![]() |
Un regalo de navidad |
|
Enviado por Walter el día Domingo 20 de Julio de 2008 |
||
Pasada la “parafernalia propagandística” y la asombrosa “fiebre de consumo” durante los días previos a las “fiestas navideñas”, la noche inmediata posterior (el 26 de diciembre) me encontró durmiendo plácidamente, inclusive con la ventana de mi habitación abierta, a causa de las altas temperaturas, cuando, en mis sueños creo, me desperté sobresaltado debido al característico ¡Oh, oh, oh! de “Papá Noel”.
Aún con la “resaca” de las fiestas a cuestas, me senté sobre la cama y atónito me sorprendí cuando, un “Papá Noel” pero muy especial, muy particular, estaba intentado ingresar a mi cuarto por la ventana; inmediatamente me refregué los ojos y al volver a abrirlos, observé que aquel personaje era un negro alto, fornido, atlético, musculoso y por supuesto, tremendamente hermoso, vestido con el gorro rojo y blanco característico, una casaca del mismo color, pero abierta en su parte delantera, que dejaba ver debajo su increíble torso desnudo y un diminuto pantalón corto, bien ajustado y ceñido a la cintura.
Mientras yo seguía, impávido, sentado sobre la cama y sin poder reaccionar ante el cuadro que se presentaba ante mis ojos, “Papá Noel”, ya parado al lado de mi cama, exclamó:
“¡Oh, oh, oh! ¡Vengo a entregarte tu obsequio!”
Yo, si bien hacía muchos años ya que había dejado de “hacerle pedidos” a “Papá Noel”, volví a sorprenderme, sobre todo porque no observé “bolsa de regalos” alguna, pero “hete aquí” entonces que este “personaje navideño”, volvió a decirme:
“¡Oh, oh, oh! ¡Tú eres Walter! ¡Walter H.! ¡Oh! oh! oh! ¡Esto es para ti entonces! ¡Disfrútalo!”
Dicho esto último, se quitó su casaca “roja y blanca” y su diminuto pantaloncito corto, para quedar vestido únicamente con su típico gorro; yo rápidamente me di cuenta entonces “de que precisamente se trataba aquel obsequio” e inmediatamente le ofrecí la mano a “Papá Noel” y lo invité a recostarse conmigo en la cama.
“Papá Noel” era total y absolutamente hermoso, alucinante, descomunal y el color prácticamente “azabache” de su piel, contrastaba notoriamente con el “blanco nieve” de la mía; mi primera reacción fue tocar y acariciar su torso perfecto y sus torneados brazos, que irradiaban fuerza y vigor, pero sobre todo que producían en mí una profunda excitación.
Inmediatamente después y tomando una actitud de pasividad total y de absoluta entrega y sumisión, cerré los ojos y le ofrecí mi boca entreabierta; “Papá Noel” aceptó mi ofrecimiento y me besó con una mezcla de pasión y fogosidad; su lengua ingresó hasta lo más profundo de mi garganta y me comió literalmente la boca, una y otra vez.
Mientras “Papá Noel” me besaba insistentemente, yo, con mis manos, busqué su vigorosa e increíble entrepierna; no soy de los más afectuosos a las “medidas” y a las “comparaciones”, pero esa enorme pija superaba en centímetros, tanto en longitud como en grosor, a cualquiera de las tantísimas que he saboreado a lo largo de mi extensísima vida sexual y créanme que han sido muchísimas.
Ante tan soberbio y maravilloso “mástil”, no pude menos que abalanzarme sobre él para mirarlo, admirarlo, elogiarlo y halagarlo primero y después sí, comérmelo por completo; infructuosamente pretendí tragarme esa verga por completo, tal y como me gusta hacerlo, pero por razones obvias no lo logré, así que simplemente tuve que conformarme con besar, lamer, chupar, saborear y degustar, tanto la gran “poronga” como sus no menos enormes, redondas y voluptuosas “bolas peludas”.
Literalmente me había “enamorado” de esa pija y hasta creo que me hubiese “casado con ella” de haberlo podido hacer, tal la atracción casi “paranoica e irracional” que ese colosal “pedazo” ejercía hacia mí ¡Cómo disfruté de semejante pija! Generalmente siempre encuentro palabras o frases como para intentar al menos, ejemplificar el placer, el gozo y la satisfacción que las vergas me brindan, sobre todo en el “aspecto oral”, pero en este caso y por más que bucee en lo más profundo de mis conocimientos literarios, no puedo plasmar en estas letras, todo lo que me produjo esa descomunal “poronga”.
