y un turbante (vestimenta típica de esas regiones), cuando detrás de unas dunas, divisé la inconfundible figura de los “tres reyes magos del oriente”, por supuesto en sus respectivos camellos y al encontrarme frente a ellos, me pidieron que los acompañase a una tienda, para, según sus propios dichos, entregarme mi “regalo de reyes”.
Yo obviamente accedí en forma inmediata y raudamente nos dirigimos hacia una “tienda” (alojamiento también típico de las zonas desérticas); una vez allí adentro, “Gaspar, Melchor y Baltasar” me entregaron una bolsa como obsequio, pero “hete aquí” que en su interior, había solamente “lencería femenina”, tales como una bombachita “cola-less”, un diminuto corpiño, medias, porta ligas y un sensual y sugestivo “camisolín” en color negro “translúcido”; todas prendas muy eróticas por cierto.
Por supuesto que mi primera reacción fue decirles que probablemente se trataba de un error, porque obviamente yo no soy mujer, pero ellos me respondieron en un tono amable pero firme y decidido, que ese era mi “regalo de reyes” y más aún, me pidieron que allí mismo me probase tal indumentaria, para que yo corroborase “in-situ” que no había error ni equivocación alguna.
En un rincón de la tienda pero a la vista de los “reyes”, me despojé de mis ropajes y me vestí con las prendas que había dentro de la bolsa; la bombachita, las medias y el porta ligas me los calcé sin ningún tipo de inconvenientes, pero para el “corpiñito” me tuvo que ayudar uno de los “magos” y para mi grata sorpresa, no me quedó más remedio que aceptar que ese obsequio estaba efectivamente destinado a mí, porque ajustaba a mi cuerpo a la perfección.
Obviamente, a esas alturas, yo ya estaba tremendamente excitado y mucho más aún, cuando los “reyes” complementaron mi vestuario envolviéndome con un delicado “tul” y cubriéndome la cabeza con un “velo”, para depositarme, así vestido, en un compartimiento de la “tienda” similar a un dormitorio, aunque por supuesto con paredes de suaves telas transparentes.
Allí, sentado sobre unas mullidas “alfombras persas”, los “reyes magos” hicieron que me mirase en un gran espejo de ellos tenían en su poder y la imagen que me devolvió ese espejo, me envolvió por completo en una alucinante y maravillosa sensación de placer, de gozo y de satisfacción; no se si fue la “magia de los reyes” o el hermoso y precioso cuerpo con el que me dotó la madre naturaleza, pero lo cierto fue que me veía tal y como una escultural y sensual “beduina”.
Mi primera reacción fue ponerme de pie y comenzar a menear y a mover las caderas, cual “danza árabe”, a la que por supuesto le agregué una gran dosis de provocación, que hizo que los “reyes” ingresaran a aquel aposento para acercarse hacia a mí, quitarme el velo y descubrir mi cara primero y después, en fila y uno a uno, probar la “miel de mis labios”, dándome cada uno de ellos, un hermoso y apasionado beso en la boca.
A medida que me iban besando, se despojaban completamente de sus ropajes, quedándose vestidos únicamente con sus “turbantes reales”, para, inmediatamente después, hacer lo mismo conmigo, dejándome solamente con las medias, el porta ligas, el corpiñito y la bombachita; con muchísimo cuidado, ternura y suavidad, pero también con una gran carga de erotismo y sensualidad, “Melchor y Gaspar” se ubicaron delante de mí y previo bajarme levemente el sostén, empezaron a lamer y a besar mis insipientes, diminutas, pero apetecibles y tentadoras “tetitas” (mis senos, tienen la forma y el tamaño del de las “nenas”, cuando estas comienzan con su desarrollo hormonal).
Mientras dos de los “magos de oriente” lamían y besaban mis tetas y succionaban mis pezones, “Baltasar” (el negro), se ubicó detrás de mí y comenzó a acariciar mis carnosos y blanquísimos “cachetes”; sus manos, apenas rozaron la superficie de mi cola, debido a la enorme sensibilidad que tengo en esa parte de mi cuerpo, hizo que una por demás agradable y placentera sensación, me invadiera por completo; además, sentir el manoseo y el toqueteo en mis muslos a través de las medias, me excitaba enormemente.
No sin un poco de dificultad, logré desprenderme del corpiñito para facilitar la tarea de los dos “reyes” y ofrecerles así mis “tetitas de nena”, total y absolutamente desnudas; el cuadro no podía más excitante y placentero, por delante, estaba literalmente “amamantando” a dos de los “magos de oriente” y por detrás, el restante, no paraba un instante de manosear y toquetear íntegramente mi precioso culo y mientras lo hacía, se deshacía en elogios y halagos hacia la, obviamente y a todas luces, mejor parte de todo mi cuerpo de “beduina”.
