Conocimiento
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Después que se lo dije, él, mirándome a los ojos, con infinita ternura y volviendo a introducir su pene en mi boca, dijo, con una voz autoritaria, que me impresionó y me gustó:
? ¡No. Aún no es tiempo. Debes aprender a hacerme llegar al orgasmo, sin utilizar tus manos!.
?¡Pero tío...!?dije, sacando su bello monstruo de mi boca.
?Deberás practicar varias veces, pero si no lo aprendes ahora, luego perderás el interés de hacerlo, una vez que ya hayas sido penetrada. Yo se lo que te digo.

Sometida a su conocimiento como había estado por mucho tiempo, no me quedó otra cosa que hacerle caso, pero tuve fuerzas para pedirle:
? Entonces, acarícieme, para poder disfrutar yo una vez mas. ¡Por favor!.
? Volvió a sonreír y volvió a introducir su hermosa verga en mi boca, acostándose sin dejar que su miembro se salga de donde estaba, agarrando mi cabeza y moviéndola para quedar ambos en un perfecto 69, él debajo. Como no había terminado, muy pronto su lengua me llevó al sitio de placer donde me había quedado y con sus sabios movimientos, consiguió mi orgasmo en pocos minutos, proporcionándome un inmenso placer, arrancándome incluso, unos gritos de lujuria y pasión, así como lágrimas de felicidad. Seguí mamando un rato más, pero como se hacía tarde, lo dejamos allí. Luego nos bañamos, conversamos de temas triviales y esperamos la llegada de mis padres, quienes nos encontraron conversando y riendo en la sala, sin sospechar lo más mínimo. Al despedirse, me dijo al oído:
? Para la próxima vez, sorpréndeme.

Esa noche, al acostarme, mi mente recordaba sus palabras y trataba de interpretarlas. Empecé a imaginar muchas cosas con las cuales podría sorprenderlo. Me imaginaba practicándole una felación en un lugar público, con el morbo del peligro. Imaginaba, mamando su verga con público y recordé a mis compañeras, pensando que me gustaría que me vieran haciéndolo. ¿Qué pensarían si me veían?¿Cómo actuarían?. Por último, con los pies sobre la tierra, decidí que para cuando lo viera otra vez, mi tío vería mi panochita, sin un solo vello, como si fuera una niña pequeña. No se me ocurrió otra cosa. El problema era que si mamá se daba cuenta, me haría preguntas incómodas. Pero decidí correr el riesgo. Pasaron los días y como a las tres semanas, conversando con mi amiga Angélica, ella me preguntó por qué aún no tenía yo algún enamorado y se me ocurrió decirle, mintiéndole, que en las últimas vacaciones, en la playa, había tenido un romance con un muchacho mayor, como de 25 años y al ver su asombro, me preguntó si había pasado de los besos y abrazos a caricias más íntimas y me le inventé la historia que si, que efectivamente si había pasado, pero que nunca hubo penetración. Me hizo inventar todos los detalles, que en realidad era lo que yo había hecho con mi querido tío, pero sólo lo de las últimas veces y unas cuantas mentirillas para llenar los vacíos, pero también le dije que él se había ido a una ciudad lejana porque su nuevo trabajo así se lo exigía y habíamos quedado en volvernos a ver en seis meses, cuando el pudiera retornar por unos días. Entonces, ya éramos dos, porque ella con su enamorado, prácticamente hacía lo mismo, menos mamar la verga de Carlos Alberto, su enamorado reciente y el único con quien había llegado tan lejos. Decía que no mamaba porque le daba asco. Le conté con más detalle mis experiencias y la animé a hacerlo y me dijo que lo pensaría y que le indicara como. Quedamos en ver un video XXX en su casa, para explicarle mejor mientras observábamos la cinta. Así lo hicimos, después de pocos días, mientras estábamos a solas en su dormitorio, vimos un video que Angélica había conseguido, no se como, una tarde en la cual nos excitamos mucho y más cuando vimos en uno de los cortos del video, una escena de lesbianas. Reímos al recordar lo que nos había pasado hacía algo más de un año, pero no intentamos nada. No nos apetecía. Pero le di todas las recomendaciones para que la próxima vez, Carlos Alberto quede contento y sorprendido con la mamada que le iban a proporcionar. Le recomendé sobremanera, que no toque el pene con los dientes, para que no lastime al chico. Ella, mientras me mirada sonreída, me decía: «¡Cuánto has aprendido!». Y por supuesto, ella me contaría la experiencia con muchos detalles. Le pregunté si alguna vez se había depilado totalmente y me dijo que no, pero que su enamorado se lo había pedido. Entonces quedamos en hacérnoslo mutuamente en un día próximo. Nos volvimos a ver dos días después, en su casa, cuando ella sabiendo que se iba a quedar sola, me llamó, para avisarme que esa tarde Carlos Alberto iría y aprovecharía. Me pidió que vaya y que observe todo, escondida. Yo me inventé algún pretexto que no recuerdo y pedí permiso para pasar allá la tarde, lo que encantó a los padres de Angélica, que así no se quedaría sola.