Excitado, extasiado, con la respiración entre cortada, jadeando y gimiendo y a punto de desvanecerme de placer, me arrodillé sobre la cama, separé ligeramente mis piernas, apoyé cabeza y torso sobre la sábana ya totalmente húmeda y levanté bien el culo, lo más arriba que pude, a modo de pasividad, de absoluta entrega y de sumisión total.
“Papá Noel” habrá demorado solamente una fracción de segundo en acomodarse para “entrar dentro de mí”, pero ello, en mi estado de “histeria”, me pareció una eternidad así que inmediatamente y los gritos, comencé a pedirle, a rogarle, a suplicarle y a implorarle que no me hiciese desear más y que “me rompiese el culo” y por suerte para mí, aquel pintoresco y singular “personaje navideño”, apoyó su enorme pija sobre mi “rosado agujero” y comenzó a penetrar mi orificio rectal.
Mi “orto” se ha comido, como manifesté anteriormente y otras ocasiones, muchísimas pijas, pero en esta ocasión debió dilatarse al máximo para dejar pasar ese descomunal “pedazo” que hervía y me quemaba a su paso por el interior de mi cuerpo ¡Qué maravilla! El típico “negro grandote”, de esos que solamente aparecen eventualmente en las revistas y videos pornográficos, estaba ya dentro de mí, cogiéndome, “serruchándome”.
Tan grande y descomunal era aquella verga que no terminaba de penetrarme nunca; cada vez que yo suponía que mi no menos impresionante culo de “hombre-mujer”, se la había tragado por completo, “Papá Noel” la metía un poco más adentro.
El cuadro era simple y sencillamente alucinante, espectacular e indescriptible nuevamente con palabras o con frases; aquel cuerpo vigoroso, “lustroso”; ese “negro” cuyo brillo a raíz del sudor, parecía iluminar toda la habitación, se había acoplado a mí a la perfección y estaba cogiéndome, poseyéndome y haciéndome suyo de una manera increíble.
Si bien a priori, el “negro y el blanco” son colores antagónicos, en esta ocasión era la perfecta simbiosis; el “negro” encajaba dentro del “blanco” de una manera asombrosa y como tal, no pude contenerme más y empecé nuevamente con mis “gritos histéricos”.
“¡Sí! ¡Así! ¡Dale Papá Noel! ¡Cogeme! ¡Cogeme con todo! ¡Sí! ¡Ay! ¡Por favor! ¡Rompeme todo el culo! ¡Más! ¡Más! ¡Sí! ¡Cogeme más! ¡Ay como me gusta!”.
“Papá Noel” se transformó de pronto en una “máquina de coger” y me hizo perder el conocimiento; a media noche, me desperté sobre saltado; no sabía lo que había pasado en realidad; no entendía nada; las sábanas estaban total y absolutamente empapada; yo casi con “taquicardia”, olor y aroma a sexo en toda la habitación, pero ni rastros del “colosal negro”.
Después de refregarme la vista y de levantarme para lavarme la cara con agua fría, reaccioné y exclamé con fastidio y frustración: “¡Pucha! ¡Fue sólo un sueño! ¡Qué lástima!” y me acosté nuevamente, pero en ese ínterin, me pareció escuchar a los lejos (la ventana aún continuaba abierta) un ¡Oh! ¡oh! ¡oh! y al pasar la mano por si enorme culo, noté que mi “orto” estaba dilatado a más no poder, entonces aquello ¿Había sido realmente un sueño? |
||
Escribile un e-mail al autor: walterculindohache@yahoo.com.ar |
||
| HOME | ESCORTS | GALERIAS | RELATOS | NOTAS | PUBLICIDAD | SUBSCRIPCION |
| Menu de navegación: Escorts Barcelona - Escorts Madrid - Escorts Zaragoza - Acompañantes Barcelona - Acompañantes Madrid - Acompañantes Zaragoza | |||||||
| Home | Escorts | Secciones |
|
||||
