XIMENA, LA PAISAJISTA, 1ª Parte
"..Me llamo Omar, vivo en Puerto Montt,
Chile. Conocí a Ximena, mientras yo
trabajaba en una editorial y ella prestaba
asesoría en su calidad de paisajista a un
libro sobre botánica.
Nuestros primeros encuentros fueron
absolutamente profesionales, aunque
confieso que su prominente busto, me
llamó la atención la primera vez que la vi. Y
no es para menos, sus turgentes senos,
alrededor de 100 cms. eran motivo
suficiente para contemplar a esta hembra
cada vez que aparecía por la oficina.
Para ser justo, a sus 27 años, Ximena era
una mujer tremendamente atractiva.
Melena castaño claro, ojos miel y
respingado trasero eran poderosos
atributos, los que sumados a su
avasalladora personalidad, no dejaban
indiferente a nadie.
Recuerdo que una noche me llamó muy
angustiada al trabajo pidiendo que nos
encontráramos en un café cercano a la
editorial. Este hecho me llamó la atención
porque ella es casada y tiene dos hijas
pequeñas, por lo que hasta entonces era
imposible concertar citas de trabajo más
tarde de las 7 PM.
Con ojos que evidenciaban su reciente
llanto y entre inevitable sollozos, me contó
que había descubierto que su esposo la
estaba engañando. Lo curioso es que
nunca habíamos hablado de temas
personales e íntimos. Nuestras escasas
conversaciones no pasaban de nombres
científicos de flores y plantas y alguna
trivialidad. Por ello me resultó sospechoso
que acudiera a mí para confesar su drama.
Entre café y algunas cervezas me enteré de
gran parte de su vida, donde lo que más
me llamó la atención es que estuvo
separada de su esposo por más de un
año y que apenas habían transcurridos 4
meses desde su reconciliación.
Ella mientras estuvo separada, tuvo un par
de relaciones esporádicas, nada de
importancia por lo que me contaba, por lo
cual no quise darle ninguna connotación a
este encuentro. Aunque supuse que con
algo de alcohol en el cuerpo podría haber
intentado algo con ella.
Este hecho me quedó dando vuelta por la
mente un par de días. Y en mi interior
crecía la fantasía de poseer ese delicioso
par de seno y el redondo culo de Ximena.
Esto fue estimulado porque en las
sucesivas reuniones de trabajo ella
aparecía con ropa cada vez más sexy y
sugerente. Ahora de escotes pronunciados
y pantalones muy ceñidos, su presencia
embobaba a todos mis compañeros de
oficina.
A tal punto llegaron las cosas que no
resistí convidarla, so pretexto de revisar
unos originales del libro, fuera de la oficina
para tener más tranquilidad, que en la
vorágine de la oficina.
Aunque soy casado, he tenido unas
cuantas aventuras, ninguna seria. Sin ser
presumido, no estoy nada de mal a mis 36
años, por eso en esta cita me propuse
insinuarme a esta mujer. Y no fue difícil,
porque ella misma al volante me condujo a
un sitio con vista al mar, fuera de la ciudad.
Estacionó su automóvil en un camino poco
transitado y comenzamos a hablar de lo
que nos producía el estar juntos, puesto
que la química que se producía entre
ambos no era puramente laboral.
Tomé la iniciativa y le declaré la atracción
que ella ejercía en mí, lo que no le
sorprendió. porque ya lo había notado. Y
me confirmó igualmente que le resultaba
muy interesante, al tiempo que me tomaba
las manos y se apegaba a mí. Esta
hembra no se andaba con rodeos y me
propuso francamente plantearnos un
affaire.
No necesité más que eso para fundirme
en sus carnosos labios, mientras ella
parecía reventar en ardor y frenesí.
Desenredé sus cabellos buscando
controlar sus movimientos, a la vez que
mis manos buscaron afanosamente
acariciar esos senos que tanto deseaba.
No fue tarea complicada. Desabrochada la
blusa de seda, un hermoso sostén de
negro encaje era el último obstáculo para
masajear la carne turgente y redonda de
sus enormes y suaves senos.