Llegué antes que ellos se vayan, como a las cuatro de la tarde y quedamos en que cuando el muchacho llegue, yo me iría a esconder en el closet de la recámara de mi amiga y llegado el momento, ella lo llevaría hasta allá, para sus momentos íntimos. Ni bien terminábamos de decirlo cuando sonó el timbre y yo corrí hasta la planta alta para esconderme y mientras Angélica abría la puerta, me quedé en la parte alta de la escalera, agazapada, mirando la sala, donde me suponía que estarían por unos momentos. Cuando ambos estuvieron en mi ángulo de visión, ya estaban abrazados, besándose apasionadamente y las manos de él, acariciaban tiernamente el trasero de mi amiga, mientras ella, que vestía una falda holgada y una remera sin sostén, se apretaba a su pelvis, como si tuviera un barreno entre las piernas. No he descrito a Angélica y creo que es el momento de hacerlo. Ella es delgada pero bien puesta, con piernas finas pero bien moldeadas y una silueta muy bonita. Sus senos, normales para su estatura y bien formados, eran de pezones pequeños, pero cuando erectos, se marcaban en el más grueso brassiere, lo que le había traído varios incómodos momentos. No pasa de un metro sesenta y es de verdad preciosa de cara, con unos labios normales, de un color rosado intenso, que provoca y unos ojos verde aceituna, que traen tontitos a los muchachos. Pero lo que más atrae a los chicos es su trasero, muy bien delineado y formado. Las manos de Carlos Alberto, habían dejado momentáneamente su carnoso presente y se habían deslizado hacia abajo, para subir la falda de mi amiga y entrar directamente al contacto directo con el slip de Angélica y se deslizaron por dentro de la prenda, mientras ella se movía acompasadamente en círculos, sintiendo la buena pieza del muchacho frotándose contra su pubis. Él, subió una de sus manos y la deslizó bajo la remera para acariciar su seno izquierdo y ella, soltándolo, cruzó sus manos por delante y sin más, se quitó la prenda, quedando desnuda de la cintura para arriba, permitiendo que la mano de Carlos Alberto, recorra su piel a placer, estrujando sus senos con firmeza y desesperación. Entonces, desabotonó la camisa del muchacho y también lo dejó desnudo del torso. Mis manos, que habían apartado mi brassiere hacia arriba, ya acariciaban mis pezones bajo mi blusa y un pequeño manantial empezaba a brotar, cálido, por mi entrepierna empapando mi interior y humedeciendo mi jean, mientras no perdía un solo detalle de las acciones de la pareja. ¡Era la primera vez que veía a una pareja, llegar tan lejos ante mis ojos!. Angélica, arrodillada, liberaba un pene normal, gordezuelo, morado y palpitante de la ya incómoda prisión del pantalón que Carlos Alberto pugnaba por sacarse. Ella empezó a recorrerlo con sus manos, en toda su longitud, mientras él, echaba su cabeza para atrás y con los pies, ya descalzos, terminaba de quitarse el pantalón. Angélica se incorporó y el chico, empezó a bajar su falda con el slip incluido, lo que me permitió ver unos brillantes hilillos cayendo por la entrepierna de mi amiga, mientras él, arrodillado, terminaba de quitar ambas prendas. Al quedar enteramente desnuda con Carlos Alberto arrodillado, ella separó sus piernas y la boca del muchacho buscó su cueva, húmeda y palpitante, besando, lamiendo, succionando, mordisqueando. Su lengua recorría por todos lados la vagina de mi amiga, quien temblaba tratando de mantenerse en pié. Cuando parecía que Angélica ya se doblaba, él detuvo su accionar y se puso de pié, buscando la entreabierta boca de ella y se fundieron en un beso caliente, lascivo, con las manos de Carlos Alberto acariciando y estrujando el bello trasero de Angélica, mientras ella se hacía a un lado para poder tomar en sus manos la verga palpitante de él, y empezar a pajearlo con firmeza, pero lentamente. Terminaron su beso, se miraron a los ojos y ella le susurró unas palabras al oído. Se voltearon y empezaron a caminar hacia la escalera, lo que hizo que yo me levante y me dirija hacia el dormitorio de mi amiga y me esconda apuradamente en el closet, que era grande y de puertas en celosía, dejándome ver todo el cuarto a mi disposición.

