Pobre mi culo.
Enviado por serpicoypala@hotmail.com el día Jueves 1 de Enero de 1970
 
Miguel es un muchachote de carácter fuerte y dominante. Fue mi compañero de
trabajo durante mucho tiempo y en ese ínterin ocurrió lo que paso a relatar.
Entré al vestuario con el tiempo más que sobrado para poder cambiarme la
ropa. Al hacerlo me encontré casi de frente con Miguel. Quien terminaba de
orinar y aún mantenía su instrumento en la mano. Sin comprender porque, mi
vista se dirigió a su entrepierna, y durante un instante bastante
pronunciado, nada normal, quedé como tildado mirando su pedazo.
-         Hola. - dijo él, dándose perfecta cuenta de lo que ocurría.
-         Hola. - atiné a contestar en tanto el rubor me subía al rostro.
Seguí mi camino muy turbado. mi mente me repetía una y otra vez "que pedazo
que tiene Miguel" "Si. es un tanto más grande que la tuya" Llegue a mi
guardarropa lo abrí y comencé a desvestirme. Me quite la remera, las
zapatillas y los pantalones quedando en calzoncillos. En ese instante
apareció el muchachote en el mismo pasillo, puesto que su guardarropa estaba
tres lugares más allá del mío. Pasó por detrás muy lentamente y el dorso de
su mano "accidentalmente" rozó mis nalgas. Por supuesto que no hubo
comentarios de su parte ni de la mía. Cinco minutos después volvió a pasar
por detrás y nuevamente el dorso de su mano rozó mi trasero. Me quedé
congelado, no atiné a nada. Al regreso volvió una vez más a pasar por detrás
pero esta vez la palma de su mano se apretó contra mi nalga mientras decía.
-         Que ajustados son estos pasillos. ¿no?
-         Si. contesté con voz nerviosa.- muy ajustados.
Sin mediar mas palabras, y al ver mi pasividad ante su evidente ataque
sexual se abalanzó sobre mi espalda y apoyo su enorme pedazo en medio de mi
raya. Yo sentía sobre slip el frotamiento de su miembro pero no hice
absolutamente nada para impedirlo, sino que por el contrario me quedé
quietito en tanto le decía.
-         No seas loco. puede venir alguien. ¿Qué haces? Para.

Por supuesto el no hizo caso alguno a mi pedido y siguió frotando su miembro
contra mi ano sin ninguna intención de detenerse. Minutos más tarde si lo
hizo me dejo y se retiro hasta su guardarropa.
Ese día trabaje con los nervios alterados por lo ocurrido. Como no había
reaccionado. Porque no lo había insultado. A raíz de que soporte su ataque
sexual. ¿Me había gustado?
Todas esas preguntas y muchas más que ahora no recuerdo se cruzaron por mi
calenturienta mente durante todo el resto del día.
Al día siguiente llegué como de costumbre y me dirigí a mi guardarropa, en
el fondo del vestuario. Al girar en el último pasillo lo vi... ahí estaba
él, totalmente desnudo blandiendo su instrumento en forma amenazadora.
Traidora, mi vista, fue lo primero que miró. Llegué a mi lugar sin que él
pronunciara palabra o hiciera gesto alguno. Un "hola" tembloroso y de
compromiso salió de mis labios. El no respondió. Me quité las zapatillas, la
remera y el pantalón. En ese instante lo presentí. Se acerco y sin mediar
palabra alguna sus manos bajaron mi slip.
-         ¿Qué hacés?... -pregunté conteniendo el aliento
-         Te hago mío...
-         No... por favor... no sigas...
Sin hacer caso a mi pedido, hecho un tanto dubitativamente... apoyó la punta
de su miembro en el agujerito de mi ano y lo introdujo hasta el momento en
que sin poderme contener exclamé suplicante..
- Para... me duele
Por primera vez me sentí importante. El se detuvo al instante y comenzó un
juego de va y viene con el botoncito de su miembro entrando y saliendo de mi
agujerito. La lubricación del mismo hacia que resbalará dulcemente tanto en
la entrada como en la salida. Repentinamente se pegó a mi, y sentí un chorro
de líquido caliente invadía mi cavidad, parte se pegaba al agujerito y un
resto resbalaba por las caras internas de mis piernas. Me había llenado el
orto de leche... Nos separamos sin pronunciar palabra y nos dirigimos a las
duchas.