Entre jadeos, ella misma facilitó mi tarea
ofreciéndome una de sus redondeces
coronada perfectamente por un rosado
pezón. Como un bebé succioné ese
bendito seno mientras ella deslizaba su
mano derecha buscando abrir mi pantalón.
Su destreza era admirable y no tardó en
ecariciar el bulto caliente que desbordaba
en mi entrepierna. Con fuertes
movimientos se hizo de mi miembro que
mostraba una gran erección. Subía y
bajaba con exquisita maestría
provocándome infinito placer.
No escatimé esfuerzos por buscar entre
sus piernas la humedad de su concha que
a través del pantalón evidenciaba un
tremendo ardor. Llegué a bajarle el cierre y
a tocar la delicada seda de una diminuta
tanga, cuando una inmensa luminosidad y
el ruido de una estridente bocina de un
camión exigía el espacio que
obstaculizaba su automóvil y que requería
para avanzar.
No podíamos tener tan mala suerte.
Presurosos arreglamos nuestras ropas y
entre risas nerviosas acordamos dar por
finalizado ese increíble inicio de lo que
prometía ser un excitante affaire, mientras
conducía de regreso a la ciudad, a su
hogar ella y a la oficina yo. A ella lo
esperaba un marido que no le excitaba y
con quien por varias semanas no había
intimado (se notaba) y a mí el baño para
dar alivio a la erección que aún no bajaba.
XIMENA, LA PAISAJISTA 2ª Parte
Anonimo escribió "..Luego de la noche en
que nos declaramos la mutua atracción y
del excitante momento que compartimos
en su automóvil, Ximena llegaba con más
frecuencia a mi oficina, con un par de
visitas por día. El exceso de trabajo no
daba tregua para escaparnos a terminar lo
acordado.
Pasaron cuatro días desde esa noche y un
viernes Ximena me llamó invitándome a
almorzar juntos, so pretexto de ir a un vive
fuera de la ciudad para unas entrevistas.
Por esos días con mi esposa
atravesábamos una crisis y ya
sumábamos un par de semanas sin sexo.
Condujo alegramente hasta un restaurante
fuera de la ciudad. Una conversación más
larga de lo presupuestada hizo que
nuestra romántica velada nos limitara el
tiempo para buscar un motel donde
consumar lo que habíamos dejado
pendiente, lugares que quedaban al otro
extremo de la ciudad, razón por la que
regresamos por un camino alternativo,
más bien desolado. Entre bromas, caricias
y besos buscó un lugar a la orilla del
camino para estacionar. Le reclamé el
hacerlo cercano a unas casas donde
merodeaban algunas personas.
Descaradamente sonrío diciendo que ello
la excitaba.
Un apasionado beso me convenció
mientras masajeaba mi entrepierna.
- A ver, quiero ese caliente paquetón -
reclamaba con tal desenfado mientras
bajaba el cierre y hurgaba entre mi zunga.
- Hay gente mirando - le increpé, mientras
la calentona hundía su cabeza decidida a
lamer la tremenda erección que había
provocado.
Aunque no soy un super dotado, la gran
excitación que me causaba Ximena,
desplegaba mi miembro por sobre los 18
centímetros, con venas que casi
reventaban por la inusual circulación
sanguínea que llegaba hasta mi falo.
- Qué tremeno paquete tienes, y es todo
mío - se jactaba mientras cubría el rojo
brillante de mi glande.
Su lengua ágil circulaba deliciosamente,
subiendo, bajando, mientras hacía vanos
intentos por quitármela de mi entrepierna.
Sus labios chupaban exquisitamente la
dureza ardiente de mi carne. Humedecía
sabiamente, escupiendo la barra de carne
que sostenía con su boca y sus manos.
Apretaba y soltaba mi falo, y un deseo
incontrolable de poseerla me enajenaba.
No podía, sin embargo, olvidarme que más
de alguna mirada furtiva contemplaba el
frenético acto que brindábamos desde el
interior del automóvil.
Traté sin conseguirlo, acariciar ese
tremendo par de tetas que asomaban en el
generoso escote de su blusa, apenas rocé
la firmeza de su piel. Ximena, no estaba
para eso. Sólo quería complacerme con su
boca impúdica y sus hábiles manos.