Al momento entraron, ella halándolo de su pene, hasta la cama, donde se acostó boca arriba y él sobre ella. Empezaron a besarse nuevamente y ella abrió sus piernas, quedando él con su tiesa verga casi a la entrada del palpitante pozo de Angélica, rozándolo y friccionándolo, una vez que empezó a moverse. Entonces ella, saliéndose de donde estaba, lo volteó y se acostó a un lado, mientras lo volvía a besar y agarraba el instrumento con su mano izquierda y empezaba a pajearlo. Dejó sus labios y empezó a besarlo en el cuello, bajando posteriormente hasta sus tetillas, a las que besó y mordisqueó, todo esto sin dejar de subir y bajar su mano a lo largo del erecto palo de Carlos Alberto. Por entonces, mi mano derecha, se perdía entre mi interior, acariciando mi panochita con deleite y mi mano izquierda oprimía mi pezón derecho, en una masturbación algo incómoda, pero memorable. La cabeza de ella, ya no me permitía ver la verga del muchacho, cuando, incorporándose, vi como Angélica, sin apartar sus manos del miembro, miró por unos instantes a los ojos del muchacho y con una voz ligeramente ronca, llena de deseo, le dijo:
? ¡Te voy a cumplir un deseo!.
Sacó su lengua y empezó a pasarla por la cabeza morada y gorda por unos instantes, mientras él comenzaba a retorcerse, tomando la cabellera de mi amiga entre sus manos. Entonces Angélica abrió su boca y abarcó la cabeza de la verga con sus labios, mientras sus manos la recorrían, una por una, por turnos. A ratos la sacaba de su boca y le pasaba la lengua por la punta. ¡Yo necesitaba tener a mi tío junto a mi!. Mi clítoris hinchado, necesitaba más que mi mano y me pedía acción. Yo no lo soltaba y me acercaba al orgasmo, conteniendo mis gemidos para no delatarme. Si Angélica pensaba en algo que no era lo que tenía en su boca, era en mí, ¡porque me daba la impresión que actuaba para que yo la vea!. En un momento, empezó a engullir el miembro de su amado y lo abarcó casi hasta la mitad, mientras él empezó un mete-saca, arqueando su cuerpo repetidamente, lento al principio y rápido a los pocos momentos, terminando con una descarga de semen, justo en el momento en que la boca de ella se retiraba, abierta y anhelante y casi toda su leche cayó adentro. Mi mano bendita hizo que mi orgasmo llegue en el momento de ver los chorros de semen cayendo en boca de mi amiga y me mordí los labios para no delatarme. Al finalizar los chorros, ella volvió a introducir la verga en su boca y siguió mamando, casi con desesperación, mientras él se retorcía, gimiendo y gritando de placer y gusto. Carlos Alberto se repuso de su agitación mientras su ya fláccido pene seguía en la boca de mi amiga, que no quería detenerse. Él se levantó, sacó su verga de la boca de Angélica y la acostó boca arriba, hundiendo su cabeza entre las piernas de ella, que empezó a arquearse como una posesa, estrellando su pelvis contra la boca del chico, quien con la lengua rígida, hacía una penetración de lengua en la húmeda vagina, que Angélica movía con algo parecido a la maestría. Al ver esa escena tan cargada de lujuria, me sobrevinieron varios orgasmos a la vez, y mis labios casi sangran de la mordida que me di, para no gritar. Cuando volví a tomar conciencia, ya ellos estaban en un sesenta y nueve, con mi amiga debajo, engullendo la verga, ya enhiesta. En eso Angélica llegó a su orgasmo, mientras sólo pajeaba a Carlos Alberto, porque sus movimientos y contorsiones (de haber tenido el miembro en la boca, lo hubiera arrancado), no se lo permitían. Me sorprendía la capacidad de movimiento de ella, ya que parecía fuera de si. Como Carlos Alberto duraba, debido a su eyaculación anterior, quiso penetrarla pero mi amiga pidió que no y atrayendo al chico hacia su torso, colocó el miembro entre sus senos, y rodeándolo con ellos, empezó a subir y bajar (lo habíamos visto juntas en el video de una tarde anterior) logrando que él llegue a terminar pronto, abarcando la verga en su boca cuando terminaba, para impedir que algo de semen se escape. Y siguió mamando, dejando brillante y reluciente, la verga de él, que se demoró en encontrar la flaccidez normal. En cuanto esto sucedió, se dieron un apasionado beso, se hablaron, salieron de la recámara, bajaron a la sala y cuando escuché un portazo, me atreví a salir de mi escondite, empapada de sudor en mi cuerpo y de mis fluidos en mi panochita.
Bajé a la sala y en cuanto nos vimos, nos dimos un abrazo, nos separamos y tomadas de las manos, mientras me miraba me espetó:
?¡Viste todo, verdad!¡Mariana, que rico que es mamar!.
Le sonreí complacida y le dije:
?¡Me pareció que lo has hecho toda tu vida!. ¡Lo vi todo y hasta me masturbé!
Reímos de buena gana, le dije que se limpie unas gotas de semen que tenía en el cabello y le pregunté:
?¿Qué fue lo que más te gustó?
? ¡El sabor!. Me encantó ese sabor ácido dulzón. Y también la dureza de la verga rodeada por mis labios. ¡Si pudiera, en este momento quisiera más!.

Que alegría sentí, al saber todo lo que mi querida amiga había aprendido y disfrutado. Me preguntó lo que había pensado al verlo todo y para no hablar mucho, me bajé el jean que vestía y el slip, y le mostré lo mojada que estaba. Me lo subí, mientras reíamos de muy buena gana. Le conté con detalle mi masturbación y luego de varias trivialidades, llegaron sus padres y me llevaron en su coche hasta mi casa. Aquella noche, una masturbación tranquila, me hizo conciliar el sueño, plácidamente.

Las palabras de mi tío habían dejado una inquietud en mi y empecé a pensar en la manera de sorprenderlo.. ya había decidido afeitarme la panochita, pero aunque sabía que eso lo sorprendería, era algo que sólo me concernía a mi. Quería hacer cualquier cosa que lo involucre a él. Después de mucho pensarlo y de desechar algunas ideas, decidí que introduciría toda su vergota en mi boca al mamársela y se me ocurrió practicar, sí, practicar. ¿Cómo?. Fácil. En el país donde vivimos ahora, se produce banano y en realidad hay unos realmente grandes. Entonces, a escondidas, empecé a practicar en mi recámara, con los más grandes que encontraba, a introducirlo hasta donde más no podía, por las arcadas. Logré desarrollar alguna tolerancia, pero había un problema: si conseguía bananos de la longitud de mi verga querida, pero no llegaban al grosor que tenía mi bello tío. Pero no había más y cuando practicaba, primero me masturbaba, haciendo recorrer el banano sobre mi slip o directamente sobre mi pubis, entre mis piernas, hasta calentarme bastante y luego lo mamaba, tratando de introducirlo todo en mi boca. Cuando me cansaba, me daba dedo a mi panochita y gozaba como siempre. Que la función hace al órgano, dicen y mi cavidad bucal muy pronto se acostumbró a bananos grandes, controlando muy bien las arcadas, hasta casi eliminarlas por completo.