Después de un buen rato, “Gaspar, Melchor y Baltasar” se pararon frente a mí y me ofrecieron, en fila, cada una de sus enormes, espectaculares y magníficas vergas. A cualquier persona, hombre o mujer quien guste y disfrute de una buena pija, podrá seguramente entender lo que yo sentía en ese momento, teniendo ante mí no solo una ni dos sino tres deliciosos “mástiles”.
Obviamente me abalancé sobre esas tres porongas y, tal y como no podía ser de otra manera, rápidamente me invadió por completo una rara sensación como de desesperación; deseaba comer y devorar esas sabrosas “porongas” pero no sabía como empezar, hasta que reaccioné y empecé a besar, chupar, lamer, abrazar una a una esas tres pijas alucinantes; me las refregué por toda la cara y por mis tetitas y por supuesto, cada vez que tenía una en la boca, agarraba fuertemente a las otras dos, como si no quisiese perderlas ni por un momento.
¡Qué manera de comer vergas! ¡Por favor! ¡Qué locura! Hasta intenté poner las tres pijas dentro de mi boca, algo que por supuesto no conseguí, pero el intento igualmente fue válido porque me sirvió como experiencia, pero a esas alturas de las circunstancias, la desesperación ya me había invadido por completo y nada de lo que hacía con esas maravillosas “porongas” lograba satisfacerme, aún en lo más mínimo.
Las introducía en mi boca, las chupaba, las besaba, las lamía, las tocaba, las abrazaba y volvía a comerlas una y otra vez; creo que en ese momento hasta las llegué a amar más que nada en este mundo; me enamoré literalmente de esas tres vergas.
“Gaspar” fue el primero en abandonar la fila y se ubicó detrás de mí; obviamente con intenciones concretas de penetrarme, de poseerme, de hacerme suyo, de cogerme y yo por supuesto, estaba ya deseoso de que lo hiciera; después de todo él es un “rey, un monarca” y yo solamente un “súbdito” y por supuesto que me comporté como tal, entregándome en forma totalmente pasiva y sumisa.
“Gaspar” me cogió primero y después lo hicieron “Melchor” y “Baltasar”, este último, como buen representante de la “raza negra”, me “culeó” con su enorme “herramienta” y en un determinado momento, ya total, completa y absolutamente “sacado” y fuera de mí, empecé a gritar, a dar fuertes alaridos, a gemir, a jadear y a pedir, a suplicar y a implorarles a los “tres reyes magos”, ser cogido de por vida.
Mi pasividad, mi sumisión y mi entrega era tal, que inclusive no recuerdo con precisión, todas las veces que fui penetrado y en cuantas posiciones fui “culeado” por “Gaspar, Melchor y Baltasar”, pero sí tengo en claro una cosa; he debido haber sido muy bueno y haberme portado muy bien durante el año, para ser merecedor de ese espectacular e irrepetible “obsequio de reyes” y cuando ya me encontraba tendido en el suelo, yaciendo total y absolutamente extasiado de placer, de gozo y de satisfacción; cuando mi increíble y hermosísima cola de hombre-mujer no podía ni siquiera darse vuelta, los tres “reyes magos”, en un último gesto (desconozco cómo lo habrán hecho pero bueno, para eso son “magos”), se hicieron una última paja los tres a la vez y esparcieron por toda mi cara y por mis insipientes tetitas, todo su majestuosos semen.
Por último, se vistieron nuevamente con su “ropaje real” y salieron de la tienda, no sin antes despedirse de mí, deseándome un sin número de “buenaventuras” y dándome un último y delicioso beso en mi boquita de miel; a trasluz, pude ver como montaban cada uno sus respectivos camellos y se alejaban tras las dunas, dejándome allí, yaciendo en el suelo, cubierto de “semen real”, con mi corpiñito y mi bombachita a un lado de mí y mis medias y parte de mi porta-ligas aún puestas.
Mi despertar no pudo haber sido más dulce y placentero; inmediatamente observé a mí alrededor y no había “tienda de campaña” alguna, sino que estaba en mi habitación; descubrí mis sábanas y no tenía puesto ninguna indumentaria íntima femenina (en realidad no tenía nada ya que duermo totalmente desnudo); introduje un dedo en mi orificio rectal y no tenía visos de haber sido penetrado en reiteradas ocasiones y obviamente tampoco estaba cubierto de “semen”.
Me sentí raro; un poco frustrado tal vez al comprobar que solamente había sido un sueño, pero bastante reconfortado también por no haberme despertado antes de tiempo. Una sola duda me embargaba; no pude saber si habría llegado a gritar tan fuerte, en mis sueños, como para que algún “vecino del barrio”, me hubiese escuchado, pero a estas alturas, ello ¿Qué importancia tiene?
 
Escribile un e-mail al autor:
walterculindo@yahoo.com.ar

Menu de navegación: Escorts Barcelona - Escorts Madrid - Escorts Zaragoza - Acompañantes Barcelona - Acompañantes Madrid - Acompañantes Zaragoza

Escorts Acompañantes Zaragoza Escorts Barcelona Escorts Madrid

Escorts Barcelona Escorts Madrid Escorts Zaragoza Contactos Eroticos

Copyright © 2008 EscortsOnFire.com - Todos los derechos reservados | Powered by Gemidos.com.ar | Diseño y programación EscortsOnFire.com | Sitemap