- ¿Te gusta? me preguntó al tiempo que su
mirada sensual realzaba su boca
entreabierta.
- Dame tu semen en mi boca... pedía sin
control.
- Aghhh... que riiiiicoooo. Susurré entre
jadeos.
Alcancé a divisar entretanto un
radiopatrulla que se acercaba raudamente
en dirección contraria.
- Cuidado, vienen los pacos (así se le
llama, despectivamente, a la policía en
Chile) - le advertí a mi hembra. Se
incorporó ágilmente. Yo me arreglé el
pantalón desabrochado.
En esto, se detuvo el carro policial junto al
Toyota de Ximena.
- ¿Tiene problemas con el auto? - preguntó
un suboficial.
- Ehhh, ninguno, sargento. Respondía
nerviosamente.
- Se me cayeron los cigarrillos. Preferimos
detener al auto. Mintió sin atisbo de pudor
Ximena.Con cara de no habernos creído
se alejaron, dejando a su paso una estela
de polvo y tierra.
- De la que nos salvamos... atiné a decir.
Mientras el celular de Ximena anunciaba
en la pantalla : "..Casa llamando"...Tuvimos
que regresar rápidamente, postergando
una vez más lo que teníamos pendiente.
- Ojalá la próxima nos resulte... me quejé
entre risas.
- Ya tendrás lo que mereces. Prometíó mi
caliente paisajista.
XIMENA, LA PAISAJISTA 3ª Parte
Anonimo escribió "..El reloj de la oficina
marcaba las 19:30 hrs. Estaba frente al
computador y en la pantalla de mi celular
parpadeaba el número y el nombre de
Ximena.
- ¿A que hora terminas de trabajar?
preguntó luego de saludarme brevemente.
- Estaba por irme. Respondí
dubitativamente.
- Te paso a buscar en 10 minutos. Sonó
como amenaza y cortó el teléfono.
La esperé en la esquina del edificio donde
queda la editorial. Al poco rato, apareció el
automóvil amarillo de mi atractiva amante.
Ella misma abrió la puerta invitándome a
subir.
- Apura. Que no nos vean juntos a esta
hora. Pedía. Esquivó su boca, cuando al
saludarla quise besar su boca carmesí.
- Hey... disimula. No ves que nos puede ver
alguien. Se quejó Ximena.
Con una nueva excusa, pudo salir de su
casa, diciéndole a su marido que la
entrevistarían por lo del libro de botánica
que preparábamos y que además le harían
una sesión de fotos para la portada.
Para hacer más convincente su salida, me
contó que traía en el portamaletas
vestidos, zapatos y accesorios para la
supuesta sesión.
- Incluso traigo un baby doll... Sonrió, sin
asomo de vergüenza.
- Bueno. No se hable más y vamos a un
lugar donde terminar lo que tenemos
pendiente. Comentó Ximena.
- De eso me encargo yo. Respondí. Y nos
dirigimos a un motel para dar rienda a
suelta a la pasión que quemaba como
brasa viva y consumía nuestra infiel
humanidad.
El lugar escogido era perfecto. Nos
bebimos los tragos, cortesía de la casa,
sorbo a sorbo. Dueños del tiempo. Avidos
de sexo. Ximena se fumó unos cigarrillos
con la pausa que da la experiencia.
Avivando el deseo. Esperando la sesión de
sexo postergado.
Luego del brindis de rigor, sellamos ese
pacto de secreta lujuria con un largo y
suave beso. Acaricié su pelo salvaje y fui
por esos anhelados senos que
reclamaban caricias. Sus manos, en tanto,
recorrían mi espalda y sus dedos
apretaban delicadamente mi carne.
Nuestras miradas lascivas se cruzaron
comprendiendo que la proximidad de la
cama nos aguardaba.
Tomándome de la corbata me llevó hasta
el lecho recubierto putamente de rojo. Se
sentó en el borde mientras sus manos
recorrían mi trasero. Apretaba
salvajemente y frotaba su cara cerca de mi
paquete.
Trataba de controlar sus movimientos
temblorosos tomando su desordenado
cabello. Ella se negaba casi sin control.