Ya me estaba desesperando porque había pasado más de un mes sin estar con mi querido tío, cuando papá le pidió a mamá que lo acompañe por dos días a una ciudad algo lejana por motivos de trabajo, y se fueron, dejándonos solos a mi hermano y a mi. Mi hermano, feliz, me dijo que no dijera nada, pero el pensaba esos dos días, irse con su polola que se quedaría cuidando, precisamente la casa de una tía suya, solita. Me imaginé lo mucho que ese par disfrutarían, porque yo sabía que ya ellos se acostaban. Entonces, llamé a mi tío para preguntarle si podría venir a verme a casa y ¡oh sorpresa! mi tía, su esposa, al contarle que me iba a quedar sola, me dice que va a hablar con mamá, para que no me quede en casa, sino en la suya, por cualquier cosa que pudiera pasar. No me gustó mucho la idea porque siempre estaría ella y yo no podría disfrutar mi querida verga. Con todo, como nos llevamos muy bien, al fin dije que si, que el sexo no es todo en la vida y que pasaría un par de días de buena compañía familiar. A mi hermano, al principio le disgustó la idea, ya que tendría que pasar él en casa y no todo el tiempo con su polola, pero esa fue la orden y nuestros padres, al anochecer, antes de viajar ellos, me dejaron en casa de mi tía, porque viajaban al otro día por la madrugada, pidiendo a mi tío que me lleve y me traiga del colegio, los dos días que estarían fuera. Mis tíos tenían un hijo de 18 años que se había ido a estudiar la universidad en otra ciudad y yo me quedaría en su dormitorio. No más llegar y saludar, fui a ducharme y salí del baño como sabía que a mi tío le agradaba, una remera holgada y una falda amplia, pero sin ropa interior y me dispuse a hacer las tareas, las de informática, que por supuesto, no entendía y que me obligaron a pedir ayuda, ¿adivinen a quién?. Está claro: a mi tío. Le pregunté a mi tía si creía que él me podía ayudar y me dijo que ella se lo pediría, que él diría que sí y que además, así no se aburriría mientras ella regresaba del gimnasio, al que iba cuatro veces a la semana, por un par de horas. Ni bien partió, fui a la pequeña salita donde estaba él, viendo televisión, vestido con unos shorts y una remera y le pedí ayuda con mis tareas. Nos fuimos al estudio, donde en su PC aprendí rápidamente lo que no sabía del Outlook y los archivos Zip y luego, sin decir nada, me encueré, le quité su short, me arrodillé y antes de tomar su verga entre mis labios, le dije, relamiéndomelos:
?¡Hoy apruebo la lección!
Empecé a trabajarle la cabeza, sólo con la lengua, sin tocarla ni siquiera con mis manos y luego, la introduje suavemente en mi boca, presionándola lateralmente con los labios. Allí, mi lengua se concentró en la punta y el frenillo inferior. Mi tío, después de hacer que mis piernas, algo separadas, se desplacen hacia un lado, para alcanzar mi trasero con facilidad, sus manos viajaron sobre mi espalda desnuda y empezaron a magrear mis nalgas. Cuando lo sentí temblar, empecé a introducirme el tronco lentamente, siempre apretándolo con mis labios y me propuse llegar hasta el final. No se como, llegué a las tres cuartas partes, mientras uno de sus dedos, empezó a darme masajes circulares alrededor de mi ano, lo que me hizo dar un brinco primero, y disfrutarlo después. Empecé a sacar e introducir el glorioso pene en mi boca, a un ritmo moderado pero sostenido. Su dedo me hacía sentir maravillas en el ano y a veces se introducía ligeramente en él. Mis manos lo agarraban de su cintura y mis brazos se apoyaban en los lados de la butaca. En mi tarea, me parecía que cada vez introducía esa verga más y más en mi boca, tanto, que en algún momento, sus vellos púbicos rozaron los bordes de mis labios. Sólo la metía y la sacaba, sin detenerme. Empecé a sentir arcadas, pero pude soportarlas y continué con lo mío. Tenía que hacerlo terminar a punta de boca, sin utilizar mis manos. En algún momento, de lo grande que es esta verga gloriosa, sentí que se me desgarraba la comisura de los labios, pero seguía. Empecé a sentir un dedo suyo masajeando mi clítoris y el otro, me producía una desesperante y agradable sensación en mi ano. Estaba por acabar. Hasta que sentí que sus piernas temblaban, sus dejos dejaron de moverse y me llenó la garganta de semen. ¡Lo había conseguido!. Acabó sin que yo utilizara mis manos. Paladeé su licor, y volví a la carga, tragando el semen cuando podía. No quería que ese mástil bajara. Seguí mamando al mismo ritmo y soltándolo de su cintura, mi mano izquierda, empezó a masturbarme, mientras su dedo, volvió a la carga en mi ano, con mucha suavidad, sólo por fuera. Empecé a acelerar el ritmo de mi cara contra su pelvis y tuvo otra descarga, pequeña, comparada con la anterior, que tragué con fruición, a la vez que él gemía y gritaba: ¡me maaaataaas!. Allí llegué al orgasmo, con mi mano apretando mi hinchado clítoris.

Descansamos en silencio unos minutos, él sentado y yo echada en el piso y cuando tuvo aliento, con infinita dulzura, inclinándose para mirarme a los ojos, me dijo: ¡Que gran mamada me has hecho, Mariana!.¡Lo has conseguido! ¡Vas a ser una maestra!. Nos pusimos de pie y nos abrazamos. El no dejaba de sobarme el culo y su verga, algo fláccida, con la cabeza hacia arriba, era apretada por nuestros vientres. Al mirar el reloj, nos dimos cuenta que en unos veinte minutos llegaría mi tía y él se fue a bañar en su recamara, mientras yo me fui al dormitorio de mi primo, a ducharme y a dormir.

