Mi amigo y yo
Enviado por Anonimo el día Domingo 20 de Julio de 2008
 

Yo venía mirando a mi amigo hacía muchísimo tiempo. Cuando digo mirando me refiero a su parte íntima. Desde muy chicos, y cuando estábamos en casa, solía desear con todas mis ansias que por entre su malla verde oscura se escapara algún rumor de su miembro adolescente. Tenía la suerte de que dicho suceso pasase en varias oportunidades, yo me quedaba mirando anonadado tratando de disimular lo mejor posible.

Pero nunca imaginé que iría a pasar lo que pasó. Para entonces ya teníamos catorce años, y yo solía quedarme a dormir a su casa casi todos los fines de semana.  En uno de éstos, habíamos decidido trasnochar mirando aquel canal erótico que habíamos descubierto. La pantalla mostraba una mujer acomodada en posición canina en una mesa de oficina, y un hombre robusto detrás de ésta con movimientos lentos pero contundentes. Mentalmente cambié los personajes, el hombre robusto podía ser mi amigo, ya que mi amigo era bastante obeso; a mi no me interesaba ser la mujer, pero si me interesaba la idea de sentir lo que ella estaba sintiendo. Para entonces yo era muy flaquito y de cabello largo, mi amigo y yo hacíamos un contraste interesante.

Mientras la película transcurría, comenzamos con el ritual tradicional, es decir; él empezó a masturbarse, yo solía tardar siempre un poco más en empezar, tal vez por estar en casa ajena. Cabe aclarar que estábamos solos en una sola habitación y que los padres dormían lejos de ésta. En todo momento mis ojos se  escapaban de la pantalla para terminar entre sus dos grandes piernas. Este episodio ocurría hacía muchísimo tiempo, y de depender de mi; podía quedarme horas mirando como su miembro se iba agrandando de a poquito. Pero siempre trataba de ser lo más disimulado posible; temía que mi amigo se diera cuenta de las ganas enormes que sentía de tocar por lo menos eso que tanto me excitaba.

Y de pronto ocurrió. Yo ya había comenzado a tocarme también, y entre vulgares chistes referidos a la escena de la película, estiró su mano y tocó mi pene para concluir en una leve carcajada. Me quedé entumecido. Me había hecho a mi lo que yo hacía largo tiempo deseaba hacerle a él. Pero no terminaría allí,  tuve suerte. Me miró sonriendo y me dijo:

- A que no te animás a tocarme vos…

A pesar de que no dudé un solo instante, traté de que así pareciera, hecho que hizo que me vuelva a repetir el pedido algunas veces más.

Hasta que llegó ese momento. Mi mano se fue acercando anhelante hacia sus piernas hasta terminar en aquel miembro tan caliente como deseado. Lo sentí en mis manos y me llené de escalofríos, quería tenerlo y acariciarlo por mucho tiempo más, pero opté soltarlo para no hacer vistoso aquel verdadero deseo. El pene de mi amigo no era de tamaño considerable, pero solía ponerse muy erecto, con una dureza admirable; eso si, sus testículos eran inmensos. Cuando dejé de tocarlo se levantó y se sentó en la cama, yo lo imité. Volvió a mirarme: - Cuánto que no te animás de nuevo. Y fue en ese momento cuando volví a tomar su pene decidido a no soltarlo por mucho tiempo. El se puso cómodo, se recostó en la cama mientras yo ya no sólo lo tocaba sino que  comenzaba a masturbarlo muy despacito.

Pasamos así largo rato sin decir palabra. Por momentos abandonaba mis movimientos y prefería acariciar sus testículos sutilmente, o recorrer su miembro con un solo dedo hasta concluir en la cabeza y así volver a masturbarlo. No sé cuánto tiempo pasó pero sé que fue mucho. Pero de pronto ocurrió algo más, y yo que, realmente estaba muy satisfecho con lo que estábamos haciendo, casi no lo podía creer. De repente su mano comenzó a subir por mi espalda, tomó mi cabeza y la inclinó hacia su entrepierna. En muy poco tiempo me encontré con su miembro a centímetros de mi boca. Por un momento lo contemplé, sentí su aroma a jabón y sexo, tomé su testículos con una de mis manos y con la otra lo alcé para mirarlo mejor. Pero en ese mismo momento su mano volvió a hacer fuerza sobre mi cabeza y sentí como su miembro ya un tanto húmedo se introducía en mi boca lentamente. Y una vez que lo tuve entre mis labios comencé a chuparlo con todas mis ansias. Al no ser de gran tamaño como anteriormente había dicho, lograba introducírmelo todo, incluyendo sus testículos, cosa que seguramente lo excitaba mucho. Luego comenzaba a besarle sólo la cabeza y a recorrer mi lengua alrededor de ésta; después besaba sus testículos y volvía a la cabeza recorriendo el tronco con mi lengua para volver a introducirlo todo dentro de mi boca.  Una vez adentro de mi boca nuevamente, lo masturbaba con una mano y con la otra acariciaba sus testículos mientras que con la lengua seguía jugueteando con la cabeza. Luego le hacía algunos largos minutos de sexo oral tradicional, es decir; lo masturbaba con mi boca a grandes velocidades, aunque prefería con lentitud, entonces le hacía un sexo oral húmedo y con suavidad que concluía nuevamente con todo su miembro y sus testículos dentro de mi boca.