Sus manos presurosas buscaron la carne
ardiente de mi endurecido sexo. Poco le
costó descubrir la zunga negra que me
tapaba. Más de la mitad de mi miembro
asomaba desafiante entre mis ropas.
Hambrienta de sexo se engulló de un solo
movimiento el glande, que asemejeba una
ciruela. Azuloso. Brillante. Viril.
- Sigue, sigue. Qué riiiicooooooo. Apenas
murmuré.
Su lengua experta saboreaba como el
mejor de los manjares ese pedazo de
carne que le llenaba la boca y rozaba su
paladar.
Qué gran placer me provocaba Ximena con
el mete y saca de mi sexo en la puerta
carnal de su boca, apenas protegida por
sus blancos dientes. Sintiendo que pronto
acabaría en la humedad de esa boca roja,
la aparté decididamente de mi entrepierna.
Desde esa posición, Ximena subió la
mirada humedeciendo con su lengua sus
exquisitos labios. Se levantó y caminó
hacia el baño, con porte sensual.
- Ya vuelvo. Se despidió, al paso que cogió
algo de ropa de la supuesta sesión
fotográfica.
No esperé más. Me desvestí y me metí en
la cama, esperando la gloriosa aparición
de mi putona amante.
Al poco rato, como mágica visión, una bien
torneada pierna, recubierta de seda negra,
apareció desde el interior del baño.
Insinuando. Provocando.
La perfecta curva de las prominentes
caderas meneándose descubría la
deliciosa humanidad de Ximena. Apenas
vestida de encaje negro, sostén y colaless,
y fundada en medias y portaligas negro, se
contorneaba como poseída. No he visto
hembra más entregada, ofrecida puta y
gentilmente a la avidez de mi falo, que
enhiesto ya me causaba algo de dolor.
Piernas abiertas y manos al cielo
afirmándose en el marco de la puerta,
bailaba como si fuera un ritual de iniciación
al festín de sexo que nos aguardaba.
-¿Te gusto, Erwin?
Ximena estaba frente a mí expuesta en su
maravillosa semidesnudez provocando
con su sexualidad, expuesta plenamente,
dispuesta para el placer total.
- Te ves increíblemente hermosa. Asentí
desde el lecho.
- ¿Sólamente hermosa? Inquirió con gesto
puto.
- Bueno. aunque vestida así pareces
puta. Me interrumpió.
- Pero putita solo para ti. Me dijo.
Y lentamente, con paso seguro y sensual
caminó hacia mí. Como gata en celo sobre
la cama avanzó hacia mis labios. Los
encontró calientes y húmedos. Nos
fundimos en el sello frenético y
apasionado de un largo beso.
Nuestros brazos se entrelazaban y los
dedos buscaban asirse a cualquier trozo
de carne de nuestros cuerpos furtivos.
Inevitablemente mis manos alcanzaron la
cúspide rosada de sus pezones. Los
apreté al tiempo que ella gemía en el eco
de mi boca.
Ximena se contorsionaba tratando de
liberarse de esa suave tortura. Supongo
que el placer que le causaba le calmaba el
intento de zafarse.
Hábilmente cogió mi falo ardiente y lo sobó
fuertemente. Un placer infinito se
apoderaba de mi cuerpo. Lo masajeaba
casi con desesperación sin apartar sus
labios de los míos. Nos frotábamos como
poseidos. Bestialmente unidos en el lecho
de la infidelidad.
Fui con mi boca por esas redondas tetazas
y me hundí en el abismo impenetrable.
Como loco rozaba mi cara en la cálida piel
de sus senos mientras mis manos iban
hacia la humedad de su concha, apenas
cubierta por una pequeña mata de pelos.
Ella se estremecía y disfrutaba viendo mi
desempeño. Volteba su cabeza de un lado
para otro, jadeando con palabras
ininteligibles.
Uno de mis dedos comenzó a hurguetear
la cueva sagrada de su concha caliente. Se
contorsionaba, pero sin reclamar dolor. Su
placer era indescriptible.
Luego fueron dos, tres y cuatro los dedos
de mi diestra que se internaban en la
ardiente humedad de la vagina de Ximena.