Al día siguiente, como debía levantarme temprano para ir al colegio, madrugué y cuando entré a la cocina a preparar mi desayuno, encontré a mi tía, que llenaba un pequeño talego con frutas y vegetales, nos saludamos, desayuné y ya me disponía a ir para el colegio, cuando mi tía me pidió de favor que en la noche atienda a mi tío, ya que ella debía ir donde una amiga cuyo hermano había tenido un accidente y se encontraba muy grave en la clínica, y como debía quedarse allí, le había pedido que le ayude con sus tres hijos en edad escolar para que les controle las tareas escolares, los vista, les de comer, los duerma y al día siguiente los despache a la escuela, ya que su padre (de los niños) estaba en otra ciudad por trabajo. Que ya se lo había dicho a mi tío, que volvía al día siguiente, por la noche. Como iba al apuro, no pensé en nada sino hasta la hora de recreo en mi colegio, cuando Angélica me llevó a un aparte y me dijo que ya había decidido entregarse a Alberto, pero que le daba miedo, por el dolor y por lo del embarazo. Que quería ir esa tarde a mi casa para conversar y para sincerarse conmigo. Le expliqué que estaba en casa de mis tíos por el viaje de mis padres y que no se iba a poder, pero ella me insistió y me pidió que hablara con ellos para ir allá. Le conté lo de la amiga de mi tía y me dijo que no importaba, que así tendríamos más tiempo a solas porque sabía que mi tío llegaba tarde y que le gustaría verlo ya que en una vez anterior que lo había conocido, le había parecido guapo y le había simpatizado. Con dudas, le dije que mejor vaya a su casa y que desde allí me llame para ver si se podía ya que no sabía como lo tomaría él.
Cuando salí del colegio y llegué a casa de mis tíos, ella aún no se marchaba así que le conté lo de Angélica y mi tía dijo que sí, que así no estaría yo sola. Le pregunté si mi amiga se podía quedar a dormir y me dijo que no había ningún problema por su parte, que en ese momento llamaría a mi tío al trabajo y le explicaría. Apenas se fue, llamé a casa de Angélica y le dije que pida permiso en su casa para quedarse a dormir y lo hizo. Resultó que sus padres conocían a mis tíos y tenía una muy buena opinión de ellos. Llegó a casa como a las siete de la tarde con todo lo necesario para dormir y nos quedamos a conversar. Nos cambiamos de ropa para estar más cómodas y no nos percatamos que nos pusimos muy provocativas, pero lo hicimos sin ninguna premeditación. Angélica se puso un short de color blanco, realmente pequeño, a la cadera y que dejaba ver la parte baja de sus pompis (por dentro llevaba un hilo dental, blanco también) y una remera ajustada, color rosa ligeramente transparente, sin nada por debajo y yo, un short algo menos pequeño color beige, pero holgado (no ajustaba el nacimiento de mis piernas, un slip muy pequeño, sin ser hilo dental) y una blusa pequeña hasta un poco más debajo de mis senos, holgada también, que según me dijo Angélica después, por los lados permitía ver mis pezones, en algún momento, ya que no me puse brassiere.
Ella me contó que su cuerpo ya le pedía tener una relación sexual completa y que se acostaría con su novio en su próximo encuentro, pero no deseaba tomar anticonceptivos ya que en su casa le podrían encontrar las pastillas y no sabría como explicarlo. Le dije que para no tener problemas, debería hacer que él eyacule afuera de su cuerpo y que el dolor no debía preocuparle ya que toda mujer pasa por eso. Un tiempo antes yo le había contado a ella que mi relación con mi tío era inmejorable y que tenía mucha confianza con él y que le había preguntado sobre todo lo del sexo y la relación de pareja y le propuse conversar con él, que jamás diría nada a nadie. Aceptó y luego de ello, nos dispusimos a depilarnos mutuamente. Lo hicimos, dejándole yo a ella una línea gruesa sobre el nacimiento de su vagina y ella a mi, depilándome totalmente. Nos admiramos mutuamente y reímos. Ella tenía unos labios normales y un clítoris algo más grueso que el mío, que sobresalía por unos labios gordezuelos y que, según ella, se veían espléndidos. Cada una pasó el dedo medio por la rayita de la otra y ambos se humedecieron, pero no pasamos de allí.
En cuanto llegó mi querido tío, se sorprendió de ver allí a mi amiga, pero se portó de lo más amable. Nosotras servimos la comida luego que el se bañó y después nos pusimos los tres a ver TV, una película romanticona, bastante ligera y que no tenía ninguna escena caliente. Mi tío vestía un short deportivo y una remera sencilla y nosotras, ya lo dije, provocativas inocentemente. Varias veces Angélica se levantó a ver agua, a hacer palomitas de maíz y a no se que otras cosas y noté como él, sin mover la cabeza, le miraba el trasero, que el pequeño short que Angélica usaba, se lo resaltaba y se veía realmente estupendo. No sentí celos ni nada por el estilo, sino un deseo extraño de ver a mi amiga con mi tío, para que ella aprenda y disfrute tanto como yo. El asunto se me encendió más, cuando me percaté que ella estaba muy solícita con mi tío y poco a poco fue llamando su atención, hasta distraerlo completamente de la TV. En realidad le estaba coqueteando. Es que los ojos y la apostura de mi tío, a cualquier chica inquietaría. En un aparte, ambas nos levantamos y fuimos a la cocina, donde la encaré, en buenos términos y su respuesta fue categórica:
?¡Mariana, ese hombre me encanta!
?¡Si quieres es tuyo!? dije yo en un tono que quería ser de broma.
?¡Me lo comería enterito!?dijo ella, medio en broma, medio en serio.
?¡Ya se, provócalo!? me escuché decir, mientras mi cerebro pensaba a altísima velocidad, ya que si algo se desencadenaba, me delataría ante mi amiga, porque no iba a permitir que disfrute ella sola. ¡Yo quería mi parte!. A fin de cuentas, quien se suponía iba a disfrutar de mi tío esa noche, debía ser yo. De todas maneras, me imaginaba los apuros que mi tío iba pasar y por alguna razón desconocida, eso me gustaba.
?¡Pero tienes que ayudarme!. Empieza tú.
Asentí con una media sonrisa y cuando llegamos a la sala, fui directamente a sentarme en las piernas de mi tío, de lado, mientras él las abría y me pasaba la mano por la cintura y mis senos rozaban descaradamente su pecho, al que yo me apegaba, restregando mis pezones contra él.
?¡Tío, engríame!.
Mientras sentía ya la cabeza de su verga empujando sobre mi pierna derecha, me movía leve pero intensamente, haciendo que mis pezones se irgan. Miré hacia Angélica y le guiñé un ojo mientras ella sonreía pícaramente.
?¿Quién es su sobrina favorita?.
?Bueeeno, eres tú, pero, contrólate un poco porque a Angélica la estás dejando sola.
?Ella es mi mejor amiga, así que también puedes engreírla? dije yo mientras le hacía señas para que se acerque.
?¿Pero conmigo no han de haber esos arrumacos??preguntó con picardía Angélica ?Creo que es mejor que conversemos?dijo ella parándose frente a mi tío, poniendo a escasos quince o veinte centímetros de sus ojos, su entrepierna y tomando su cara entre las manos y levantando la mandíbula de mi desconcertado tío, para que la mire a los ojos y haciendo resaltar su turbación. Entonces lo soltó y deliberadamente dio una media vuelta, dejando su hermoso trasero en las barbas de mi tío, que bajando la mirada lo observó con la lujuria brillando en su ojos, mientras ella empezaba a caminar muy lentamente y provocándolo con un descaro descomunal, alejándose de él. Entonces mi tío la llamó y con un brillo especial en la mirada, le dijo:
? Ya te deben haber dicho que tienes un cuerpo precioso.
?Si ?respondió ella?, pero no me lo creo mucho. Me parece que Mariana lo tiene mejor que yo.
? Ambos son muy bonitos, aunque ustedes son de cuerpos diferentes. Mariana es un poquitín gruesa, pero de dimensiones realmente bien proporcionadas.
Para entonces, los pezones de Angélica y los míos, se encontraban completamente erectos, pero los ella se notaban todo el tiempo al llevar una remera muy pegada y como era algo transparente, se veía unas manchas oscuras en sus pezones, mientras que los míos se notaban, sólo cuando la tela se pegaba a ellos. Con una ingenuidad terrible, Angélica, posando sus manos sobre su remera, y tomando un seno en cada mano, y mirándoselos, soltó, con una voz casi infantil, pero cargada de malicia y, creo yo, algo de desconocimiento, lo que sería el detonante de la noche:
? ¡Pero mis senos son pequeños!
Mi tío, tragando fuerte y sudando, se tomó unos segundos para responder:
? Pero para tu cuerpo, tienen el tamaño adecuado. Creo que más grandes no se verían mejor.
Yo, con mis ojos más abiertos que de costumbre, asombrada por lo que acababa de ver y oír, miraba alternadamente a Angélica y a mi tío, quienes parecían no darse cuenta de mi presencia, ella porque estaba atravesando el límite entre la coquetería intensa y la insinuación descarada ?más con sus gestos y mohines, que con sus palabras? y él, porque era muy excitante ?debo reconocerlo? lo que Angélica hacía con sus senos, los cuales no soltaba y mecía ligeramente. Entonces ella, se lanzó a fondo y me involucró:
?Mariana me ha contado que tiene mucha confianza con usted y como somos muy amigas, siento que yo también puedo tenerla, así que voy a dejar a su elección, la decisión de quien tiene los senos más bonitos, si a su sobrina no le parece mal.
Mientras la fulminaba con la mirada, porque no me cabía en la cabeza que Angélica haya hecho semejante proposición, me forcé a sonreír y como si no me importara, dije, medio sonriéndome:
? ¡Angélica, no seas tan caradura!¡Como le vas a decir eso a mi tío!
? No lo tomes a mal sobrina, si Angélica ha decidido confiar en mi y tú ya lo haces, no veo mal que quiera mi opinión al respecto ?dijo él, con una mirada extraña que me encantó y a la vez, me intrigó?. Pero obviamente, si tú no lo quieres, no se hace y no ha pasado nada.
Pero a mi ya me había entrado el gusanillo del morbo y también el compararme con ella de esa manera, me hacía sentir algo extraña y excitada.
?Está bien ?dije?. Vamos a la cocina y usted nos espera aquí tío, hasta que salgamos y le enseñemos lo que tenemos.
?Pero tiene que ser imparcial y no recordar que Mariana es su sobrina.
?Mientras, yo traeré un reflector que tengo arriba, para iluminar su presentación. Pero apagaré las otras luces, así que ustedes no verán donde yo estaré. Así que, caminen y paseen como deben haber visto a las modelos en la TV ?finalizó él?.
Una vez en la cocina, encaré a mi amiga y con enfado le volví a decir:
? ¡Angélica, como puedes hacer esto!¡Como le vas a decir eso a mi tío!.
? ¡Te has fijado Marianita, en el bulto que se le hacía en el bóxer!. ¡Tu tío tiene un paquete fenomenal!. ¡Quiero que se enardezca!.
? Pero es que me da vergüenza ?insistí yo?. Mi tío nos va a ver los senos a las dos.
?¿Y? Alguien nos los va a ver, si es que ya no los han visto. Además, me gusta ese hombre y quiero que sepa lo que tengo.
?¡Pero si como vestimos en este momento, prácticamente no escondemos nada, y menos tú!. Si le meneaste tu trasero en su cara.
?¿Y viste su entrepierna mientras yo me contoneaba?
?¡No Angélica! ¿Cómo me voy a fijar en eso, si es mi tío?
?¡Pero es un hombre y está muy bien! Además, tú me dijiste que lo provoque.

