Primera vez Nicolás nunca había pensado que era ...
Enviado por Nicolás el día Domingo 20 de Julio de 2008
 

Nicolás nunca había pensado que era gay ni creía tener inclinación por otros chicos salvo la natural curiosidad con respecto al tamaño del pene de los demás. Es más, como tenía muy buen físico y hermosa cara las chicas lo perseguían y se peleaban por él.

Con 18 años ya tenía bastante experiencia ya que todas sus novias habían terminado por dejarse coger luego de varias sesiones de pajas y mamadas.

Cuando Daniela llegó al colegio el último año lo volvió loco. No miraba a otra que no fuera ella y cuanto más la adoraba más lo ignoraba.

Pasaron varias semanas así, recaliente y desahogándose con otras hasta que descubrió con sorpresa que existía un hermano de Daniela que cursaba el mismo año en el otro curso.

Dispuesto a acercarse a ella a toda costa pensó en hacerse amigo de Joaquín, su mellizo.

Resultó ser la copia masculina de Daniela. Alto, delgado y musculoso. La piel blanca y delicada y el pelo oscuro y la cara bellísima de ojos profundamente azules.

Por primera vez se sintió conmovido por la hermosura de otro varón.

Rápidamente se convirtieron en inseparables. Compartían el gusto por la música y los deportes y ambos eran exitosos con las chicas.

Nicolás seguía sintiendo una sensación de calor en el vientre cada vez que se acercaba a Daniela, terminando siempre con la verga dura dentro de sus calzoncillos pero se sorprendió al notar que el mismo efecto le causaba el contacto con Joaquín.

Una tarde que pasaron juntos en la casa de los mellizos culminó con una invitación a cenar y a quedarse a dormir. Nicolás dijo que no, que era una molestia pero ante la insistencia de padres e hijo aceptó.

Ya tarde subieron a la habitación que Joaquín se había arreglado en la terraza. Una vieja dependencia de servicio agrandada y aislada del resto de la casa.

Mientras charlaban y reían comenzaron a desvestirse pero el hecho de que había una sola cama grande tenía a Nicolás muy nervioso. Para colmo vio cómo Joaquín se desnudaba totalmente y se tiraba boca arriba en la cama con naturalidad. Su hermoso cuerpo se completaba con un robusto pene gordo y cabezón, dos grandes bolas y una espesa mata de pelo negro entre las piernas.

Se acostó en calzoncillos y lo más lejos que pudo de Joaquín, pero no pudo evitar mirarle los genitales y ruborizarse.

Joaquín se rió y le preguntó si le molestaba que estuviera desnudo, que en realidad siempre dormía en bolas y que él también podía hacerlo. Nicolás se bajó los calzoncillos tirándolos a un costado de la cama mientras se tapaba el bulto que se endurecía con las manos.

“¿A vos no te pasa como a otros chicos que se calientan con mi hermana y después conmigo?” le dijo Joaquín mientras lo miraba apreciativamente. Nicolás sacudió la cabeza, cada vez más ruborizado. Joaquín se le acercó más y pudo sentir el calor de su cuerpo a su lado. Cerró los ojos con la respiración agitada cuando un brazo musculoso se cruzó sobre su pecho tomándolo del hombro.  Con firmeza lo obligó a girar hacia él y lo abrazó.

Nicolás no reaccionaba mientras sentía el cuerpo duro y hermoso de Joaquín apretarse contra el suyo. Una pierna pasó por encima de su cadera, unos labios le rozaron el cuello y unas manos le acariciaron las nalgas mientras un tronco duro y húmedo se restregaba contra su vientre.

 

 

 

No resistió más y buscando con su mano aferró la enorme verga caliente. Entreabrió los labios y sintió la lengua ávida de Joaquín que se introducía entre sus dientes.

Los brazos fuertes comenzaron a empujarlo hacia abajo y no se resistió, lamiendo y besando el torso poderoso y tenso. Metió su lengua en la depresión del ombligo y trató de morder los músculos del vientre chato y contraído, hundió su nariz en los pelos del pubis y por fin lamió la gran poronga desde la base hasta la cabeza  pulsante.

Se detuvo ya con los ojos bien abiertos, de rodillas ante ese macho joven y hermoso sosteniendo en su mano la verga más grande que se hubiera imaginado nunca. La pajeó suavemente haciendo que Joaquín gimiera y se retorciera de placer. Los enormes ojos azules lo miraban con deseo y la bellísima boca le sonreía…

Se zambulló sin pensarlo y se metió su primer falo en la boca, chupando lamiendo y mordiendo, ahogándose con la cabezota que le atoraba la garganta.

La mamada duró unos cuantos minutos en los cuales Joaquín y Nicolás gozaron acariciándose y apretándose uno contra otro. Cuando la verga no pudo más y estuvo a punto de acabar, Nicolás se detuvo y se acostaron lado a lado con la respiración agitada.

 Joaquín se estiró buscando algo en un cajón. Nicolás lo vio abrir un frasco y untarse lubricante en la poronga, fascinado observó cómo cerraba el frasco y lo depositaba en la mesita, cómo se erguía y arrodillándose entre sus piernas las levantaba hasta sus hombros. Sintió sus dedos en la raja buscando el agujero y se estremeció cuando el índice se deslizó en su ano. Adentro y afuera, adentro y afuera la sensación de placer aumentaba velozmente.

La cabeza se introdujo entre sus nalgas y se ubicó sobre la pequeña argolla, Joaquín se inclinó obligándolo a llevar las piernas hacia su pecho, se levantó apoyándose solamente en sus pies y con el peso de su cuerpo le introdujo la verga en el culo.

La sensación del esfínter dilatándose fue placentera pero inmediatamente se convirtió en un fuego que le abría el ano como si se partiera en dos. No pudo retener un grito y un espasmo de todo su cuerpo, pero la posición y el peso de Joaquín le impedían moverse demasiado.

Le introdujo toda la pija hasta que los pelos del pubis se apoyaron en sus nalgas y se quedó muy quieto esperando que su cuerpo se acostumbrara a la agresión del tronco. Nicolás, con los ojos llenos de lágrimas lo veía sonreír dulcemente y se aferraba a sus brazos cálidos y cariñosos.

La tensión de la argolla fue cediendo y las puntadas desaparecieron poco a poco, entonces Joaquín inclinó su cabeza y lo besó mientras comenzaba a bombear suavemente.

El tiempo pareció detenerse mientras los dos cuerpos se agitaban aferrándose uno a otro. Parecía que la enorme poronga los conectaba como siameses. Joaquín se revolcaba en la cama arrastrando siempre a Nicolás enganchado por el culo. El placer crecía y crecía y sin poder evitarlo Nicolás acabó violentamente con el cuerpo de su amante encima. Joaquín lo retuvo boca abajo y lo bombeó violentamente hasta que explotó llenándolo de esperma.

Les llevó un largo rato reaccionar, quietos, en la misma posición. Al fin Joaquín se desconectó y fue al baño a lavarse.

Nicolás se sentía avergonzado, con las piernas abiertas y el ojete dolorido que chorreaba semen y sintiendo bajo su pecho la sábana húmeda por su acabada. Se lo habían cogido por primera vez y además lo había disfrutado…

Joaquín volvió con una toalla húmeda y le limpió las nalgas y la entrepierna riendo, trató de limpiar también la sábana pero era imposible, luego se tiró en la cama y besándolo lo abrazó con amor. La vergüenza desapareció como por arte de magia y Nicolás se preparó para coger toda la noche.

 

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