Los metía y los sacaba
acompasadamente. Ella gemía con más
intensidad y sus muslos apretaban mi
manos casi inmovilizándola.
- Soy tu puuutaaaaaa. aaaaghhaagg. Haz
lo que quieras conmigo. Sin dejar de gemir
sonidos posesos. Apenas se entendía la
palabra puta de su boca entreabierta.
Mi mano derecha, totalmente mojada por
su lubricadísima concha, casi entraba
entera. Estaba tan dilatada que intenté
metérsela toda, pero un grito de placer me
hizo retroceder en mi intento.
- Noooo. Me duele mucho. Se quejaba la
putona.
Luego de este reclamo la frondosa
cabellera de Ximena descendía hasta la
barra de carne caliente que se erguía
desde mi entrepierna, y que no soltaban
sus ágiles dedos.
Se engullió mi sexo duro de un sorbo, y la
carnosidad de sus labios comenzaron la
deliciosa faena de succionarlo. Escupía la
azulosa cabeza brillante de mi miembro a
la vez que la punta de su lengua
hurgueteaba juguetonamente.
- Sigue putita míaaaa. Me vas a matar de
placer.
Ximena, sí que se manejaba en las artes
de la fellatio. No paraba de chupármelo
con el sube y baja frenético. La muy putaza
supo que estaba por acabar y soltó mi
sexo, mientras saboreaba sus labios con
su lengua.
- Ahora te toca a ti atenderme. Dijo con
voz seductora y se tendió en la cama
abierta de piernas.
El tentador espectáculo de esas piernas
enfundadas en seda negra fue invitación
suficiente para que me sumergiera en
esas columnas de carne joven. Se
estremecía entera cuando mis dedos
dibujaban círculos sobre el diminuto
colaless. Apretaba fuertemente esa
maravilla de su monte de Venus. Ximena
se retorcía de placer.
- Eeeeeesooo. No
paaaareesss.eeeeghhhh. Jadeaba como
puta.
Salvajemente metía su encaje negro
empujándolo con tres dedos. La sexy
prenda estaba empapada. Ella entera
traspiraba copiosamente. Sus fluidos
brotaban desde el manantial oscuro y
rizado de su vagina puta. Mi rigidez rozaba
sus piernas como péndulo fálico,
golpeando virilmente su extasiado cuerpo.
- Yaaahh. Métemelo no aguanto
maaaaass. Suplicó.
Me incorporé en cuclillas y la miré unos
segundos. Allí estaba, tal como había
fantaseado. Separaba con sus dedos su
colaless, la única barrera que evitaba la
unión de nuestros cuerpos y fijamente
miraba mi falo. Lo cogí con mi diestra y
apunté, mirando su ardiente rostro en celo.
No necesité lubricación. Aún estaba la
saliva de sus besos en mi sexo.
Dirigí mi embestida hacia esa concha
caliente que reclamaba placer. Unas
cuantas pinceladas en esos labios
mojados de ansias y Ximena se
estremecía. Estaba entrando en su
humanidad putona.
- Aaaaaghhhhhhhh. Esssooooo.
Aaaaaghh. Mezcla de placer y dolor por
tamaña penetración.
- ¿Te gusta verdad putita mía?
- Siii... riicoooo. Métemelo
todoooooghhhh.
De un potente movimiento ensarté mi lanza
carnal en la lubricada concha. Nuestras
pelvis parecieron unirse en profundo
contacto, como jadeantes bestias
contorsionándose en el rojo cobertor de la
cama.Semejante invasión de carne y
sangre en ebullición pareció atravesarle el
menudo cuerpo porque se quejó de dolor.
- Ayyyyy. No tan fuerte. En vano sus
reclamos. Ya estaba entero dentro de ella.
Con ritmo pausado y seguro entraba y
salía de ese cuerpo enteramente a mi
disposición. Ella apretujaba mi trasero con
sus suaves pantorrilas. Prisionero de esta
hembra, intentaba liberarme para
moverme a mi antojo. Pude zafarme de
Ximena y empecé con un meneo más
intenso estrellándome en su cuerpo. De su
concha brotaban jugos de placer como
catarata. Mi falo entraba y salía libre y
lubricadamente desde su interior.