Para mis adentros, yo me asombraba de la actitud descarada de mi amiga, de la excitación que me provocaba la situación y de lo que podría pasar. Además, temía poner a consideración de Angélica la relación que tenía con mi querido tío. Entonces ella interrumpió mis pensamientos:
?Lo que no me gusta es que no vamos a poder verlo, mientras modelamos. Quitémonos las remeras y salimos y ya.
?No, vamos a maquillarnos y pongámonos otra ropa ?dije, en tono que no admitía discusión.
Fuimos a la recámara de mi tío y revisamos ropa de mi tía. Mi amiga se puso un slip que tenía en su mochila, se maquilló, poniéndose en realidad muy linda y pude darme cuenta que su figura había mejorado y ya era una bella mujer. Por mi parte, me cambié también de slip (había traído una tanguita muy pequeña), me maquillé, resaltando mis ojos, me pinté los labios color rosa fuerte con brillo y luego ambas nos decidimos a salir.
Salimos y la sala estaba sin las luces normales, pero un reflector potente en el vano de la puerta principal, iluminaba el centro, con mucha fuerza. Si poder verlo, escuchamos su voz, diciendo:
?Avancen las dos a la vez y caminen indistintamente, giren varias veces, posen y cuando yo les avise, se retiran y van a sus cuartos, se visten y regresan.
Empezó a sonar una música, algo así como tecno-pop, y ambas avanzamos, al principio con pasos vacilantes, pero rápidamente nos serenamos. Caminamos, modelamos, nos movimos muy provocadoramente y hasta nos abrazamos una frente a otra, haciendo que nuestros senos se toquen por momentos, bailamos al son de la música y nos retiramos. Al hacerlo, volvimos a escuchar la voz de mi tío:
?Las espero, así que no tarden.
Cuando llegamos al cambiarnos, yo me sentía muy tranquila, ya que lo que planificó mi querido tío, nos había hecho sentir muy cómodas, por el hecho de no haberlo visto debido a la luz del reflector. Angélica volvió a ponerse la ropa anterior, pero ya no se puso slip y yo hice lo mismo. Y ninguna de nosotras dijo nada, en un silencio cómplice y extraño a la vez.
Cuando llegamos a la sala, el reflector ya no estaba y mi tío nos esperaba en la mesa del comedor, sentado a la cabecera, y sobre la mesa, habían tres copas servidas, con un líquido rojo sangre, que supuse era vino. Nos hizo un ademán para que tomáramos asiento, lo hicimos, yo junto a mi tío y Angélica junto a mi, en el mismo lado de la mesa rectangular y esperamos un rato que se me hizo muy largo para escucharlo decir:
?Muchachas, les agradezco la confianza que han tenido conmigo y espero me comprendan, pero no me puedo pronunciar por ninguna de las dos. En realidad, tienen ambas, los senos muy bellos, así que para mi, no es un empate, sino que, ambas son ganadoras y esto no es por salir del paso, sino que es la verdad. Debo decirles que todo su cuerpo es muy hermoso y me parece muy agradable que ambas se hayan depilado, se les nota, aunque me parece que Angélica no lo ha hecho totalmente. Pero en realidad, a ambas se las ve muy bien. Me gustaría que brindemos por ello. ¡Salud!.
Levantamos las copas, que contenían vino y bebimos los tres. Empezamos a conversar, con una música de piano en el fondo, muy tenue, y poco a poco la atmósfera se fue haciendo más plácida e íntima.
En un momento de mucha confianza y seguramente apoyada por las seis o siete copas de vino que había tomado, Angélica se recostó en mi hombro y se fue quedando dormida lentamente, hasta que se dobló, apoyó su cabeza en mis piernas y entró en un coma profundo, de un sueño dulce y sereno. Él se levantó y pasándome un cojín, me indicó con señas, que lo pusiera entre mis piernas y la cabeza de mi amiga, para estar ambas más cómodas.
?¿Te parece que está bien dormida? ?me preguntó.
?Nunca la he visto tanto ?respondí.