No sé cuánto tiempo pasamos de esa manera, lo que si sé es que de ser por mí, pudiera haber estado horas. Pero en un momento tocó mi cabeza en señal de finalizar, y cuando quité su pene de mi boca se tocó algunos segundos y vi como el semen se desparramaba por los pelos de su panza.

 

En los días siguientes no se habló del tema, tal vez los dos sentíamos vergüenza; yo por mi parte, sentía unas terribles ganas de que volviera a suceder cuanto antes.

Fue por eso que una tarde llegué a su casa decidido a que sucediera. Eran aproximadamente las cuatro de la tarde y la familia merodeaba en la casa como de costumbre. Fuimos a la pieza para teóricamente jugar a la computadora, nos sentamos y mientras la pc se encendía yo miraba de reojo hacia sus piernas con unas ganas terribles de volver a tocarlo. Antes de comenzar con algún juego, le dije con vergüenza: - Sabés que no sé que me pasa que hoy me levanté más excitado que nunca. Frunció el ceño en señal de no imaginarse la razón de mi convulsión hormonal, sin embargo noté que comenzaba a entender lo que yo buscaba realmente. Me miró con cara de haber encontrado la solución: - Si querés vamos al altillo que están las revistas. Luego de aquella frase yo sabía que había logrado mi objetivo. En el altillo guardábamos revistas de alto nivel sexual, pero esta vez nos servirían sólo de excusa. Cuando estábamos por subir la madre nos preguntó para qué subíamos. Por un momento pensé que se me frustraba el plan, pero no; mi amigo le dijo que buscábamos un antiguo juego extraviado.

Una vez arriba, entre la tierra y la leve oscuridad, comenzamos a ver las revistas. Yo comencé a tocarme ya que allí estábamos por mi teórica excitación. Cuando el bajó sus pantalones para comenzar a tocarse, sentí la necesidad de agacharme y comenzar a besar su pene sin pasos previos, pero aunque tuve que esperar dichos pasos, éstos no tardaron en llegar. Se acercó hacia mí de a poquito; yo, al verlo venir me senté en un escaloncito y aguardé. Al verlo tan cerca estiré mi mano y comencé a masturbarlo, sin embargo en muy poco tiempo sentí sus dos manos, una en cada lado de mi cabeza, que me llevaban nuevamente a encontrarme con su miembro entre mis labios. Como esta vez el estaba parado, recorría mi mano por sus piernas, luego tomaba sus dos nalgas con ambas manos y empujaba con fuerza todo su cuerpo hacia mí y de esta manera su pene entraba y salía en mi boca de manera más excitante.

Estuvimos poco tiempo, por dos razones. O mi amigo era muy fácil de llevar a la eyaculación o mi fanatismo por el sexo oral se había tornado tan inmenso que se lo debería hacer de muy buena manera, opto por la segunda opción. Pero a lo que quería llegar es a lo siguiente. Cuando comprendí que tocaba mi cabeza en señal de que termine, comencé a hacérselo muy despacito. Quitaba mi boca de su pene y pasaba mis labios por la cabecita muy lentamente. Cuando veía que había pasado el tiempo necesario comenzaba a chupar nuevamente de manera más acelerada y apasionada. Luego volvía a frenar y así varios minutos hasta que en un momento nuevamente sus manos dieron señal de suavidad y freno, sin embargo opté en no hacer caso y en seguir con mis movimientos raudos y mis labios cada vez más húmedos. Volvió a insistirme, mas como notó que no iría a hacerle caso dejó caer sus brazos y luego de un leve murmullo de placer sentí como mi boca comenzaba a calentarse rápidamente y como por entre mis comisuras se escapaban algunos chorritos de semen. Cuando sentí que no podía seguir con su pene entres mis labios, abrí la boca para respirar y una nueva cantidad de semen salió por entre mis labios para quedar colgado de mi mentón. Luego continué con su miembro en mi boca hasta sentir que su tamaño se reducía de a poquito y que ya no salía más líquido. Mientras tanto parte del semen eyaculado se deslizaba por mi cuello hasta llegar a mi pecho. Sin embargo yo continuaba chupando su pene cada vez más locura, sin parar un instante.

Cuando noté que ya era suficiente, volví a sentarme, ya que me había arrodillado para hacérselo mejor, y me quedé largo rato luego de limpiar mi cara con una tolla. Mi amigo también se sentó. No cruzamos ni una palabra, no había nada que decir. Luego bajamos como si nada.

 

 

 

Menu de navegación: Escorts Barcelona - Escorts Madrid - Escorts Zaragoza - Acompañantes Barcelona - Acompañantes Madrid - Acompañantes Zaragoza

Escorts Acompañantes Zaragoza Escorts Barcelona Escorts Madrid

Escorts Barcelona Escorts Madrid Escorts Zaragoza Contactos Eroticos

Copyright © 2008 EscortsOnFire.com - Todos los derechos reservados | Powered by Gemidos.com.ar | Diseño y programación EscortsOnFire.com | Sitemap