Contorsionado su cuerpo, Ximena se
detuvo con un grito anunciando su primer y
sonoro orgasmo.
- Aaaaaaghhhhhh. Aaaaaahhhg. Me
voooyyyyyy.
Temblaba entera. Y a mi merced estaban
esos inmensos globos de carne
coronados de sus rosados pezones. Los
sobé enérgicamente y retiré mi
herramienta para llevarla al valle sudado
de su pecho. Incorporado a horcajadas
sobre ella busqué el placer entre sus
tetazas. Aprisionaban mi sexo lubricado
con frenesí. Avanzaba con algo de dificultad
entre la suavidad de esas montañas. Una
paja como la que me estaba brindando
Ximena me causaba inmenso placer. Pero
ella quería sobretodo culiar, coger, culiar,
coger. Y yo estaba allí para complacerla.
Apenas pude cogerla por los hombros, se
apartó y quedó boca abajo ofreciendo la
perfecta redondez de su culo,
maravillosamente dividido en dos
generosos glúteos.
- Omar, lo quiero por atrás. Pidió.
Sin vacilar tomé mi escurridizo miembro
embadurnado de sus flujos y de un solo
empellón se le encajé entero nuevamente.
Ninguna muestra de dolor. Puros gemidos
de intenso placer.
Y de nuevo mis pélvicas arremetidas
arrancaron nuevos alaridos de placer en
un repentino orgasmo. Aunque más breve,
Ximena jadeaba musitando apenas.
- Aghhhh. Mássssssssssss adentro.
Imposible si nuestros sexos estaban
fundidos en un sólo animal.
Con la intención de approvechar la
posibilidad de poseer completamente su
cuerpo caliente me separé de su concha y
apunté sin piedad el oscuro esfínter de su
culito. Sabiendo lo que se aproximaba
atinó a suplicar clemencia.
- Por favor despacito. Está muy grande.
Obviamente la súplica tenía razones de
sobra. La tremenda erección no bajaba y
totalmente lubricado apunté hacia el divino
agujerito de su ano.
La cabeza mojada entró apenas, entre
grititos de dolor. Loco de placer empujé
salvajemente hacia la inexpugnable cueva
de carne. Sin evitarlo gritó de dolor.
- Aaaaayyyyyyyy. Me Duele, me duele. se
quejó Ximena. Pero ya no podía hacer
nada por impedir que me adentre en la
oscuridad de su túnel anal.
Con fuerza bestial arremetí hasta
ensartarle entero mi falo. Ahogada de dolor
quedó quieta sin exclamar ningún sonido.
Muda por el suplicio, se aferró a las
sábanas como intentando arrancar del
monstruo que la invadía.
Me detuve apenas unos segundos para
convencerme de lo que sucedía. La
culeaba enteramente, tal como había
deseado por días.
Habían trancurrido unos minutos y mi dura
verga anunciaba la contenida explosión.
Unos cuantos movimientos y ella misma
se apartó con agilidad qudando con la vara
ardiente frente a su cara. Lo cogió con
firmeza y siguió bombeando como
enajenada.
Que delicioso placer me brindaba Ximena.
Había esperado por esto y justo ahí la tenía
de rodillas con mi sexo en sus delgadas
manos. Adivinó que iba a acabar y se
separó un poco más presintiendo mi
orgasmo.
- Aaaghhhhhhhh me vooooooyyy.
aagghghhhhh. Potentes chorros de semen
aparecieron desde mi verga caliente.
Borbotones de leche bañaban su hermosa
cara y se deslizaron por su cuello.
Se frotaba mi sexo por su cara y en sus
cabello el semen caliente se
desparramaba sin control.
La muy puta se tragó como si nada lo que
quedaba dentro mío. Impúdicamente
recogía con sus dedos el semen y se lo
llevaba como elixir a su boca. Yo apenas
temblaba y contemplaba su accionar de
maraca.
Ximena se aferraba fuertemente a mi
cuerpo como evitando mi despedida. Y sus
labios lechosos me besaron con pasión y
dijo amarme.
Dormimos un rato y con risas de
complicidad nos vestimos para abandonar
ese lecho de pasión."..