Durante los tres días restantes se repitió como un calco lo de ese día. El
me franeleaba con la punta de su miembro y luego de "llenarme" nos
dirigíamos a bañarnos. Pero el cuarto día fue mi franco. En mi casa y con
los nervios de punta pasé un  día atroz. Extrañaba su presencia y ese
"franeleo" me era tan necesario como el aire que respiraba.
Por eso con las ansias desbordadas al día siguiente entre al vestuario y me
dirigí poco menos que en el aire hacia el pasillo donde están nuestros
casilleros.
Oh sorpresa. El no estaba en el lugar. ¿No habría llegado aún? Me quite toda
la ropa, incluido el slip, y esperé su arribo. Pero no llegó. Cuando se hizo
la hora me dirigí a mi lugar de trabajo con los nervios destrozados. ¿Qué
pudo pasarle? ¿Estaría enfermo? Todas esas preguntas y más me las hice
durante casi dos horas; momento en que otro compañero de trabajo,
contestando una pregunta le dijo a otro... "No, el que está de franco hoy es
Miguel..." Recién ahí tomé en cuenta ese detalle y el alma me volvió al
cuerpo.
Al día siguiente, con todas las expectativas, ingresé al vestuario y me
dirigí a mi guardarropa. Cuando ingresé al pasillo ahí estaba él parado.
Totalmente desnudo.
-         ¿Me extrañaste? Preguntó directamente
-         Si. Mucho. - contesté sintiendo que los colores subían a mi rostro
Rápidamente me quite toda la ropa. El notó que me sacaba también el slip y
se acercó.
Tomándome del brazo me dijo...
-         Vení, ganemos tiempo... Vamos a las duchas - y me condujo al lugar
En su mano derecha noté que llevaba el pote de vaselina con el cual
lubricaba la punta del miembro. Llegados al lugar y abiertos los rociadores,
nos colocamos debajo de las mismas. El agua corría templada por nuestros
cuerpos cuando él tomándome por la cintura me dijo suavemente al oído.
-         Sentime... - un dedo suficientemente lubricado jugó durante unos
instantes en la puerta del hoyito, pero en medio de ese jueguito se fue
hundiendo lentamente en mi interior provocándome unas profundas ondas de
suave placer.
-         Te gusta...
-         Si... mucho...seguí así
Siguió "masajeándome" durante unos instantes...
Su dedo jugó durante un buen rato produciéndome ondas interminables de
placer. Repentinamente lo sacó, pero regresó velozmente con otro más. Dos
dedos. Un gemido de dolor y placer mezclados escapó de mi garganta. La
entrada rápida y profunda de los dedos me provocó un sin fin de sensaciones.
-         Si. así. dame más.  que gusto. que placer.
-         ¿Querés más?
-         Si. dame. más.
El retiró los dedos y me colocó la punta de su pene en el agujerito. No tuve
el coraje de decirle que en ese momento necesitaba más, algo del "tamaño" de
los dedos, que a ese "pequeño" botón de carne. Sus manos me acariciaban el
pecho.  Sin intención una de ellas se apoderó de mi miembro y lo descapotó.
Instintivamente tiré violentamente mi culo hacia atrás para encapotarlo de
nuevo. El sorpresivo movimiento hizo que el glande que se apoyaba a la
entrada mi ano junto con un trozo de verga se metieran en mi interior. Una
honda de dolor me sacudió.
-         Esperá. me partiste. el. culo.
-         Yo no. vos te lo partiste solo.
Tratando de evitar esa discusión tire de mi culo hacia fuera para sacar su
miembro pero en ese ínterin se volvió a descapotar mi glande, ergo, nuevo
empujón hacia atrás con el culo. mas verga dentro de mi culo. Ese movimiento
instintivo se repitió dos o tres veces más. Cuando comprendí lo que estaba
ocurriendo me quedé quietecito. Lo sentía grande y profundamente metido en
mi interior.
- Te. siento. muy adentro. me duele el culito.
- No importa tontito. gozá el momento.