No permití que se aleje, tomándolo de su cintura, yo sentada. Tiré de su short y dejé salir a mi bello monstruo, que aún estaba medio erecto. Lo busqué con mi boca, moviendo mi cuello hacia abajo hasta que tomé la gorda cabeza en mis labios. De allí en adelante, fue todo mío. Suavemente, como ya había aprendido, empecé a mamar su verga, dejando a ratos el tronco, para pasar mi lengua por la cabeza. Mi tío, la tomó en su mano derecha y la guiaba para mi. Yo lo miraba a sus ojos, mientras entre mi lengua y el glande, se estiraba un hilillo de su líquido seminal. Angélica, dormía placidamente. Como pude, me levanté cuidadosamente, sin soltar mi verga amada de mis labios y asenté el cojín con la cabeza de mi amiga en la silla donde había estado sentada, mientras él se quitaba su short. No se como, llegamos al sofá con mi bello monstruo en mi boca. Luego nos acomodamos para hacer un sesenta y nueve, con mi tío bajo mi cuerpo y nos desnudamos. Su lengua me llevó a los cielos, con la ayuda del vino y un dedo suyo, muy travieso en mi ano, que permitía todo, lubricado por mi flujo vaginal y el placer que me proporcionaba mamar su hermoso pene. Estaba en el paraíso. Si habría podido, yo hubiera masticado ese trozo de carne que tanto placer me daba y hubiera reventado de glotonería. En un momento, no pude más y le supliqué:
?¡Hágame suya!¡No soporto más las ganas!
?¡Pero podemos despertar a tu amiga! ?dijo él,
?¡No me importa nada en este momento!¡Sólo quiero ser tuya! ?dije, tuteándolo por primera vez?. Esta noche soy hembra y mujer. Dame lo que pido, hazme feliz.

El ambiente, la situación, con mi amiga dormida a menos de dos metros de nosotros y la excitación que teníamos, hacía que la verga de mi tío, se viera descomunal, justo como yo la quería en ese momento. Dejé de mamar y mirándolo a los ojos, fui girando y subiendo mi cuerpo hasta besar sus labios y subirme a horcajadas sobre él. Me erguí, gimiendo como una gata en celo, y él, tomando su tranca con la mano derecha, la dirigió hacia la entrada de mi vagina, en esos instantes, una hoguera ardiente y muy húmeda. Apoyé mis manos en su pecho y lentamente me fui dejando caer, mientras los dedos de sus manos apretaban suavemente mis pezones y a ratos, estrujaban enteramente mis senos. Sentí que entró, apretado pero sin dificultad, por mi lubricación hasta que un dolor placentero, me indicó el estiramiento de mi virginidad. Entonces, aspirando profundamente, volví a erguirme un poco y me dejé caer de golpe, mientras su pelvis empujaba hacia arriba. Sentí el desgarre y un dolor molesto que pasó muy rápido. Llegó un momento en que me sentí toda llena, invadida por la verga portentosa de mi tío, que topaba lo más profundo de mi vientre. Esperé unos instantes, casi sin aire y empecé un delicioso sube y baja, más lento que rápido, sintiendo sus dedos en mis pezones y el roce de su verga, separada de mi vagina por nuestros flujos, ardientes y abundantes. Me sentía completamente llena y mujer. En un momento, sus labios se apoderaron de mi pezón derecho y lo mordisquearon, mientras su mano derecha apretaba suavemente mi seno izquierdo. Mis manos en sus hombros, me daban el apoyo necesario para cabalgarlo, cada vez más rápido. Llegué al orgasmo en menos de dos minutos y me contorsioné con violencia, empezando a jadear en voz alta, sin importarme que Angélica dormía tan cerca de nosotros. Por instantes, con los ojos cerrados, me quedé inmóvil, toda rígida, mientras veía fuegos artificiales, el sol, las estrellas y todas las galaxias. Fue maravilloso. Me relajé lentamente y volví a bajar sobre el bello monstruo que me invadía. Ahora, la mano derecha de mi tío se apoderaba de mis senos, abarcándolos, mientras un dedo de la otra hacía caricias circulares a mi ano, empapado de nuestros flujos. Empecé a moverme nuevamente y su verga, rica verga, me llevó a una serie incontable de orgasmos, que no puedo recordar cuanto duraron. Sólo se que, al final, mareada, me eché sobre su pecho, sudorosa, extenuada y feliz, mientras continuaba empalada hasta mi propio fondo. Un ligero dolor, justo allí, me recordaba que ya no era virgen. Después de un momento, él salió debajo de mi y quedé boca abajo. Con sus manos, me ayudó a levantar mi trasero y quedé sobre el sofá, apoyada en mi cara y mis rodillas, enseñándole todo el culo a mi macho. Separó mis piernas, se puso tras de mi y empezó a restregar su pene entre mi vagina y mi ano. Me penetró la vagina desde atrás, sin prisa y sin pausa. No sentía nada, estaba con mi intimidad como adormecida. Sus dedos comenzaron a acariciar mi clítoris y el placer recomenzó. Cuando empezó el vaivén, dejé de apoyarme con mi cara y lo hice con mis dos manos. Empecé a empujar hacia atrás, y la excitación volvió y mis gemidos llenaron la noche. Él, aferrado a mis caderas, bombeaba y gemía. Sus ojos, brillaban de deseo y excitación. Volví a tener un orgasmo, diferente, como más relajado. El disfrute hizo que vuelva a apoyarme sobre mi cara, relajada. Mi macho aumentó la intensidad de sus movimientos y salió de mi, con la verga enhiesta, y se movió acercándose hasta mi rostro. Me senté en el sofá y tomando el tronco con mis dos manos, puse la morada cabeza entre mis labios. ¡Quería ver salir su semen, directamente a mi boca!. Cuando lo sentí llegar, lo retiré y sus chorros fueron directamente adentro. Entonces abarqué como pude el glande, y empecé a mamar nuevamente, mientras tragaba su semen que me sabía a gloria. Cuando ya no salió más, intenté introducirlo totalmente en mi boca y no pude, pero lo limpié con mi lengua, como pude, a la vez que sus manos dirigían sabiamente mi cabeza.

Entonces me levanté y lo abracé. Nos fundimos en un solo beso, tierno, apasionado, profundo. Su verga, casi rígida, empujaba mi vientre. Me separé y volviendo a mirarlo, le dije:
?Ahora soy tuya para siempre.

 

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