- Si. despacito. damela. despacito.
Entonces él comenzó su trabajo de "bombeo". Primero lo hizo lenta y
suavemente, pero fue incrementando su ritmo hasta que llegó la culminación.
cuando al colmo de la excitación exclamé.
-         ¡¡Ponémela toda!!
Y él solicito se hundió por completo en mi interior rasgándome las entrañas
con ese terrible aparato. Casi 15 cm. de pija que permanecían afuera
entraron como un ariete bombearon por unos minutos y estallaron en un río de
esperma que me inundó por completo las tripas. Sentí el calor que subía
desde mi interior y sin quererlo ni pensarlo también acabé.
- Me voy.oh  ohh umm
- También me fui, papito. tenés todo tu culito lleno de mi leche.
- Si. te sentí cuando me lo llenaste.
Terminamos de bañarnos y nos dirigimos cada cual a lo suyo. Ese fue el
principio de nuestra gran relación.

Esa relación duró casi seis meses. En ese tiempo me mude durante unos días a
su casa en donde mantuvimos actos sexuales de gran calor. Pero como todo
tiene un antes y un después, nos ocurrió lo mismo a partir del momento en
que, medio "achispados" en una fiesta, Miguel invitó a Luis a venir a
"terminar" la velada en casa con cerveza. No voy a negar que también estaba
un "tanto" tomado, pero una cosa no quita la otra y ocurrió.
Cuando llegamos Miguel se puso muy "romanticón" y me empezó a acariciar sin
fijarse en que Luis no perdía detalle de todo cuanto ocurría. Sus caricias
elevaron mi ya de por alta temperatura y lo llevó a la penetración, tras
bajarme la ropa. Su pedazo de carne entraba y salía de mi ano cuando lo
sentí "bufar" y empujarme todo su trozo dentro. Su ritmo cambió y "perdió el
paso" por lo que giré mi cabeza para mirar que le ocurría y vi a Luis que lo
estaba "ensartando", componiendo un "trencito" del cual yo era la máquina y
Miguel el vagón del medio. Esta situación duró poco tiempo. Miguel refunfuño
algo y se desprendió de mi dejándome en posición  de 4, con el culo al aire
y respirando agitado. A su vez Luis lo dejó de lado y sin mediar palabra
encaró su pene a mi trasero.
No lo vi llegar pero sentí el empellón en mi agujerito. Sus dimensiones,
mucho más grandes que las de Miguel, hicieron que me "empujara" sin llegar a
la penetración. Pero lejos de amilanarse, me tomó con sus manos por las
caderas y enfilándolo de nuevo embistió con más fuerza. El enorme glande se
abrió camino hacia mi interior rajándome el culo.
-         Pará. so bestia. me. partiste. el culoooo. El gritó de dolor y
lamento colmo la habitación, pero haciendo muy poco caso del mismo Luis
arremetió con más fuerza aún y los veinte y pico de centímetros que estaban
fuera se hundieron sin más ni más en mis entrañas.
-         Me. duele. Saca. laaa. Me estás partiendo el orto. hijo de
putaaaa.
Su enorme verga entraba y salía de mi destrozado culo produciendo un
terrible escozor en el aro del destrozado ano. Demoró aún como 20 minutos
más entrando y saliendo antes de dejarme su semen en el interior.
Cuando me la sacó sentí que las fuerzas me abandonaban y caí cuan largo soy
sobre la cama. No se cuanto tiempo pasó hasta que me recuperé, pero fue
mucho, porque al desmayo le siguió el sueño de la borrachera. Cuando me
levante, sentí mi culo "inflamado", apenas podía caminar de lo hinchado que
estaba. Me dolían hasta las raíces de los "pendejos". Luis ya no estaba y
Miguel dormía aún su borrachera. Su culo no estaba mejor que el mío.
Excremento seco mezclado con sangre adornaba su cara interna de las piernas,
y su "destrozado" culo mostraba una terrible inflamación, como si las
hemorroides se le hubiesen salido afuera. Dos inmensos globos tapaban su
agujero.
Fui al baño, me higienicé y sin despertarlo me marché. Fue la última vez que
tuvimos sexo. Ahí terminó todo.
 

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